La Grieta 20 #3
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20 #3

Sofía levantó la mirada un segundo, los ojos brillantes de lujuria, y asintió sin sacar la polla de entre sus labios. Moon aceleró el ritmo de su lengua y sus manos. El salón se llenó de sonidos húmedos: chupadas fuertes, gemidos ahogados de Sofía y los gruñidos cada vez más graves de Jacob.

No tardó ni dos minutos más.

Jacob echó la cabeza hacia atrás, los músculos de los muslos tensos.

—Me corro… me corro… ¡joder!

Sofía cerró los labios alrededor de la cabeza hinchada y sintió los chorros calientes y espesos llenándole la boca. Tragó saliva por instinto, pero se contuvo y mantuvo todo dentro, las mejillas ligeramente hinchadas. Jacob tembló, soltando el último chorro con un gemido largo.

Cuando por fin salió de su boca, Sofía se quedó de rodillas, con los labios brillantes y cerrados, guardando el semen de Jacob como le habían pedido.

Eva, con el corazón latiéndole en la garganta, se inclinó hacia ella, le cogió la cara con ambas manos y la besó profundamente.

Sus lenguas se enredaron y el semen caliente pasó de una boca a la otra en un beso sucio, lento y compartido.

Eva tragó parte y dejó que el resto le cayera por la barbilla y los pechos desnudos.

Cuando se separaron, las dos tenían los labios brillantes y una sonrisa cómplice.

—Joder… —susurró Eva, limpiándose la comisura con el pulgar—. Sabes mejor así.

Luego miró a Moon, que seguía arrodillada al lado, con la respiración agitada.

—Moon… ponte a cuatro patas en el sofá. La cara sobre mis piernas. Quiero ver cómo mi marido te folla desde atrás mientras yo te miro a los ojos.

Moon obedeció al instante. Se subió al sofá, se colocó a cuatro patas con el culo en pompa hacia Jacob y bajó la cabeza hasta apoyarla sobre los muslos desnudos de Eva.

Su mejilla quedó pegada a la piel caliente y húmeda de Eva, justo al lado de su coño empapado.

La falda vaquera se le subió del todo, dejando al descubierto el tanguita negro que apenas cubría nada.

Jacob, todavía con la polla semidura pero recuperándose rápido, se colocó detrás de Moon. Le apartó el tanguita a un lado y le abrió las nalgas con las manos. Sin preámbulos, empujó la polla todavía brillante de saliva y semen dentro del coño apretado de Moon de una sola embestida profunda.

Moon soltó un gemido ahogado contra los muslos de Eva.

—Dios… qué gorda…

Jacob empezó a follarla con ritmo fuerte y constante, las caderas chocando contra su culo pequeño y firme. Cada embestida hacía que el cuerpo de Moon se sacudiera y su cara se apretara más contra el coño de Eva.

Mientras tanto, Sofía se levantó, fue hasta su bolso que había dejado en el suelo y sacó un juguete: una polla vibradora de color negro, bastante grande, con venas marcadas y base ancha. La encendió en el modo más fuerte. El zumbido llenó el salón.

Se arrodilló entre las piernas abiertas de Eva, le separó los labios hinchados con dos dedos y, sin avisar, le metió la polla vibradora hasta el fondo.

Eva arqueó la espalda y soltó un grito largo.

—¡¡Aaaahhh!! ¡Sí… fóllame con eso!

Sofía empezó a mover el juguete con ritmo profundo y rápido, girándolo de vez en cuando para que vibrara contra las paredes internas de Eva. Al mismo tiempo, Jacob seguía follando a Moon con fuerza, los golpes secos y húmedos resonando en el salón.

Eva tenía la vista clavada en la cara de Moon, que jadeaba contra su coño, los ojos entrecerrados de placer mientras su marido la penetraba sin piedad.

—Así… mírame mientras te folla… —le susurró Eva, acariciándole el pelo oscuro.

Después de varios minutos intensos, Jacob ralentizó el ritmo, sudando, y se sentó en el sofá, todavía dentro de Moon.

La cogió de las caderas y la hizo girar sin salir de ella.

Moon se colocó a horcajadas sobre él, de frente, con las rodillas a ambos lados de sus muslos.

La polla de Jacob quedó enterrada hasta el fondo en su coño mientras ella empezaba a moverse lentamente, subiendo y bajando con movimientos circulares.

Moon seguía moviéndose sobre Jacob con un ritmo lento y profundo, subiendo casi hasta la punta y bajando hasta que sus nalgas chocaban contra los muslos de él.

Su coño apretado tragaba toda la polla con cada descenso, dejando un brillo de sus jugos en el tronco venoso.

Los pechos pequeños de Moon se movían con cada embestida, los pezones rosados duros como piedras.

Jacob tenía las manos grandes clavadas en las caderas estrechas de Moon, guiándola, pero sin forzarla. Sus ojos estaban entrecerrados de placer, la barba oscura contrastando con el sudor que le perlaba la frente.

Eva no quiso quedarse solo mirando desde el sofá.

Se levantó con las piernas temblorosas, todavía sintiendo el zumbido de la polla vibradora que Sofía seguía moviendo dentro de su coño.

Se colocó de rodillas en el sofá, justo al lado de Jacob, apoyando los antebrazos en el respaldo para inclinarse hacia él.

Su cara quedó a pocos centímetros de la de su marido.

Sus pechos maduros colgaban pesados, los pezones rozando el brazo de Jacob.

—Quiero verte de cerca… —susurró Eva con voz ronca, antes de besarlo.

El beso fue profundo, húmedo y cargado. Lenguas enredadas, gemidos compartidos. Mientras se besaban, Eva sentía cada movimiento de Moon a través del cuerpo de Jacob: cómo su polla entraba y salía, cómo sus caderas se levantaban para encontrarse con las de la joven.

Sofía no dejó de follarla ni un segundo.

Arrodillada detrás de Eva, seguía empujando la polla vibradora larga y gorda dentro y fuera del coño empapado de Eva, girándola de vez en cuando para que la vibración golpeara justo en el punto que la hacía temblar.

El sonido húmedo y constante del juguete mezclándose con los gemidos de todos llenaba el salón.

—Joder, Eva… mírate… —gruñó Jacob contra sus labios entre beso y beso—. Estás empapada… goteando sobre el sofá mientras ves cómo Moon me cabalga.

Eva soltó un gemido ahogado y mordió suavemente el labio inferior de su marido.

—Me pone tanto verte así… tan duro… tan dentro de ella… —confesó entre jadeos—. Pero sigo queriendo que luego seas tú el que me folle.

Moon aceleró un poco el ritmo, rebotando más fuerte sobre la polla de Jacob. Sus manos se apoyaban en el pecho sólido de él para impulsarse. Cada vez que bajaba, soltaba un gemidito agudo que contrastaba con los gruñidos graves de Jacob.

Sofía, desde atrás, empujó la vibradora más profundo y la dejó vibrando a máxima potencia dentro de Eva mientras con la mano libre le acariciaba el clítoris hinchado.

—Estás chorreando, Eva… —susurró Sofía con voz traviesa—. Se te está cayendo todo por los muslos.

Eva arqueó la espalda, rompiendo el beso con Jacob por un segundo para mirar hacia abajo. Efectivamente, sus jugos brillantes resbalaban por el interior de sus muslos y goteaban sobre el sofá. El espectáculo la excitó aún más.

Volvió a besar a Jacob con más hambre, casi desesperada, mientras Sofía seguía follándola sin piedad con el juguete. La vibración era tan intensa que Eva sentía que las piernas no le respondían.

—Jacob… —jadeó contra su boca—, dile a Moon que se mueva más rápido… quiero verte perder el control mientras me besas.

Jacob gruñó y miró a Moon a los ojos, todavía con la cara de Eva muy cerca.

—Más rápido, Moon… fóllame más fuerte. Quiero que Eva vea cómo me estás ordeñando la polla.

Moon obedeció al instante. Empezó a cabalgarlo con movimientos más rápidos y bruscos, el culo pequeño rebotando con fuerza contra sus muslos. El sonido de piel contra piel se volvió más seco y urgente.

Eva no dejaba de besar a su marido, mordiéndole los labios, la barba, el cuello. Sus pechos se aplastaban contra el torso de Jacob con cada sacudida. Detrás, Sofía seguía metiendo y sacando la polla vibradora, ahora más rápido, sincronizándose con los movimientos de Moon.

—Estoy cerca… —gimió Eva contra la boca de Jacob—. No pares, Sofía… no pares…

Sofía sonrió y empujó el juguete hasta el fondo, dejándolo vibrar dentro mientras frotaba el clítoris de Eva con dos dedos.

— córrete mirando cómo tu marido se folla a Moon —le susurró al oído.

Eva se corrió con un grito ahogado que Jacob tragó con un beso. Su coño se contrajo violentamente alrededor de la polla vibradora, expulsando un chorro caliente de squirt que mojó la mano de Sofía y el sofá. Todo su cuerpo tembló mientras seguía besando a Jacob con desesperación.

Moon, al ver y oír a Eva correrse, aceleró aún más, rebotando como una posesa sobre la polla de Jacob.

—Jacob… me voy a correr yo también… —jadeó Moon.

Jacob apretó las mandíbulas, intentando aguantar.

—Hazlo… córrete sobre mi polla

Moon se corrió con un gemido largo y agudo, clavando las uñas en el pecho de Jacob y apretando el coño alrededor de él en espasmos fuertes.

Eva, todavía temblando por su propio orgasmo, miró a Moon con ojos vidriosos y sonrió.

—Sigue… no pares… quiero que Jacob se corra dentro de ti ahora.

Sofía siguió follándola con la polla vibradora unos segundos más, prolongando el orgasmo de Eva hasta que sus piernas casi no la sostenían.

Luego, muy lentamente, empezó a sacar el grueso juguete del coño empapado de Eva.

Un hilo largo y espeso de jugos transparentes salió con él, goteando abundantemente.

Sin decir una palabra, Sofía dejó el vibrador a un lado y se inclinó hacia delante.

Su lengua caliente empezó a limpiar con dedicación los muslos de Eva, lamiendo de abajo hacia arriba, sorbiendo con hambre todos los jugos que le resbalaban por la piel.

Llegó hasta el coño hinchado y abierto de Eva y hundió la lengua dentro, recogiendo todo lo que quedaba, tragando con sonidos húmedos y obscenos.

Eva gimió bajito, todavía temblando, mientras acariciaba el pelo platino de Sofía.

—Así… límpiamelo todo… qué puta eres, Sofía…