La guerra de Pandora (Protocolo Singularidad 3) 22 El puente y la barca
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22 El puente y la barca

EL PUENTE Y LA BARCA

INSTITUTO ARK PARA ESTUDIOS ETÉRICOS AVANZADOS

James

Cuando ADAM completó el informe, Angélica y Sebastian esperaron la reacción de sus excompañeros de clase. Venus, James y Ravi observaban sus respectivas consolas, familiarizándose con los datos que Angélica y Sebastian les habían proporcionado.

—Fascinante —dijo Venus, pasándose los finos dedos por los labios—.

Nunca había visto nada igual —se volvió hacia Angélica y sonrió—.

Angy, todavía no entiendo del todo cómo lo habéis conseguido.

Es como si hubierais enfocado todo el asunto como una enfermedad, en lugar de como un problema a resolver.

—Tienes razón —dijo Angélica, inclinándose sobre su consola—. James nos pidió que pensáramos fuera de lo convencional, así que eso hicimos. Nos llevó tiempo dar con el punto cero, pero una vez que lo conseguimos, el resto del modelo encajó por sí solo.

James tecleó en la consola y acto seguido frunció el ceño.

—Nos hemos pasado meses dándonos cabezazos contra la pared por la razón equivocada —afirmó mientras se echaba las gafas de sol hacia atrás y negaba con la cabeza—. Creíamos que teníamos que resolver un problema de ingeniería y, en realidad, estábamos ante uno sistémico. Nunca se me habría ocurrido.

—Ser eterapeuta ayudó —dijo Sebastian—, pero no tuvimos que hacer todo el trabajo pesado, como recopilar datos y contrastarlos. Nuestros hallazgos se basaron en tus descubrimientos. Eso facilitó las cosas.

Ravi gruñó ante esa afirmación, y todos se volvieron hacia él.

—Siempre se te dieron bien los números —dijo mirando a Sebastian; luego se volvió hacia Angélica—, y a ti las palabras. Pero solo tenéis eso: números y palabras. Necesitamos certeza. Quiero interrogar a ADAM yo mismo.

James se volvió hacia él, se levantó de su asiento y señaló la consola principal.

—Adelante, es toda tuya.

Ravi se sentó frente a ella, invocó una cadena de datos y la leyó.

—ADAM —llamó—, ¿está verificada la estabilidad paretiana del sistema ante una disyunción sistémica?

—Afirmativo, Domine —respondió la IA—. El modelo proporcionado por Domine Anish y Dama Kam presenta una estructura sistémica estable.

—¿Basado en qué?

—Basado en el flujo de interconexiones y en la nueva red que diseñaron.

Ravi entornó los ojos mientras analizaba los datos con mayor detenimiento.

—¿Qué hay del intercambio sensorial entre distintos sujetos? La red de sensibilidad empática no sugiere ningún punto de referencia.

—Eso es porque, gracias al nuevo modelo, el intercambio sensorial ya no necesita una red de sensibilidad empática.

Ravi frunció el ceño.

—Explícate. La red de sensibilidad empática es el núcleo de todos los modelos probados. ¿Cómo es posible que no se necesite?

Sebastian dio un paso adelante.

—Yo responderé a eso, ADAM. Angélica pensó que la red estaba causando demasiada redundancia sensorial.

Basamos esta hipótesis en nuestra experiencia con un caso de trastorno inducido por el éter.

Estaba provocando problemas en el aparato sensorial de un tecnorista cuando se le sobrecargaba de estímulos.

Nos dimos cuenta de que ambos casos eran similares, a pesar de no estar relacionados.

Una vez identificamos esas similitudes, fue fácil deducir que la solución también sería similar al adaptarla al holístico.

El problema de vuestro modelo era el enfoque.

Al eliminar la red, eliminas el problema de la modulación y del intercambio sensorial.

Ravi observó la pantalla de la consola.

—Entonces, ¿cómo diantres se produce la transferencia sensorial?

—El nuevo modelo otorga la misma importancia a cada miembro de la interconexión —dijo Sebastian—.

De esta manera, no hay necesidad de crear una red externa a los sujetos.

Esto hace que todo el proceso de interrelación sea mucho más rápido y estable, al tiempo que aumenta la seguridad general de cada eternauta.

James asintió.

—Así que, en lugar de construir un puente desechable cada vez que necesitas cruzar un río, habéis construido una barca que puede transportar a la gente de una orilla a otra.

Angélica inclinó la cabeza.

—Sí. Más o menos.

Venus abrió los ojos como platos.

—Extraordinario.

Ravi asintió a regañadientes.

—Una barca —murmulló mientras seguía analizando los datos—. Está bien, me cuadra. Sin embargo, no veo aquí ninguna referencia cruzada al…

—Ravi —le interrumpió James—, el nuevo modelo es sólido. El análisis de ADAM lo confirma. Tus preguntas técnicas se pueden responder leyendo el informe. Todos podemos estar de acuerdo en que Angélica y Sebastian por fin han resuelto el factor de sincronicidad. ¿Tienes alguna objeción a eso?

—Ahora mismo no —dijo Ravi, cruzándose de brazos; luego añadió, con la expresión de alguien a quien le cuesta admitir algo—: Estoy impresionado. Habéis resuelto en unos pocos días lo que nos ha bloqueado durante meses.

—Nos estáis dando demasiado crédito —dijo Angélica—. Solo hemos pulido las esquinas. Como dijo Sebastian, vosotros ya habíais hecho la mayor parte del trabajo. Simplemente replanteamos vuestro enfoque —se volvió para mirar a James—. ¿Cuál es el siguiente paso?

James intercambió una mirada con Ravi.

—Ahora es el momento de planificar la ofensiva.

Sebastian arqueó las cejas.

—¿Ofensiva?

—Ahora tenemos una solución eficaz para la malice asesina —afirmó James mientras cruzaba las manos tras la espalda—.

Es hora de que la gente sepa que existe.

Ha llegado el momento de montar un espectáculo como nunca se ha visto antes en el mundo etérico.

Debemos utilizar las enseñanzas de Cantara para marcar la diferencia en toda la humanidad.

James miró a Angélica. Ella lo observaba con una intensidad que le recordaba a otra persona de su pasado.

De una vida más sencilla.

Una vida sin obligaciones ni plazos.

Un pasado enterrado profundamente en sus recuerdos.

* * *

9 años antes

Nashville, Instituto Handal para Estudiantes Superdotados

James abre los ojos y se queda mirando al techo. Esta no es su casa. ¿Dónde está? Tiene la mente aturdida y le duelen los músculos de la espalda. Antes de mirar a su alrededor, parpadea y se pasa una mano por la cara sudorosa. De repente, la consciencia lo inunda. Claro. Ahora recuerda.

Se limpia las legañas de los ojos, retira la manta despacio y se sienta en la cama.

No puede ver con claridad. La luz es demasiado fuerte.

Todavía medio dormido, busca a tientas en la mesita de noche sus gafas de sol.

Su mano choca con la lámpara, que se tambalea peligrosamente justo antes de que consiga sujetarla.

James contiene la respiración y mira hacia el otro lado de la cama.

La persona bajo la manta se mueve, pero enseguida le sigue un suave ronquido.

Suspira, se gira hacia la mesita de noche y coge sus gafas de sol.

Por fin puede ver mejor. El suelo de la habitación está lleno de ropa, envases de comida china para llevar y cajas de pizza.

La luz entra por una ventana abierta, dejando pasar el aire fresco.

James se pone de pie, descalzo sobre la alfombra. Su ropa, cuidadosamente doblada sobre un escritorio de caoba, parece estar a kilómetros de distancia. Con cuidado de no hacer ruido, camina de puntillas hasta el escritorio. Pero una mano lo agarra por detrás, arrastrándolo de vuelta a la cama.

—¿Adónde va mi pequeño diablo?

Cantara Handal emerge de las sábanas, completamente desnuda, con el brazo alrededor del cuello de James, inmovilizándolo como en una llave de lucha libre.

James intenta liberarse, pero el agarre de Cantara es fuerte como el hierro.

—Pórtate bien —dice Cantara con voz lánguida—. Responde a la pregunta de tu reina.

James traga saliva.

—Solo estaba… —se interrumpe, pensando desesperadamente en algo que decir que no le meta en problemas—. Iba a por agua.

Ella se queda pensativa.

—¿No intentabas escabullirte?

—Por supuesto que no —dice James con una sonrisa temblorosa—. Nunca me iría sin avisarte primero.

Cantara refuerza su agarre alrededor del cuello de James, que empieza a tener dificultades para respirar. Sus labios rozan el lóbulo de su oreja.

—Eres un mentiroso lamentable, James Ark —dice en tono suave y sensual, aumentando la presión.

James jadea.

—¡Vale, mentí! ¿De acuerdo?

—Diablo malo —Cantara lo suelta con una carcajada—. ¿Sabes lo que eso significa?

James aspira aire en profundas bocanadas mientras se masajea el cuello.

—Pe… penitencia —balbucea—. Debo hacer penitencia.

—Así es —Cantara araña con sus uñas el cuello de James—.

Y como penitencia… ah… ¿qué vas a hacer?

—mira a su alrededor, golpeándose los labios con el dedo índice.

Su mirada se detiene en cuatro tarros sobre la mesita de noche—.

Ahhh, ¡sí! Alimentarás a Vaneria, Zasha y Anemone.

Sus abdómenes se están arrugando. Necesitan comida fresca.

James mira a su alrededor con inquietud, llevándose una mano al cuello.

—¿En serio?

Cantara lo fulmina con la mirada.

—O puedo seguir apretando tu escuálido cuello de pollo. Tú decides.

James respira hondo para calmarse.

—No, vale, lo haré —dice mientras se levanta y se coloca frente a la mesita. Tres de los cuatro tarros tienen una tapa roja; solo el primero desde la derecha tiene una blanca. James siente la mirada de la Dama.

—En el recipiente blanco —dice Cantara, estirándose como un gato, con su piel desnuda y ligeramente bronceada—. Hay grillos dentro. Ya les he arrancado las patas. No tendrás problemas para cogerlos. Venga, no seas tímido. Coge tres.

James distingue diez grillos sin patas dentro del tarro. Coge tres y mira a Cantara.

—Primero Anemone —le indica ella—. El primer tarro desde la izquierda.

James alarga la mano hacia el tarro, pero Cantara chasquea los dedos.

—Cuidado —dice con voz infantil—. A Anemone le gusta esconderse cerca de la tapa. Agita el tarro antes de abrirlo. No quieres que te muerda, ¿verdad?

James tuerce el gesto, pero sigue las órdenes de Cantara y lo agita. Una forma oscura cae al fondo del recipiente. Es una araña de color negro azabache, con ocho patas largas y un vientre del tamaño de un arándano. En su abdomen hay una marca roja en forma de reloj de arena.

Abre el recipiente y echa un grillo dentro.

La viuda negra inmoviliza inmediatamente al insecto herido con una telaraña.

James repite el proceso con las otras dos. Cuando termina, Cantara aplaude.

—¡Buen trabajo! Te estás acostumbrando a ellas. ¿Recuerdas la primera vez que las viste? Te pusiste blanco como el papel. ¡Y mírate ahora! Mi hombrecito está creciendo.

—¿Puedo ponerme ya la ropa?

Cantara le lanza una sonrisa maliciosa.

—Si es necesario.

James la recoge y se viste.

Cantara mira a James con los labios fruncidos, sosteniéndose la barbilla con las manos.

—¿Estás enfadado conmigo, pequeño diablo?

—No —responde James encogiéndose de hombros—. No me importa alimentar a tus arañas. Es divertido.

Cantara arquea una ceja.

—¿Pero…?

James la mira de reojo.

—Solo que no entiendo por qué no puedes tener un gato o un perro. Es decir, mascotas normales.

Cantara hace un gesto con la mano.

—Los gatos y los perros son aburridos —responde, sonriendo con picardía mientras observa cómo James se viste—. Yo no hago cosas aburridas. Bueno, ¿por qué no me dices adónde ibas? ¿Por fin has encontrado trabajo?

James se calza una de sus botas.

—Voy al simulador.

—¿Qué? —le señala con un dedo—. ¿Todavía sigues perdiendo el tiempo con ADAM?

—No estoy perdiendo nada —se pone la otra bota, evitando la mirada de Cantara.

—Hace cinco meses que eres un eterion certificado. Deberías buscar un trabajo que se ajuste a tu…

—Ya tengo un trabajo. Y es importante.

Cantara resopla.

—¿Por qué eres tan terco? Por última vez: no es posible. Punto.

Él se burla.

—Estoy seguro de que alguien dijo lo mismo sobre escalar el monte Everest.

Cantara lo mira con un brillo en los ojos.

—¿Es eso lo que es? ¿Tu Everest personal?

Los ojos de James se apartan de la penetrante mirada de Cantara.

—Solo digo que es factible, ¿vale?

—¿Y luego qué? —le sonríe con naturalidad—. Incluso si tienes éxito, ¿qué pasará después?

James la mira, con los ojos encendidos.

—Habré demostrado que crear un dominio etérico es posible, al menos en teoría. Habré tenido éxito donde todos los demás han fracasado.

Cantara asiente.

—De acuerdo. Lo entiendo. Es importante para ti.

James se abrocha la camisa.

—Gracias.

—¿Sigues grabando las simulaciones?

—Sí —entorna los ojos—. ¿Por qué?

—¿Te importa si las miro? ¿O son un secreto de estado?

—Bueno… no —responde James, carraspeando—. No son un secreto.

—Entonces enséñame la última. Tengo curiosidad.

James se encoge de hombros.

—Vale —saca un opticrón y lo lanza al aire—. Esta es la de ayer.

Cantara evalúa la grabación mientras él termina de vestirse.

—Impresionante —dice mientras apaga el aparato—. Parece que llevaste la simulación más allá de mis expectativas más descabelladas. Nunca había visto que se mantuviera durante tanto tiempo un conjunto arbitrario de ondas Holverain. Casi te funciona.

James niega con la cabeza.

—Casi no es suficiente.

Cantara lo atrae hacia ella.

—Eres demasiado duro contigo mismo —dice, besándole los labios.

James le devuelve el beso, a regañadientes al principio, pero luego con más pasión.

Ella le coge la cara entre las manos.

—Me gusta tu terquedad.

James la mira directamente a los ojos.

—Crees que no lo voy a conseguir, ¿verdad?

Cantara le entrega el opticrón.

—Sí, pero disfruto viéndote intentarlo. ¿Quién sabe? Quizás me equivoque —lo dice, sin embargo, sin convicción.

James mira el opticrón.

—Lo máximo que puedo hacer es clasificar los datos y canalizar suficientes recursos para crear una apariencia de estabilidad. Nunca dura mucho tiempo. Sé que hay una manera, puedo sentirlo, pero voy por el camino equivocado. Necesito una forma diferente de ver el problema.

—Está bien —dice mientras juguetea con el borde de la chaqueta de James—. Quizá necesites pensar fuera de lo convencional.

James la mira fijamente.

—¿Qué quieres decir?

Ella se toquetea el pelo de forma juguetona.

—¿Te gusta la ciencia ficción?

—¿Ciencia ficción? —frunce el ceño—. ¿Qué tiene que ver la ciencia ficción con la simulación?

—Puede que nada —se encoge de hombros—. O puede que todo. Hay una historia muy conocida sobre un cadete brillante que tuvo que enfrentarse a un escenario imposible, no muy diferente al que te estás enfrentando tú con ADAM.

James se muerde el labio, estudia a Cantara.

—Vale, ¿y?

—Pues, en algún momento, este cadete completó la simulación. Ganó el escenario imposible.

James se endereza un poco.

—¿Cómo?

Cantara lo mira con una sonrisa divertida.

—Hizo trampa.