18
Moon y Sofía salieron de la facultad casi sin hablar. Solo cuando cruzaron la calle y se sentaron en el banco del parque de siempre, Sofía soltó todo el aire que llevaba dentro.
—Joder, Moon… cuando dijiste lo del autobús pensé que Ramírez nos iba a echar a patadas. Casi me muero.
Moon se rio bajito, más nerviosa que divertida, y se frotó la cara con las manos.
—Tenía que soltarlo. Quería ver si lo pillaba de verdad.
Y lo pilló. Vio lo mismo que yo: un hombre que llevaba años medio apagado y que explotó en cuanto aparecimos.
Ramírez no se escandalizó. Dijo que esto podría llegar a ser valido para una tesis de verdad.
Longitudinal. Doce meses. Protocolo y todo el rollo.
Sofía la miró de reojo.
—¿De verdad vamos a convertir esto en algo serio? Dos chicas de 4º de carrera follándose a una pareja y llamándolo “intervención observacional-participativa”?
Moon se encogió de hombros, pero sonreía de medio lado.
—Si lo documentamos bien y no la cagamos con la ética… sí. Ramírez nos dio el camino. Ahora solo tenemos que seguirlo sin que nos pillen en la mentira del principio.
Se quedaron un rato calladas, viendo pasar gente. Sofía buscó la mano de Moon y la apretó.
—¿Y esta semana qué hacemos?
—Trabajar el archivo como locas —contestó Moon—. Y esperar a que Eva llame. Ella decide cuándo seguimos. Mientras tanto, nosotras ampliamos datos: cómo cambia el deseo, cómo se siente Eva, cómo evoluciona la pareja… Todo lo que podamos.
Esa tarde se encerraron en el apartamento de Sofía. Pusieron la luz tenue, abrieron el portátil y empezaron a reescribir la parte del reclutamiento. Quitaron cualquier rastro del autobús y pusieron una versión limpia y académica. Mientras tecleaban, sus pies descalzos se rozaban debajo de la mesa.
A las diez de la noche, Sofía cerró el portátil de golpe, se subió encima de Moon y la besó con ganas.
—Ya está bien de psicología por hoy. Necesito que me recuerdes que seguimos siendo nosotras dos.
Se desnudaron entre risas y besos torpes.
Esa noche fue lento y cariñoso. Moon bajó despacio por el cuerpo de Sofía, besándole los pechos, lamiendo sus pezones hasta que Sofía se arqueó gimiendo.
Cuando llegó entre sus piernas, la comió con calma, saboreándola, dejando que se corriera despacio, apretándole la cabeza con los muslos.
Después invirtieron los roles y Sofía hizo que Moon se corriera con los dedos dentro y la boca en el clítoris, mirándola a los ojos todo el tiempo.
Durmieron abrazadas, desnudas, con las piernas enredadas.
Los días siguientes fueron una mezcla extraña: universidad normal por fuera, obsesión secreta por dentro.
Por las mañanas iban a clase. Moon tomaba apuntes con su letra pequeña.
Sofía se distraía mandándole mensajes subidos de tono desde el otro lado del aula.
Por las tardes se juntaban y trabajaban en el archivo: tablas, citas, reflexiones sobre vergüenza corporal.
Pero por las noches la anticipación las consumía.
Se tocaban, follaban, hablaban de Jacob y Eva, imaginaban cómo sería la siguiente sesión.
El miércoles por la tarde, mientras estaban tiradas en el sofá comiendo helado directamente del bote, Moon tuvo una idea.
—Tenemos que llamar a Jacob —dijo de repente—. Para el estudio. Preguntarle cómo ha evolucionado todo desde el sábado. Cómo está Eva, cómo ha cambiado la relación después de esa noche… Datos directos del sujeto.
Sofía levantó una ceja.
—¿Y no va a sonar raro?
—Le decimos que es para el seguimiento académico. Que Ramírez lo pidió. Es verdad a medias.
Llamaron esa misma tarde. Jacob contestó al tercer tono. Sonaba un poco sorprendido, pero no molesto.
—Hola, chicas.
Moon puso el altavoz. Sofía se acercó para escuchar mejor.
—Hola, Jacob —dijo Moon con voz calmada pero curiosa—.
Te llamamos porque queremos ampliar el estudio.
Ramírez nos pidió que hagamos un seguimiento más detallado de cómo evoluciona la relación después de la primera sesión.
¿Cómo ha ido la semana? Especialmente desde el sábado… después de que nos fuéramos.
Hubo un silencio corto. Jacob carraspeó.
—Ha sido… diferente —contestó por fin, con voz más baja—.
Esa noche del viernes, cuando os fuisteis, fue como si se hubiera roto algo que llevaba años atascado.
Eva estaba temblando todavía. La follé contra la pared del recibidor.
No fue solo sexo. Fue como si los dos estuviéramos desesperados por tocarnos de verdad después de tanto tiempo.
Hizo una pausa más larga.
—Desde entonces… nos miramos distinto. Eva se queda observándome mientras cenamos y sonríe de una forma que no le veía desde hace años.
Me toca la mano sin motivo. Anoche nos quedamos hablando en la cama hasta las dos de la mañana, sin prisas, sin televisión de fondo.
Me contó que se siente mujer otra vez, supongo que se refiere a que yo vuelvo a verla como mujer, deseándola, mirándola y amándola como cuando éramos mozos.
Que durante la sesión del viernes tuvo miedo, pero que después, cuando nos quedamos solos, se dio cuenta de que quería sentirse deseada…
y que yo también la deseaba a ella, no solo a vosotras.
Jacob soltó un suspiro largo, cargado.
—Estos días hemos hablado de cosas que llevábamos años callando.
Cómo nos fuimos apagando sin darnos cuenta.
Cómo yo nunca dejé de quererla, pero no sabía cómo decírselo sin que sonara a obligación.
Y ella… ella me dijo que se sentía invisible.
Que pensaba que yo ya no la veía como mujer.
Ahora me mira y me dice que se siente viva otra vez.
Que tiene miedo todavía, pero que quiere seguir intentándolo.
Contigo y con Sofía… pero sobre todo conmigo.
Se quedó callado un momento. Cuando volvió a hablar, su voz sonó más pesada, con un toque de culpa que no pudo disimular del todo.
—Aunque… a veces me siento mal. Muy mal. Porque sé que todo esto empezó con una mentira. Y aunque ahora esté saliendo algo bueno… sé que si Eva se entera de cómo empezó realmente, le va a doler. Y yo no quiero hacerle daño. Preferiría que nunca lo supiera.
Moon y Sofía se miraron en silencio. Ninguna de las dos dijo nada sobre el autobús ni las dos noches.
—Gracias por contárnoslo, Jacob —dijo Moon con suavidad—. Esto es muy valioso. El cambio en la conexión emocional es justo lo que queríamos medir.
Cuando colgaron, Sofía se quedó mirando el techo.
—Joder… no es solo que follaran. Es que se están volviendo a encontrar. De verdad.
Moon asintió, con expresión seria.
—Y Jacob está cargando con la culpa. Sabe que si Eva descubre cómo empezó todo, puede romperse lo que están reconstruyendo.