6 La Directora Ejecutiva
cRW
LA DIRECTORA EJECUTIVA
ORLANDO, MUSEO NACIONAL ARCTURUS DE HISTORIA ESPACIAL
Gladia
«Ojalá me tragara un agujero negro y pudiera desparecer para evitar a todo el mundo durante lo que me queda de vida», pensó Gladia.
«Agotada» se quedaba corto para describir su estado físico y mental. Se sentía consumida, como un trapo viejo y andrajoso, usado demasiadas veces.
La campaña de la semana pasada, en preparación para el Pentaproyecto, le había drenado la energía hasta la última gota.
Había visitado seis ciudades en siete días, participando en recaudaciones de fondos, entrevistas, presentaciones y discursos públicos.
Cada portavoz, grupo de presión, representante y burócrata involucrado en el Plan Quinquenal había aprovechado para sacar tajada de ella.
Todos tenían una petición que hacerle a la directora ejecutiva, un favor que pedir, una sugerencia que plantear o una exigencia que imponer.
La Navidad se había adelantado para los buitres.
Y eso era solo la punta del iceberg. El Pentaproyecto estaba sacando lo peor de sus compañeros hiperistas.
Todos intentaban influir, controlar o quedarse con una porción más grande del pastel a costa de otro compañero hiperista.
Todo formaba parte de un espectáculo mediático para llamar la atención; Gladia lo sabía.
Cuanto mayor fuera el conflicto, más interesante sería la historia.
Pero esta vez era distinto. Se habían dado casos de rivalidad tan extremos entre las facciones que ya no estaba segura de que fuera solo marketing.
Las disputas se habían encrudecido desde el primer momento.
Esta confrontación tóxica y creciente estaba dejando a la vista graves grietas en el movimiento.
Y los medios lo habían notado: ascendentes que «olvidaban» asistir a recaudaciones de fondos respaldadas por geocéntricos; selenianos que invitaban a ascendentes a sus programas de televisión para humillarlos públicamente; geocéntricos que recordaban el pasado terrista de Tolomeo cada vez que tenían ocasión…
y, por supuesto, los altivos apeirones, que seguían obstinadamente aferrados a su aislacionismo, ignorando los intentos de Gladia por traerlos de vuelta al redil.
Habían dejado claro en repetidas ocasiones que consideraban a los geocéntricos, selenianos y ascendentes como hijos bastardos de los principios fundamentales de Wei.
Los medios se referían a los apeirones como el «ala ortodoxa» de HYPER, una minoría pequeña pero ruidosa que no reconocía el liderazgo de Gladia.
Vivían prácticamente aislados y rara vez abandonaban el Centro Serenidad, una gigantesca estructura fortificada en el norte de Europa que constituía su sede.
Se negaban a participar en cualquier proyecto compartido y mantenían su tecnología en secreto.
Con el tiempo, la brecha con HYPER no había hecho más que ensancharse, y su aislacionismo había crecido hasta el punto de que nadie sabía quién era su líder.
Los apeirones habían mostrado poco interés en el Pentaproyecto, a pesar de que Gladia los había invitado a participar. Su última respuesta —enviada por correo postal— había sido una frase de cinco palabras: «Estamos considerando nuestra participación».
Gladia tenía la respuesta perfecta, aunque, tras escuchar la sugerencia de Arthur, no la había enviado: «Sí. Iros a la mierda vosotros también».
—He reenviado la última proyección a la exocámara, señora. Deberíamos recibir su respuesta en una hora.
Gladia miró a su asistente mientras recorrían un pasillo fuera de la sala principal del museo, donde acababa de asistir a una conferencia.
—Gracias, Charlotte —dijo, tachando elementos de una lista en su tableta.
Su asistente administrativa —una joven de complexión pequeña, con el pelo castaño y largo— caminaba un paso por detrás de ella, mientras dos guardaespaldas las escoltaban hacia su próximo destino.
Eran hombres corpulentos, de hombros anchos y brazos gruesos.
Sobre sus inmaculados trajes blancos destacaban unos broches con forma de escudo dorado y un símbolo del infinito en el centro.
Gladia tecleaba en la tableta, respondiendo mensajes mientras caminaba.
—¿Qué es lo siguiente en la agenda?
Charlotte frunció el ceño mientras repasaba la lista.
—Tenemos una entrevista programada con DataCore Max.
Gladia entrecerró los ojos.
—¿Estás segura? No encuentro la circular. ¿La enviaste?
—Sí, señora. Anoche a las nueve y cinco, como solicitó.
Gladia se desplazó por un centenar de mensajes y negó con la cabeza.
—Bueno, se habrá quedado enterrado entre la basura. ¿Puedes enviarlo de nuevo?
—Por supuesto —Charlotte deslizó su pantalla hacia el dispositivo de Gladia, y un pitido en ambas tabletas confirmó la recepción del archivo.
—Gracias —dijo Gladia mientras leía la pantalla; de repente, el guardaespaldas que las precedía se detuvo—. ¿Qué ocurre?
—Llamada entrante de Comodoro, señora —respondió el guardaespaldas tocando su auricular—. Centauro a Comodoro, cambio —exclamó con voz enérgica—. Recibido, Comodoro. Atenea está a ochocientos metros del siguiente punto de control. Avanzando hacia el ala este.
Gladia torció el gesto y luego se volvió hacia su asistente con expresión de hartazgo.
—¿Puedes recordarme por qué Arthur nos ha encasquetado a dos de sus espantapájaros dentro de un puto Refugio Argénteo?
Charlotte miró su pantalla, como si la respuesta estuviera escrita en ella.
—Mmm… ¿por precaución, señora?
—¡No tiene sentido! —bufó Gladia echando la cabeza hacia atrás, mirando al cielo y poniendo los ojos en blanco—.
Estoy dentro de una instalación hiperista, por el amor de Dios.
Hasta una mosca tendría dificultades para entrar en el perímetro.
¿Para qué los necesito? —añadió, haciendo un gesto hacia los dos hombres.
—Señora… —respondió Charlotte con voz temblorosa—. Creo… mmm… creo que al comisario simplemente le preocupa su seguridad.
—Bueno, si él…
—Entendido, Comodoro —el guardaespaldas se volvió hacia Gladia—. La ruta original está demasiado congestionada, señora. Tomaremos un camino más seguro por la segunda planta.
Gladia resopló y cerró los ojos.
—¿Cuánto tardaremos?
—Tiempo estimado de llegada: diez minutos, señora.
—Estupendo —dijo Gladia con sarcasmo—. Simplemente genial. Llegaré tarde. Otra vez.
El guardaespaldas retomó la marcha, indiferente ante la queja de Gladia.
—Por cierto, ¿dónde coño está Arthur? —inquirió Gladia, pasándose una mano por el pelo corto mientras seguía a regañadientes al corpulento hombre—. ¿No se suponía que iba a volver esta mañana?
—Eh… —Charlotte carraspeó—. Estaba en mi informe matutino, señora.
Gladia suspiró.
—Bueno, evidentemente no lo he recibido —agitó significativamente su tableta—. Ilumíname.
—El inspector se ha quedado en Stargazer para supervisar medidas adicionales de seguridad.
—Fantástico —Gladia apretó los dientes—. Cuanto más tiempo se quede, más crecerá su paranoia. A este paso, insistirá en que vaya al baño con un chaleco antibalas. ¿Cuándo volverá?
—Esta noche —dijo Charlotte, mirando su dispositivo—. El aeromóvil tiene previsto aterrizar en Orlando a las nueve y cuarto.
—Vale —Gladia se llevó las palmas de las manos a las sienes y se masajeó—.
Bueno, ya que vamos por el camino largo, cortesía de nuestros inestimables carabinas aquí presentes, podríamos aprovechar los diez minutos extra.
Dame los titulares. Estilo resumen diario.
Puntos extra si consigues que sea rápido e indoloro.
—Sí, señora —Charlotte se desplazó por su base de datos, abrió un archivo y comenzó a leer—.
El Consejo Terrista ha anunciado que Yvonne Muchena dará un discurso en Roma, en la Piazza del Popolo.
La fecha del evento aún no se conoce, al igual que el motivo.
Nuestros analistas esperan que sea algo masivo.
Las autoridades locales calculan que asistirán al menos cien mil personas, y los indicadores de producción del ciberespacio apuntan a algo sin precedentes.
Nuestro departamento de ciberguerra nos informa de que LAND está destinando numerosos activos etéricos al evento.
Muchos de nuestros eteriones han identificado un importante impulso sinérgico en redes sociales, plataformas de realidad virtual y prensa tradicional.
Gladia tensó la mandíbula.
—Bueno, es imposible que no se haya filtrado algo.
— Todo el mundo guarda silencio, señora —dijo Charlotte—. No tenemos nada sólido. Solo rumores.
—Entonces cuéntame los rumores.
Charlotte tocó dos veces la pantalla de su tableta antes de responder.
—Una minoría de nuestros eteriones apunta a un cambio repentino en la política medioambiental general de LAND o a una nueva campaña agresiva en el Tercer Mundo.
Gladia se cruzó de brazos.
—Vale. Eso probablemente sea basura. Muchena no habría armado tanto revuelo por algo tan trivial. ¿Qué más?
Charlotte siguió leyendo en su dispositivo.
—Ha habido enfrentamientos entre hiperistas y terristas en París y Londres, tras el escándalo de Aldarion.
Gladia contuvo la respiración.
—¿Ascendentes?
Charlotte asintió.
—Eso parece, según el boletín, señora.
—Cómo no —Gladia exhaló con fuerza mientras intentaba procesar la información—. ¿Hay muertos?
—Tres hasta ahora, pero se prevé que el número aumente en los próximos días.
—¿Qué está haciendo Tolomeo al respecto?
—El Legatus lamentó las muertes y condenó los enfrentamientos. Dijo que se trata de una facción extremista de hiperistas que no tiene nada que ver con los ascendentes.
Gladia resopló.
—Hablando como un político en plena campaña electoral. Espero que, cuando amaine la tormenta, esto no acabe pasándonos factura. Lo último que necesito son más periodistas respirándome en la nuca. Vale, sigue.
—Las acciones de las principales empresas de tecnología espacial han sufrido una caída esta semana. El índice SPACECON ha perdido un once por ciento desde principios de mes.
A Gladia se le cayeron los hombros.
—¿Cuál es el sentir general?