La graduada (Cazadoras 2) Capítulo 19
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Capítulo 19

El lunes a primera hora recibí una llamada de Trevelyan.

Estaba repasando las noticias de los diarios deportivos, buscando algún comentario sobre la renegociación de Jack con los Giants, pero no había encontrado nada.

Como supuse, los muy arrogantes no querían que nadie supiera lo que se había hablado en nuestra reunión.

No me molestaba que fuese así, porque era algo que ya preveía.

No tenía registrado el número desde el que me llamaron, pero en cuanto se identificó, ya sospechaba de qué quería hablarme.

—Verás, Dennise. Hemos estado hablando en la junta directiva y hemos decidido ofrecerte un puesto dentro de nuestro departamento jurídico.

¿Te interesaría? —A mi mente llegó esa frase que decía «me encanta que los planes salgan bien».

¿Era de Aníbal Smith del Equipo A? Creo que sí. No me pregunten cómo lo sé.

—Necesitaría más detalles para sopesarlo. —Me recliné en mi silla esperando su oferta.

—¿Qué te parece si lo discutimos tranquilamente esta tarde? ¿Podrías acercarte a nuestras oficinas a las cuatro? —Ese era su terreno, algo que debía evitar para que mi plan funcionase como yo quería.

—¿Y encontrarme con ese inepto de Raymon Jones? No, gracias.

—Creí que sabías separar las emociones personales del trabajo. —Esperaba esa réplica.

—Una cosa es negociar un contrato de millones de dólares y otra muy distinta tener que soportar cada día a un imbécil que se cree el ombligo del mundo.

Tengo un nivel de tolerancia bastante pequeño con ese tipo de gente —dije de forma despectiva.

No soy así, pero debía mantenerme en mi papel de diva si quería conseguir lo que quería.

—Está bien. ¿Qué te parece en Chef Pierre ? Sería un placer invitarte a almorzar mientras charlamos sobre el asunto. —Un lugar público, justo lo que quería.

—Dígame la hora y allí estaré.

La primera parte del plan ya estaba conseguida. La segunda parte era un poco más enrevesada, pero con ayuda era fácil conseguirlo.

—Yumi, ¿tienes un minuto? —pedí desde la entrada a su habitación.

—Claro. —Apartó su ordenador a un lado para prestarme atención.

—Es el momento de activar al cotilla. —Habíamos preparado este paso juntas, estaba planificado con minuciosidad, solo necesitábamos saber dónde y cuándo.

—De acuerdo. —Su espalda se enderezó, de igual forma que un soldado se prepara para acatar las órdenes.

—¿Estás segura de que Ray se enterará a tiempo? —Le tendí un post-it con la dirección y la hora en la que debía realizarse ese supuesto espionaje.

—Me encargaré personalmente de hacerlo. —En otras palabras, la fotografía incriminatoria llegaría directa a su teléfono, enviada por una fuente anónima.

—Entonces, adelante. —Ella asintió ante mi orden. La ofensiva estaba en marcha.

Dos horas más tarde, mientras terminaba mi ensalada especial de la casa y repasaba las condiciones de mi contratación, me llegó el aviso de que la fotografía en la que se me veía sentada a la misma mesa que Trevelyan, con el titular «¿Renovación a la vista?

La representante de Jackson Newman y el directivo de los Giants, George Trevelyan, reunidos», había sido publicada en un blog de noticias deportivas.

Si no me equivocaba, Ray habría recibido el aviso al mismo tiempo que yo.

Solo era cuestión de esperar lo que tardaba en leer la noticia y ponerse en marcha.

—¿Y si te prometo que no volverá a molestarte? —ofreció Trevelyan en un último intento.

—¿Ray? No es de los que acepta la derrota de forma deportiva. Prefiero tenerlo bien lejos, si es posible. —Trevelyan suspiró, sabedor de que le estaba pidiendo demasiado.

Despedir a Ray significaba quedar mal con la persona que le había introducido en el equipo legislativo de los Giants.

Pero tenía que elegir entre una pieza fuerte como lo era yo, con un potencial invaluable, o arriesgarse a tenerme enfrente en otra negociación.

¿Qué soldado se encuentra un arma en plena guerra y no la guarda para usarla cuando la necesite?

Mi ultimátum había sido claro: o Ray o yo.

No podía tenernos a los dos en el mismo equipo, aunque mi categoría fuese más alta.

¿No lo he dicho? Mi contrato era mucho mejor que el suyo, entraría a ocupar un puesto que le dejaría a él a la altura de un becario.

¿Humillarlo así no era suficiente? No, no lo era.

Mi plan era mucho más ambicioso. ¿Por qué esperar a que se rearmase?

¿Por qué condenarme a una continua lucha?

No. Mi objetivo no era solo sacarlo de la partida, era expulsarlo del terreno de juego, al menos del mío.

El único enemigo al que no debes temer es al que está muerto.

—Eres una dura negociadora. —Casi sonrió al decirlo. Yo sabía que era precisamente eso lo que le estaba empujando a aceptar mis peticiones.

No consiguió seducirme con dinero, ni con otro tipo de incentivos. Cualquier cosa que me ofreciera no podía competir con mi deseo de que Ray no estuviese en mi equipo, y eso se lo dejé bastante claro.

—Por eso quieres contratarme. —Sonreí antes de beber un corto trago de mi vaso de agua.

—No puedo prometerte eso sin antes consultarlo. —Lo miré de esa manera que decía «cobarde», al tiempo que lo desafiaba.

—Lo entiendo. Y tú sabes que no soy de las que cede, ni de las que pierde el tiempo. —Conseguí arrancarle una sonrisa cómplice.

—Lo sé.

—Entonces nos entendemos. Y ahora, si me disculpas —miré mi reloj para enfatizar mis siguientes palabras—, tengo compromisos que atender. —Sus ojos me siguieron mientras me ponía en pie.

—¿Ni siquiera te quedas a tomar el postre? ¿Un café? —preguntó extrañado. Yo negué con la cabeza.

—Cuando tengas una respuesta que darme, ponte en contacto conmigo, Trevelyan, quizás me pilles de buen humor y acepte.

—Con aquella respuesta me aseguraba no confirmarle nada.

Decirle que no después de que hubiese despedido a Ray sería igual de gratificante que haberles humillado con la negociación de Jack.

Poca gente habría jugado con Trevelyan de la misma manera que yo, y mucho menos habría salido reforzada de su juego.

Es difícil darle una paliza a un lobo y que este no te guardase rencor.