La guerra de Pandora (Protocolo Singularidad 3) 11 El Pentaproyecto
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11 El Pentaproyecto

EL PENTAPROYECTO

COMPLEJO HIPERISTA STARGAZER, SALA DE CONTROL

Gladia

Gladia Egea miró el reloj y se mordió el labio. Era imposible que solo hubieran pasado diez minutos desde la última vez que lo había mirado.

La espera le estaba poniendo de los nervios. Quería que el Pentaproyecto terminara, dejarlo atrás y seguir adelante. Pero lo único que podía hacer ahora era esperar y confiar en que sus pastillas la ayudaran a superar el día.

Miró a su alrededor, buscando algo de consuelo en medio del barullo que la rodeaba.

La sala de control del complejo Stargazer estaba muy concurrida, llena de gente que circulaba con determinación.

Había una docena de consolas dentro del área circular, cada una atendida por un técnico con auriculares.

Los trabajadores dirigían el tráfico aéreo del complejo, almacenaban información vital dentro del núcleo de datos, se encargaban de la seguridad general y controlaban uno de los bastiones más importantes del Movimiento Hiperista.

Gladia miró su propia consola y frunció el ceño.

La pantalla estaba dividida en dos mitades, ambas mostrando información sobre las dos propuestas del Pentaproyecto: en la pantalla de la izquierda estaba la propuesta del partido progresista, más comúnmente conocido como Partido Ascendente; en la de la derecha aparecía la propuesta del partido conservador, también conocido como Partido Geocéntrico.

Solo uno conseguiría llevarse el gato al agua y se haría con la mayor parte de los recursos de HYPER durante los próximos cinco años.

Gladia se cruzó de brazos, frunciendo aún más el ceño.

El Plan Quinquenal de Desarrollo Sideral era el evento más importante para el Movimiento Hiperista.

Se presentaban varios proyectos, pero solo se elegían dos para la confrontación final, que consistía en un debate público conocido como «La Clave».

Los finalistas de ese año eran el líder de los ascendentes, Tolomeo Almagest, que planeaba construir una flota de naves de medio alcance para extraer diversos tipos de recursos espaciales, y Penélope Juno, líder de los geocéntricos, que abogaba por la construcción de un segundo ascensor espacial capaz de transportar más del triple de carga útil que el Polaris.

Una obra monumental que pretendía potenciar el tráfico orbital y fortalecer la infraestructura hiperista en el espacio exterior, tanto en la órbita geoestacionaria y el espacio cislunar como más allá, alcanzando incluso los puntos de Lagrange.

Los ascendentes y los geocéntricos siempre habían estado enfrentados, pero esta era la primera vez que podían mostrar sus enemistades ante un escenario mundial. Millones estarían observando.

—¿Gladia?

Se encontró a Arthur Strutzenberg mirándola fijamente, con las manos en las caderas. Por su expresión, no era la primera vez que la llamaba.

Gladia se aclaró la garganta.

—¿Sí?

—No tienes que quedarte aquí esperando —dijo Arthur—. Las delegaciones aún tardarán horas en llegar. ¿Por qué no te vas a descansar un poco? Yo me encargo. Charlotte puede avisarte antes de…

—Estoy bien —le interrumpió—. Deja de preocuparte por mí.

Arthur abrió la boca, pero se lo pensó.

—De acuerdo —dijo tras un momento—. Solo era una sugerencia. Si me necesitas, estaré en la sala de reuniones ayudando a Charlotte a organizar el papeleo con la delegación de los apeirones.

Gladia siguió a Arthur con la mirada mientras salía de la habitación. Sintió una punzada de culpabilidad. Él solo trataba de asegurarse de que estuviera bien, pero había algo en su actitud excesivamente protectora que le crispaba los nervios.

Se volvió hacia el muro acristalado que ocupaba la mayor parte de la estructura superior de la torre y se centró en el paisaje circundante. El ala este del complejo hiperista se extendía ante ella.

Stargazer estaba formado por numerosas estructuras bajas y rectangulares, con un techo plano que a Gladia le recordaba a zigurats gigantescos. Lanzaderas, hipersedanes y drones automatizados abarrotaban el espacio aéreo sobre la base.

Junto con Pegasus, Serenity y el Centro Infinity —hogar del ascensor espacial Polaris—, Stargazer era una de las bases hiperistas más importantes.

Albergaba la Escuela Casiopea para la Élite Dorada, un laboratorio de flotabilidad neutra, un centro de investigación microgravimétrica y varias fábricas dedicadas a la investigación y producción de tecnología aeroespacial.

Ese lugar —que siempre había simbolizado el progreso y el ingenio— pronto se convertiría en un avispero cuando llegaran las delegaciones geocéntrica y ascendente. Ahora más que nunca, tenía que mantenerse alerta. El futuro de HYPER estaba en juego.

∞∞∞

Aguas del Mediterráneo

Aeromusina del Legatus Tolomeo Almagest

Tolomeo Almagest estudiaba el modelo de la nave estelar que reposaba sobre su escritorio. Aquella nave deforme —que parecía una langosta sin patas— iba a propulsar o dinamitar su carrera.

Giró su reloj mientras se movía en la silla. Cinco años y millones de dólares se habían invertido en esa compleja pieza de aleación y componentes cerámicos. Encarnaba lo que Tolomeo Almagest estaba dispuesto a hacer para lograr su objetivo.

El líder de los ascendentes se inclinó sobre el escritorio para coger la nave espacial.

Cerró suavemente la mano alrededor de ella —como si estuviera cogiendo una delicada escultura de hielo— y se la acercó a la cara para examinar los detalles.

En el casco de la nave espacial estaba escrito Catalabán BX-01 con letras rojas brillantes.

Estudió el interior del puente: el asiento del capitán, la estación científica y el panel de comunicaciones, todo reproducido hasta el último detalle.

Un catalabán tenía cuatro veces el tonelaje de una simple nave exploradora reutilizable, diez veces su delta-v, y un sistema de reciclaje más avanzado, que permitía un uso más eficiente del agua y el aire en el espacio.

Tenía capacidad para una tripulación de seis personas durante un máximo de dos años en el espacio profundo.

Cualquier cosa fabricada por HYPER hasta la fecha estaba a años luz de tales especificaciones.

Los catalabanes representaban la marca de Tolomeo en la historia, su contribución a los cimientos de una civilización espacial. Pero para lograr su objetivo, necesitaba ganar la Clave y aplastar a Penélope Juno delante de todos los hiperistas.

Tolomeo echó un vistazo al folleto sobre su escritorio.

El título decía: Plan Quinquenal Geocéntrico de Desarrollo Sideral.

En el centro de la portada aparecía un Infinito Argénteo inscrito en un círculo que representaba la Tierra.

Al lado del folleto había un libro más grueso, pero su cubierta gris ceniza no mostraba título alguno. Tolomeo hojeó sus páginas.

En su interior estaba el perfil psicológico de Penélope Juno, junto con algunos detalles interesantes sobre su pasado que le darían una buena baza.

El Legatus dejó el libro y se giró hacia la ventana de la aeromusina.

El Mediterráneo, ese día, estaba revuelto, con olas rompiendo sobre otras hasta donde le alcanzaba la vista.

Su nave llevaba viajando cinco horas y acababa de comenzar el descenso.

Aterrizarían en el Centro Stargazer en menos de quince minutos.

Tolomeo apartó la mirada del mar Mediterráneo y volvió a fijarse en el catalabán. Había trabajado duro para llegar hasta aquí, y no permitiría que Penélope Juno lo detuviera tan cerca de la meta, costara lo que costara.

∞∞∞

Aguas del Mediterráneo

Aeromusina de la Gran Consejera Penélope Juno

Penélope Juno estaba sentada de forma rígida en su silla, con las manos recogidas en su regazo, mientras observaba las tres proyecciones que llevaba estudiando durante la última hora.

Mantenerse al día de la actualidad era una tarea que consumía tiempo, pero resultaba necesaria para dar sentido a un mundo en constante cambio.

La Gran Consejera reflexionaba antes de decidir, sopesando alternativas y explorando posibles resultados.

Era imposible predecir todas las variables, por supuesto, pero la cautela era lo que la había llevado tan alto en la jerarquía hiperista.

La impulsividad provocaba guerras, derribaba imperios y dictaba el fin de naciones enteras. Ella no iba a cometer ese error.

La primera proyección que había convocado mostraba a Gladia Egea en una sala de prensa, respondiendo a preguntas de periodistas.

El Último Vértice del Hexaedro parecía agotada, a pesar de sus esfuerzos por ocultarlo.

Esa cara era natural en una mujer que nunca estuvo destinada a liderar.

Cualquiera podía ver que estaba abrumada bajo el peso de unas responsabilidades que no era capaz de gestionar.

Penélope hizo una anotación en su tableta, conectando una nueva idea al mapa conceptual que llevaba desarrollando durante la última hora.

La influencia de Gladia en la escena internacional se estaba desvaneciendo; su caída era una variable que debía tenerse en cuenta.

Aunque nadie se atrevía a mencionarlo en público, su liderazgo se había resentido desde que Verha Wardem —la campeona hiperista que ella misma había seleccionado— fue derrotada por Yvonne Muchena en Collision.

Penélope entonces dirigió su mirada hacia la segunda proyección, que mostraba a Yvonne Muchena rodeada por una multitud.

El contraste entre las dos líderes era impactante, tan marcado como el día y la noche.

Muchena irradiaba un aura de poder y carisma de la que Gladia siempre había carecido.

La mujer terrista era joven, hambrienta de gloria.

Tenía el doble de ambición que Woodside y la mitad de su cautela: una combinación peligrosa para el futuro de HYPER.

Había que detener a Muchena, y Gladia no estaba a la altura de la tarea.

Con la elección de un nuevo Consejo Planetario a la vuelta de la esquina, la líder terrista estaba aprovechando el Pentaproyecto para poner en evidencia las diferencias entre los partidos hiperistas y sacar ventaja de unas fracturas cada vez más grandes.

Muchena era astuta, tenía una estrategia sólida y la ejecutaba con una precisión brutal para aumentar su ventaja. Woodside le había enseñado bien.

Penélope añadió otra nota a su dispositivo, enlazándola con una sección dentro del mapa conceptual ya cargado de datos.

Finalmente, dirigió su mirada hacia la tercera y última proyección, intentando sin éxito mantener sus emociones bajo control.

Tolomeo Almagest sonreía a la cámara mientras presentaba su monstruosidad espacial ante una sala llena de gente.

Estaba intentando vender el catalabán como lo mejor que le había ocurrido al Movimiento Hiperista desde la invención de Polaris.

A él tampoco se le podía subestimar. El exterrista tenía la inteligencia depredadora de un zorro.

Muchos habían cometido el error de tomarlo por ingenuo, cuando en realidad era astuto, decidido y peligroso.

Tolomeo había convencido a los ascendentes para que lo eligieran líder mediante una campaña masiva de gran éxito, basada en el lema «Más allá». Había prometido darle al Movimiento Hiperista un nuevo rumbo, más cercano al espíritu original de ingenio y audacia de Wei.

Penélope frunció el ceño, consciente de lo estúpido que sonaba todo aquello.

A los ascendentes les habían engañado. Tolomeo era demasiado inteligente como para creerse su propia propaganda.

Los catalabanes que publicitaba con tanto fervor no eran más que un fuego fatuo, vacío de significado.

La capacidad de la humanidad para viajar al espacio estaba en pañales.

La civilización espacial que Wei había imaginado acababa de empezar a tomar forma y no estaba lista para dar un salto hacia lo desconocido.

No se podía permitir que Tolomeo siguiera adelante con su plan kamikaze. Había que detenerlo.

Penélope respiró profundamente, luego apagó las tres proyecciones con un movimiento de su mano.

Se concentró en el mapa conceptual. Su mente trabajaba vinculando ideas que le ayudaran a planificar un curso de acción sólido para la próxima Clave.

Necesitaba ganar. El futuro mismo de HYPER estaba en juego.

Cerró los ojos y visualizó el mapa que había creado.

Vio la intrincada red de ideas, las encrucijadas críticas, los movimientos necesarios para asegurar que todo saliera según lo planeado, y supo con una claridad aplastante lo que hacía falta: había que apartar a Gladia Egea y, así, contrarrestar la influencia de Yvonne Muchena.

Su plan empezaba ganando a Tolomeo Almagest en la Clave y haciéndose con el Pentaproyecto.

Penélope sabía que ella era la última esperanza de supervivencia de HYPER, la verdadera heredera del legado de Wei Wang. Nada podía interponerse en su camino.

Su interenlace emitió un pitido. Levantó una ceja y aceptó la llamada.

—Consejera —dijo la voz profesional de su capitán—. Hemos entrado en el Perímetro Exterior de Stargazer. Tiempo estimado de llegada: quince minutos.

Penélope apagó su tableta.

—Entendido, capitán. Informe a la tripulación. Los quiero a todos listos para el aterrizaje.