La Grieta 20 #4
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20 #4

Mientras tanto, Moon seguía cabalgando a Jacob con movimientos cada vez más desesperados. Su coño apretado subía y bajaba por la polla de Jacob, dejando un brillo de crema blanca en el tronco. Jacob tenía las manos clavadas en sus caderas estrechas, guiándola con fuerza.

—Joder, Moon… me voy a correr… —gruñó Jacob con la voz rota.

Moon aceleró, rebotando con más violencia.

—Córrete dentro… lléname… quiero sentirlo todo…

Jacob soltó un gruñido profundo y animal.

Sus caderas se levantaron del sofá y se corrió con fuerza dentro del coño de Moon.

Chorros calientes y espesos inundaron su interior mientras él apretaba los dientes y temblaba bajo ella.

Moon siguió moviéndose lentamente, ordeñándolo hasta la última gota, con una sonrisa satisfecha en los labios.

Eva, todavía recuperándose de su propio orgasmo y con la lengua de Sofía limpiándole el coño, miró la escena con ojos brillantes de deseo.

—Moon… ven aquí —ordenó con voz ronca.

Moon se levantó despacio. La polla de Jacob salió de su interior con un sonido húmedo y un hilo grueso de semen blanco empezó a escaparse de su coño hinchado. Eva se sentó en el centro del sofá y palmeó el asiento a su lado.

—Siéntate aquí. Abre las piernas.

Moon obedeció sin dudar. Se sentó en el sofá con las piernas bien abiertas, apoyando los talones en el borde. Su coño quedó completamente expuesto: rosado, hinchado, y con el semen espeso de Jacob empezando a brotar lentamente entre los labios.

Eva se arrodilló entre las piernas de la joven, inclinándose hacia delante.

Primero pasó la lengua por los muslos de Moon, limpiando los restos que habían resbalado.

Luego subió hasta el coño y hundió la lengua directamente dentro, recogiendo el semen mezclado con los jugos de Moon en una larga lamida.

—Mmm… —gimió Eva con placer evidente, tragando visiblemente—. Sabes a mi marido… y a ti. Qué rico…

Empezó a lamer con más dedicación. Su lengua recorrió los labios hinchados, recogiendo cada gota de semen que salía, tragando con hambre. Moon echó la cabeza hacia atrás y soltó un gemido largo, agarrando el pelo de Eva.

—Dios, Eva… qué bien lo haces…

Eva no se conformó con limpiar. Una vez que había tragado casi todo el semen, se centró en el clítoris de Moon.

Lo rodeó con la lengua, lo succionó suavemente entre los labios y empezó a estimularlo con movimientos rápidos y precisos.

Al mismo tiempo, introdujo dos dedos en el coño todavía lleno de Jacob y los movió en círculos, buscando el punto sensible.

Moon empezó a temblar.

—Eva… joder… justo ahí… no pares…

Eva levantó la mirada sin dejar de lamer, los ojos brillantes y llenos de lujuria.

—Quiero que te corras otra vez en mi boca… vamos…

Aceleró la lengua y los dedos. Sofía, que había estado mirando todo desde el lado, se acercó y empezó a chuparle un pezón a Moon mientras Jacob observaba la escena con la polla todavía semidura, recuperándose.

Moon no aguantó mucho. Sus caderas se sacudieron, apretó los muslos alrededor de la cabeza de Eva y se corrió con un gemido agudo y prolongado. Un nuevo chorro de jugos mezclado con restos de semen inundó la boca de Eva, que tragó todo lo que pudo sin apartarse ni un segundo.

Cuando Moon dejó de temblar, Eva levantó la cara, con los labios y la barbilla brillantes de fluidos. Se limpió con el dorso de la mano y sonrió con satisfacción.

—Deliciosa… —susurró.

Luego miró a Jacob, que seguía sentado en el sofá con la respiración agitada.

—Ahora… quiero que me folles tú. Pero primero… ven aquí y bésame. Quiero que pruebes cómo sabe tu semen mezclado con el coño de Moon.

Jacob besó a Eva con pasión y ésta tuvo una ocurrencia algo picara…

Eva se pasó la lengua por los labios, todavía brillantes por los jugos de Moon, y miró a su marido con una sonrisa cargada de deseo y un toque de desafío.

—Jacob… ahora tú. Lámela. Quiero ver cómo le limpias con la lengua todo el semen que le has dejado dentro.

El salón se quedó en silencio durante un segundo eterno. Moon seguía sentada en el sofá con las piernas abiertas, el coño hinchado y rojo, y un hilo espeso de semen blanco escapando lentamente entre sus labios. Sofía levantó las cejas, sorprendida. Moon parpadeó, claramente incrédula.

Jacob las miró a las tres. Vio la sorpresa en sus caras, casi como si esperaran que se negara. Él soltó un suspiro corto, casi una risa cansada, y se arrodilló entre las piernas de Moon sin decir una palabra. La joven contuvo la respiración cuando sintió el calor de su aliento tan cerca.

La lengua ancha y caliente de Jacob recorrió primero la cara interna de sus muslos, recogiendo los rastros que habían bajado.

Luego subió despacio y hundió la lengua directamente en su coño.

Lamió profundo, sacando su propio semen mezclado con los jugos dulces de Moon.

Tragó visiblemente, con un sonido bajo y húmedo que hizo que las tres chicas soltaran un suspiro colectivo.

Moon soltó un gemido ahogado y sus manos volaron al pelo largo y canoso de Jacob, agarrándolo con fuerza.

—Joder… Jacob… de verdad lo estás haciendo… —susurró, la voz temblando entre sorpresa y placer.

Eva se mordió el labio inferior, sintiendo un nuevo latido entre sus piernas. Sofía soltó una risita nerviosa.

—Hostia… sí que lo está haciendo —murmuró, fascinada.

Jacob siguió lamiendo con dedicación recorriendo los labios hinchados, succionando suavemente el clítoris y volviendo a hundirse dentro para sacar más semen que tragaba sin dudar.

Moon empezó a moverse contra su boca, pequeños movimientos de cadera que no podía controlar.

Sus gemidos se volvieron más agudos, más desesperados.

Eva se acercó, acariciando el pelo de su marido mientras este comía el coño de la joven.

—Así… muy bien, amor. Límpiala toda.

Después de casi un minuto largo, Eva le puso una mano suave pero firme en el hombro.

—Basta.

Moon soltó una risita entrecortada, todavía jadeando.

Eva, con una sonrisa traviesa, se bajó del sofá y se puso a cuatro patas en el suelo del salón, justo delante de la alfombra.

Levantó el culo hacia Jacob, separando ligeramente las rodillas.

Su coño maduro y empapado quedó completamente expuesto.

—Ahora fóllame a mí —pidió, mirando por encima del hombro—. Quiero sentirte fuerte.

Jacob no se hizo de rogar. Se colocó detrás de ella, le agarró las caderas con esas manos grandes y empujó su polla hasta el fondo de un solo movimiento. Eva soltó un gemido largo y profundo, arqueando la espalda.

—Así… joder, así…

Mientras Jacob empezaba a follarla con ritmo firme y profundo, las caderas chocando contra su culo con sonidos secos y húmedos, Sofía se acercó a Moon. Le pasó las tetas grandes y pesadas por la cara de Jacob al pasar, rozándole la barba y la mejilla.

—Disfrútalas un poco… —le susurró con picardía.

Jacob giró la cabeza y agarró las tetas de Sofía con ambas manos, apretándolas con fuerza. Se metió un pezón oscuro y duro en la boca y lo chupó con pasión, mordisqueándolo y lamiéndolo mientras seguía follándose a Eva sin perder el ritmo.

Sofía soltó un gemido y le pidió a Moon en voz baja:

—Moon… coge el vibrador y fóllame con él.

Moon, todavía recuperándose, cogió la polla vibradora, la encendió y se la introdujo lentamente a Sofía por el coño. Sofía soltó un suspiro tembloroso y empezó a moverse contra el juguete, sin apartar la vista de cómo Jacob follaba a Eva.

Los minutos siguientes fueron un torbellino de gemidos, cambios de posición y cuerpos enredados. Pasaban de una postura a otra casi sin hablar, guiados solo por el deseo y el cansancio que ya empezaba a notarse.

Ahora Jacob tenía a Eva arrodillada en el suelo, apoyada con los antebrazos en los cojines del sofá.

La follaba por detrás con embestidas largas y potentes.

Eva estaba empapada, chorreando, el coño contrayéndose alrededor de la polla de su marido.

Sentía que el orgasmo se acercaba como una ola imparable.

—Jacob… estoy muy cerca… —jadeó, la voz entrecortada—. Cuando vayas a correrte… sácatela y métemela en la boca. Quiero sentir cómo sale directamente de ti… quiero tragártelo todo caliente.

Jacob gruñó, apretando los dientes, y aumentó el ritmo.

Sus manos grandes le agarraban las caderas con fuerza.

Eva explotó con un squirt más violento que el anterior: un chorro caliente y abundante salió de su coño, empapando el suelo, los cojines y parte de las piernas de Jacob.

Su cuerpo se sacudió con fuerza, un grito ahogado escapando de su garganta.

Justo en ese instante, Jacob sacó la polla brillante y se la metió en la boca abierta de Eva.

Ella cerró los labios alrededor de la cabeza hinchada y succionó con hambre mientras él se corría con un rugido grave y profundo.

Chorros calientes y espesos le llenaron la boca.

Eva tragó todo lo que pudo, gimiendo alrededor de la polla, dejando que parte se le escapara por las comisuras y le cayera sobre los pechos.

Poco después, Sofía se corrió con fuerza sobre la mano y la boca de Moon, temblando y apretando los muslos alrededor de su cara mientras gemía su nombre.

Jacob se dejó caer hacia atrás, sentado en el sofá, la polla ya flácida y brillante, el pecho subiendo y bajando con fuerza. Estaba prácticamente agotado. Habían pasado varias horas intensas y su cuerpo pedía clemencia.

Eva, todavía de rodillas en el suelo con restos de semen en los labios y en los pechos, miró a las chicas.

Moon estaba tirada en la alfombra, exhausta, con los ojos entrecerrados.

Pero Sofía… Sofía seguía mirando la polla flácida de Jacob con hambre clara.

No la había sentido dentro de su coño en toda la noche. Solo la había chupado al principio.

Eva se dio cuenta al instante. Sonrió con complicidad y se acercó a su marido. Se sentó a su lado y le cogió la polla suave con una mano cálida, empezando a acariciarla lentamente mientras le besaba el cuello y la barba.

—Todavía no hemos terminado contigo… —susurró contra su piel—. Sofía no te ha sentido dentro. Y se lo merece.

Llamó a Moon con un gesto suave.

—Moon, ven. Ayúdame a ponerlo duro otra vez. Vamos a darle a Sofía lo que quiere.

Moon, haciendo un último esfuerzo visible, se acercó.

Entre las dos empezaron a lamer y chupar la polla de Jacob con cariño y dedicación.

Lenguas recorriendo el tronco todavía sensible, labios succionando la cabeza con suavidad, manos acariciando los huevos pesados.

Jacob soltó un gemido ronco, echando la cabeza hacia atrás.

Poco a poco, contra todo pronóstico, su polla empezó a endurecerse de nuevo, recuperando grosor y firmeza.

Cuando estuvo completamente erecto otra vez, Jacob miró a Sofía con los ojos cargados de deseo y cansancio.

—Sofía… ven aquí —dijo con voz grave—. Siéntate sobre mí. Quiero sentirte de verdad.

Sofía se subió encima de él a horcajadas sin dudar. Cogió la polla con una mano, la alineó con su entrada y se dejó caer lentamente. Soltó un gemido largo y profundo cuando la sintió abrirla por completo, llenándola hasta el fondo.

—Joder… por fin… qué gorda… qué caliente…

Empezó a moverse, subiendo y bajando con movimientos lentos al principio, disfrutando de cada centímetro.

Sus tetas enormes rebotaban delante de la cara de Jacob con cada descenso.

Él las agarró con ambas manos, las apretó fuerte y se metió un pezón en la boca, chupándolo con pasión, mordisqueándolo y lamiéndolo mientras Sofía aceleraba el ritmo.

El cabalgue se volvió más intenso. Jacob, sacando fuerzas de algún rincón desconocido de su cuerpo agotado, agarró a Sofía por el culo firme con las dos manos y empezó a levantarla y bajarla con violencia tremenda, follándola desde abajo con embestidas brutales y profundas.

Sofía gritaba y gemía sin control, las tetas golpeándole la cara con cada movimiento, el sonido húmedo de su coño tragándose la polla resonando en el salón.

Eva, que observaba todo con una sonrisa satisfecha, cogió la polla vibradora, la lubricó generosamente y se acercó por detrás de Sofía.

Presionó la punta contra su ano y empezó a meterla lentamente, centímetro a centímetro.

Sofía soltó un grito ahogado cuando el grueso vibrador entró en su culo, llenándola por los dos lados.

Ahora Jacob la follaba por el coño con fuerza salvaje y Eva, ayudada por Moon que sujetaba y movía el juguete, se la follaba por el culo con el vibrador a máxima potencia.

El doble estímulo fue devastador. Jacob sentía la vibración intensa a través de la fina pared, lo que multiplicaba su placer de forma brutal. Sofía, completamente llena, con Jacob mordiéndole y chupándole las tetas sin piedad y el vibrador follándola por detrás, no aguantó ni dos minutos más.

Explotó.

Su squirt fue espectacular: un chorro caliente, abundante e imparable salió de su coño con fuerza, empapando la polla de Jacob, sus huevos, sus muslos, su culo y el sofá entero. Sofía gritaba, temblaba violentamente, los ojos en blanco, las tetas rebotando mientras su cuerpo se convulsionaba.

Sentir ese líquido caliente chorreando sobre él fue el detonante final para Jacob. Con un rugido ronco y profundo, se corrió dentro de Sofía, descargando todo lo que le quedaba en los huevos en chorros largos y espesos.

El sofá quedó absolutamente destrozado: empapado de squirt, semen, sudor y jugos.

Los cuatro se quedaron unos largos segundos en silencio, solo respiraciones agitadas y cuerpos temblorosos.

Eva fue la primera en hablar, con la voz suave pero claramente agotada:

—Vamos a la cama… ya no puedo más. De verdad.

Entre risas débiles, besos perezosos y caricias tiernas que ya no buscaban sexo, subieron las escaleras. Se tumbaron los cuatro en la cama grande, desnudos, enredados. Eva en el centro, abrazada a Jacob. Moon pegada a su espalda, Sofía al otro lado.

Se dijeron cosas bonitas en voz baja mientras el sueño los vencía:

—Gracias por esta noche… ha sido increíble —murmuró Eva besando el pecho de su marido.

—Nunca había sentido tanto placer… —susurró Sofía, todavía temblando ligeramente.

—Sois las tres… joder, sois increíbles —respondió Jacob con voz ronca—. No sé de dónde saqué fuerzas al final.

Moon solo sonrió y besó el hombro de Eva.

Poco a poco las respiraciones se acompasaron. Ya bien entrada la madrugada, sin fuerzas para seguir, se durmieron abrazados, piel contra piel, con el olor denso a sexo flotando en el aire.