La graduada (Cazadoras 2) Capítulo 17
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Capítulo 17

No pude esperar para darle las buenas noticias a Yumi.

Trabajar con Jack podría darle esa oportunidad que deseaba.

Pero cuando entré en su habitación, me di cuenta de que ella probablemente había visto el abrazo que habíamos compartido en su coche.

Que quieren, Yumi es de ese tipo de personas que puedes leer fácilmente.

—Tengo buenas noticias. —Ella trató de sonreír, como si realmente se alegrase.

—Dispara. —La entendía, las malas noticias era mejor despacharlas rápido, como las tiritas, se quitaban del tirón para no alargar la agonía.

—Jack quiere que le metas mano a sus redes sociales. —Sus cejas se alzaron sorprendidas.

—¿En serio?

—Eso es lo que me ha dicho. —Me senté a su lado, porque lo que iba a decirle era importante—.

Jack lo ha estado pasando mal con el asunto de Diana y, por lo que me ha contado, tampoco confía mucho en la gente.

Se han aprovechado demasiado de él, y le han hecho daño.

Así que el que confíe en ti para hacer esto es un paso muy importante.

Le he asegurado que lo dejo en buenas manos, que lo tratarás con cuidado. —Ella estiró el cuello con decisión.

—Por supuesto que lo haré, soy una profesional.

—Eso pensaba. ¿Cómo va el asunto de Diana?

—Él no sabe lo que estás haciendo con su ex, ¿verdad?

—Acabo de contárselo y está completamente de acuerdo. De hecho, quiere participar en todo lo que hagamos al respecto. —Ella asintió, conforme.

—Al final os parecéis más de lo que pensáis. —No, no podía ir por ahí.

—No te creas, yo ya he cerrado esa herida. Él todavía está en recuperación. Algún día estará preparado para sanar y lo hará con una buena chica. —¿Se daría cuenta de que estaba hablando de ella?

—Hasta que ese día llegue, tendremos que cuidarlo.

—Es lo que hacen los amigos, cuidarse unos a otros. —La expresión de Yumi se entristeció, pero antes de que pudiera decirle que tenía vía libre con Jack, sonó el fuerte croar de una rana en su teléfono, sobresaltándonos a ambas.

—Creo que tenemos noticias. —Saltó hacia su ordenador portátil, para buscar el origen de aquella alarma.

¿No he dicho que Yumi es peculiar? Había vinculado las alarmas de noticias de Diana y Ray con ese ruido tan particular.

Y estaba de acuerdo con ella, les quedaba que ni pintado.

Los dos eran unos sapos apestosos y asquerosos.

Me incliné encima de su hombro para ver lo que su rastreador había encontrado. La verdad, yo solo veía fotografías de gente divirtiéndose en lo que parecía un club de moda, aunque la persona que había tomado las imágenes se había tomado su tiempo en etiquetar a un jugador de béisbol.

—¿El samoano? —Escudriñé entre la gente de la imagen, buscando a alguien con un aspecto étnico de esa isla del Pacífico Sur. ¿Recuerdan a ese actor llamado The Rock, Dwayne Johnson? Pues no sé por qué buscaba algo parecido.

—Justin To´omata —informó Yumi—. El pícher zurdo de los New York Mets. —Su dedo viajó al recuadro que lo etiquetaba. Con razón no le había visto, estaba muy alejado en la imagen.

—¿Y qué tiene que ver ese Justin con…? —Estaba formulando la pregunta cuando Yumi saltó a otra fotografía en la que se veía a Justin devorándole la boca a Diana.

Estaban medio escondidos, pero los habían cazado, aunque el tipo que sacó la foto no se había percatado de que fueran ellos, solo había etiquetado en esa fotografía a otro de los compañeros de Justin en los Mets—.

Vaya. Parece que Diana tampoco es de las que pierde el tiempo.

—Apenas un mes desde que saltó a la luz su relación con Ray, echando por tierra la que tenía con Jack, y ahora se liaba con otro jugador. ¿Habían roto Ray y ella?

—Sé lo que estás pensando —dijo Yumi sin apartar la mirada de la pantalla.

—Ah, ¿sí?

—Saberlo te costará lo mismo de la otra vez. —Sabía a qué se refería.

—Llámalo —le ordené.

—¿Estás segura? —¿Lo estaba? Hurgar en la vida privada de la gente no era muy ético, pero ya la habíamos pillado, solo era cuestión de averiguar un poco más.

—Sí —le aseguré.

—Está bien, tú pagas. —Yumi abrió la aplicación de mensajería instantánea y tecleó. La respuesta no tardó en llegar.

—Las mismas condiciones de la otra vez. —Eso significaba sin facturas, y sin posibilidad de dar marcha atrás. Nuestro pirata informático haría el trabajo y nos enviaría la información después de pagar lo pactado.

—Menos mal que no tuvimos nada que ver con la foto de Ray y Diana que salió en los medios, porque si no… —La mirada asesina de Yumi se posó sobre mí.

—Es nuestro amigo ahora, no lo era entonces —le recordé—.

Pero es verdad, tendríamos que contárselo.

Una cosa que nos ahorramos. —Yumi tenía el contacto del hacker, ¿habría sido ella?

¿Quién estaría interesado en destapar la relación de esos dos?

Sacudí la cabeza tratando de quitar esas ideas de mi cabeza.

Jack era el jugador estrella de los Giants, lo que hiciese su novia era interesante para los paparazzi sedientos de noticias escandalosas, y esa lo había sido.

—Y hablando de los chanchullos con tus futuros clientes…

—Sabía que lo decía porque antes de aceptar a un cliente quería saber si era una buena persona.

¿Me imaginan representando a un mal tipo que jugaba con las mujeres como lo hacía Ray?

Eso nunca ocurriría. Si los clubes deportivos para los que querían fichar los explotaban, se lo tenían merecido.

Era una manera que tenía el karma de intervenir, y yo jamás me interpondría entre la justicia divina y su forma de castigar a los chicos malos—.

Quizás tendríamos que pensar en conseguirnos un sabueso de forma permanente —sugirió.

—¿Te refieres a contratar a un hacker permanentemente?

—Esa gente me daba miedo, no por lo que podían hacer, sino porque si se acercaban demasiado a ti, su lado oscuro podría salpicarte—.

No siempre necesitamos ese tipo de información extra —le recordé—.

Y nos saldría demasiado caro. —Su tarifa era considerable para un trabajo que seguramente le llevaría un par de horas.

No quería ni pensar si teníamos que pagar una jornada completa.

—Ya, tienes razón. —Pero algo se cocía en la cabeza de Yumi. Esperaba que no nos trajese problemas. Sacudí la cabeza apartando esa idea, Yumi nunca haría algo que nos perjudicase, era una chica muy seria.