La Grieta 13 #3
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13 #3

—Quiere que nos hagamos pasar por psicólogas. Que entremos en su casa. Que hablemos con Eva como si fuera un puto trabajo de la universidad… y que acabemos los cuatro follando en su cama matrimonial.

Moon asintió lentamente.

—Exacto.

—¿Y tú qué piensas? —preguntó Sofía.

Moon tardó en contestar. Se levantó, caminó hasta la ventana y miró hacia la calle un momento. Cuando se giró, su voz era calmada pero intensa.

—Pienso que es una idea peligrosa. Muy peligrosa. Eva podría reaccionar fatal. Podría echarnos, podría gritar, podría llamar a la policía, podría contárselo a todo el barrio. Podríamos destrozar su vida de verdad.

Hizo una pausa.

—Y también pienso… que una parte de mí se está mojando solo de imaginarlo.

Sofía soltó una risa nerviosa.

—Joder, Moon… yo también.

Se miraron. La culpa seguía ahí, pero ahora se mezclaba con algo más fuerte: excitación pura, curiosidad, morbo.

Moon volvió a la cama y se sentó frente a Sofía.

—Imagina la escena —dijo en voz baja—. Entramos las dos en su casa.

Educadas, serias, con cuaderno y todo. Eva nos invita a café.

Nos sentamos en su salón. Empezamos a hacer preguntas sobre su matrimonio.

Jacob llega mientras estamos allí. Y poco a poco…

la conversación cambia. Él nos mira. Nosotras lo miramos. Eva nota la tensión. Y entonces…

Sofía tragó saliva.

—Y entonces terminamos los cuatro en la cama.

Moon asintió.

—O en el sofá. O donde sea. Pero sí. Los cuatro.

Se quedaron calladas un rato, cada una imaginando la posibilidad.

Sofía fue la primera en hablar de nuevo.

—¿Crees que Eva aceptaría algo así?

—No lo sé —admitió Moon—. Pero Jacob parece convencido de que, si lo hacemos bien, puede abrirse. Y si no… al menos habremos sido honestas. No estaremos escondiéndonos.

Sofía se mordió el labio inferior.

—Esto ya no es solo follar con un tío casado. Esto es entrar en su casa, sentarnos con su mujer y proponerle, aunque sea de forma indirecta, que nos folle a las tres.

Moon sonrió con una mezcla de nervios y excitación.

—Sí. Y la verdad… me pone muchísimo.

Sofía soltó una carcajada corta y nerviosa.

—A mí también. Y eso me da miedo.

Se abrazaron en la cama. No fue un abrazo sexual. Fue un abrazo de complicidad, de miedo compartido y de deseo compartido.

—¿Qué le contestamos? —preguntó Sofía al cabo de un rato.

Moon cogió el móvil y empezó a escribir. Esta vez no tardaron tanto. La respuesta salió fluida, honesta y cargada de la misma electricidad que el mensaje de Jacob.

«Jacob,

Hemos leído tu mensaje. Varias veces.

Primero: nos has dejado sin palabras. No esperábamos que fueras tan directo.

Segundo: sí, nos excita la idea. Mucho. La posibilidad de entrar en tu casa, conocer a Eva, hablar con ella… y que todo termine con los cuatro juntos… es una fantasía muy fuerte.

Pero también nos da mucho miedo.

No es un juego. Es tu vida real. La vida de Eva. Si hacemos esto y sale mal, podemos hacerle mucho daño a una persona que no se lo merece.

Vamos a ser muy claras:

Estamos dispuestas a intentarlo. Pero solo si lo hacemos con cabeza.

Nos presentaremos como estudiantes de psicología que están haciendo un trabajo sobre terapia de pareja en matrimonios de larga duración. Eso es verdad, podemos justificarlo en la universidad. Iremos naturales, como somos nosotras. Ni monjitas ni putones. Solo dos chicas serias y curiosas.

Entraremos en contacto con Eva. Le diremos que necesitamos entrevistar a parejas estables y que su perfil encaja perfectamente. Si nos invita a casa, iremos.

Tú llegarás después, como si fuera casualidad.

A partir de ahí… dejamos que las cosas fluyan. Sin forzar nada. Si Eva se abre, si nota la química, si quiere que pase… entonces sí. Terminaremos los cuatro follando.

Pero si ella se cierra, si se siente incómoda, si nota algo raro… paramos inmediatamente. Sin insistir. Sin forzar.

¿Estás de acuerdo con estas reglas?

Si estás de acuerdo, dime cuándo quieres que empecemos.

Moon y Sofía»

Enviaron el mensaje.

Y las dos se quedaron mirando la pantalla, con el corazón latiéndoles fuerte.

En el taller, Jacob leyó la respuesta casi al instante.

Sonrió.

Era una sonrisa cansada, nerviosa y llena de deseo.

Por primera vez en mucho tiempo, sentía que tenía un plan. Un plan loco, arriesgado y probablemente peligroso.

Pero era su plan.

Y estaba dispuesto a seguirlo hasta el final.

Moon y Sofía se quedaron mirando la pantalla del móvil durante casi un minuto entero después de enviar su último mensaje. El corazón les latía fuerte, pero no era solo miedo. Era esa mezcla peligrosa de culpa, excitación y curiosidad que ya conocían demasiado bien.

—Joder, Moon… —murmuró Sofía, dejando caer el teléfono sobre la cama—. Acabamos de aceptar meternos en la casa de su mujer y fingir que somos psicólogas para acabar follando los cuatro. ¿En qué momento nos volvimos tan locas?

Moon soltó una risa nerviosa y se tumbó de espaldas, mirando al techo.

—En el momento en que Jacob nos propuso exactamente eso. Y lo peor es que… me pone. Me pone muchísimo.

Sofía se colocó de lado, apoyando la cabeza en una mano. Sus tetas grandes se movieron con el gesto, todavía marcadas por los mordiscos de la noche anterior.

—A mí también. Pero no podemos ir allí como dos zorras en celo.

Tenemos que preparar esto bien. Si vamos a fingir terapia de pareja, necesitamos un cuestionario real.

Algo que parezca profesional. Preguntas de psicología de pareja de verdad.

No podemos improvisar y que Eva sospeche desde el minuto uno.

Moon se incorporó de golpe, los ojos brillantes.

—Tienes razón. Vamos a currárnoslo. Hagamos un cuestionario serio, como si fuera un trabajo de la uni. Luego lo imprimimos, lo metemos en una carpeta… y dejamos que las cosas fluyan solas.

Las dos se sentaron en la cama con el portátil de Sofía entre ellas.

Durante la siguiente hora y media, entre risas, cafés y alguna caricia distraída, construyeron el cuestionario.

No era cualquier lista. Era un documento profesional, con encabezado “Proyecto de Terapia de Pareja – Universidad Estatal – Alumnas: Moon y Sofía”.

Incluyeron instrucciones claras y quince preguntas divididas en bloques: comunicación, intimidad, resolución de conflictos, expectativas futuras y sexualidad (esta última más sutil, para no asustar a Eva de entrada).

Aquí está el cuestionario que idearon (lo copiaron tal cual para que Jacob lo viera después):

CUESTIONARIO DE TERAPIA DE PAREJA

(Sesión exploratoria – Parejas con más de 20 años de convivencia)

Bloque 1: Comunicación y conexión emocional

¿Cómo describirían la forma en que se comunican en el día a día? ¿Hay momentos en los que sienten que realmente se escuchan el uno al otro?

¿Qué es lo que más valoran el uno del otro hoy en día, después de tantos años juntos?

¿Hay temas que evitan hablar por miedo a generar conflicto? ¿Cuáles?

Bloque 2: Resolución de conflictos

Cuando surge una discusión, ¿cómo la resuelven? ¿Quién suele dar el primer paso para reconciliarse?

¿Han notado que repiten patrones de comportamiento que les hacen daño? ¿Ejemplos?

¿Cómo se sienten cuando uno de los dos expresa frustración o enfado?

Bloque 3: Intimidad y deseo

¿Cómo definirían el nivel de intimidad emocional en su relación actual (en una escala del 1 al 10)?

¿Y el nivel de intimidad física? ¿Sienten que el deseo sigue presente o ha cambiado con el tiempo?

¿Hay algo que les gustaría recuperar o explorar juntos en el ámbito sexual o afectivo?

Bloque 4: Futuro y valores compartidos

¿Cómo imaginan su vida juntos dentro de cinco o diez años?

¿Han hablado de lo que cada uno necesita para sentirse realizado dentro de la pareja?

¿Hay sueños o deseos individuales que sientan que han quedado “aparcados” por la rutina?

Bloque 5: Sexualidad y deseo (preguntas más directas, para el final)

¿Cómo describirían su vida sexual actual? ¿Satisface las necesidades de ambos?

¿Han fantaseado alguna vez con introducir algo nuevo (juegos, fantasías, terceras personas) para reavivar la chispa?

Si pudieran pedirle una cosa a su pareja en el plano íntimo sin miedo al juicio, ¿qué sería?

Al final añadieron una nota: “Este cuestionario es solo una herramienta exploratoria. No hay respuestas correctas ni incorrectas. El objetivo es abrir un espacio seguro de diálogo.”

Moon leyó el documento completo en voz alta. Cuando llegó a la pregunta 14, Sofía soltó una carcajada.

—Esa es la bomba. “¿Han fantaseado con terceras personas?” Vamos a plantar la semilla sin que parezca que la plantamos.

—Exacto —dijo Moon—. Y si Eva se pone nerviosa o curiosa… ahí estaremos nosotras para “ayudar”.

Imprimieron dos copias, las metieron en una carpeta negra elegante y guardaron el archivo en el portátil. Ya tenían el arma.

Ahora solo faltaba contactar a Eva.

Moon, con su forma de expresar ideas más clara y su tono más amable, escribió un mensaje corto y educado desde el móvil de Sofía (un número nuevo, sin historial):

«Buenas tardes, Eva. Nos llamamos Moon y Sofía, somos alumnas de cuarto curso de Psicología en la Universidad Estatal.

Estamos realizando un proyecto final sobre dinámicas de pareja en matrimonios de larga duración (más de 20 años).

Buscamos parejas reales que quieran participar de forma voluntaria y anónima.

Hemos obtenido su contacto a través de un listado público de vecinos del barrio. Su perfil encaja perfectamente con lo que necesitamos.

¿Le interesaría dedicarnos 45-60 minutos el próximo viernes por la tarde? Podemos ir a su casa sobre las 18:00h si le viene bien. No es nada invasivo y puede parar en cualquier momento.

Muchas gracias de antemano. Moon y Sofía»

Eva contestó esa misma noche:

«Hola, chicas. Me habéis pillado por sorpresa, pero la verdad es que me parece interesante. El viernes por la tarde me viene perfecto. Os espero a las 18:00h en casa (calle Olmos 27). Prepararé café y galletas.

Un saludo, Eva»