La guerra de Pandora (Protocolo Singularidad 3) 16 Holístico
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16 Holístico

HOLÍSTICO

NASHVILLE, INSTITUTO ARK DE ESTUDIOS ETÉRICOS AVANZADOS

James

James Ark toqueteaba el puño de su guante mientras se acercaban a su destino. Los siguientes minutos serían clave. Necesitaba que cada palabra mereciera la pena.

Angélica miró a su alrededor, analizando el entorno. James había tenido tiempo de estudiar a su excompañera de clase, y la encontraba diferente de aquella chica tímida e insegura que había conocido. Ahora se la veía más segura; incluso parecía cómoda en situaciones inesperadas.

—Cinco plantas subterráneas son muchas, incluso para un instituto de este tamaño —dijo Angélica—. Pero no parece que estéis utilizando todo el espacio.

—Por ahora no —reconoció James—. Estamos estudiando la posibilidad de ampliar el Ark con nuevas secciones en el futuro.

Angélica miró las puertas cerradas a su lado.

—¿Qué sucede exactamente detrás de estas puertas?

—Necesitamos una gran capacidad de procesamiento para nuestra investigación y manejamos grandes cantidades de datos —respondió él, señalando a su alrededor—. Algunas de estas salas contienen servidores que proporcionan redundancia y mejoran el rendimiento. Ya hemos llegado.

James señaló una puerta metálica con un panel de control en el lado derecho. Colocó su mano sobre el panel.

—Control. Soy el Domine James Ark, autorización Da Vinci Rojo, Delta Once.

—Confirmado —respondió la voz del control.

La puerta se deslizó hacia un lado hasta desaparecer en la pared.

En cuanto entraron, una luz suave se encendió automáticamente, revelando una sala circular vacía.

La claridad provenía de unos conductos de color amarillo azafrán incrustados en la pared, que se entrelazaban entre sí como las raíces de un árbol gigante.

—Esta sala… —preguntó Angélica, estudiando la fuente de luz con reconocimiento—. Es el simulador de Cantara, ¿verdad?

—Exacto —respondió James, dando una palmada en la pared—. Pero con algunas diferencias importantes. Control, convoca al Árbitro Holístico.

La luz amarilla fue perdiendo intensidad gradualmente, y la habitación quedó sumida en la penumbra.

—Saludos, Dama Kam —dijo una fría voz masculina, rompiendo el silencio.

Angélica entornó los ojos mientras miraba a James.

—¿Es este… ADAM?

Pero no fue James quien respondió.

—Sí —la voz de ADAM era profunda y omnipresente—. Y tú eres la Dama de la Melodía. Tu flujo de conciencia es fuerte, tu huella etérica, notable. Has recorrido un largo camino desde nuestro último encuentro.

Angélica se quedó perpleja.

—Es diferente —miró a James—. ¿Qué le has hecho al programa?

Una vez más, no fue el Domine quien respondió.

—El Domine Ark amplió los límites de mis restricciones —dijo ADAM, con voz retumbante—. Ya no estoy limitado a una sala dentro de un edificio. Puedo añadir mi experiencia al flujo de conciencia. El éter es ahora mi hogar.

Angélica retrocedió ligeramente, escrutando a James con la mirada.

—¿Has convertido a ADAM en una IA?

—No soy informático —dijo James—, pero sé moverme entre algoritmos. Pagué a alguien para que eliminara las limitaciones integradas en la matriz original de ADAM. El resto, como suele decirse, es historia.

Angélica se pasó las manos por el pelo.

—¿Y por qué has hecho algo así?

—Porque necesitaba una herramienta extremadamente potente para contrarrestar una amenaza increíblemente peligrosa.

Ella seguía sorprendida.

—¿Hablas de la malice asesina?

James negó con la cabeza.

—La malice es un síntoma de una discrepancia etérica. Estoy hablando de lo que la provocó. Estamos en guerra, Angélica, contra una fuerza que no se detendrá ante nada para alcanzar su objetivo. ADAM y este instituto son la única forma de contrarrestarla.

—¿De qué… de qué guerra estás hablando?

—La Guerra del Éter —intervino ADAM.

Angélica ladeó la cabeza.

—No entiendo.

—ADAM —dijo James—, creo que Angélica necesita un poco de contexto. Muéstrale la situación actual de la deficiencia etérica. Dale una visión general.

Angélica frunció el ceño.

—¿Qué es una deficiencia etérica?

—Es como llamamos aquí a la malice asesina —dijo James—. Da un par de pasos atrás, por favor. ADAM está a punto de despertar el Masvieth.

Angélica se apartó del centro de la habitación, que se abrió para revelar un Masvieth. La superficie lisa de la esfera fluctúo como una ola propagándose por el agua. Para cuando el Geoéter hizo su aparición, la esfera mostraba distintas secciones del éter, siendo DataMorph la más grande.

ADAM habló:

—La deficiencia etérica ha aumentado su presencia a un ritmo de tres partes por millón en cinco de las principales secciones del éter, incluyendo DataMorph, Covenant y Segundo Mundo.

Nuestro análisis más reciente ha detectado la deficiencia en tres nuevas regiones: sectores de pequeña escala, en lo más bajo de la cadena alimenticia, pero aun así relevantes.

James se cruzó de brazos.

—ADAM, ¿cuál es tu estimación sobre el número de víctimas causadas por la deficiencia hasta ahora?

—Considerando solo las áreas de interés comprobadas, unas cuatrocientas mil.

—¿Y cuál es el porcentaje del éter que sabemos que está afectado?

—Aproximadamente un catorce por ciento.

Angélica se sujetó el codo contra el costado.

—¿Qué me quieres decir?

—Creo que ya lo sabes —James señaló el Masvieth—.

La malice asesina está más extendida de lo que indica tu estimación más reciente.

Ya no es cuestión de si se está propagando, sino de dónde podemos ver que ya está causando daños y dónde aún no.

Necesitamos pensar en términos de portadores activos y latentes.

Los portadores activos son eternautas que ya muestran síntomas de la malice, mientras que los latentes han contraído la malice, pero aún no muestran ninguno.

Angélica negó con la cabeza.

—¿Cómo puedes saber que han contraído la malice si no muestran ningún síntoma?

—Observando su rastro etérico —James hizo un gesto con la mano y acto seguido apareció una serie de datos junto al Masvieth—.

¿Ves esta curva de Doppenhaimer? Tiene una desviación de cuarenta puntos básicos en comparación con un eternauta promedio.

Esto significa que ya están afectando al éter; no importa si muestran signos físicos de la malice o no.

Angélica se bajó las gafas y miró por encima de la montura.

—Esto… esto no tiene sentido. No hemos encontrado pruebas de…

—No teníais a ADAM como respaldo —James la interrumpió—. Por eso no encontrasteis ninguna prueba.

—El Domine tiene razón —dijo la voz de ADAM, profunda y resonante—. A juzgar por la información de vuestro opticrón, los datos que recopilasteis fueron insuficientes. No teníais forma de conocer la verdadera escala de esta pandemia creciente.

James se acercó a ella.

—Mira, tendrás tiempo de sobra para comprobar nuestros datos, pero por ahora tendrás que fiarte de nosotros.

Ella miró al Masvieth. Le faltaba el aire.

—Si esto es cierto, si vuestros números son correctos… —dejó de hablar, negando con la cabeza.

—Sí —dijo James, leyendo los datos—. Significa que en una década, más de un tercio de los eternautas se verán afectados por la malice asesina.

Más de dos mil millones de personas. Un caos a una escala nunca vista en la historia de la humanidad; el fin del mundo tal y como lo conocemos.

Y ahora mismo, solo una pequeña minoría lo sabe.

Los brazos de Angélica cayeron inertes a sus costados.

—¿Por eso me secuestraste? ¿Porque querías mantener esto en secreto?

—En parte —admitió él—. Cualquier información compartida a través del éter puede ser rastreada. Creo que estarás de acuerdo en que no nos conviene que el mundo tenga acceso a esta información hasta que tengamos una forma de afrontarla. Sería una histeria global. Se perderían incontables vidas.

—Sí —Angélica carraspeó—. Estoy de acuerdo. Yo… necesitaré estudiar esta información —se pasó una mano temblorosa por el pelo—. Necesito entender lo que estoy viendo.

—Hay algo más que debo decirte —James se volvió hacia el Masvieth—. ADAM, muéstranos los esquemas de trabajo del holístico.

El geoéter desapareció y el Masvieth se transformó en una esfera blanca. Otro conjunto de datos apareció en su lateral.

—Esto es lo que llamamos el éter holístico —dijo James, ajustándose las gafas de sol—. Es un medio alternativo de comunicación al éter heredado. Hemos estado trabajando en este proyecto durante un tiempo y estamos seguros de que puede ayudar a resolver la amenaza de la malice asesina.

Angélica frunció el ceño.

—A ver si lo entiendo. ¿Quieres lidiar con la malice asesina creando un nuevo éter? ¿Cómo?

—Hay diferencias entre los dos éteres —dijo James, acercándose a la esfera—.

En el éter heredado, cada usuario depende de un centro focal.

Necesitan apoyarse en una fuente de datos para almacenar información y moverse por el ciberespacio.

El éter holístico es diferente: en él, cada eternauta será un centro focal, independiente de los demás.

Piénsalo. La malice asesina se propaga debido a la forma en que está estructurado el éter heredado.

Porque todos están conectados con todos.

Pero, debido a la naturaleza del holístico, es imposible que se extienda ninguna ciberenfermedad.

Cada persona sería una isla, capaz de crear un ciberpuente temporal cuando quiera conectarse con el núcleo de datos principal.

Pero hay un inconveniente. Aunque teóricamente es viable, nos estamos encontrando con problemas para convertir la teoría en un modelo práctico.

No hemos podido avanzar más allá de la fase de pruebas.

Angélica escaneó rápidamente la información.

—Si entiendo lo que estáis intentando hacer, necesitaréis una nueva región y una nueva puerta de enlace para que este holístico funcione.

—Exacto.

Ella negó con la cabeza.

—Pero la gente ya pertenece a una región. Para que esto del holístico funcione, no puedes limitarte a crear una región desde cero. Te llevaría siglos. Necesitas que los guardianes de las regiones ya establecidas respalden este nuevo éter tuyo para que el plan funcione.

—Eso también es correcto —dijo él—. Pero ahora mismo ese no es nuestro problema más urgente.

Primero, tenemos que asegurarnos de que el holístico sea viable abordando el aspecto práctico.

Y por eso estás aquí. Tienes un amplio conocimiento sobre la afinidad matricial debido a tus estudios como eterapeuta. ¿Crees que puedes ayudarnos?

Angélica miró a James.

—Quizá pueda, pero necesito volver a Calgary. Inmediatamente. Voy a necesitar que Sebastian le eche un vistazo a esto.

∞∞∞

Calgary

Instituto Yodobashi para el Tratamiento de Trastornos Inducidos por el Éter

Sebastian y Dewi observaban a Angélica con una rigidez absoluta.

Angélica se había pasado las últimas cuatro horas mostrando datos, cálculos y gráficos, y finalmente había conseguido convencerlos del escenario apocalíptico de James. Ganarse su aceptación no había sido nada fácil.

Sebastian ni siquiera estaba enfadado con ella por romper su promesa de no contactar con Jason Cloverfield. Superó el enfado cuando se dio cuenta de que James tenía razón sobre la malice asesina. Los datos no mentían. La magnitud de la situación eclipsaba cualquier cosa que hubiera podido imaginar.

La habitación había permanecido en silencio durante mucho tiempo. Nadie sabía qué decir. No había una reacción adecuada ante algo tan sin precedentes, algo que cambiaría la faz de la sociedad para siempre.

Las manos de Sebastian descansaban sobre sus rodillas, con la mirada fija en el suelo.

Había sido el más difícil de persuadir, pero la información de James despejaba cualquier duda.

La malice se estaba propagando a un nivel que ninguno de ellos creía posible, y cientos de miles ya estaban afectados.

Dewi fue la primera en hablar.

—¿Qué hacemos, jefa?

Angélica se libró de tener que responder cuando Sebastian se levantó con los puños apretados.

—Lo único sensato. Aceptamos la invitación de James. Angy, nos dijiste que James tiene una gran cantidad de recursos a su disposición, muchos más que los de nuestra red de institutos combinados, pero no tiene el personal ni los conocimientos necesarios para llevar a cabo sus planes.

Angélica asintió.

—Así es. Si unimos fuerzas, tendremos una oportunidad real de encontrar una solución. Ya tengo algunas ideas sobre cómo abordar el problema. Estoy segura de que podemos hacerlo.

—Este éter holístico… —Dewi se detuvo, estudiando a Angélica, incapaz de ocultar su preocupación—. ¿Crees que puede resolver el problema de verdad? Implementarlo a escala global… quiero decir, suena a locura.

—El proyecto de James es sólido —respondió Angélica señalando los datos—. Nos preocuparemos por darlo a conocer cuando sepamos que funciona.

Sebastian se levantó de su silla.

—Hablaré con nuestro personal. Vamos a necesitar más capacidad cerebral si queremos hacer un intento decente de simular todas las variables.

Dewi miró a ambos.

—Entonces, ¿vamos a ayudar a James?

—Vamos a ayudarlo a ayudarnos —dijo Angélica—. El éter holístico es la única oportunidad que tenemos para erradicar la malice. Dewi, vas a dirigir el Yodobashi de momento. Sebastian y yo vamos a estar muy ocupados las próximas semanas. Sabemos perfectamente que puedes encargarte del negocio.

Dewi frunció el ceño.

—¿Estás segura, jefa?

—Estoy convencida —afirmó Angélica, entregándole las llaves del instituto—. Lo harás genial.

Dewi aceptó las llaves con un gesto de cabeza.

—No la decepcionaré. Lo prometo.

—Vale —dijo Angélica, frotándose las manos—. Le he pedido a James que nos prepare una sala en el instituto para nosotros. Necesitamos dedicar toda nuestra atención al holístico. Se nos acaba el tiempo.