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Moon, sin girarse, tomó suavemente la muñeca derecha de Jacob y la guio de nuevo hacia su propia cadera, presionando la mano grande contra su piel caliente bajo la falda.
Al mismo tiempo, Sofía tomó la muñeca izquierda de Jacob con más decisión, la subió lentamente y la colocó directamente sobre uno de sus pechos generosos, obligándolo a sentir el peso suave y firme a través de la fina blusa anudada.
—Vuelve a tocarme… —susurró Moon contra su cuello, mientras guiaba los dedos de él para que se clavaran de nuevo en su carne.
Sofía, con voz más juguetona pero igual de firme, le acercó los labios a la otra oreja mientras presionaba su pecho contra la palma de Jacob:
—No te escapes ahora, madurito… toca.
Moon dejó que su espalda se apoyara un poco más contra él, sin disimulo.
—Sé cómo te mueves… —susurró, tan cerca que sus labios casi rozaban su oreja—. Sé cuándo estás cansado… cuándo desconectas mirando por la ventana… cuándo intentas no pensar.
Mientras hablaba, Sofía guio la mano de Jacob para que le acariciara el pecho con más libertad, pasando los dedos sobre su pezón ya endurecido.
—Y sé exactamente lo que te está pasando ahora mismo… —continuó Moon.
El autobús frenó con suavidad. Sus cuerpos se apretaron de nuevo, más claramente.
Moon inclinó apenas la cabeza, su voz convirtiéndose en un aliento cálido contra su cuello:
—No te apartas…
Otra pausa deliberada.
—Aunque sabes que deberías.
Silencio denso. Solo el ruido del motor y las respiraciones entrecortadas.
—Y no lo haces… porque lo necesitas.
No fue una pregunta. Fue una afirmación directa, casi clínica.
Sofía, sin soltar la mano de Jacob de su pecho, se inclinó un poco más y le acarició el pelo largo y la barba con la otra mano, un gesto lento y posesivo.
—Además… ambas estudiamos psicología —dijo Sofía con una sonrisa que se notaba en el tono, mientras sus dedos se enredaban suavemente en la barba de Jacob—. Moon lleva varias semanas analizando cada uno de tus gestos. Yo solo llevo unos días… pero ya veo lo mismo que ella.
Dejó que su pecho se apretara más contra la palma de él.
—Esa tensión en los hombros… la forma en que cambias el peso cuando intentas disimular… Llevas años reprimiendo cosas que ya no quieres reprimir. Y ahora mismo… tu cuerpo está hablando mucho más alto que tú.
Moon aprovechó el momento para empujar su culo hacia atrás otra vez, frotándose con más claridad contra la erección de Jacob.
—Llevo semanas viendo cómo te controlas… —murmuró Moon, retomando el control con voz más baja y seductora.
Sofía completó la frase casi al mismo tiempo, su aliento cálido contra la otra oreja de Jacob, mientras seguía acariciándole el pelo:
—…pero hoy no.
Sofía soltó una risita baja y ronca, girando la cabeza para mirarlo de reojo.
Sus ojos oscuros brillaban con esa mezcla de diversión y dominio que ya había mostrado antes.
—Te gusta tocar, ¿eh? —susurró ella, y sin esperar respuesta, se inclinó hacia Moon y la besó de nuevo.
Esta vez el beso no fue suave. Fue húmedo, profundo, con lengua desde el primer segundo.
Sus labios se separaron y se volvieron a juntar con hambre, las lenguas enredándose visiblemente.
Jacob lo tenía a centímetros: veía cómo la saliva brillaba en la comisura de sus bocas, cómo Sofía mordía suavemente el labio inferior de Moon y cómo esta gemía bajito dentro de la boca de su amiga.
Mientras las dos se besaban, la mano de Jacob subió por el costado de Moon hasta encontrar uno de sus pechos duros y firmes. Lo apretó por encima del top, sintiendo cómo el pezón se endurecía contra su palma. Con el pulgar lo pellizcó con cuidado, luego más fuerte.
Moon jadeó contra la boca de Sofía y separó las piernas un poco más, invitándolo. Sofía, sin romper el beso, bajó una mano y la colocó sobre la de Jacob, guiándola. Juntas apretaron el pecho de Moon, masajeándolo.
Luego Sofía soltó los labios de su amiga y giró la cabeza hacia Jacob.
—Bésala tú también —le ordenó en voz baja, casi un ronroneo.
Jacob no se hizo de rogar. Inclinó la cabeza y capturó la boca de Moon.
El beso fue distinto al de Sofía: más áspero, más necesitado. Su lengua entró con fuerza, explorando, saboreando la lengua de Moon.
Moon respondió chupándole la lengua con ansia. Gemía contra sus labios mientras su mano bajaba y apretaba el bulto de su polla por encima de los vaqueros.
Sofía no se quedó quieta.
Mientras Jacob besaba a Moon, ella se pegó a su espalda, frotando sus tetas contra él.
Le mordió el lóbulo de la oreja y le susurró:
—Siente cómo se moja, Jacob… está empapada solo por tocarte.
Su mano derecha se coló entre los cuerpos y encontró la falda de Moon. La subió despacio hasta la cintura, dejando al descubierto sus bragas ya oscurecidas por la humedad.
Los dedos de Sofía rozaron la tela húmeda y luego apartaron el borde.
Dos dedos se deslizaron directamente sobre el coño de Moon, separando sus labios hinchados y resbaladizos.
Moon soltó un gemido ahogado dentro de la boca de Jacob. Sus caderas se movieron hacia delante, buscando más contacto.
—Está chorreando —dijo Sofía en voz baja, casi burlona, mientras sus dedos entraban y salían lentamente del coño de Moon—. No tienes ni idea de lo apretada que está. Imagina cómo te va a apretar la polla cuando se la metas.
Jacob gruñó contra la boca de Moon. Su mano izquierda abandonó el pecho de la chica y bajó hasta el coño de Sofía. Apartó las bragas de un tirón y metió dos dedos de golpe.
Sofía estaba igual de mojada. Caliente, resbaladiza, apretada. Sus paredes internas se contrajeron alrededor de sus dedos en cuanto los curvó hacia arriba buscando ese punto que la hizo temblar.
—Así… joder, así —susurró Sofía contra su cuello, lamiéndole la piel con la lengua.
Ahora los tres estaban conectados: Jacob besando a Moon mientras a Sofía la masturbaba con dos dedos, Sofía besando el cuello de Jacob y recibiendo los dedos de Jacob en su coño, y las dos chicas rozándose los pechos y las caderas entre sí.
El autobús arrancó de nuevo.
El movimiento hizo que los cuerpos se balancearan.
Jacob aprovechó el vaivén para follar a Sofía con los dedos más fuerte, más profundo. El sonido húmedo de sus dedos entrando y saliendo quedaba amortiguado por el ruido del motor, pero ellos lo oían perfectamente.
Moon rompió el beso con Jacob, jadeando. Sus ojos marrones con ese matiz verdoso estaban vidriosos de placer. Se giró ligeramente hacia Sofía y la besó otra vez, esta vez con más violencia, casi desesperada.
Sus lenguas se lamían con fuerza mientras Jacob seguía metiendo los dedos en Sofía.
Moon bajó una mano y empezó a desabrochar los botones de la bragueta de Jacob con dedos torpes por la excitación.
Cuando consiguió abrirla, metió la mano dentro de los calzoncillos y sacó su polla gorda y palpitante. La carne caliente y venosa saltó al aire húmedo del autobús.
Sofía la vio y soltó un gemido de aprobación contra la boca de Moon.
—Mira qué polla tan gorda tiene el madurito… Nos va a partir al medio con ella—susurró.
Las dos chicas bajaron la mirada al mismo tiempo. Moon envolvió la base con su mano pequeña y empezó a masturbarlo despacio, apretando justo como sabía que le gustaba a los hombres.
Sofía no se quedó atrás: escupió en su propia palma y se unió a ella, sus manos moviéndose juntas arriba y abajo por el tronco grueso, extendiendo el líquido preseminal que ya goteaba abundantemente de la cabeza morada.
Jacob echó la cabeza hacia atrás un segundo, respirando con fuerza. Sus dedos seguían dentro de Sofia y ahora con la otra mano, también le estaba metiendo un par de dedos a Moon, follándolas al mismo ritmo que ellas le masturbaban.
—Quiero comértela —murmuró Sofía de repente, con voz ronca.
Se agachó ligeramente, usando el cuerpo de Moon como escudo.
El autobús estaba tan lleno que nadie podía ver bien lo que ocurría en ese rincón. Sofía sacó la lengua y lamió la cabeza de la polla de Jacob en un lametazo largo y lento, recogiendo el preseminal.
Luego abrió la boca y se la metió hasta la mitad, chupando con fuerza mientras su lengua giraba alrededor del glande.
Moon siguió masturbando la parte que Sofía no alcanzaba con la boca. Al mismo tiempo, Jacob metía y sacaba los dedos del coño de Moon con más fuerza.
Los tres gemían bajito, intentando contener el ruido. Sofía sacó la polla de su boca con un chasquido húmedo y se la ofreció a Moon.
—Prueba tú también. Moon no dudó.
Se inclinó y se metió la polla en la boca hasta donde pudo. Su boca era más pequeña, más apretada.
Chupó con ganas, moviendo la cabeza mientras Sofía le sujetaba el pelo con una mano y seguía metiendo los dedos en su propio coño con la otra.
Jacob estaba al límite. Ver a las dos chicas compartiendo su polla, lamiéndola, besándose entre lametazo y lametazo, era demasiado.
Sus dedos follaban ahora el coño de Sofía con fuerza, haciendo que los jugos le chorrearan por los muslos.
—Quiero follaros —gruñó Jacob de repente, la voz ronca y rota—. Aquí mismo o donde sea. No aguanto más.
Sofía sacó la polla de la boca de Moon y se incorporaron. Sus labios brillaban de saliva y preseminal.
Miró a Jacob con esa sonrisa dominante que lo desarmaba.
—Quieres metérnosla ya, ¿verdad? —susurró, mordiéndole el labio inferior—. ¿Quieres follar estos dos coños calientes mientras el autobús sigue andando?
Moon, todavía con la mano en la polla de Jacob, asintió con los ojos brillantes.
—Fóllame primero a mí —pidió en voz baja, casi suplicante—. Quiero sentirte dentro mientras Sofía me besa.
Sofía soltó una risita oscura y besó a Moon con fuerza, metiéndole la lengua hasta el fondo.
Al mismo tiempo, guio la polla de Jacob hacia el coño de su amiga. La cabeza gruesa rozó los labios hinchados de Moon, separándolos.
Jacob empujó apenas, solo la punta, sintiendo cómo el calor apretado de Moon lo envolvía.
—Más… —suplicó Moon contra la boca de Sofía.
Jacob ya no podía contenerse más. El calor húmedo que envolvía solo la cabeza de su polla era una tortura deliciosa.