9 #6
—Hasta mañana. Jacob colgó.
La mentira le pesaba en el pecho como una piedra. Guardó el móvil y miró al suelo un segundo.
Moon se acercó un poco más y le rozó el brazo con suavidad.
—¿Todo bien? —preguntó en voz baja. Jacob asintió lentamente.
—Mi parada ya pasó —dijo con voz grave—. Voy con vosotras, si no os importa.
Sofía sonrió con esa expresión traviesa y dominante que lo desarmaba.
—Bien —susurró—. Porque esto solo acaba de empezar.
Bajaron los tres en la siguiente parada. Caminaron por la acera bajo la luz naranja de las farolas. Jacob iba en medio. Su mano derecha descansaba en la cintura de Moon, deslizándose de vez en cuando hacia su culo para apretarlo por debajo de la falda.
La mano izquierda hacía lo mismo con Sofía, rozando la curva de su cadera y metiéndose ocasionalmente bajo su falda para tocar el coño todavía mojado y lleno de semen.
Las chicas caminaban pegadas a él, rozando sus cuerpos contra el suyo, susurrándole cosas sucias al oído. Nadie hablaba en voz alta. Solo roces, respiraciones agitadas y promesas mudas de lo que iba a pasar en cuanto cerraran la puerta.
Llegaron al portal del edificio de Sofía. Subieron en el ascensor en silencio. En cuanto las puertas se cerraron, Sofía empujó a Jacob contra la pared y lo besó con hambre.
Moon se pegó al otro lado, bajando directamente la mano a su bragueta, que ya volvía a estar dura.
—Ahora sí —murmuró Sofía contra su boca—. Sin gente. Sin prisa. Toda la noche.
Entraron en el apartamento. Sofía encendió solo una lámpara de pie que bañaba el salón con una luz cálida y tenue.
No perdieron tiempo. Jacob se quitó la chaqueta y la camisa mientras las dos chicas se despojaban de lo poco que les quedaba de ropa.
Moon se arrodilló la primera y tomó su polla, todavía manchada de semen seco y jugos, y se la metió en la boca con ansia.
Sofía se colocó detrás de él, besándole la espalda y apretando sus tetas contra su piel.
—Esta noche eres nuestro —susurró Sofía—. Vamos a follarte hasta que no puedas más.
Pasaron directamente al dormitorio. La cama de Sofía sería suficiente, con sábanas oscuras y suaves.
Moon se tumbó de espaldas en el centro y abrió las piernas sin vergüenza, mostrando su coño todavía hinchado y lleno de semen. Un hilo blanco seguía escapando lentamente de su interior.
Jacob se colocó entre sus piernas. Su polla, ya medio dura otra vez, rozó la entrada empapada de Moon. Empujó despacio y se hundió en ella con un gemido grave.
El calor y la humedad eran intensos, facilitados por su propia corrida anterior.
—Joder… sigues tan apretada… —gruñó mientras empezaba a moverse con embestidas lentas y profundas.
Moon arqueó la espalda y soltó un gemido largo.
—Así… métela toda… quiero sentirte otra vez…
Sofía se tumbó al lado de Moon y empezó a besarla con lengua, acariciándole los pechos pequeños y firmes.
Jacob follaba a Moon con ritmo constante, viendo cómo sus cuerpos se entrelazaban. De vez en cuando sacaba la polla del coño de Moon y se la metía a Sofía durante unos cuantos empujones, alternando entre las dos, sintiendo la diferencia de textura y calor.
La habitación se llenaba de sonidos húmedos y gemidos bajos. Jacob sudaba. A sus cincuenta años, su cuerpo no recuperaba la erección completa tan rápido como antes, pero el morbo de tener a las dos chicas desnudas y dispuestas lo mantenía duro.
Respiraba con fuerza, el pecho subiendo y bajando. Después de varios minutos follando a Moon con embestidas profundas, pero no demasiado rápidas, sintió que su excitación volvía a subir.
Cambió de posición. Puso a Moon a cuatro patas y entró en ella desde atrás. Sus manos agarraban las caderas estrechas de la chica mientras empujaba con más fuerza. Moon gemía contra la almohada.
—Más… así… no pares…
Sofía se colocó delante de Moon, abriendo las piernas para que su amiga le lamiera el coño mientras Jacob la follaba.
Moon obedeció, lamiendo con dedicación el coño de Sofía, que gemía y movía las caderas sobre su cara.
Jacob follaba a Moon con ritmo constante.
Sus embestidas eran potentes, pero empezaba a notar el cansancio en las piernas y en la respiración.
Sudaba más. El corazón le latía con fuerza. No era un chico joven; cada empujón le costaba esfuerzo, pero el placer era demasiado intenso como para detenerse.
—Qué bueno… —gruñía—. Me encanta cómo me aprietas el coño…
Cambió otra vez. Puso a Sofía boca arriba y le levantó las piernas, apoyándolas en sus hombros. Entró en ella con un empujón firme.
Sofía soltó un gemido ronco y clavó las uñas en los brazos de Jacob.
—Así… rómpeme… fóllame fuerte…
Moon se colocó al lado, besando a Sofía y acariciándole las tetas mientras Jacob la penetraba. De vez en cuando Moon bajaba la mano y frotaba el clítoris de su amiga, ayudándola a sentir más placer.
Jacob follaba a Sofía con ritmo constante, pero sin prisa. Su cuerpo empezaba a notar el esfuerzo acumulado del autobús y de la primera parte en la cama. Respiraba con la boca abierta, sudando profusamente.
Sus embestidas eran profundas, pero cada vez más lentas. Después de varios minutos, sintió que se acercaba el orgasmo. No sería explosivo como los del autobús, pero sí intenso.
—Voy… voy a correrme… —avisó con voz ronca y entrecortada.
Sofía lo miró con ojos brillantes.
—Dentro… córrete dentro de mí… quiero sentirlo otra vez…
Moon se inclinó y besó a Jacob en la boca mientras este follaba a su amiga. Jacob aceleró un poco más, aunque sus caderas ya pesaban. Con un gruñido largo y profundo, se corrió por segunda vez esa noche dentro de Sofía.
No fueron chorros tan potentes como antes, pero sí abundantes. Su semen caliente inundó el coño de Sofía, mezclándose con todo lo que ya había dentro. Siguió empujando lentamente mientras se vaciaba, disfrutando de cada pulsación.
Cuando terminó, se dejó caer de lado en la cama, jadeando con fuerza. Su polla salió del coño de Sofía con un sonido húmedo, dejando un reguero blanco que empezó a escaparse. Los tres se quedaron un momento en silencio, respirando agitadamente.
Jacob sentía el corazón latiéndole con fuerza y las piernas pesadas. El cansancio le cayó encima como una manta gruesa. No era un semental. Tres corridas seguidas en tan poco tiempo ya eran más que suficientes para su cuerpo.
Moon se acurrucó contra su pecho izquierdo, pasando una pierna por encima de la suya. Sofía se pegó a su espalda, abrazándolo por detrás y besándole la nuca.
—Ha sido increíble… —susurró Moon, acariciándole el pecho con suavidad.
Sofía sonrió contra su piel.
—Todavía no ha terminado la noche… pero puedes descansar un rato. Jacob cerró los ojos. El olor a sexo, a sudor y a las dos chicas lo envolvía. Pensó fugazmente en Eva, en la mentira que le había contado, pero el agotamiento y el placer reciente lo alejaron de esos pensamientos.
—Estoy… hecho polvo —murmuró con voz ronca. Moon le dio un beso suave en el pecho. —Duerme —dijo en voz baja—. Estamos aquí.
Sofía le acarició la espalda con lentitud.
—Descansa. Mañana seguiremos.
Jacob se durmió profundamente, rodeado por los cuerpos cálidos y desnudos de las dos chicas. Moon pegada a su pecho, Sofía abrazada a su espalda. La respiración de los tres se fue acompasando poco a poco.
La habitación quedó en silencio, solo rota por el sonido suave de sus respiraciones y el leve rumor de la ciudad fuera de la ventana. Por primera vez en muchos años, Jacob se durmió con una sonrisa cansada en los labios, el cuerpo completamente agotado y la mente, por unas horas, en paz.