18 La clave #2
—Bien —continuó Penélope, dirigiéndose al estudiante—.
Tu pregunta es muy sensata, por lo que te daré una respuesta del mismo calibre.
Comienza con Polaris. Como sabes, la infraestructura más grande de la historia.
Coge lo que el ascensor espacial significó para el Movimiento Hiperista y multiplícalo por tres: tres veces la mano de obra necesaria para su construcción, tres veces los materiales, tres veces los contratistas.
Si sumas todo esto, Jackson, te darás cuenta de que los beneficios de construir nuestro nuevo ascensor espacial son inmensos.
Tendrán que surgir nuevas industrias solo para crearlo, y las que ya existen se ampliarán para satisfacer la creciente demanda de materiales y personal.
Y eso significa empleos, Jackson; empleos reales para estudiantes como tú, que no necesitan palmaditas en la espalda, sino hechos sólidos.
Penélope se volvió hacia el público con un amplio gesto del brazo.
—Ya que hablamos de hechos, amigos, aquí hay otro que Almagest no quiere que sepáis.
Sus juguetes voladores son tan brillantes como los fuegos artificiales…
y duran lo mismo. Hay una docena de comisiones privadas que han estudiado las características de sus catalabanes y han llegado a la conclusión de que son tan viables como un motor de antimateria.
¿Posibles? Sí, claro… dentro de un par de siglos.
Eso es un material excelente para una novela de ciencia ficción, pero para todos los hiperistas que no se dedican a construir castillos en el aire, esto es lo que importa: debemos trabajar en lo que sabemos que da resultados.
Necesitamos fortalecer los cimientos de una civilización espacial aquí, en casa, antes de lanzarnos hacia el sistema solar y más allá.
Puede que no suene tan atractivo, pero es lo que de verdad crea empleos reales y consolida una industria sólida que nos llevará a las estrellas. Eso es lo único que cuenta.
Penélope regresó a su asiento con casi un minuto de sobra, seguida por una animada ronda de aplausos.
—Muy bien, pasemos a la segunda pregunta —Gladia cogió su tableta y leyó en voz alta—. La formulará Meredith Susy Shawn, una eterión certificada en DataMorph. ¿Meredith?
Una elegante mujer de unos cuarenta años, con el pelo largo y rosa, se levantó de su asiento y se dirigió a los dos líderes.
—Esta pregunta es para ambos. ¿Qué creen que habría dicho Wei Wang sobre su Pentaproyecto?
—Gran Consejera —Gladia invitó a Penélope a hablar—. Su turno.
Las dos horas siguientes podrían describirse como un duelo de esgrima entre dos rivales de la misma talla.
Cada uno sabía cómo captar la atención del público, y lo hacía con precisión y pasión.
Tolomeo se centraba en atacar a su rival, señalando su falta de visión, mientras que Penélope ponía el foco en los antecedentes terristas de Almagest y su inexperiencia en astrofísica.
No se reprimían: iban directos a la yugular cada vez que tenían la oportunidad.
Ninguno de los Pentaproyectos anteriores había alcanzado este nivel de tensión.
Parecía como si el futuro del Movimiento Hiperista dependiera de aquel debate.
Nunca dos contendientes habían estado tan igualados en la carrera.
Cuando se formuló la última pregunta, Gladia dio paso a la sección final del evento.
—Ahora, para seguir la tradición, ambos contendientes pueden hacerse una pregunta mutuamente. Gran Consejera Juno, usted primero.
—Gracias —Penélope miró a Tolomeo con los ojos tan afilados como los de un halcón—. Tengo una pregunta fácil para ti, Almagest.
Tolomeo sonrió ampliamente.
—Estoy deseando escucharla.
Penélope se alisó la parte delantera de su chaleco.
—Legatus, ¿podrías decirnos cuánto te costó la muerte de Douglas Woodside, en términos de ingresos?
El líder de los ascendentes frunció el ceño.
— No estoy muy seguro de entender la pregunta.
—Bueno, todos sabemos que, a pesar de tu sonado divorcio con LAND, tu cartera de inversiones incluye acciones de empresas terristas por valor de millones. ¿Quieres que nombre algunas? ¿Qué tal Sunshinex Inc., la Corporación Miramallian o Greengold Sasami? Todas son empresas propiedad de terristas.
Tolomeo se removió en su silla, escrutando al público con la mirada.
—Cómo elijo gestionar mis activos financieros no tiene nada que ver con mi lealtad al…
—¿Lealtad, Legatus? —Penélope lo miró fijamente—. Una elección de palabras muy pobre, me temo. Tu lealtad nunca ha abandonado tu billetera.
Tolomeo alzó la voz.
—No voy a permitir que cuestiones…
—¿El qué? ¿La verdad? —Penélope dio un paso hacia él—. Hablas con mucha ligereza de invertir en el futuro de HYPER y, sin embargo, entregas tu dinero a empresas terristas. ¿Cómo puedes pedir nuestra confianza sin que se te caiga la cara de vergüenza, mientras llenas los bolsillos del enemigo?
Tolomeo no agachó la cabeza.
—Le estás buscando tres pies al gato y lo sabes. No tengo por qué justificar mi declaración financiera ante ti.
—No, es cierto —Penélope dio otro paso decidido hacia su objetivo—.
¿Pero sabes qué más es cierto? No hay un solo miembro en la Asamblea Estelar que haya invertido en una empresa terrista.
Jamás. Hasta que tú te colaste en HYPER, claro.
¿Sabes por qué? Porque todos los demás hiperistas creemos de verdad en el Infinito Argénteo.
Tolomeo soltó un resoplido.
—Eso es absurdo. Me preocupo por el legado de Wei igual que cualquier otro hiperista.
Penélope esbozó una mueca desdeñosa.
— Lo único que te preocupa es tu cuenta de resultados.
Y se nota —antes de que Tolomeo pudiera replicar, le dio la espalda y se dirigió al público—.
Esto es lo que se interpone entre nosotros y el auténtico progreso.
Votadle a él y tendréis exactamente lo que se propone vender: propaganda populista diseñada para aumentar sus propios beneficios.
Sin embargo, si anheláis un liderazgo de verdad, mirad más allá de las mentiras y el engaño y uníos a nosotros mientras construimos un futuro más brillante para el Movimiento Hiperista.
Penélope volvió a sentarse, seguida por una ovación en pie. Tolomeo era bueno controlando sus emociones, pero no lo suficiente como para que Gladia no notara cómo apretaba los labios en señal de contención.
Poner las finanzas de Tolomeo bajo los focos había sido una jugada maestra. Gladia percibió que el discurso de Penélope había inclinado la balanza a su favor.
—Legatus Almagest —dijo Gladia, asintiendo hacia él—. Tiene usted la palabra.
Tolomeo se levantó lentamente, como si hubiera sentido físicamente el golpe asestado por Penélope. Caminó con fuerza por el escenario durante varios segundos, inclinando la cabeza de un lado a otro, como si estuviera sopesando algo. Tras un largo silencio, miró al público.