La Grieta 9 #5
28%

9 #5

Jacob sentía cada detalle con una claridad casi dolorosa. El coño caliente y empapado de Moon apretándole la polla, los jugos chorreando por sus huevos.

Moon temblaba entre sus brazos, empujando el culo hacia atrás para recibir cada embestida corta y profunda. Su respiración era entrecortada, los ojos medio cerrados de placer.

Sofía, pegada al costado derecho de Jacob, tenía una mano entre sus propios muslos, frotándose el clítoris mientras observaba cómo su amiga era follada sin piedad. Sofía se dio cuenta de que Jacob estaba a punto de correrse,

—Tranquilo… Ya has oído a Moon, puedes correrte dentro de ella, yo también tomo la píldora desde hace años. Puedes correrte dentro las veces que quieras. No hay peligro de embarazo. Puedes llenarnos el coño hasta que rebose y no pasará nada.

Moon, todavía empalada en su polla, asintió con la cabeza rápidamente. Su coño se contrajo alrededor de él como si quisiera confirmar las palabras de su amiga.

—Es verdad —dijo Moon con voz temblorosa y suplicante—. Tomo la píldora… puedes correrte dentro de mí sin miedo. Quiero sentirlo… quiero notar cómo me llenas de leche caliente, cómo me chorrea por dentro… Por favor, Jacob… no te cortes.

Jacob gruñó profundamente, excitado por la confirmación. Su polla dio un fuerte latido dentro del coño de Moon, haciendo que la chica soltara un jadeo.

Sofía con una sonrisa traviesa y dominante, metió la mano entre los cuerpos y acarició la base de la polla de Jacob, donde esta desaparecía dentro de Moon.

—Escúchame bien —dijo en voz baja pero firme—: Las dos estamos protegidas.

Puedes descargar todo lo que tengas acumulado en estos huevos gordos.

Quiero sentir cómo me llenas el útero de semen caliente.

Quiero que me chorree por las piernas cuando nos bajemos.

Y Moon también lo quiere. ¿Verdad, Moon?

Moon empujó el culo hacia atrás, haciendo que la polla entrara aún más profunda, y respondió con voz entrecortada

—Sí… quiero que te corras dentro de mí. Quiero sentir cada chorro… cómo me llenas hasta el fondo… No hay riesgo, Jacob. Por favor… córrete dentro. Lléname el coño.

Jacob respiró hondo, el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. La contención que había mantenido durante semanas se evaporó por completo.

—Joder… —gruñó—. Entonces os voy a llenar a las dos.

Empezó a follar a Moon con renovada intensidad. Embestidas cortas, salvajes, profundas. Sus caderas chocaban contra el culo de la chica con cada empujón.

El autobús seguía parado, pero el semáforo ya estaba a punto de cambiar. Moon gemía bajito contra el hombro de Sofía, intentando contener el volumen.

—Así… sí… más fuerte… —suplicaba—. Quiero que me llenes… quiero sentir tu leche caliente dentro…

Sofía, excitada por la escena, metió dos dedos en su propio coño y se masturbaba al ritmo de las embestidas de Jacob. Sus pechos subían y bajaban rápidamente.

—Cuando termines con ella, quiero mi turno —dijo Sofía con voz ronca—. Quiero que me folles y me llenes también. Quiero notar cómo tu semen se mezcla con los jugos de Moon dentro de mí.

El semáforo cambió a verde. El autobús arrancó con un tirón suave. Jacob aprovechó el movimiento para clavársela a Moon con más fuerza. Sus huevos golpeaban contra ella con cada embestida. Moon temblaba entera, las piernas apenas la sostenían.

—Estoy cerca… —avisó Jacob, la voz rota—. Muy cerca…

—Córrete dentro —suplicó Moon—. No te saques… lléname… por favor…

Jacob apretó los dientes y aceleró. Embestidas cortas y brutales. Su polla entraba y salía del coño empapado de Moon con facilidad gracias a lo mojada que estaba.

Sofía frotaba el clítoris de su amiga sin piedad, ayudándola a llegar al orgasmo.

Moon se corrió primero. Su coño se contrajo violentamente alrededor de la polla de Jacob, apretándola con fuerza mientras un chorro de jugos le empapaba los huevos. Todo su cuerpo se sacudió, y tuvo que morder el hombro de Sofía para no gritar.

—Dios… me corro… —gimió Moon contra la piel de su amiga.

Ese apretón fue demasiado para Jacob. Con un gruñido gutural y profundo, empujó hasta el fondo y se corrió violentamente dentro del coño de Moon.

Chorros calientes y espesos de semen salieron de su polla en potentes pulsaciones, inundando el interior de la chica.

Siguió empujando mientras se corría, vaciando sus huevos hasta la última gota, sintiendo cómo su semen caliente se mezclaba con los jugos de Moon.

Moon gemía largo y bajo, sintiendo cada chorro, cada pulsación.

—Está tan caliente… te siento… me estás llenando entera… joder… qué cantidad… —jadeaba.

Jacob siguió corriéndose durante varios segundos, descargando todo lo que tenía acumulado. Cuando por fin terminó, sacó la polla lentamente. Un hilo espeso de semen blanco y jugos transparentes salió del coño abierto de Moon, bajando por su muslo izquierdo en un reguero visible.

Sofía miró hacia abajo, fascinada, y pasó los dedos por el semen que chorreaba.

—Hostia… qué corrida más grande… —murmuró—. Mira cómo te chorrea por la pierna, Moon.

Luego levantó la mirada hacia Jacob, con los ojos brillantes de lujuria.

—Ahora yo —exigió—. Quiero mi turno. Fóllame y lléname también. Quiero sentir cómo me dejas el coño lleno de tu leche caliente.

Jacob, todavía jadeando y con la polla semirrecta pero brillante de semen y jugos, no dudó. Agarró a Sofía por las caderas anchas y la penetró de un solo empujón.

Su polla, todavía sensible por el orgasmo anterior, se hundió en el coño caliente y resbaladizo de Sofía, lubricada por la mezcla de semen y jugos de Moon. Empezó a follarla con embestidas profundas y potentes.

El autobús ya se había puesto en marcha de nuevo y el vaivén ayudaba a que sus empujones fueran más fuertes sin llamar demasiado la atención.

Sofía gemía sin control, sus tetazas rebotando contra el pecho de Jacob con cada embestida.

—Más… fóllame más fuerte… —suplicaba—. Quiero que me llenes también… quiero notar tu semen caliente dentro de mí…

Moon, todavía recuperándose de su orgasmo, metió la mano entre los cuerpos de Jacob y Sofía y empezó a frotar el clítoris hinchado de su amiga mientras Jacob la penetraba sin piedad.

Jacob follaba a Sofía con fuerza, sintiendo cómo su polla se endurecía de nuevo dentro de ella. El semen que le había dejado a Moon actuaba como lubricante extra, haciendo que todo fuera más resbaladizo y obsceno.

—¿Quieres que me corra dentro de ti también? —preguntó Jacob entre embestidas brutales, la voz ronca.

—Sí… por favor… —respondió Sofía casi suplicando—. Lléname el coño… quiero sentir tu leche caliente mezclándose con la que le dejaste a Moon… quiero que me chorree por las piernas cuando nos bajemos…

Jacob aceleró el ritmo, follándola sin piedad. El autobús tomó una curva y él aprovechó para clavársela hasta el fondo. Sofía temblaba, sus paredes internas apretando la polla con fuerza.

—Estoy cerca otra vez… —gruñó Jacob.

—Córrete dentro —exigió Sofía—. Lléname… lléname entera…

Moon frotaba el clítoris de Sofía más rápido, besándola en la boca para ahogar sus gemidos.

Sofía se corrió con un gemido largo y ahogado contra la boca de Moon. Su coño se contrajo violentamente alrededor de la polla de Jacob, ordeñándola.

Ese presión fue suficiente. Jacob empujó hasta el fondo y se corrió por segunda vez. Chorros potentes de semen caliente inundaron el coño de Sofía, mezclándose con los restos de la corrida anterior y los jugos de las dos chicas.

Siguió empujando mientras se vaciaba, gruñendo contra el cuello de Sofía.

—Joder… toma… toma toda mi leche… —gruñía mientras se corría.

Cuando terminó, sacó la polla lentamente. Un hilo espeso de semen blanco salió de ambos coños, bajando por los muslos de las dos chicas.

El autobús seguía avanzando, pero los tres estaban exhaustos, sudados, con la ropa revuelta y los coños llenos y chorreando.

Sofía miró hacia abajo, pasó los dedos por su propio coño y luego por el de Moon, recogiendo semen mezclado.

—Qué corrida más brutal… —murmuró con una sonrisa satisfecha—. Nos has llenado bien, Jacob.

Moon, todavía temblando, se giró ligeramente y besó a Jacob en los labios, suave pero cargado de intención.

—Gracias por llenarnos… —susurró—. Ahora ya no hay vuelta atrás.

El autobús siguió su camino, ajeno a todo. Y los tres sabían que esto solo era el principio.

El autobús frenó. Era la siguiente parada. Jacob miró por la ventana y se dio cuenta, con un golpe seco en el estómago, de que su parada habitual ya había pasado hacía rato.

La siguiente era la de las chicas. El peso de la realidad cayó sobre él como una losa.

Eva estaría en casa. Probablemente ya habría puesto la mesa, habría calentado algo para cenar. La rutina de siempre. La vida que había construido durante veinticinco años.

Sacó el móvil del bolsillo con la mano todavía temblorosa. Tenía un mensaje de su mujer de hacía media hora:

«¿A qué hora llegas? He hecho merluza al horno. “Jacob tragó saliva.

Miró a Moon y a Sofía. Las dos lo observaban en silencio, con los ojos aún brillantes de deseo y las piernas manchadas de su semen.

Marcó el número. Eva contestó al segundo tono.

—Hola, cariño —dijo con esa voz tranquila y un poco cansada.

—Hola… —Jacob se aclaró la garganta, intentando que no se le notara la respiración agitada—.

Oye, ha surgido un problema en el taller.

Un cliente importante me ha llamado de urgencia.

Tiene un coche clásico que se ha quedado tirado en la carretera y quiere que lo recoja yo personalmente. Es un buen trabajo, paga muy bien…

Hubo un breve silencio.

—¿Ahora? ¿Tan tarde? —preguntó Eva, resignada.

—Sí… voy de camino. Probablemente tarde bastante. Puede que… que no llegue a dormir a casa esta noche. Tendré que quedarme por la zona para terminar el trabajo mañana temprano.

Eva suspiró suavemente. No era la primera vez que pasaba algo parecido.

—Vale… ten cuidado conduciendo de noche. Come algo, ¿eh? No te quedes sin cenar.

—No te preocupes. Te llamo mañana.

—Está bien. Hasta mañana entonces.