La graduada (Cazadoras 2) Capítulo 16
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Capítulo 16

Jack nos acompañó hasta la embajada, pero esta vez no accedió a pasar por los controles de seguridad, así que se despidió en el coche, al menos de Yumi.

—¿Podríamos hablar a solas? —preguntó, mientras indicaba con la mirada que la que sobraba era Yumi. Lo que le faltaba a la pobre, un rechazo en toda regla. Casi escuché cómo se rompían los pocos trozos de su corazón que todavía seguían en pie.

—No te preocupes, puedo subir sola. —Otros podrían haber ahogado sus penas en alcohol, pero no Yumi. No estaba ebria, aunque si lo hubiese estado, el equipo de seguridad de la embajada se encargaría de llevarla hasta su habitación.

—Iré enseguida —le prometí.

Apenas la puerta del auto se cerró, toda la atención de Jack se posó sobre mí.

—Todavía nos queda uno. —Su voz sonó dura, como solo puede modularla alguien con sed de sangre.

—Lo sé. Tengo a mi mejor activo rastreando a esa perra. —Mis ojos se desviaron hacia la figura de Yumi, que en ese momento desaparecía por el portal del edificio.

—¿Ella? —preguntó incrédulo Jack.

—No tienes idea de la información que puede conseguirse en las redes sociales, solo hay que saber buscar.

—No sé cómo eso puede lastimar a Diana. Si ella la cuelga en internet es porque quiere que todo el mundo sepa lo que hace.

—Sabía que se refería a las fiestas y las personas con las que se relacionaba en ellas, la incesante exposición de su intensa vida social.

Diana publicaba incluso lo que desayunaba cada mañana.

No entiendo a la gente que necesita mostrar ese tipo de cosas al mundo.

—No estoy hablando solo de lo que ella publica. —Jack frunció el ceño, confundido.

—¿Quieres decir lo que publica otra gente y la etiquetan? —Pobre ingenuo.

—Estamos en 2023, te has quedado un poco atrasado tecnológicamente. ¿Has oído hablar de la IA? —Él asintió, pero no sabía hacia dónde quería ir—. Yumi puede rastrear la imagen de Diana en las fotografías y vídeos que suben otras personas. —Algo golpeó a Jack.

—¿Tú sabías…? —no se atrevió a terminar la frase.

—¿Que te engañaba antes de que apareciesen las imágenes de ella y Ray saliendo de ese hotel?

—Sí. —Esa era su sospecha.

—Lo descubrí unos días antes del confinamiento. —Mi revelación lo golpeó con dureza—. Pero no de la forma que estás pensando. —Otra vez ese gesto de confusión en su rostro.

—¿Cómo…? — Suspiré antes de dejar salir lo que seguía quemando mi pecho cada vez que lo recordaba; aunque ya no dolía, solo me incitaba a golpear más fuerte.

—Los sorprendí a ambos teniendo sexo —confesé, aunque preferí no dar detalles.

—Sé lo que se siente. —Jack posó su mano sobre mi hombro, tratando de consolarme.

—Yo también sé lo que sentiste tú, porque esos dos me engañaron durante mucho tiempo. Me utilizaron a su conveniencia, jugaron con mis sentimientos porque así conseguían algún tipo de beneficio.

—Por eso te has vengado humillando a Ray, demostrándole que eres mucho mejor abogado deportivo que él, despreciándole delante de sus jefes. —Una risa ahogada escapó del fondo de mi garganta.

—Oh, todavía no he terminado con él. —Jack se alejó de mí, consciente de que lo que había detrás de mi mirada asesina era dañino.

—Me das miedo. —Sí, esa era yo, una máscara hermosa detrás de un demonio vengativo—. Pero me gustas. —Volví a mirarlo, para encontrar una sonrisa diabólica en sus labios. De alguna manera, él conectaba conmigo. Queríamos lo mismo, que esos dos pagaran por lo que nos habían hecho.

—Tú estás a tiempo de salvarte. Yo ya soy un monstruo sin redención —reconocí con una sonrisa triste.

—Ninguno de los dos la tenemos. —Su mirada se tornó igual de apesadumbrada que la mía. Seguramente a él le pasaba como a mí, ya no podríamos confiar nuestro corazón a nadie. Yo tuve la suerte de contar con mi familia, y con Yumi. Desiré y ella siempre estarían a mi lado, nunca me lastimarían.

—La venganza no es la mejor base para una amistad, pero hay vínculos peores. —Traté de sonreír con honestidad.

—Quiero que confíes en mí, porque estaré a tu lado todo lo que dure este viaje.

—¿Estás seguro? Hay cosas que sería mejor que no supieras. —Porque no quería que me viera como una amenaza aún peor de la que podía llegar a ser.

—Lo que quieras contarme está bien, aunque me gustaría saberlo todo. Hagas lo que hagas, me tendrás aquí para lo que necesites —se ofreció.

—No lo digas muy alto, porque puedo tomarte la palabra —bromeé.

—Lo digo en serio.

—Ya, pero yo estoy pensando en que puede que pronto necesite unos brazos fuertes para una mudanza, y no sé si eso encaja en tu ofrecimiento. —Jack sonrió como un niño.

—Por un amigo, lo que sea.

—Amigos —repetí. Antes de darme cuenta, estaba metida dentro de un abrazo rompe huesos. ¿Molestarme? De ninguna manera, era reconfortante.

—Llámame —me pidió después de soltarme.

—Oh, lo haré. Te vas a hartar de mí. Eres una de las pocas personas con las que puedo hablar de todo esto, de hecho, eres el único hombre —confesé.

—Entonces es un honor entrar a formar parte de tu pequeño aquelarre. —Me fue imposible contener la carcajada que escapó de mi boca.

—No puedo prometerte pociones que convierten a la gente en sapos, pero sí un caldero muy grande donde cocinarlos.

—Con eso me vale. Últimamente no confío demasiado en la gente. —Sonrió de forma triste. El pobre debía de estar pasándolo mal; por experiencia, sé que un amigo puede ayudarte a llevarlo mejor.

—Bueno, tengo que irme. —Tomé la manilla de la puerta para abrirla.

—Dile a Yumi que me encantaría que le diese un repaso a mis redes sociales —dijo antes de que abandonase el vehículo.

—¿Dejarías tu vida pública en manos de una desconocida? —Acababan de conocerse como quien dice, y Yumi no estuvo muy sociable, no de la forma que podría ser ella.

—Si tú confías en Yumi, yo también. —Asentí ante su petición.

—Hablaré con ella. —Cerré la puerta y me despedí de él con un movimiento rápido de la mano.