12 El Instituto Ark
EL INSTITUTO ARK
NASHVILLE, INSTITUTO ARK PARA ESTUDIOS ETÉRICOS AVANZADOS
James
Angélica seguía a James en un silencio incómodo. Su antiguo compañero de clase iba unos pasos por delante, abriendo camino hacia el edificio más grande del complejo, rozando con su largo abrigo oscuro el césped del cuidado jardín que rodeaba toda la propiedad.
Una de las primeras preguntas que Angélica le hizo a James fue sobre el instituto, que según él estaba financiado por una generosa contribución de particulares interesados en fomentar los estudios etéricos. Era una manera elegante de no eludir su pregunta.
—¿Cómo es que nunca he oído hablar de este lugar?
James la miró de reojo, pero no aminoró el paso.
—No me sorprende que no hayas oído hablar de nosotros. Valoramos nuestra privacidad y no nos publicitamos. La selección de estudiantes es estricta y se realiza caso por caso. Pocas personas fuera de nuestro círculo saben que existe el Instituto Ark.
—Entonces, cuando dices «instituto», en realidad quieres decir escuela.
—Sí, pero Ark también es un centro de investigación. Formamos a expertos en nuevos medios y relaciones públicas.
Angélica frunció el ceño.
—¿Cómo se selecciona a los estudiantes?
—Los criterios que utilizamos para seleccionar candidatos son la Escala Paride de Procesamiento Mental y el Test de Aglomeración Funcional. Después hacemos dos entrevistas y dos pruebas escritas.
Angélica arqueó ligeramente la cabeza hacia atrás.
—Esas son escalas de valoración para eteriones, no para expertos en medios o especialistas en relaciones públicas.
—Correcto.
—Entonces lo que realmente estáis haciendo aquí es formar eteriones, igual que hacía Cantara.
—En cierto modo —respondió—. Pero a mayor escala.
Quería seguir presionándolo, pero dejó el tema de momento.
Tenía preguntas más urgentes.
—No me has dicho cómo te enteraste de lo de la malice.
Había descubierto que James no solo sabía de su existencia, sino que también le constaba que Angélica y Sebastian estaban trabajando activamente para encontrar una cura.
—Y te lo diré. Pero primero quiero enseñarte algo —dijo, señalando el imponente edificio de cristal y hormigón al que se dirigían.
La entrada estaba flanqueada por dos columnas de estilo dórico que sostenían un arco.
En el arco estaba grabada la frase: La verdad es la única hija del tiempo.
Bajo la inscripción, había un símbolo estilizado de un reloj de arena.
Angélica miró a James.
—¿Da Vinci?
James asintió con aprobación.
—¿Qué significa? —preguntó Angélica, haciendo un gesto hacia el reloj de arena.
—El tiempo es la única constante en nuestras vidas —explicó—. Dejarse moldear por él es lo que define nuestra existencia.
Ella frunció el ceño.
—Poético.
—Comparto tu opinión —James señaló hacia la entrada—. Tú primero.
Cuando Angélica entró, se encontró en un amplio espacio en cuyo centro se ubicaba un mostrador de recepción con dos columnas lacadas, rematadas con pan de oro en la parte superior y con la base de mármol.
Detrás del mostrador había un joven con el pelo rapado, que llevaba un uniforme púrpura y un pin dorado que representaba el reloj de arena exhibido en la entrada.
—Domine Ark —dijo el joven—. ¿Cómo va su día hasta ahora?
—Va genial, Ronald. Esta es doña Angélica Kam. Será nuestra invitada de hoy.
—Por supuesto, señor —dijo el joven mientras buscaba algo dentro de un cajón; entonces le entregó a Angélica un pin de invitada, que se colocó en la camisa.
—Muy bien —dijo James—. ¿Algún mensaje para mí?
—Nada hasta ahora.
—Gracias —dijo James, indicándole a Angélica que le siguiera.
Pasaron por la zona de recepción y entraron en un pasillo.
—Ronald es uno de nuestros estudiantes aquí en Ark —explicó James, caminando hacia un ascensor—. Empecé con siete estudiantes y una habitación libre en un piso alquilado. ¿Te suena de algo?
—Sí. ¿Eso es lo que intentas hacer? ¿Seguir los pasos de Cantara?
Algo en la expresión de James cambió. Un músculo en el lateral de su cara se tensó, mientras se subía las gafas de sol con un movimiento brusco.
—Puede que empezara como un desafío personal —dijo, sonriendo levemente—, pero se ha convertido en algo más grande.
Ella frunció el ceño.
—¿En qué sentido?
James se ajustó la camisa, como si le rozara.
—Tenemos noventa y seis estudiantes, divididos en ocho clases. Es más de lo que jamás logró Cantara —respondió, subiendo al ascensor; una vez dentro, pulsó un botón y comenzaron a bajar.
—Es decir —dijo Angélica, mirando varias veces los indicadores de piso en ambos paneles de las puertas—, que has construido un complejo aislado en las afueras de Nashville donde entrenas secretamente a eteriones. ¿De qué tienes miedo?
James cruzó las manos tras la espalda, mirando directamente al frente.
—¿Qué te hace pensar que tengo miedo?
Angélica hizo un gesto con la mano, como si apartara un obstáculo.
—Bueno, blanco y en botella. Podrías haberme invitado aquí a la antigua usanza, pero decidiste secuestrarme. Una forma drástica de evitar que la gente ande husmeando, a mi parecer. Así que te pregunto de nuevo: ¿a qué le tienes miedo?
Su postura se tensó.
—Solamente nos preocupa la privacidad de nuestros estudiantes. Enviar una solicitud habría dejado un rastro, migas fáciles de seguir. No quiero…
—Mentira —sentenció Angélica, cruzándose los brazos—. No me estás contando la verdad sobre este lugar. Dijiste que utilizabais la Escala Paride y la Prueba de Aglomeración Funcional para seleccionar a los estudiantes, ¿verdad?
James asintió.
—¿Qué puntuación exigís?
—Omegatón Alfa y Escala Absoluta.
Ella le miró fijamente.
—¿Genios? ¿Es un instituto para genios?
—Para una nueva generación de polihistoriadores.
Los nuevos Leonardo da Vinci de nuestra época.
Estos estudiantes están entrenados para sobresalir en la Era del Éter.
Quería que vieras lo que estamos haciendo aquí para que entiendas lo que puedo ofrecerte.
El abanico de posibilidades no se parece a nada que hayas visto antes.
El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron dando paso a un pasillo flanqueado por puertas de madera. El timbre de una campana rompió el silencio en cuanto salieron del ascensor, y los estudiantes comenzaron a salir de las aulas.
James miró su reloj.
—Bien, lo he calculado correctamente. Están cambiando de clase. Vamos a conocerlos.
Angélica le siguió mientras James avanzaba hacia los estudiantes.
—Jackson —llamó a un chico—. ¿Cómo va tu investigación sobre la reordenación polimórfica? La profesora Estrella me dijo que estás teniendo problemas con el cálculo de división logarítmica.
—Ah, ya he resuelto eso, Domine —contestó el estudiante con un ademán de indiferencia—. Me confundí con el cálculo fractal, eso es todo. Un problemilla.
—Me alegra oír eso —dijo James, girándose hacia una chica con el pelo azul corto—. ¿Y tú, Sirillia? ¿Cómo va el ensayo sobre las morfodiscrepancias de las fluctuaciones etéricas?
Charló con varios estudiantes, haciendo preguntas relacionadas con cada una de sus tareas y presentando a Angélica cuando la miraban.
A medida que se formaba un grupo de estudiantes, empezó a oírse el nombre de «Dama de la Melodía».
Angélica tuvo la clara y desagradable sensación de haberse convertido en el centro de atención.
—¿Qué pasa aquí? ¿Por qué estáis todos en medio del pasillo?
Un hombre con un turbante verde apareció entre la multitud, acompañado de una hermosa mujer con una exuberante melena oscura y ondulada, que le caía en cascada por la espalda. Angélica miró a los dos recién llegados, abriendo los ojos de par en par.
—¿Ravi? ¿Venus? —dijo, mirándolos fijamente—. ¿Qué hacéis vosotros dos aquí?
—Trabajamos aquí —dijo Ravi, sonriendo—. Yo enseño Fundamentos de Eteriónica y Desarrollos Interculturales. Venus imparte Matriz Cibernética y Éter 3.0.
—¡Estoy tan feliz de verte, Angy! —dijo Venus, abrazándola—. Te veo bien.
—Yo también me alegro de verte—dijo Angélica con una sonrisa incómoda.
—He seguido tu carrera con interés —dijo Venus—. Tus descubrimientos sobre trastornos inducidos por el éter han revolucionado la eterosofía. Se escribirán un montón de libros sobre tus hallazgos.
—Sí —intervino Ravi—. Y, por supuesto, también me viene a la mente tu estatus de «Dama de la Melodía».
Eso es digno de mención, ¿no? —dijo, lanzando una mirada severa a James—.
Después de todo, es lo que te ha traído hasta aquí.
Espero que hayas perdonado el acto insensato de James y no nos denuncies a las autoridades por el secuestro.
Lo siento, James, he intentado decirlo de otra forma, pero, ay, no he podido —dijo, fijando la mirada en Angélica—.
Quiero que sepas que estuve en contra de esto desde el principio.
—Supuestamente —dijo Angélica—, James está a punto de enseñarme algo que lo explicará todo —respondió, mirando con dureza a su excompañero de clase—. Le daré el beneficio de la duda, por ahora.
Ravi esbozó una sonrisa afilada.
— Ojalá pudiera estar presente cuando lo haga, pero tengo que explicarle a una clase de zoquetes la diferencia entre un movimiento repulsivo doble y una disyunción mutua de parámetros etéricos.
—Ha sido un placer verte después de tanto tiempo, Angélica —dijo Venus, haciendo señas a Ravi para que la siguiera—. Aunque me hubiera gustado verte en otras circunstancias. Vamos, Ravi. Los estudiantes nos esperan.
Ravi y Venus condujeron a los estudiantes hacia sus clases, y en menos de un minuto el pasillo estaba vacío.
James se giró hacia el otro lado y comenzó a caminar.
Angélica le siguió, echando humo por la nariz.
—La lista de explicaciones que me debes se está alargando, James.
—Tienes razón —dijo James, agachando la cabeza—. Te he traído aquí por más de un motivo.
Ella se rio con dureza.
—Me tientas con respuestas que aún no he recibido, y ahora descubro que has reunido a la mitad de nuestros antiguos compañeros de clase y los utilizas como profesores. ¿Para qué?
—Este era el sueño de Cantara hecho realidad —dijo James, haciendo un gesto a su alrededor—. Estamos continuando su legado. Así de simple.
—Admirable —Angélica golpeó el suelo con el pie, manteniendo una postura corporal cerrada—. ¿Y qué pinto yo en todo esto?
—Necesitamos a alguien que sepa lo que está en juego, que quiera transmitir su conocimiento a la próxima generación de pastores de la opinión pública —James hizo una pausa y la miró—. Te necesitamos para que seas nuestra Cantara Handal.
Angélica se detuvo bruscamente.
—¿Qué?
James se quitó las gafas de sol, dirigiendo sus ojos oscuros hacia Angélica.
—Lamento no haber sido sincero contigo, pero la situación lo exigía.
—James, ¿qué quieres que diga? Ni siquiera me has explicado qué tiene que ver todo esto con la malice asesina.
James asintió.
—No lo hice porque quería que lo vieras con tus propios ojos.
—¿Ver qué?
—Angélica, nos estamos preparando para dar forma a un nuevo mundo. Fundé el Instituto por esta razón, y estoy convencido de que ese nuevo mundo necesitará una clase de eteriones completamente nueva para sobrevivir a lo que se avecina.