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GEODA
GEODA, PUESTO DE AVANZADA DEL PROYECTO DEFENSIO
Ariul
Lena miró fijamente la mano de Tiago, pero no la tomó.
—Déjame mostrarte el mundo del Omniólogo.
El canciller mantuvo la postura, aguardando su elección.
Hubo algo en aquel momento que le recordó a Lena lo que el Supervisor de Ariul le había dicho: Date la vuelta, cruza esa puerta, olvida que todo esto ha ocurrido y vive el resto de tu vida en la dicha de la ignorancia.
Con ese gesto, Tiago le estaba ofreciendo exactamente eso, una oportunidad para dar marcha atrás. Si lo rechazaba, aún podría regresar.
—Déjame mostrarte el mundo del Omniólogo.
Omniólogo. Había algo familiar en aquella palabra, pero Lena no sabía decir qué. ¿La había escuchado antes? ¿Pero dónde? ¿Y de quién? No lo sabía.
Pero ese era el objetivo, ¿no? Había utilizado su colgante de pelargonio para entrar en aquel lugar porque quería respuestas, y la única forma de obtenerlas era aceptando la mano de Tiago. Así que lo hizo.
—Quiero saber —dijo Lena—. Por favor, ayúdame a entender.
—Lo haré —Tiago la ayudó a ponerse en pie—. Por un momento he pensado que ibas a dejarme plantado.
Lena titubeó.
—¿Por qué?
—Porque a veces me cuesta creer que esto sea real —afirmó, señalando la habitación—.
Pero lo es, Lena. Te prometí respuestas, y eso es lo que voy a darte.
Antes, sin embargo, necesito saber cómo te encuentras.
El suero que te administramos puede causar somnolencia; a veces también provoca dolor de cabeza. No quiero presionarte.
—Estoy bien —respondió Lena sin vacilar. Tenía un ligero dolor de cabeza, pero no iba a dejar que eso la detuviera.
—Excelente —Tiago se frotó las manos—. Lo primero es lo primero. Ven conmigo.
La condujo al otro lado de la habitación, frente a una consola compuesta por un monitor y un teclado anticuado.
—Coloca tu mano derecha en la pantalla. Asegúrate de que tus huellas dactilares toquen la superficie.
Lena lo miró.
—¿Para qué es esto?
—Para registrarte como invitada autorizada de esta instalación.
Lena levantó el brazo y entonces recordó algo. Le habían disparado antes de entrar en Geoda, pero ahora su brazo parecía estar bien y no sentía dolor.
—Tiago, el tipo que me disparó…
—Está retenido —dijo Tiago rápidamente—. No te molestará más, te lo prometo —asintió hacia su hombro—. Curamos la quemadura y nos aseguramos de que no hubiera daños a largo plazo. Estás lista para continuar.
—Vale —dijo Lena—. Mmm… gracias.
—Es lo mínimo que podíamos hacer después de esa bienvenida tan…
explosiva —Tiago carraspeó, quizá dándose cuenta de que la broma no había tenido gracia—.
Bueno, será mejor que sigamos —añadió, señalando la pantalla—.
No queremos activar una docena de alarmas en cuanto salgas de esta habitación.
Podrían dispararte de nuevo. No quedaría bien en mi currículum.
—Buena idea —Lena puso su mano en la pantalla y el terminal se iluminó.
Tiago tecleó.
—EVA, almacena la señal biométrica y crea un nuevo perfil. Nombre: Lena Maruishi. Nivel de autorización: Gamma. Yo respondo por ella.
—Confirmado —respondió una voz femenina sintetizada—. Por favor, introduzca la huella vocal del nuevo perfil.
—Di tu nombre claramente —indicó Tiago, señalando el terminal.
Lena carraspeó.
—Lena Maruishi.
—Confirmado —respondió EVA—. Se ha añadido un nuevo perfil al Proyecto Defensio, nivel operativo Gamma. El garante es el canciller Tiago Silva Abreu Melo.
El terminal se apagó.
—Con esto bastará —dijo Tiago—. Mejor esto que la otra alternativa.
Lena ladeó la cabeza mientras arqueaba una ceja.
—¿Qué otra alternativa?
—Bueno… —se explicó Tiago mirando a su alrededor—, algunos de mis compañeros sugirieron mantenerte encerrada en esta celda, bajo los efectos del suero, hasta que la asamblea decidiera lo contrario. Controlada las veinticuatro horas por un equipo de soldados armados.
—¿Asamblea? ¿Qué es eso?
—El órgano de decisión que gobierna las bases del Proyecto Defensio.
—¿Las bases? —Lena parpadeó—. Quie… mmm… ¿quieres decir que hay otras?
—Varias. Todas dispersas por Ariul.
—Eso es… Ah… —Lena se rascó el cuello y de repente recordó que Tiago tenía su colgante—. ¿Me puedes devolver el collar ahora?
—¡Ah, claro! —Tiago rebuscó en su bolsillo y le entregó el colgante con forma de pelargonio—. Perdona. Olvidé que lo tenía.
Lena se sintió mejor al volver a llevarlo. Era su único vínculo con lo que había sucedido antes, y sus amigos habían trabajado duro para descubrir su misterio. Si Makoto, Net y Cassidy supieran dónde estaba, probablemente…
—Dios —exclamó Lena, llevándose la mano a la boca—. ¡Me olvidé de ellos!
Tiago la observó.
—¿Te olvidaste de quiénes?
—¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?
—Menos de doce horas —dijo Tiago—. No pudimos despertarte antes, con el biogel regenerando parte de tu hombro y todo eso.
Lena asimiló la información. Había pasado un día desde que habló con Makoto y los demás. Debían de estar preocupados. Se había marchado sin dejar ningún mensaje y había desaparecido.
—Necesito hacer una llamada —dijo Lena—. Por favor. Tengo amigos que… mmm… digamos que podrían hacer algo estúpido si sospechan que me ha pasado algo.
—Entiendo —dijo Tiago—. Puedo organizar una llamada rápida, pero no pueden saber dónde estás. Tienes que darme tu palabra.
—Entendido —Lena colocó la mano derecha sobre su corazón—. Pero necesito hablar con ellos ahora mismo.
Tiago asintió.
—Supongo que es mejor no levantar sospechas. Tienes un minuto.
Lena abrió mucho los ojos.
—¿Solo uno?
—Si te doy más tiempo, los altos mandos del Proyecto Defensio harán preguntas. Y no nos interesa.
Lena tensó y movió la mandíbula de un lado a otro hasta asentir rápidamente.
—De acuerdo. Seré rápida.
—Muy bien —Tiago la miró fijamente—. Asegúrate de poner tu interenlace en modo grupo para que pueda escucharte.
—Lo haré.
—EVA, desactiva el campo Yelverin durante un minuto. Autorización: Tiago, Seis Cero Azul.
—Confirmado —respondió EVA—. Campo desactivado.
Lena activó su interenlace y llamó a Makoto.
—¿Lena? —respondió al primer tono—. ¿Dónde cojones estás? ¡Me has dado un susto de muerte! Quiero decir… mmm… quiero decir, a nosotros. ¡Net! ¡Cassidy! Venid, rápido. Es Lena.
—Lena, ¿qué ha pasado? —intervino Cassidy—. ¡Desapareciste!
—Lo siento —dijo Lena—. He estado ocupada.
—¿Haciendo qué? —preguntó Net.
—No tengo tiempo para explicarlo ahora —respondió Lena—. Solo sabed que estoy bien. Volveré a la academia en… eh… cuando termine de encargarme de… algo. ¿Vale? No hagáis ninguna tontería, por favor. Sobre todo tú, Makoto. ¿Vale?
—¿Encargarte de qué? —la voz de Makoto sonaba tensa—. ¿De qué va todo esto? ¿Cuándo vas a volver? ¿Qué se supone que debemos decir si alguien pregunta por ti?
—Las vacaciones durarán otros diez días, ¿verdad? Decidles… decidles que estoy de vacaciones.
Makoto no se lo tragó.
—Lena Maruishi, ¡dime exactamente dónde estás!
Tiago le hizo señas para que terminara.
—Lo siento. Tengo que irme. Adiós —Lena cortó el interenlace y luego soltó un suspiro—. Bueno, resuelto… más o menos.
Se sentía mal por cómo había tratado a sus amigos, pero ¿qué otra opción tenía? Makoto y los demás la habrían avasallado a preguntas, y ella no tenía tiempo para responderlas.
—¿Y ahora qué? —le preguntó a Tiago.
—Ahora es el momento de las respuestas —Tiago salió de la habitación y le hizo un gesto para que lo siguiera—. Será mejor que nos demos prisa. La asamblea actuará en cuanto sepa que te he liberado. Ven. Tenemos mucho que hacer.