La Grieta 9 #4
26%

9 #4

Agarró con fuerza la cadera estrecha de Moon con la mano derecha, clavando los dedos en su piel, y empujó hacia delante con un movimiento lento pero decidido.

La cabeza gruesa de su polla separó los labios hinchados y resbaladizos de Moon y comenzó a hundirse en su interior. Centímetro a centímetro, abriéndose paso entre las paredes calientes y apretadas de su coño joven.

Moon soltó un gemido largo y ahogado contra la boca de Sofía, sus ojos se abrieron como platos y su cuerpo se tensó.

—Dios… Me parte… Me, me rompeeaah… —jadeó Moon, rompiendo el beso por un segundo.

Jacob no se detuvo. Siguió empujando hasta que casi la mitad de su polla gorda y venosa desapareció dentro de ella. El calor era abrasador, la presión perfecta.

Sintió cómo las paredes internas de Moon se contraían alrededor de él, succionándolo como si no quisieran dejarlo salir nunca.

—Joder… qué coño más apretado tienes… —gruñó Jacob con voz ronca y baja, casi pegado a su oreja—. Me estás arrancando la polla…

El autobús arrancó de nuevo con un tirón suave. Ese movimiento inesperado hizo que la polla de Jacob se hundiera unos centímetros más adentro de golpe.

Moon soltó un gemido más fuerte y tuvo que morderse el labio inferior con fuerza para no gritar. Sus piernas temblaron visiblemente.

Sofía sonrió con malicia contra los labios de Moon y la sujetó con más firmeza por la nuca.

—Trágatela toda —le susurró—. Déjale que te folle como a una zorra en medio del autobús.

Jacob empezó a moverse. Al principio fueron embestidas cortas y controladas, usando el vaivén natural del vehículo para disimular. Sacaba solo un poco y volvía a empujar, sintiendo cómo el coño de Moon se adaptaba al calibre de su polla.

Pero cada vez que el autobús frenaba o tomaba una curva, él aprovechaba para clavársela más profundo. Pronto el deseo pudo más que cualquier precaución. Sus caderas empezaron a moverse con más ritmo, más fuerza.

Sacaba la polla casi hasta la punta, dejando solo el glande dentro, y luego la hundía de nuevo hasta el fondo con un golpe seco.

El sonido húmedo y obsceno de su polla entrando y saliendo del coño empapado de Moon se escuchaba claramente entre ellos tres, aunque quedaba camuflado por el ruido del motor y las conversaciones bajas de los demás pasajeros.

Los jugos de Moon le chorreaban por la base de la polla, le bajaban por los huevos y le mojaban la parte interior de los vaqueros. Cada embestida producía un leve “chap” que solo ellos podían oír.

Sofía no se quedó como mera espectadora. Mientras Jacob follaba a Moon por detrás, metió la mano entre los cuerpos de los dos y empezó a frotar el clítoris hinchado de su amiga con movimientos rápidos y precisos. Al mismo tiempo, besaba a Moon con lengua profunda, tragándose sus gemidos y jadeos.

—Qué bien te la está metiendo el madurito… —le susurró Sofía al oído, con voz ronca y excitada—. ¿Notas cómo te abre el coño? Mira cómo te tiemblan las piernas… estás chorreando por toda su polla.

Moon solo podía jadear y asentir con la cabeza. Su mano derecha bajó y se agarró con fuerza al brazo de Jacob, clavándole las uñas mientras recibía cada embestida profunda.

—Más fuerte… por favor… —suplicó en un hilo de voz entrecortada—. Fóllame más fuerte, Jacob… quiero sentirte entero…

Jacob obedeció sin pensarlo. Agarró las caderas de Moon con las dos manos y empezó a follarla con más intensidad.

Sus embestidas se volvieron más largas y potentes.

Cada vez que el autobús daba un bache, él aprovechaba para clavársela hasta el fondo, haciendo que sus huevos golpearan contra el culo de Moon.

Moon temblaba de placer. Sus pechos pequeños subían y bajaban rápidamente bajo el top fino, los pezones duros marcándose claramente. Su coño apretaba la polla de Jacob con fuerza cada vez que entraba, como si intentara retenerla dentro.

Sofía, viendo el estado de su amiga, decidió subir la apuesta. Se pegó completamente al costado de Jacob, frotando sus tetas contra su brazo, y le susurró al oído

—Fóllala bien… haz que se corra en tu polla delante de toda esta gente.

Luego se giró hacia Moon y la besó con violencia, metiéndole la lengua hasta el fondo mientras Jacob no dejaba de penetrarla.

Las dos chicas se besaban con desesperación, saliva brillando en sus labios y barbillas, gemidos ahogados que intentaban contener.

Jacob sentía que estaba perdiendo completamente el control. Su polla entraba y salía del coño de Moon con facilidad gracias a lo mojada que estaba.

El autobús dio una curva cerrada y él aprovechó el movimiento para follarla con embestidas más brutales. Moon soltó un gemido más alto de lo que pretendía. Sofía tuvo que taparle la boca rápidamente con la mano.

—SCH… calladita, zorra —rio Sofía bajito, claramente excitada por el riesgo—. Que nos van a pillar… aunque a ti te pone que nos miren, ¿verdad?

Moon asintió con los ojos vidriosos, gimiendo contra la palma de Sofía. Jacob sacó la polla del coño de Moon con un sonido húmedo y obsceno. La verga quedó brillando, completamente cubierta de los jugos transparentes y espesos de la chica.

Sin darle tiempo a recuperarse, giró ligeramente a Sofía hacia él y le levantó la falda corta de un tirón. Apartó sus bragas a un lado con brusquedad y colocó la cabeza gruesa de su polla contra su entrada empapada.

—Ahora te toca a ti —gruñó. Y empujó con fuerza.

La polla se hundió de golpe casi hasta la mitad en el coño de Sofía. Ella soltó un gemido ronco y profundo, arqueando la espalda y clavando las uñas en el hombro de Jacob.

—Hostia puta… qué gorda la tienes, joder… —jadeó Sofía, respirando agitada—. Métela toda… rómpeme el coño aquí mismo.

Jacob no se hizo de rogar. Agarró las caderas anchas de Sofía y empujó hasta el fondo, enterrando toda su polla en su interior caliente y resbaladizo. Empezó a follarla con embestidas largas y potentes, sintiendo cómo sus pechos rebotaban contra su pecho con cada empujón.

Moon, todavía temblando por la follada anterior, no se quedó atrás. Metió la mano entre los cuerpos de Jacob y Sofía y empezó a frotar el clítoris hinchado de su amiga con movimientos rápidos mientras Jacob la penetraba sin piedad.

Las dos chicas volvieron a besarse por encima del hombro de Jacob. Lenguas enredadas, gemidos compartidos, saliva cayendo.

Jacob alternaba la mirada entre ellas: veía su polla desapareciendo una y otra vez en el coño moreno y depilado de Sofía, luego giraba la cabeza y veía a Moon lamiéndole el cuello y mordiéndole la mandíbula con ansia.

—Quiero las dos… quiero follaros a las dos —gruñó Jacob, la voz rota de placer y esfuerzo.

Sacó la polla del coño de Sofía con un chasquido húmedo y, sin pausa, se la metió de nuevo a Moon de un solo empujón brutal. Moon soltó un grito ahogado y se arqueó hacia atrás. Luego volvió a sacarla y se la clavó a Sofía otra vez.

Alternaba entre los dos coños calientes y chorreantes, follándolos por turnos mientras el autobús seguía su trayecto entre paradas y semáforos.

Cada cambio era más intenso. Cuando follaba a Moon, sus embestidas eran más cortas y rápidas. Cuando follaba a Sofía, eran más profundas y brutales, haciendo que sus tetas se movieran con fuerza.

Los jugos de ambas chicas le chorreaban por los muslos y le mojaban los vaqueros. El olor a sexo empezaba a notarse en el aire alrededor de ellos, mezclado con el sudor y el ambiente cargado del autobús.

Sofía, cada vez más desatada, le mordió el lóbulo de la oreja a Jacob y le susurró con voz entrecortada:

—Fóllanos como a dos putas… métela hasta el fondo… queremos que nos llenes el coño aquí mismo, delante de toda esta gente…

Moon, por su parte, empujaba el culo hacia atrás con cada embestida, ofreciéndose sin vergüenza.

—Más… no pares… quiero que me folles hasta que me corra en tu polla…

Jacob sentía que estaba al límite. Su polla palpitaba violentamente dentro de quien fuera que estuviera follando en ese momento. Los testículos le dolían de lo cargados que estaban.

—No aguanto más… —gruñó con voz áspera—. Voy a correrme… quiero correrme dentro de una de vosotras.

Sofía abrió más las piernas, ofreciéndole su coño sin ningún pudor, separando incluso sus labios con los dedos para que viera lo abierto y mojado que estaba.

—Córrete dentro de mí —exigió con voz ronca y dominante—. Lléname el coño de leche caliente… quiero sentir cómo me rebosa.

Moon no se quedó atrás. Empujó su culo hacia atrás y miró a Jacob por encima del hombro con ojos suplicantes y llenos de lujuria.

—O dentro de mí… quiero que me llenes hasta que me chorree por las piernas… fóllame y córrete dentro, Jacob.

Jacob alternaba embestidas brutales entre los dos coños que se le ofrecían abiertamente. Sacaba la polla brillante de un coño y la hundía en el otro sin descanso. El autobús volvió a frenar en un semáforo largo, y el vehículo se quedó parado varios segundos.

Las dos chicas lo miraron, con los labios hinchados, las caras sonrojadas, el pelo revuelto y los ojos brillantes de deseo puro.

—Elige —susurró Sofía, mordiéndose el labio inferior con fuerza—. Elige a cuál de las dos vas a llenar primero con tu leche.

Moon también se ofreció, separando más las piernas y empujando el culo hacia él: —Fóllame y córrete dentro… o fóllala a ella. Pero hazlo aquí. No te aguantes más. Queremos sentir cómo nos llenas. No hay peligro de nada Jacob, estoy protegida.

Jacob apretó los dientes, agarró con fuerza las caderas de Moon y le metió la polla hasta el fondo con un gruñido animal, follándola con embestidas cortas y salvajes mientras decidía en qué coño iba a descargar toda su leche caliente.

El autobús seguía parado en el semáforo.

Y los tres sabían que ya no había marcha atrás.

El vehículo se había detenido en un semáforo largo, de esos que parecen eternos en hora punta. El motor ronroneaba en ralentí y el vaivén había desaparecido, dejando solo la presión constante de los cuerpos apretados.