La guerra de Pandora (Protocolo Singularidad 3) 24 Alma estelar #2
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24 Alma estelar #2

Un crujido salió de los altavoces de la sala y el ruido estático de la radio inundó el centro de control. Un momento después, la sala estalló con varias voces solapándose unas sobre otras:

—¡CONCENTRAOS EN EL CENTRO DE LA FORMACIÓN ENEMIGA! ¡CONCENTRAD EL FUEGO EN…!

—…¡McLeod, a las doce en punto! Contacto en tu…

—¡Fara y Beatrix han caído! Repito: Fara y Bea…

—¡Ni siquiera se molestan en apuntar! Central, ¿me recibís? ¡Están avanzando directamente! No podemos contenerlos…

—¡Manteneos en formación! ¡Concentrad el fuego en el grupo central! No los persigáis. Repito: no…

—¡Señor! —gritó un analista de logística desde el otro lado de la sala para hacerse oír entre el ruido—. El enemigo está ejerciendo mucha presión sobre nuestros activos. Se están concentrando en romper el cerco.

Max estudió el mapa 3D.

—¿Dónde coño están Scarlet, Memphis y Leo? Radio, comunícame con…

—Señor —le interrumpió la analista de logística—. Estoy recibiendo una llamada prioritaria del centurión Amon.

Max asintió hacia el proyector, situado en el centro de la sala.

—Ponlo en línea.

Más ruido de fondo, y después el silencio.

—¿Faraday? —Max frunció el ceño mirando al proyector—. ¿Faraday, me recibes? Informe de situación.

El proyector seguía sin dar señal.

Max se volvió hacia la analista.

—¿Qué ocurre?

—No lo sé, señor. El canal está abierto. Debería escucharnos.

Max estaba a punto de responder cuando una ráfaga de ruido estático cortó el silencio.

—¿Señor? —se oyó una voz tensa. A continuación, sonó un fuerte chasquido seguido del estruendo de una explosión. El proyector no mostraba ninguna imagen—. Estamos… bajo fuego enemigo intenso. No podemos… acercarnos…

—Están obstruyendo sus comunicadores —dijo la analista.

—Amplificad la señal.

—Estoy en ello, señor.

Max esperó la señal de la analista y luego dijo:

—¿Faraday? ¿Me recibes? ¿Cuál es tu estado?

—Señor, un grupo de chatarra nos ha tendido una emboscada de camino a Mimika. Han estado… acechando y… fuego cruzado cuando… demasiado tarde. Es imposible… rodearlos… lo logramos, de alguna manera, pero no va a…

La comunicación se cortó.

—Faraday, ¿me recibes? —Max miró a la analista—. ¿Qué ha pasado?

—La comunicación se ha caído. Hemos perdido la señal.

Max maldijo entre dientes.

—Señor —llamó Logística—. El enemigo ha desplegado parte de sus efectivos en puntos estratégicos del Fulcro.

—Quieren retrasar a nuestros grupos de apoyo.

—Sí, señor. Estoy recibiendo informes de los Dragones, las Mantis y los Fénix. A todos los están ralentizando focos dispersos de actividad biomeca.

Max gruñó.

—¿Cuál es la situación en los puntos de encuentro?

—La fuerza de ataque biomeca ha atravesado el punto de control. Unos veinte han conseguido pasar al otro lado. Llegarán a la academia en menos de dos minutos.

—¿Cuál es el estado de nuestro grupo de contención?

—Tenemos ciento veinte coraceros agrupados alrededor del Volcán. Ciento cincuenta en diez minutos.

Max asintió bruscamente.

—Sea lo que sea lo que han venido a hacer esos biomecas, no saldrán vivos de Ariul. Dile a Ryan que prepare su unidad. Quiero que esos cabrones sangren todo lo posible.

—Recibido.

—Radio, ¿alguna nueva Agua Negra en el golfo?

—Negativo.

Otro agente se volvió hacia Max.

—Señor, los biomecas han llegado a la academia.

A Lena se le cortó la respiración. Tiago le puso una mano tranquilizadora en el hombro. Mostraba una expresión indescifrable.

—Estamos registrando múltiples ráfagas y explosiones, señor. Tenemos las primeras imágenes, procedentes de la unidad de proyección de un transeúnte que está transmitiendo en directo en la red de la ciudad. La señal no es clara. Solo tengo baja resolución.

—Ponlas —ordenó Max.

El proyector cobró vida, mostrando imágenes algo borrosas de la academia. El edificio estaba completamente en llamas. La gente corría en todas direcciones, algunos con el uniforme de la academia. Había cuerpos inmóviles y carbonizados que yacían en el suelo. El humo lo envolvía todo.

—No —exclamó Lena, agarrándose a una consola cercana para mantenerse en pie. Las lágrimas le brotaban de los ojos—. Por Dios, no.

—Están disparando a civiles —murmuró Tiago, con los ojos desorbitados—. Están disparando a matar, a conciencia. No lo entiendo. ¿Qué ha cambiado?

Lena pestañeó, intentando contener las lágrimas y recuperar la compostura.

—¿Có… cómo?

—No suelen hacer eso —respondió Tiago—. Suelen ser sigilosos, actúan principalmente de noche. No les gusta llamar la atención. Pero esto… esta vez están intentando causar el mayor daño posible.

Logística se quitó los auriculares y se volvió hacia Max.

—La fuerza policial local aún está lejos del ataque.

—Y espero que se mantengan así —dijo Max, apretando los labios—. No tendrían posibilidad alguna contra semejante potencia de fuego. ¿Tenemos una visión más nítida de la academia?

—Sí, señor —dijo otro operador—. He encontrado una transmisión más clara de un local. La pongo ahora.

La imagen mostraba un enjambre de biomecas sobrevolando la academia, al igual que un nido de avispas, disparando rayos rojos a todo lo que se movía.

El lado este de la estructura se había derrumbado, y varias columnas de humo salpicaban el paisaje, mientras el jardín quedaba inundado de ruinas y escombros.

Un repentino escalofrío recorrió la espalda de Lena, y sus músculos se entumecieron. Se tambaleó ligeramente y Tiago tuvo que sujetarla para evitar que cayera.

—¿Lena? —La voz de Tiago sonaba distante—. Necesitas sentarte.

—Estoy… estoy bien —Lena sentía cómo se le erizaba la piel mientras clavaba la vista en un muro derrumbado con tres estudiantes sepultados debajo—.

Estoy… —y la voz le falló. Recordó otro edificio en llamas de cuando era niña, el olor acre del humo en el aire, y su familia perdida para siempre.

Había encontrado una nueva familia aquí, en Ariul, pero también la había perdido.

—Señor, el enemigo se aleja de la academia. Uno de ellos se lleva a un estudiante.

El tono frío del operador ahuyentó los pensamientos de Lena y la devolvió al presente. Sintió una oleada de ira que le dio la energía que necesitaba para mantenerse en pie.

—¡Makoto! —gritó, y luego miró a Tiago—. ¡Tiene que ser Makoto!

Max se volvió hacia ellos, con los ojos como platos.

—¿Qué cojones hacéis aquí?

Tiago levantó las manos.

—Tiene derecho a ver lo que está pasando.

—¡Sácala de aquí! Ella no es…

—Señor —le interrumpió Logística—. ¡Se están retirando!

Max lanzó una mirada asesina a Tiago, pero se volvió rápidamente hacia la proyección que mostraba el caos.

—A la fuerza Vulcano. Cortadles el paso a sus Aguas Negras. Que los tres grupos auxiliares converjan entre la calle Serendipity y…

—¿Señor?

Max miró con furia al operador.

—¿Y ahora qué pasa?

—No están regresando a sus naves.

Max le clavó la mirada.

—¿Qué?

—Han elegido un camino diferente, desviándose hacia el norte. Parece que se dirigen a una de las zonas agrícolas.

Max tecleó en su consola al tiempo que miraba los puntos rojos fugitivos que se movían hacia el norte.

—Dame una estimación de su destino.

—Trabajando en ello, señor.

—Las Mantis, los Lobos, los Dragones y los Fénix se han retirado del combate y están cercando a los fugitivos. Tiempo estimado de llegada: dos minutos.

Lena siguió los puntos blancos que ganaban terreno sobre los atacantes. Pasó un minuto antes de que otro agente hablara:

—Han establecido contacto con el enemigo. La capitana Puglisi está en línea.

—Pónmela.

Un momento después, una clara voz femenina surgió del comunicador.

—¿Max? Tengo malas noticias —dijo Puglisi—.

Parece que las chatarras se dirigen a un edificio abandonado.

Un garaje, por lo que parece. Lo hemos analizado con nuestro espectrovisor.

Hay un vehículo dentro; parece una turbonave.

Todos los biomecas se han desplazado para proteger el edificio.

¡Están usando hasta sus propios cuerpos para aguantar los golpes!

Lena se llevó las manos a la boca; sentía un nudo en el estómago.

—Se lo van a llevar —dijo con voz temblorosa—. Tenéis que detenerlos. ¡Por favor!

Max golpeó la consola con el puño.

—¡Faraday, Scarlet, Memphis, Leo! Esa lanzadera no se puede ir. ¿Me oís? Tengo…

Un rugido ensordecedor salió del comunicador, seguido de un silencio inquietante.

Max miró a su alrededor.

—Radio, ¿qué ha sido eso? ¿Qué ha pasado?

—Señor, se ha ido —fue la respuesta de la agente—. Nuestros sensores han perdido la lanzadera. Parece que estaba equipada con algún tipo de dispositivo de ocultación. Nuestros rastreadores no pueden localizarla; lo mismo ocurre con los misiles EM. La hemos perdido.