8 Masvieth
MASVIETH
GEODA, PUESTO DE AVANZADA DEL PROYECTO DEFENSIO
Ariul
—¿Has oído hablar alguna vez del Omniólogo?
Lena reflexionó sobre la pregunta de Tiago mientras atravesaban un pasadizo estrecho y tenuemente iluminado que conectaba la habitación de Spencer con la siguiente estancia.
Llevaba pensando en la palabra «omniólogo» desde la primera vez que Tiago la mencionó, pero no lograba descifrar por qué le sonaba familiar.
—Me suena —dijo con cautela—. Pero no sé de qué.
Tras el pasadizo había otra sala, espaciosa pero escasamente iluminada. No tenía mobiliario, o al menos ninguno que Lena pudiera ver.
—Bienvenida a la Cámara de Desarrollo Etérico —dijo Tiago, señalando la nueva estancia—. Y eso de allí es el Masvieth.
Los ojos de Lena se fueron adaptando a la penumbra, y entonces lo vio: una esfera de unos dos metros de diámetro suspendida a pocos centímetros del suelo. Estaba hecha de un material translúcido, lo cual explicaba por qué no la había visto de primeras.
—¿Eso es el Masvieth? —preguntó frunciendo el ceño.
Tiago asintió.
—Parece algo normal y corriente, ¿a que sí? Y, sin embargo, esta es la herramienta más importante de los eteriones para dar forma a las tendencias históricas en el éter. ¿EVA?
La luz inundó la sala y una voz femenina sintética le respondió.
—¿Sí, Canciller?
—Despierta al Masvieth.
—Entendido. Iniciando flujo de datos etéricos al núcleo.
Un zumbido reverberó por toda la sala. Lena buscó su origen hasta darse cuenta de que provenía del propio Masvieth.
La esfera comenzó a girar como un planeta sobre su propio eje y el objeto perdió su translucidez.
Una especie de ondas empezaron a recorrer la esfera, como si el objeto estuviera hecho de metal líquido, y tras unos segundos varias zonas cromáticas de diferentes colores cubrieron la superficie; algunas eran tan pequeñas como una uña, otras tan grandes como el tronco de Lena.
La más grande, con diferencia, era de un verde esmeralda brillante y ocupaba casi una quinta parte de toda la sala.
El nuevo Masvieth le recordaba a un mapamundi; las áreas cromáticas parecían países vecinos, con fronteras claramente dibujadas. Cada una de ellas se movía —algunas expandiéndose, otras contrayéndose— como células vivas luchando por el espacio.
—¿Esto qué son? —preguntó señalando las áreas de colores mientras se volvía hacia Tiago.
A Tiago se le dibujó una sonrisa ladeada.
—¿Qué crees que son?
Ella se encogió de hombros.
—No sé. ¿Un montón de amebas gigantes intentando comerse unas a otras?
—No vas muy desencaminada —respondió, arqueando una ceja—.
Esto es el Geoéter, una reproducción en tiempo real de las porciones más importantes del éter.
El movimiento representa la interacción diaria entre regiones, provincias y unidades del ciberespacio, y el Masvieth muestra cómo cambia el éter debido a esa interacción.
Los ojos de Lena se centraron en la enorme área verde esmeralda.
—Esto es DataMorph, imagino.
Él asintió.
—Has dado en el clavo.
Lena estudió los límites meridionales de DataMorph, donde dos áreas grises de apenas un par de centímetros estaban siendo cercadas por su vecino más grande.
—¿Qué está pasando?
—DataMorph se está fusionando con Joyosa y Argonaut —respondió Tiago, señalando las dos áreas grises—. Son partes de tamaño considerable en la industria del entretenimiento virtual. En un par de días, DataMorph los absorberá y añadirá varias opciones nuevas a su creciente lista de servicios.
Lena se toqueteaba el pelo, pensativa.
—Vale, todo esto está muy bien, pero ¿qué tiene que ver con el omniólogo o la guerra contra los biomecas?
—Me alegra que me hagas esa pregunta —afirmó Tiago acercándose al Masvieth—. EVA, accede a la base de datos de DataMorph.
—Recibido, Canciller. ¿Qué te gustaría saber?
Tiagó se remangó.
—¿Cómo define la base de datos la palabra «omniólogo»?
—DataMorph califica «omniólogo» como un ciberio, un movimiento activista internacional descentralizado que opera en el ciberespacio.
Apretó los labios.
—¿Cuál es el propósito del movimiento?
—El propósito declarado del grupo ha cambiado con los años.
Hoy en día, se cree que muchos individuos utilizan este término por motivos muy distintos.
Al Omniólogo se le han atribuido una variedad de delitos, como robo de datos, acceso ilícito a información corporativa, sabotaje, piratería informática, espionaje y la liberación indiscriminada de cientos de virus y malware en instituciones gubernamentales.
Tiago se giró hacia Lena.
—No es el tipo de gente con la que te gustaría juntarte. EVA, ¿cuál es la posición oficial del Tribunal Planetario respecto al Omniólogo?
—La Tribunal Planetario declaró al Omnilogo movimiento ilegal mediante la Resolución Sigma 33b del Código Penal Etérico y creó un grupo de trabajo dedicado exclusivamente a prevenir sus acciones.
Tiago se llevó el índice a los labios, en un gesto pensativo.
—¿A quién se le atribuye la creación de la palabra «omniólogo»?
—No está claro.
—¿Cuándo apareció la palabra por primera vez?
—La información sobre este tema es contradictoria.
Tiago miró a Lena.
—Arguméntalo.
—El término «omniólogo» ya se usaba en la era de Internet —respondió la voz sintética—. Según datos no concluyentes, la palabra se utilizó por primera vez en 2017, en un foro centrado en curiosidades y actualidad.
—Vale —dijo, mientras empezaba a caminar por la estancia—. ¿Puedes recuperar el contenido de ese foro?
—Negativo —respondió EVA—. Esta información no está disponible.
—Claro que no lo está —exclamó con fulgor en la mirada—. Si lo estuviera, cualquiera que supiera sumar dos más dos entendería la verdad.
—¿Verdad? —dijo Lena, mirándolo con ojos perdidos—. ¿Qué verdad?
Tiago levantó un dedo.
—Mira, no necesitamos que EVA nos diga el contenido de ese foro porque yo ya lo leí en 2017.
Lena arqueó una ceja.
—¿Cómo que lo leíste?
—Sí —respondió, dejando de caminar, con los ojos abiertos como platos—. Cuando tenía veinte años y era aspirante a periodista, buscando noticias de actualidad. Ese foro me llevó a hacer un viaje a Pasadena, y de ahí a conocer a una persona que cambiaría mi vida para siempre.
—Vale —dijo Lena, encogiéndose de hombros—. ¿Y me vas a contar de qué iba ese foro?
Tiago entrelazó las manos y sonrío.
—Iba de un niño que era capaz de responder cualquier pregunta en diez segundos. Se referían a él como la «base de datos humana» o «el omniólogo».
Lena se quedó perpleja.
—Espera un momento. ¿Me estás diciendo que el Omniólogo era un niño?
Tiago señaló la cara de Lena.
—Se me puso la misma cara cuando descubrí esa información, así que lo investigué. El hilo del foro sugería que el Omniólogo estaba en Pasadena, y fui allí a echar un vistazo.
Lena se rascó la cabeza, con la mirada perdida.
—Espera, espera, ve más despacio. Pensaba que habíamos dicho que el Omniólogo era una organización terrorista. ¿Qué pinta el niño de Pasadena en esto?
Tiago se pasó la mano por el pelo con ademán pausado.
—Tienes razón. Hoy, la palabra «omniólogo» se usa para describir una organización criminal, pero hace veintitrés años no era así. Era una manera de referirse a un niño prodigio que cambiaría nuestras vidas.
Lena se quedó boquiabierta.
—Estás de coña —dijo, retrocediendo un paso y alejándose de Tiago, luchando por encontrar las palabras adecuadas—. Quiero decir, no puedes estar hablando en serio.
Tiago levantó las manos.
—Tan en serio como que nos vamos a morir.
Ella se frotó la frente y negó con la cabeza.
—No… —dijo con la voz quebrada por el impacto de la noticia—. Es imposible.
Tiago se encogió de hombros
—¿Por qué?
—¡Porque es una locura!
—¿Una locura? —Tiago resopló—. Déjame decirte lo que es una «locura». Estás dentro de una habitación que forma parte de un complejo subterráneo secreto construido para proteger Saemangeum City de soldados mejorados cibernéticamente. Tal vez deberías reconsiderar tu definición de locura.
—Vale. Bien. Vayamos por partes —dijo con la voz temblorosa, sintiendo un hormigueo de incomodidad en la piel—. Me estás diciendo que Wei Wang era el Omniólogo, ¿no? Que el Primer Hiperista era un terrorista buscado por la Tribunal Planetario, ¿correcto?
—Sé cómo suena, pero es la verdad.
—¿Y por qué iba a querer Wei Wang formar parte de una organización ciberterrorista? No tiene ningún sentido.
—Esa es la otra pieza del rompecabezas. Wei necesitaba un alter ego tras el que esconderse. El Omniólogo cumplía ese objetivo; le permitía hacer cosas que no podía hacer como una persona de a pie. Pero el Omniólogo era más que una persona, era una idea, y las ideas no tienen límites.
—¿Pero por qué crear el alter ego?
—Al principio, Wei lo usó para obtener recursos y contactos útiles. Más tarde, para evitar la extinción de la humanidad.
Lena frunció el ceño.
—¿En serio? Vale, ahora sí que estás delirando.
Tiago levantó ambas manos.
—Sígueme, por favor.
—Lo estoy intentando, pero no me lo estás poniendo fácil.
—Nunca dije que entenderlo fuera a ser fácil.
—Vale, bueno. ¿Dónde están las pruebas de todo esto? ¿Mmm? ¿Se supone que debo… no sé… creerte porque pareces buena gente?
—Mira, no es fácil demostrar algo que Wei Wang quería mantener en secreto.
—Claro —resopló, sintiendo que le empezaba a doler la cabeza—. Así que mejor te inventas cosas y dices que son verdad, y luego dices que es que son difíciles de demostrar. Muy conveniente, ¿no? Así me podrías convencer de cualquier cosa. ¿Qué va a ser lo siguiente?
—Te prometí respuestas —dijo Tiago con expresión suavizada—. Solo estoy cumpliendo con mi palabra.
—¡Tus respuestas son una mierda! —soltó Lena—. Son confusas y demencialmente descabelladas.
—Entiendo tu frustración.
—¿De verdad?
—Sí, pero tendrás que darme el beneficio de la duda hasta que puedas verlo todo en perspectiva. ¿Puedes hacer eso?
—Mira, lo siento —dijo, inspirando de forma profunda y calmada—. Es que todo esto me está poniendo de los nervios.