La guerra de Pandora (Protocolo Singularidad 3) 6 La Directora Ejecutiva #3
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6 La Directora Ejecutiva #3

—Muchena ha conseguido un índice de aprobación del noventa y dos por ciento.

Ni siquiera Douglas Woodside se acercó a esta cifra.

Después de remodelar el Consejo Terrista y nombrar a Elijah Goldberg como su líder, el Viento Negro de Muchena —el movimiento que fundó durante su etapa de liderazgo en África— ha ganado con éxito posiciones de poder en varias regiones del continente, al tiempo que han ido surgiendo nuevos movimientos proterristas en Sudamérica y el Sudeste Asiático.

Esta mañana, la presidenta terrista, tras subrayar el progreso de LAND en el panorama mundial, ha realizado unas declaraciones sobre el inminente Pentaproyecto.

Gladia miraba de reojo la proyección. Muchena sonreía mientras una inmensa multitud la aclamaba.

—Durante años, LAND ha luchado por recuperar su identidad y propósito —afirmó la líder terrista, mientras su mirada recorría el mar de gente y levantaba una mano en señal de triunfo—.

Éramos débiles y estábamos divididos, peleándonos entre nosotros, y nuestros enemigos se aprovecharon de ello.

¡Eso se acabó! Una vez más, estamos unidos bajo la misma bandera y listos para exponer a HYPER por lo que realmente es: la mentira más cara de la historia de la humanidad.

No me importa qué corriente esté de moda ahora mismo.

Geocéntricos, selenianos, ascendentes, apeirones…

cualquier forma de hiperismo es una enfermedad para nuestra sociedad, ¡y debe ser erradicada! No pararemos hasta…

—¿Gladia?

Gladia se giró hacia la entrada. Un hombre alto de unos cincuenta y tantos años estaba de pie en la puerta, con una sonrisa de oreja a oreja en su rostro bronceado.

—¿Arthur? —Gladia frunció el ceño—. Ya era hora de que aparecieras. ¿Por qué sonríes como un idiota?

—Mmm… es que… bueno —dijo, señalando el cuerpo de Gladia; luego apartó la mirada, sonrojándose—. He llamado dos veces, pero… bueno, la puerta estaba entreabierta y… —dejó la frase en el aire.

Gladia seguía en ropa interior.

—¡Oh, por el amor de Dios! —rebuscó en su equipaje y sacó rápidamente un camisón.

Arthur miró hacia el pasillo.

—Puedo volver si tú…

—Pasa y cierra la puta puerta.

—Claro. La puerta… sí —Arthur entró y la cerró.

Gladia le indicó que se sentara en una silla mientras terminaba de vestirse. La proyección que reproducía el discurso de Muchena captó la atención del hombre.

—¿Poniéndote al día con la dosis diaria de mierda?

Gladia lanzó una mirada hacia la imagen de Muchena y luego resopló.

—Parece que está en todas partes últimamente —dijo, terminando de abrocharse el camisón—. Nunca pensé que echaría de menos a Woodside.

Arthur se cruzó de brazos.

—Bueno, hay que reconocerle el mérito. En cien días ha logrado lo que Woodside no pudo en una década.

Gladia lo miró fijamente.

—¿Y?

Arthur se encogió de hombros.

—Ha puesto de rodillas al Consejo Terrista, se ha metido a Elijah «Nosferatu» Goldberg en el bolsillo y ha ganado la mayoría de escaños en siete gobiernos africanos. Es una fuerza de la naturaleza con esteroides.

—¿Estás pensando en cambiar de bando? —Gladia arqueó las cejas—. Parece que quieras unirte a su grupo de lunáticos.

Arthur levantó las palmas de las manos.

—Solo reconozco lo que está por venir. No es la novata que pensábamos. Muchena sabe cómo venderse a la prensa mientras hace limpieza general. Al César lo que es del César.

—Se le da bien llamar la atención —replicó Gladia con amargura—, como a quien disfruta viendo el mundo arder. No hay nada que elogiar en eso. Solo desearía saber qué está planeando.

Arthur inclinó la cabeza, mirando la proyección.

—¿Su mitin en Roma?

—¿Qué si no? —se burló Gladia—. Es otra de sus artimañas.

—Aun así, debe de ser algo importante —dijo Arthur, pensativo—. En fin, lo sabremos pronto.

—Ya —respondió Gladia, carraspeando y apartando la mirada de Arthur mientras se hacía un silencio incómodo. Se alisó el camisón, pero el gesto dejó al descubierto sus manos. Se las metió en los bolsillos.

—Pareces cansada —dijo Arthur, apoyándose en la silla—. ¿Sigues teniendo pesadillas?

Gladia cambió de tema.

—¿Dónde cojones estabas? Se suponía que ibas a estar aquí esta mañana.

—Solo me aseguraba de que nuestra directora ejecutiva esté sana y salva durante el evento principal —respondió Arthur frunciendo el ceño—. Y no has respondido a mi pregunta.

—Eres un paranoico —dijo Gladia con desdén—. ¿Cuáles son las probabilidades de un ataque en Stargazer? ¿Eh? ¿Cero coma cero, cero, cero… nada por ciento?

Arthur la miró con expresión de dolor.

—Alguien debió decir lo mismo sobre Infinity hace diez años.

Gladia se quedó congelada. Apretó los dientes con fuerza, con los labios reducidos a una delgada línea.

—Lo siento —dijo Arthur, levantándose de la silla y acercándose a Gladia—. No debería haber dicho eso. Es solo que… quiero asegurarme de que nada salga mal —levantó los brazos para abrazarla, pero se detuvo a medio camino.

Gladia se retiró.

—Da igual — dijo mientras retrocedía para poner distancia entre los dos—. ¿Está todo listo para el viaje?

—Sí —dijo Arthur, con tono inexpresivo—. Todo listo. La aeromusina está preparada y cargada. Despegamos mañana a las ocho en punto. Espero que estés lista para hacer historia.