15 #3
Jacob empujó lentamente al principio, entrando y saliendo de ella con movimientos suaves y profundos, dejándola sentir cada centímetro.
Su pecho estaba pegado a la espalda de Eva mientras una de sus manos grandes subía hasta sus pechos, acariciándolos con ternura, apretándolos y pellizcando suavemente los pezones endurecidos.
—Así… despacio… —murmuró contra su oído, la voz ronca—. Quiero sentirte bien.
Eva gemía bajito con cada embestida lenta, las manos apoyadas contra la pared, el culo empujando ligeramente hacia atrás para recibirlo.
Pero poco a poco el control de Jacob se fue rompiendo. Sus manos bajaron hasta las caderas de Eva y se clavaron en ellas con fuerza. Empezó a follarla más duro, con embestidas cada vez más violentas y profundas. El sonido húmedo de piel contra piel llenaba el recibidor.
Las tetas de Eva comenzaron a balancearse de forma brutal con cada golpe. Se movían con un vaivén bestial, pesadas y libres, chocando una contra otra y sacudiéndose hacia delante y hacia atrás con la fuerza de las embestidas.
Eva solo podía jadear. No le salían palabras, solo gemidos entrecortados y ahogados que se convertían en gritos cortos cada vez que Jacob la penetraba hasta el fondo.
—Ah… ah… ¡Jacob! —jadeaba, la mejilla pegada a la pared fría, los ojos entrecerrados de placer.
Él la agarraba con más fuerza de las caderas, tirando de ella hacia atrás para que recibiera cada embestida completa.
Sus dedos se hundían en la carne blanda mientras follaba con un ritmo salvaje, casi animal.
Las tetas de Eva seguían sacudiéndose sin control, golpeando contra la pared y entre sí con cada golpe seco de sus caderas.
—Joder… mírate… —gruñó Jacob entre dientes, sin dejar de follarla con fuerza—. Cómo se te mueven las tetas… tan ricas…
Eva solo podía responder con más gemidos, las piernas temblándole, el coño chorreando alrededor de la polla de su marido. Cada embestida la empujaba contra la pared y hacía que sus pechos se bambolearan de forma obscena y descontrolada.
No podía pensar. Solo sentía. Placer puro, intenso y abrumador.
De repente, el placer se acumuló demasiado rápido. Eva soltó un grito ahogado, largo y roto.
—Jacob… ¡me corro…!
Su cuerpo se tensó violentamente. El orgasmo la atravesó con fuerza brutal.
Un chorro caliente y abundante salió de su coño, salpicando el suelo del recibidor y las piernas de Jacob.
El squirt fue intenso, casi violento, empapando todo a su alrededor mientras su coño se contraía con fuerza alrededor de la polla de su marido.
Las piernas de Eva dejaron de sostenerla por completo.
Se le doblaron las rodillas y todo su peso cayó hacia delante.
Durante unos segundos interminables, solo la polla dura de Jacob la mantuvo en pie, clavada profundamente dentro de ella.
Eva colgaba literalmente de su polla, temblando sin control, jadeando y gimiendo mientras seguía soltando pequeños chorros de squirt que le corrían por los muslos.
Jacob gruñó sorprendido, los ojos muy abiertos. Tardó un par de segundos en reaccionar.
—Joder, Eva…
Rápidamente soltó una de sus caderas y pasó el brazo por debajo de los pechos de su mujer, sujetándola con fuerza.
Con el otro brazo la agarró por el antebrazo izquierdo, sosteniéndola para que no se cayera.
La mantuvo así, empalada en su polla, mientras ella seguía convulsionando y soltando los últimos restos de su orgasmo brutal.
Eva respiraba con dificultad, casi sollozando de placer, el cuerpo laxo y tembloroso, completamente sostenido por los brazos y la polla de Jacob.
—Dios mío… —jadeó ella, la voz rota—. No… no podía sostenerme…
Jacob la abrazó con más fuerza contra su pecho, todavía enterrado hasta el fondo dentro de ella, y le besó el hombro sudoroso.
—Tranquila, amor… te tengo —murmuró con voz ronca, todavía impresionado por la intensidad del orgasmo de su mujer—. Te tengo.
Eva tardó unos segundos en recuperar el aliento. Todavía colgada de sus brazos y empalada en su polla, sintió claramente que Jacob seguía completamente duro dentro de ella, palpitando, sin haberse corrido.
Se dio cuenta y giró un poco la cabeza para mirarlo por encima del hombro. Su voz salió débil, entrecortada y llena de deseo:
—Jacob… tú no te has corrido aún… Por favor… termina dentro de mí. Quiero sentirte… quiero que te corras dentro.
Jacob soltó un gruñido bajo y la besó en la nuca. Sin sacarla de su interior, la levantó con facilidad, sujetándola por debajo de los muslos. Eva rodeó su cuello con los brazos, las bragas todavía enredadas en un tobillo, mientras él la llevaba hacia el salón.
La tumbó con cuidado en el sofá grande, pero no perdió tiempo. Se colocó encima de ella, le abrió las piernas y volvió a hundirse en su coño todavía palpitante y empapado.
Esta vez follaron más despacio, pero con mucha más intimidad. Jacob apoyó los antebrazos a ambos lados de la cabeza de Eva y la miró a los ojos mientras entraba y salía de ella con embestidas profundas y constantes. Sus pechos se movían suavemente con cada golpe, rozando el pecho de él.
Eva le acariciaba la espalda y la nuca, gimiendo bajito contra su boca.
—Así… no pares… —susurraba—. Quiero que te corras dentro… lléname, Jacob.
Él aceleró poco a poco, respirando cada vez más agitado. Sus caderas chocaban contra las de ella con un ritmo más urgente. Eva levantó las piernas y las envolvió alrededor de su cintura, abriéndose más para él.
—Estoy cerca… —gruñó Jacob contra su cuello.
—Hazlo… córrete dentro de mí —le pidió ella, apretando los talones contra su espalda—. Quiero sentir cómo te corres… por favor…
Jacob embistió unas cuantas veces más, profundo y fuerte, hasta que soltó un gemido ronco y largo. Su cuerpo se tensó y empezó a correrse dentro de Eva con chorros calientes y abundantes. Siguió empujando suavemente mientras se vaciaba por completo, llenándola hasta que sintió que ya no podía más.
Eva lo abrazó con fuerza, sintiendo cada pulsación de su polla y el calor de su semen inundándola. Le besó el cuello y la mandíbula mientras él temblaba encima de ella.
Cuando Jacob por fin se relajó, se dejó caer a su lado en el sofá, todavía dentro de ella, abrazándola contra su pecho. Los dos respiraban con dificultad, sudorosos y exhaustos.
Eva sonrió con ternura y le acarició la barba.
—Gracias… —susurró—. Por esperarme tanto tiempo.
Jacob la besó en la frente y la apretó más contra él.
—No hay nada que agradecer, amor. Esto… esto es solo el principio.
Los dos se quedaron un rato en silencio en el sofá, todavía abrazados y conectados. Jacob seguía dentro de ella, semi duro, mientras Eva le acariciaba lentamente la espalda con las yemas de los dedos. El salón olía a sexo y a sudor, y el sonido de sus respiraciones era lo único que se escuchaba.
Eva fue la primera en hablar, con la voz suave y un poco ronca:
—Jacob…
Él levantó la cabeza para mirarla. Eva tenía las mejillas aún sonrojadas, el pelo revuelto y los ojos brillantes.
—Quiero que sepas algo —continuó ella, mirándolo fijamente—. Voy a poner todo lo posible de mi parte para satisfacerte. Quiero ser… un poco más … puta para ti. Solo para ti. Quiero que puedas mirarme, tocarme, follarme como hoy… sin que yo me esconda ni te diga que no todo el tiempo.
Jacob abrió un poco los ojos, sorprendido por la sinceridad y la crudeza de sus palabras. Eva tragó saliva antes de seguir:
—Pero… te pido paciencia. Mucha paciencia.
Todavía me da vergüenza, todavía me asusta mostrarme así.
No va a ser de un día para otro. A veces voy a dudar, voy a ponerme roja, voy a querer taparme…
Pero te prometo que voy a intentarlo. Quiero aprender a disfrutar contigo sin miedo.
Quiero que vuelvas a tener a tu mujer de verdad en la cama.
Se mordió el labio inferior un segundo y añadió más bajito:
—Solo… no me presiones cuando me vea bloqueada, ¿vale? Déjame ir a mi ritmo. Pero no te rindas conmigo. Sigue mirándome como me miraste hoy. Sigue deseándome aunque yo me ponga nerviosa.
Jacob le acarició la mejilla con el pulgar y sonrió con ternura.
—No voy a rendirme, Eva. Nunca lo he hecho. Y sí… tendré paciencia. Todo el tiempo que necesites. Mientras sepa que tú quieres intentarlo, yo estaré aquí. No necesito que seas perfecta ni que seas una puta salvaje de un día para otro. Solo quiero que seas tú… pero sin miedo.
Eva soltó un suspiro tembloroso de alivio y lo abrazó más fuerte, escondiendo la cara en su cuello.
—Gracias… —murmuró contra su piel—. Te quiero. Y quiero volver a hacerte feliz en la cama.
Jacob le besó el pelo y la apretó contra su pecho.
—Yo también te quiero. Y ya me estás haciendo muy feliz hoy.
Se quedaron así un buen rato más, desnudos y abrazados en el sofá, con la promesa flotando entre ellos. Eva sentía todavía el semen de Jacob dentro de ella, cálido, y por primera vez en muchos años, esa sensación no le provocaba vergüenza… sino una pequeña, tímida esperanza.
Esa noche no cenaron. No hablaron más. Solo compartieron el sofá, exhaustos, se quedaron dormidos juntos, abrazados, Eva se acurrucó contra él:
—Necesito unos días para pensar. Solo unos días. Creo que podré volver a intentarlo… pero tampoco me siento segura del todo.
Jacob le besó el cabello y la apretó suavemente contra su pecho.
—Tómate el tiempo que necesites. Yo no me voy a ninguna parte. Estoy aquí, Eva. Para lo que decidas.