19 #2
—Joder… la tía ha dado un giro de ciento ochenta grados en una semana.
Empezaron a analizarlo como psicólogas, sentadas en el sofá, con las piernas enredadas.
—Piensa —dijo Moon—. La semana pasada la sesión fue un fracaso aparente.
Se bloqueó cuando le desabroché la blusa, se sintió ahogada, nos pidió parar.
Parecía que íbamos a perderla. Y luego… Jacob nos contó que en cuanto nos fuimos la folló como un animal contra la pared del recibidor.
Ella se corrió fuerte, se dejó llevar. Eso fue la chispa.
Ver a su marido tan feliz, tan vivo, tan cachondo por ella…
le dio permiso para desear más. No es que quiera volver por obligación.
Quiere volver porque vio el efecto que tuvo en él.
Y ahora quiere más. Quiere verlo perder el control.
Quiere participar activamente en que él se descontrole.
Sofía asintió, mordiéndose el labio inferior.
—Es un cambio clásico de evitación a aproximación.
La vergüenza inicial actuó como barrera, pero el refuerzo positivo inmediato —el sexo salvaje con Jacob— rompió la asociación negativa.
Ahora asocia la exposición con placer y con el deseo de su marido.
Y la petición de que vayamos como putas…
eso ya es proyección de deseo propio. No quiere admitirlo del todo, pero quiere verlo follando con nosotras.
Quiere estar presente mientras él se suelta.
Y lo de aprender a hacer felaciones… eso es puro empoderamiento.
Quiere recuperar el control sobre su propio cuerpo y su propio placer oral.
Quiere quitarse el asco para poder dárselo todo a él sin límites.
Moon sonrió.
—Exacto. De “me ahogo cuando me tocan” a “quiero que parezcáis dos putas para que mi marido se ponga como una moto nada más entrar”. En siete días. Es brutal. Material de oro.
Dejaron el análisis a un lado. El ambiente en el salón cambió. Sofía se acercó más, pasando una mano por el muslo de Moon.
—Entonces… la del viernes va a ser una noche muy larga —murmuró.
—Muy larga —confirmó Moon, con la voz más ronca—. Y muy puta.
Sofía soltó una risita excitada.
—Jacob nos pidió que fuéramos un poco más provocativas, pero sin parecer putas, para no asustar a Eva. Y Eva nos pide exactamente lo contrario: que seamos dos putas descaradas para ponerlo al límite desde el primer segundo. Me encanta esta contradicción. Vamos a cumplir con Eva al cien por cien.
Decidieron los outfits allí mismo, tumbadas en el sofá, tocándose distraídamente mientras hablaban.
—Las falditas extremadamente cortas —dijo Moon—. De esas que apenas tapan el culo. Con ligueros y medias. Tanguitas mínimos, de los que no tapan prácticamente nada, solo un hilito que se pierde entre los labios.
Sofía asintió, ya imaginándolo.
—Nada de sujetadores. Tú con esa camiseta de tirantes negra que tienes, la del escote en V roto. La que se abre desde el principio del escote hasta casi el ombligo. Apenas tapa los pezones. Cuando te muevas, se te van a ver las tetas enteras.
Moon sonrió.
—Y tú con esa blusita blanca que te queda dos tallas pequeña.
La de botones. Cuando respires profundo e hinches ese pecho tuyo…
los botones van a estallar. Procura no sacarle un ojo a nadie con los botones.
Se te van a salir las tetas nada más entrar.
Perfecto para que Jacob se quede clavado en la puerta.
Sofía se rio y se subió encima de Moon, besándola con hambre.
—Vamos a estar empapadas antes de llegar. Solo de imaginar la cara de Jacob cuando abra la puerta y nos vea así… joder.
Se besaron más profundo. Las manos empezaron a bajar. La conversación pasó del plan al puro deseo.
—Quiero que Eva nos vea comiéndole la polla a Jacob —susurró Sofía contra la boca de Moon—. Quiero que nos pida que le enseñemos cómo se hace.
—Y yo quiero que ella se siente en mi cara mientras tú se la chupas a él —respondió Moon, metiendo la mano entre las piernas de Sofía—. Quiero que aprenda a correrse mientras mira cómo su marido se corre en otra boca.
Se quitaron la ropa con prisa. La tarde se convirtió en una sesión larga y húmeda de sexo entre ellas. Se comieron mutuamente, se follaron con los dedos, se corrieron una encima de la otra pensando en el viernes. Cuando terminaron, exhaustas y sudorosas, se quedaron abrazadas en el sofá.
—Va a ser una noche de las que no se olvidan —dijo Sofía, acariciando el pelo de Moon.
—Va a ser la noche en la que Eva cruce otra línea —contestó Moon—. Y nosotras vamos a estar ahí para empujarla… con mucho cariño y mucha polla de por medio.
El jueves por la tarde – Reconstruyendo las preguntas
Después de correrse, las dos se quedaron un rato enredadas en el sofá, respirando agitadas, con la piel pegajosa de sudor y fluidos.
El salón olía a sexo y a ese perfume barato que Sofía siempre llevaba.
Moon tenía la cabeza apoyada en el pecho de Sofía, escuchando cómo su corazón todavía latía fuerte.
La camiseta de tirantes de Sofía estaba subida hasta el cuello y una de sus tetas grandes asomaba, con el pezón todavía duro.
Sofía soltó una risa baja, casi perezosa, y le pasó los dedos por el pelo a Moon.
—Joder… cada vez que hablamos de ellos terminamos así. ¿Crees que es normal?
Moon sonrió contra su piel, sin abrir los ojos.
—No. Pero me gusta. Aunque… ahora mismo tengo la cabeza hecha un lío.
Eva acaba de pedirnos que vayamos vestidas como putas y que le enseñemos a chupar pollas sin que le dé asco.
Y Jacob el miércoles nos soltó toda esa culpa…
que preferiría que ella nunca se enterara de cómo empezó todo.
Tenemos que actualizar las preguntas ya.
Mañana no podemos llegar con la batería vieja.
Esto ya no es solo “cómo os sentisteis después de la primera sesión”. Esto es… ¿y ahora qué?
Sofía se incorporó un poco, apoyándose en un codo.
Sus tetas se movieron pesadamente con el movimiento.
Moon no pudo evitar mirarlas un segundo antes de levantarse también.
Fue hasta el portátil, lo abrió y creó un nuevo documento: “Batería Prospectiva – Segunda Sesión (viernes). Enfoque en el futuro de la pareja”.
—Vale —dijo Moon, sentándose con las piernas cruzadas en el sofá, todavía desnuda—. Vamos a hacerlo bien. Como si fuéramos serias. Pero también como las que ya estamos metidas hasta el cuello en esto. Empieza tú, yo tecleo.
Sofía se mordió el labio inferior, pensando. Tenía una mano distraídamente entre sus propias piernas, acariciándose perezosamente el clítoris todavía sensible.
—Primera parte: la reconexión matrimonial.
Después de esta semana en la que os habéis mirado distinto, os habéis tocado con más intención y habéis hablado de cosas que llevabais años callando…
¿cómo imagináis que va a ser vuestra vida sexual de pareja de ahora en adelante?
¿Queréis que el sexo entre vosotros dos sea el centro, y nosotras solo un “extra” de vez en cuando?
¿O queréis que lo que pasó el viernes se integre de alguna forma en vuestro día a día?
Fantasías en voz alta, juegos, recordar lo que os excita ver al otro con alguien…
Moon tecleó rápido, asintiendo.
—Bien. Y añadimos: Eva, tú has dicho que te gusta ver cómo Jacob se pone “al límite” cuando nos ve.
¿Eso te excita solo a ti o también te pone verte a ti misma participando más activamente?
¿Quieres ser la que dirige, la que decide cuándo y cómo nos tocamos, o prefieres que Jacob lleve la iniciativa y tú solo… disfrutar y mirar?
Sofía soltó una risita excitada.
—Exacto. Porque la Eva de la llamada de hoy ya no es la que se bloqueaba. Quiere verlo con el bulto marcándose nada más abrir la puerta. Quiere que parezcamos dos putas descaradas. Eso ya es deseo propio, no solo permiso.
Moon siguió escribiendo.
—Siguiente bloque: apertura y límites. ¿Estáis abiertos a conocer a otras personas además de nosotras?
¿Un hombre? ¿Una mujer? ¿Otra pareja? ¿Cómo manejaríais los celos?
Porque Eva ha empezado a disfrutar viendo a Jacob excitado con otras…
pero ¿y si un día es ella la que se excita con alguien nuevo?
¿Cómo lo hablaríais antes? ¿Habría reglas?
¿Días solo para vosotros? ¿Señales para parar?
Sofía se acercó más, apoyando la barbilla en el hombro de Moon mientras leía lo que tecleaba. Su pecho desnudo rozaba la espalda de Moon.
—Oye, pon también esto —dijo con tono pensativo—.
Jacob, tú nos dijiste el miércoles que preferirías que Eva nunca supiera cómo empezó realmente todo esto.
Pero si ella un día pregunta directamente…
¿se lo dirías aunque te duela? ¿O seguirías protegiéndola de esa verdad aunque eso signifique seguir mintiendo?
¿Crees que esa mentira podría romper lo que estáis reconstruyendo ahora que os miráis de otra forma?
Moon dejó de teclear de golpe. Se giró hacia Sofía con el ceño fruncido.
—No. Esa pregunta no la ponemos.
Sofía parpadeó, sorprendida.
—¿Por qué? Es importante. La culpa de Jacob es parte del proceso emocional…
—Porque Jacob nos pidió explícitamente que no habláramos de eso con Eva —la cortó Moon, bajando la voz aunque estaban solas—.
Nos lo dijo claro: “Preferiría que nunca lo supiera”.
Si le hacemos esa pregunta delante de ella, aunque sea de forma suave, estamos arriesgando que Eva empiece a sospechar o que directamente le pregunte a él después.
No podemos ser nosotras las que plantemos esa semilla. Sería una traición a lo que nos pidió.
Sofía se quedó callada un segundo, procesándolo. Se apartó un poco y se sentó mejor en el sofá, cruzando las piernas.
—Joder… tienes razón. No había pensado en eso. Pero entonces ¿qué hacemos? La culpa de Jacob es real, la vimos en su voz cuando nos lo contó. Si no lo tocamos de alguna forma, perdemos una variable importante del caso.
Moon se pasó la mano por la cara, pensando.