19 Si se puede escribir, se puede resolver #2
Erik intentó zafarse del agarre, pero su tío era más fuerte.
—On. ¡Quítamelo de encima!
Ramor sintió como le apartaban la mano de un tirón y, acto seguido, se la retorcían a la espalda.
—Lamento si le estoy causando algún dolor, señor Deringer —On-Eni Quinto arrastró al hombre sin esfuerzo a través de la habitación y luego hasta el umbral de la puerta.
—¡Suéltame! —exclamó Ramor, intentando sin éxito liberarse del férreo agarre del autotrón—. No he terminado de hablar con mi sobrino.
—Pero él sí ha terminado de hablar con usted, señor —dijo On, lanzándolo fuera del apartamento.
Ramor cayó de rodillas contra el asfalto y gimió de dolor.
—Dijiste que eras su asistente —gritó mientras se ponía de pie con dificultad.
—Y lo soy —respondió On-Eni Quinto.
—¡Entonces ayúdale! —dijo Ramor con poco más que un gruñido—. Va a arruinarse la vida. Solo intento ayudar. ¿No lo entiendes?
El autotrón miró hacia atrás, como si quisiera asegurarse de algo. Luego dio un paso adelante, cerró la puerta y continuó hablando en un tono más bajo.
—Soy consciente de ello.
Ramor se quedó mirando al autotrón, aturdido.
—¿Se… seguro?
—Sí —On-Eni Quinto dio un par de pasos más en su dirección—. No creo que Erik comprenda la repercusión total de lo que está haciendo. Su mente está nublada por prejuicios.
Ramor frunció el ceño. Algo en el comportamiento del autotrón había cambiado. ¿Era su actitud? ¿La forma en la que hablaba?
—Si de verdad quieres ayudar a Erik, te sugiero que te centres en la importancia de una designación.
Ramor parpadeó.
—¿Cómo?
—Una designación, señor Deringer —respondió On-Eni Quinto, tocándose el pecho y guiñándole un ojo—. Al fin y al cabo, ¿no sabemos ambos que si se puede escribir, se puede resolver?
Ramor se quedó mirando al autotrón con la boca abierta.
—Que tengas un buen día, señor —dijo el autotrón, dándose la vuelta. Caminó hacia la casa y abrió la puerta. Antes de entrar, añadió en voz más alta—: Debo advertirte que no vuelvas. No seré tan amable la segunda vez —sentenció, cerrando la puerta de golpe.
Ramor se quedó allí, mirando la puerta, procesando lentamente lo que había sucedido.
Si se puede escribir, se puede resolver.
Ese era el lema de Sofía Deringer para resolver problemas.
Su hermana pensaba que una solución sencilla podía resolver el problema más complejo, siempre que estuvieras dispuesto a volver a lo básico: coger un folio, plantear el problema y hacer una lluvia de ideas.
¿Pero por qué había dicho eso el pentanidus? ¿Y por qué ahora?
Ramor se alejó cojeando del apartamento de Erik. Mientras entraba en el coche y arrancaba, aquella frase despertó un recuerdo perdido hacía mucho tiempo.
* * *
9 años antes
Industrias Autómaton, despacho del presidente
Ramor y Kenta permanecen uno al lado del otro, rígidos y silenciosos como dos estatuas. La tensión se palpa en el ambiente. Parece como si una bomba estuviera a punto de explotar.
Al otro lado del despacho está Sofía Deringer, sentada tras un escritorio repleto de papeles, muchos de ellos con marcas rojas y anotaciones con su letra.
—Sofía —dice Ramor, haciendo lo posible por ocultar su preocupación—. La forma en que la prensa está cebándose con la noticia me pone los pelos de punta. Empeora con cada día que pasa.
—¿En qué sentido? —responde Sofía sin levantar la mirada de la tableta que está leyendo.
Ramor mira de reojo a Kenta, que pone los ojos en blanco. Ignora a su compañero y vuelve a centrarse en su hermana.
—DataMorph está volcada con el tema. Le han dado a la noticia un giro oscuro para hacerla más morbosa para el ciudadano medio.
Y a la prensa eso le encanta. Se propagará como la pólvora.
Su división de medios es la que más me preocupa.
Serían capaces de convertir un pedo en un huracán si eso les ayudara a atraer más miradas.
No les importan los hechos, solo quieren atención y, créeme, la están consiguiendo.
Kenta carraspea.
—¿Qué pasa? —espeta Ramor—. ¿Tienes algo que añadir?
—La verdad es que sí.
Ramor le mira fijamente.
—Venga.
—Estás exagerando.
Ramor baja la barbilla para mirar a Kenta por encima.
—¿Perdona?
—La noticia perderá fuerza —afirma Kenta, cruzándose de brazos y apartando la mirada asesina de Ramor—.
Estás convirtiendo una chispa en una explosión nuclear.
No es la primera vez que alguien intenta acusarnos de algo.
Ni será la última. Los periódicos de hoy son la basura de mañana.
DataMorph se cansará de repetir la misma cantinela y pasará a otra cosa.
Es solo un castillo de naipes. El viento se lo acabará llevando.
Ramor sonríe con sorna, con una vena hinchada en la sien. Respira hondo un par de veces antes de emitir sonido alguno:
—¿Estás ciego o es que eres tonto? CO-DEX-6 es solo la punta del iceberg.
Es un milagro que hayamos logrado contener las filtraciones en Nueva Jersey y Shanghái.
Si la prensa se entera de que hay otros dos autotrones a la deriva, será nuestra tumba —sentencia, mirando a su hermana, que sigue leyendo—.
Acuérdate de mis palabras: este asunto está cobrando vida propia.
No sabemos qué está causando la deficiencia en la matriz.
Nuestro equipo desmontó CO-DEX-6, MI-NON-13 y SA-THE-78 hasta el último tornillo sin saber qué diantres les hizo comportarse así.
Si los negatrones huelen esto, será el caos.