La guerra de Pandora (Protocolo Singularidad 3) 18 La clave #3
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18 La clave #3

—¿Es un crimen ser astuto? ¿Es despreciable?

—se volvió hacia Penélope, con una tensión en la mirada que rezumaba desafío—.

Puedes llamarme oportunista, chaquetero o mentiroso.

Incluso puedes decir que soy una vergüenza.

No me importa lo que creas, porque sé quién soy.

¡Soy un hombre con determinación! Y estoy dispuesto a hacer todo lo que esté en mi mano para lograr mi objetivo.

Y si eso es algo malo, entonces soy una malísima persona —Tolomeo volvió a dirigirse al público—.

¿Sabéis quién más era astuto y decidido?

¿Sabéis quién más lo dio todo por aquello en lo que creía?

—señaló el Infinito Argénteo—. Wei Wang era hiperista hasta la médula y, sin embargo, forjó alianzas en la sombra, conspiró y engañó para que Polaris despegara.

Hizo todo lo que tenía que hacer para lograr su objetivo, y nos alegramos de que actuara así, porque el fin siempre justifica los medios.

Lo único que importa es lo que podemos construir sobre ello.

Todo lo demás se convierte en un vacío. Wei no nació para ser una nota al pie de página en los libros de historia.

Os pido que seáis igual de valientes. No necesitamos lo fiable y lo conocido.

Necesitamos transmitir una historia de ingenio y progreso, hermanos y hermanas; necesitamos inspirar a la gente de este planeta, y eso no se consigue con números y gráficos.

Penélope hizo un gesto de desdén con la mano.

—Tienes talento para el melodrama. Eso te lo reconozco. Pero no nos estamos presentando a la presidencia de un país del Tercer Mundo. Aquí se te exige responsabilidad por lo que haces y dices. ¿Sabes lo que veo cuando te miro?

Tolomeo sonrió.

—Ilumíname.

—Veo a un hombre desesperado intentando hacer un último esfuerzo por algo que nunca tendrá: integridad y valores morales. Acéptalo. Perdiste la Clave en el momento en que pusiste un pie en este escenario, porque no tienes, ni tendrás jamás, lo que hace falta para ser otro Wei Wang.

Tolomeo soltó una carcajada.

—Te crees la mejor clase de hiperista que existe, ¿verdad? ¿Piensas que, por haber sido miembro del partido desde el primer día, tienes más derecho a llamarte hiperista? Eso es absurdo, y Wei pensaría lo mismo.

—Claro —Penélope se encogió de hombros—. Adelante, finge que eres el mismísimo Fundador.

—No necesito fingir —Tolomeo miró a Penélope de arriba abajo mientras se frotaba las manos—. Sé lo que Wei pensaba de ti.

Penélope se irguió en su asiento.

—¿Qué se supone que significa eso?

Tolomeo retrocedió un par de pasos y la miró con intensidad.

—Él creía que había dos tipos de personas en este mundo: las que son útiles para promover el sueño de una civilización espacial y las que no lo son. Y tú, querida, eras de las segundas.

La Gran Consejera le lanzó una mirada fulminante.

—Cuidado. Wei Wang era mi amigo, y no permitiré que mancilles su memoria con mentiras.

—¿Así que lo llamas amigo, eh? —Tolomeo negó con la cabeza—. Bueno, tengo que decir que me sorprende, ya que él no te consideraba lo mismo.

Penélope resopló.

—Esto es absurdo. ¿Qué intentas decir?

—Solo que no confiaba en ti —Tolomeo sacó un opticrón del bolsillo y se volvió hacia Gladia—. Directora Ejecutiva, solicito permiso para mostrar una grabación en la que Wei Wang pronuncia esas palabras en persona.

Todas las miradas se dirigieron a Gladia.

No existía ninguna norma que prohibiera el uso de un opticrón durante la Clave, pero era algo nunca se había hecho antes.

Gladia sintió los ojos tanto de Tolomeo como de Penélope sobre ella.

Penélope, en particular, mostraba una grieta en su expresión estoica.

Claramente, no tenía ni idea de a qué se refería Tolomeo, lo que significaba que no tenía defensa.

Gladia dudó mientras el murmullo del público se hacía más fuerte. ¿Podría aquella concesión inclinar la balanza de todo el debate? Se suponía que ella era un árbitro, nada más. Pero si Tolomeo poseía información reveladora que pudiera ayudar a los votantes, era su deber permitirlo.

—¿Gladia? —los ojos de Tolomeo la observaban con intensidad.

Gladia miró a Penélope, inmóvil en su asiento, con los músculos del cuello tensos.

Gladia asintió.

—Adelante, Legatus.

La sonrisa de Tolomeo le cruzó el rostro.

—Gracias —encendió el opticrón y activó la proyección—.

Esta grabación data del 7 de diciembre de 2028 —dijo—.

Habla Wei Wang. No se ha manipulado. Puedo proporcionar el archivo original a quien desee analizarlo —cerró la mano en un puño y una proyección de Wei Wang, con poco más de veinte años, apareció ante el público.

—No le confiaría la dirección del proyecto Polaris a Penélope ni aunque fuera la última hiperista sobre la Tierra —dijo Wei—. No confío en su agenda política.

La proyección desapareció en medio de un creciente murmullo.

Penélope se quedó mirando el lugar donde había estado la imagen, como si contemplara un espejismo.

—Todos lo habéis oído —dijo Tolomeo, aprovechando el momento de confusión—. Wei no confiaba en ella, así que ¿por qué ibais a hacerlo vosotros? ¿Por qué iba a hacerlo nadie?

Penélope abrió la boca, pero no dijo nada.

Gladia miró la hora y carraspeó.

—Esto concluye la Clave —anunció—. La votación para el Pentaproyecto tendrá lugar en breve. Gracias por acompañarnos hoy. Del polvo estelar al polvo estelar.

— Del polvo estelar al polvo estelar —respondió la audiencia al unísono.

Una hora más tarde, el presidente de la Asamblea Estelar anunció el resultado: el cuarenta y siete por ciento de los hiperistas votó a favor de los geocéntricos, y el cincuenta y tres por ciento, a favor de los ascendentes.

Tolomeo Almagest se convirtió en el primer ascendente en ganar un Pentaproyecto en la historia de HYPER.