La graduada (Cazadoras 2) Capítulo 21
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Capítulo 21

Miré una segunda vez el identificador de la llamada en mi teléfono.

Tyler. Suspiré, porque sabía que Ray no había sido el único que había visto aquella fotografía.

Seguramente Tyler estaría enfadado conmigo porque me había reunido con Trevelyan a sus espaldas.

Pero soy una mujer adulta que sabe que debe aceptar las consecuencias de sus actos.

Cumplir mi venganza contra Ray había destruido toda posibilidad con Tyler, y debía aceptarlo.

Con razón, la tía Desiré dijo que la venganza trae más de lo que buscas, y casi siempre no es bueno. La venganza granjea muchos enemigos.

—Supongo que has visto la foto. —Ni siquiera un hola, era mi forma de asumir mi responsabilidad.

—Necesito que me lo expliques, porque en este momento todo lo que me ronda la cabeza no es bueno.

—Podía imaginármelo. Saber que le había decepcionado me estaba rompiendo por dentro.

No me importaba que el resto de los implicados sintieran que los había utilizado, bueno, sí, pero no era lo mismo que con Tyler.

Su decepción me dolía de una manera que no era capaz de asumir.

—Preferiría hablarlo cara a cara. —Al menos quería tenerlo frente a mí cuando se lo explicase, obligarle a escuchar toda la explicación, quisiera o no. A través del teléfono podía simplemente colgar y mandarme al infierno.

—Necesito algo para no volverme loco hasta que eso ocurra. —Como decía, la imaginación era un arma terrible.

—Trevelyan me ha hecho una oferta de trabajo. —Ir directa al grano era lo mejor. No era toda la verdad, pero tampoco es que pudiese contársela sin revelar algunos secretos que no debía conocer, como la existencia de la hermandad y sus reglas.

El silencio que siguió me obligó a comprobar que la línea no se había cortado. ¿Me había colgado?

—¿Tyler? —pregunté. El suspiro que escuché de sus labios me hizo estremecer.

—Sí, tienes razón. Es mejor hablarlo en persona. —Al menos no me había colgado.

—¿El castillo Belvedere? ¿A la misma hora? —Esperaba que un ambiente relajado me ayudase. Y que el recuerdo del primer encuentro que tuvimos juntos con nuestro cliente le ayudase a estar algo más receptivo.

—De acuerdo. Allí estaré.

Necesitaba despejarme, y lo mejor para hacerlo siempre es caminar.

No sé al resto de la gente, pero cuando mis pies se mueven, mi cerebro trabaja mejor para buscar soluciones.

Hay quien consulta sus problemas con la almohada, yo me pongo a caminar por un lugar conocido y dejo que mi mente divague.

Así que me puse ropa y calzado deportivo, y salí en dirección a Central Park con tiempo de sobra.

Estaba llegando a la intersección de la 60 con Park Ave, cuando un delicioso olor a café llegó a mi nariz.

Decidí desviarme antes para pasar por el café Bilboquet y tomar algo dulce con una buena dosis de cafeína.

Los ojos se me fueron directos a un muffin de arándanos al que no me resistí.

La vida tenía que ser así de fácil, desear algo y conseguirlo, sin dramas.

Con mi premio en una mano, y el café en la otra, me dispuse a retomar mi camino, pero la imagen de Tyler en la puerta, observándome, me dejó paralizada.

Sus ojos me escrutaban detenidamente, como si calculase lo que iba a llegar ahora.

Al igual que yo, seguramente todavía no estaba preparado para encontrarme.

Así todo, fueron sus pies los que primero se movieron, los míos parecían haberse quedado pegados al suelo.

¿En serio? ¿Dónde había quedado la mujer arrolladora y segura de sí misma que era capaz de negociar contratos millonarios sin sudar una gota?

—Los dos pensamos en lo mismo. —Señaló con la mirada el contenido de mis manos.

—Podría decir que las grandes mentes piensan igual, pero esto ha sido obra de mi estómago, no puedo llevarme el mérito. —Sonreí ligeramente al decirlo.

—Espérame en esa mesa, voy a pedir uno para mí. —Señaló primero una mesa para dos en el pasillo, y después su mirada quedó enganchada en mi muffin.

—Arándanos —dije mientras lo movía ante él. Tyler asintió y me dio la espalda.

Con las rodillas temblándome, me acerqué hasta la mesa y me senté en una de las sillas, dando la espalda a la entrada.

Así no le perdería de vista a él. Miré mi dulce, pero las ganas que tenía antes de devorarlo se habían esfumado, mi estómago se había cerrado, no podía meter nada dentro.

Estupendo, ¿cuándo fue la última vez que un chico me quitó el apetito?

Ladeé la cabeza mientras admiraba lo bien que le quedaban los pantalones vaqueros a Tyler.

Si un traje le sentaba tan bien como a un modelo de GQ, aquellos vaqueros no se quedaban atrás.

Debía seguir cuidándose, porque todavía conservaba ese cuerpo atlético de cuando estaba compitiendo.

No, no era un cuerpo como el de Jack, el suyo era más estilizado, aunque no tanto como en su etapa de tenista, ahora parecía tener más músculo, más…

—¿Estás bien? —preguntó casi a mi altura. Mentalmente me golpeé, había estado tan distraída con su cuerpo que no me había dado cuenta de que estaba a mi lado.

—Eh, sí. Solo estaba pensando. —Bajé la mirada hacia sus manos, que estaban depositando su café y su bollo sobre la mesa.

—Siento lo de antes. —Sus palabras me hicieron alzar la cabeza para mirarlo directamente.

—¿Qué quieres decir? —No entendía a qué venía aquella disculpa.

—Sé que nuestra colaboración solo implicaba la negociación de Jackson. Lo que hagas fuera de ahí no es asunto mío, pero… —Soltó un suspiro, como si se sintiese derrotado.

—¿Pero? —le animé a continuar. Sus ojos se alzaron de nuevo hacia mí, al tiempo que su cuerpo pareció llenarse nuevamente de energía.

—Estuve pensando en lo que dijo Tara, en lo de ficharte para la empresa.

Sé que eso nunca sería posible, porque tú tienes tu propia empresa, soy consciente.

Pero… ya hemos colaborado una vez y pensé que podíamos intentar hacer de esto algo más permanente.

—Sus ojos vacilaron unos momentos, pero finalmente se quedaron fijos en los míos—.

¿Dennise? —Parpadeé un par de veces, tratando de centrarme en sus palabras, en lo que me estaba pidiendo.

—¿Quieres… quieres que nos asociemos? —No podía creérmelo. Yo pensando que iba a lanzarme a las llamas del averno, y ahora me encontraba con una oferta como esta.

—Ni de lejos podría ofrecerte la estabilidad ni la seguridad económica de los Giants.

Lo único que puedo garantizarte es que trabajaremos mucho, yo el que más, porque tú ya tienes una reputación, y tendré que esforzarme para llegar a tu altura.

Ahora soy un desconocido en el mercado, y seguramente parezca que estoy desesperado por agarrarme a tu fama, pero te juro que no es por eso.

Solo… solo he visto cómo trabajas y soy consciente de que te necesito…

te necesitamos —rectificó—. Y estoy convencido de que entre los cuatro podemos dar forma a la agencia deportiva más completa y competente que se haya creado en esta ciudad.

Mi espalda se recostó completamente, no podía creérmelo. Tyler me quería en su equipo, ¡no!, quería que trabajásemos juntos. Mi pecho empezó a repicar, como si cientos de burbujas estallasen dentro de él. Acababa de abrirse una nueva ventana de posibilidades y no la dejaría pasar.