La Grieta 9 #2
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Sus manos seguían sujetas a la barra, pero su cuerpo ya no estaba relajado. Había una rigidez nueva en él, una alerta silenciosa. Podía apartarse. Debería apartarse.

Pero no lo hizo.

Porque ahora no cabía duda.

No era casualidad.

Delante, Moon dejó escapar un suspiro apenas audible, como si ese contacto le provocara algo que no podía —o no quería— disimular. Su cuerpo volvió a deslizarse hacia atrás con el siguiente movimiento del autobús, esta vez con una suavidad deliberada, acomodándose con más decisión.

Sofía, a su lado, lo vio todo.

Y ya no quiso quedarse al margen.

Su cuerpo se acercó más a Jacob, eliminando cualquier distancia. Su pecho, generoso y difícil de ignorar, empezó a rozarlo también con cada movimiento. Al principio leve… luego cada vez menos disimulado.

No era un choque accidental.

Era un contacto continuo.

Se inclinó ligeramente hacia él, lo suficiente para que su presencia se volviera imposible de ignorar. El escote abierto de su blusa dejaba entrever más de lo que ocultaba, y con cada vaivén, ese contacto se hacía más evidente, más directo, más cargado de intención.

Jacob respiró hondo.

Ahora estaba atrapado entre dos sensaciones distintas pero coordinadas. Por delante, el movimiento constante de Moon, que ya no podía interpretarse como algo casual. Por un lado, la cercanía cálida de Sofía, cada vez más presente, más insistente.

Y lo peor… o lo más peligroso…

Era que empezaba a anticiparlo.

Cada curva. Cada frenada. Cada pequeño cambio en el trayecto.

Su cuerpo reaccionaba antes de que ocurriera.

Pero aun así…

Resistía.

No se movía.

No las tocaba.

No decía nada.

Solo aguantaba, con los músculos tensos y la respiración contenida, como si cualquier gesto fuera a romper algo que ya estaba al límite.

Delante de él, Moon sonrió apenas.

Porque sabía exactamente lo que estaba pasando.

Y sabía… que no duraría mucho más.

El autobús volvió a sacudirse suavemente al tomar una curva más cerrada.

Moon no se apartó.

Al contrario.

Acompañó el movimiento con una naturalidad calculada, dejando que su cuerpo volviera hacia atrás con más decisión, manteniéndose un instante más de lo necesario antes de recuperar apenas la distancia. Su respiración era lenta, controlada… pero ya no neutra.

Jacob seguía inmóvil.

Tenso.

Demasiado consciente de cada punto de contacto, de cada repetición, de cada segundo que se alargaba más de lo que debería. No había duda ya. Nada de aquello era accidental.

Y entonces, Sofía dejó de jugar a medias.

Se movió.

No hacia atrás. No hacia un lado.

Hacia dentro.

Se acercó aún más a Jacob, invadiendo su espacio sin disimulo, y con un gesto aparentemente despreocupado pasó uno de sus brazos por encima de sus hombros, apoyándose en él como si necesitara estabilidad… o como si ya hubiera decidido que ese era su sitio.

El gesto era natural para cualquiera que mirara desde fuera.

Pero no lo era.

Su cercanía cambió todo.

Jacob notó el peso suave de su brazo, el calor de su cuerpo pegado al suyo, la forma en que ya no existía distancia posible. Su respiración se volvió más corta, más irregular.

Y entonces ocurrió.

Con la otra mano, Sofía buscó a Moon.

No con prisa.

No con duda.

Sus dedos rozaron primero su barbilla, suaves, firmes… guiándola. Moon no se resistió. Ni siquiera se sorprendió. Giró ligeramente el rostro, dejándose llevar por ese contacto como si lo hubiera estado esperando.

Sus miradas se cruzaron apenas un segundo.

Suficiente.

Sofía sonrió, muy levemente… y la besó.

Un beso lento.

Directo.

Sin esconderse.

No fue brusco, ni desesperado. Fue intencionado. Medido. Como si quisiera que durara lo suficiente para que todo cambiara.

Moon respondió.

Sus labios se encontraron con la misma calma, pero con una profundidad que no dejaba lugar a dudas. Sus cuerpos, ya cercanos, se alinearon aún más en ese gesto, ajenas —o fingiendo serlo— al espacio reducido, a la gente alrededor… a Jacob.

Pero no lo estaban.

Nada de aquello era ajeno a él.

Porque lo estaba viendo.

Demasiado cerca.

Demasiado real.

Sofía no rompió el contacto de inmediato. Mantuvo el beso unos segundos más, sosteniendo el rostro de Moon con suavidad, como si ese momento les perteneciera solo a ellas… aunque no fuera cierto.

Cuando finalmente se separaron, lo hicieron despacio.

Sin prisa.

Sin ocultarlo.

Y entonces, casi sin transición, todo cambió.

Porque Jacob se movió.

Fue un gesto pequeño.

Pero definitivo.

Su mano, que hasta ese momento se había mantenido firme en la barra, descendió lentamente. Dudó un instante en el aire… como si aún existiera la posibilidad de detenerse.

No lo hizo.

Primero, rozó a Moon.

Un contacto leve, inseguro… casi una prueba.

Luego, su otra mano se desplazó hacia Sofía, encontrando su brazo, su costado… afirmándose un poco más.

No había brusquedad.

Pero tampoco había vuelta atrás.

Por primera vez desde que todo había empezado… dejó de resistirse.

El contacto de Jacob, aunque inicialmente inseguro, no se retiró.

Al contrario.

Sus dedos permanecieron donde habían aterrizado, como si necesitara confirmar que aquello era real. Primero en Moon… luego en Sofía. Dos puntos de contacto distintos, dos sensaciones que lo desbordaban al mismo tiempo.

Moon reaccionó con un leve estremecimiento.

No exagerado. No teatral.

Pero suficiente.

Giró apenas la cabeza, lo justo para que su mirada se deslizara hacia atrás sin enfrentarlo del todo. Su respiración se volvió más visible en el movimiento de sus hombros, y su cuerpo, lejos de apartarse, se acomodó mejor contra él… como aceptando ese contacto sin necesidad de palabras.

Sofía, en cambio, fue más directa.

Su mano, que aún descansaba cerca del rostro de Moon, descendió lentamente, pasando por su cuello, su hombro… hasta encontrar la mano de Jacob. La sostuvo un instante, guiándola apenas, como si le diera permiso sin decirlo.

Un gesto suave.

Pero cargado de intención.

Jacob no retiró la mano.

Sus dedos se afirmaron un poco más, explorando con cautela, sin brusquedad, como alguien que aún no cree del todo lo que está ocurriendo. Su otra mano, apoyada en el costado de Sofía, se deslizó apenas, adaptándose a su forma, reconociendo su presencia con más seguridad que antes.

El espacio entre los tres desapareció.

El autobús seguía avanzando, ajeno, pero dentro de ese pequeño núcleo todo había cambiado. Ya no eran roces. Ya no eran accidentes.

Eran decisiones.

Sofía volvió a buscar a Moon.

Esta vez no esperó.

La atrajo ligeramente hacia ella con la mano en su nuca, y sus labios se encontraron de nuevo, con más hambre, con menos contención. El beso fue más profundo, más lento… como si quisieran alargarlo, hacerlo inevitable.

Y esta vez, Jacob no fue solo espectador.

Su cercanía ya no era pasiva.

Su rostro se inclinó apenas, casi sin darse cuenta, como si el gesto naciera solo. Su respiración se mezcló con la de ellas, tan cerca que ya no había separación clara entre quién estaba dentro y quién fuera de ese momento.

Moon lo sintió.

Y, sin romper del todo el beso con Sofía, giró ligeramente, lo suficiente para que ese círculo se cerrara. No fue inmediato. Fue gradual. Un roce primero. Una proximidad que se convirtió en algo más cuando sus labios, por un instante, también encontraron los de él.

Breve.

Pero suficiente para romper cualquier límite que quedara.

Sofía sonrió contra la piel de Moon, aún muy cerca, mientras su mano recorría lentamente el brazo de Jacob, subiendo hacia su hombro, manteniéndolo dentro de ese juego sin necesidad de palabras.

Jacob ya no dudaba.

Sus manos, ahora más seguras, se movían con una mezcla de cautela y deseo contenido, respondiendo a lo que sentía, a lo que ellas permitían, a lo que el momento exigía.

El autobús volvió a frenar.

Pero ninguno de los tres se apartó.

Porque ya no estaban resistiendo nada.

Ya habían cruzado.

El vehículo dio un pequeño bote al detenerse en el semáforo y los cuerpos se apretaron aún más.

Jacob sintió cómo el pecho generoso de Sofía se aplastaba contra su costado derecho y cómo el culo firme de Moon se acomodaba contra su polla, que ya estaba completamente dura bajo los vaqueros.

Sus manos ya no se conformaban con roces tímidos.

La derecha se deslizó por la cintura de Moon, metiéndose bajo el borde de su top fino hasta encontrar la piel caliente de su vientre.

La izquierda, más atrevida, bajó por la cadera de Sofía y se coló bajo la falda corta, agarrando un cachete de su culo con fuerza.

—Joder… —murmuró Jacob contra el pelo de Moon, casi sin voz. —…aahh Jacob…— gimió Moon. —Jacob…

El nombre lo detuvo todo.

Su mano derecha se quedó inmóvil sobre la cadera de Moon, los dedos todavía bajo el borde de su falda. Su mano izquierda, que ya acariciaba el costado de Sofía, también se congeló.

Su respiración cambió de golpe.

Durante un segundo, el mundo volvió: el autobús, la gente apretada, el ruido del motor, el vaivén constante.

¿Cómo coño sabía su nombre?

Se apartó apenas unos milímetros, lo justo para recuperar un hilo de aire y de cordura… pero no lo suficiente como para romper el contacto. Sus manos seguían rozando a ambas chicas.

Moon lo sintió inmediatamente. Esa grieta. Esa duda repentina.

Y la aprovechó sin piedad.

No se giró. No hacía falta.

Su voz salió baja, calmada, pero ahora con una intimidad distinta, más peligrosa:

—Tranquilo…

Una pausa breve, casi cariñosa.

—Llevo días observándote, Jacob.

Él no respondió. No podía. Su mente intentaba procesar aquello mientras su polla, traicionera, seguía dura contra el culo de Moon.

Instintivamente, como si su cuerpo intentara recuperar el control, Jacob levantó ambas manos de las caderas de las chicas, separándolas apenas unos centímetros.

Moon y Sofía reaccionaron al mismo tiempo.