La graduada (Cazadoras 2) Capítulo 15
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Capítulo 15

Jack parecía algo cohibido y no le culpaba.

Solo con el registro que sufrió nada más poner un pie en el edificio, ya debía de sentirse bastante incómodo.

Él era un simple chico de pueblo que salió del rancho de sus padres para irse a la universidad.

No tenía mucha experiencia con embajadas y todo el control de seguridad que conllevaba pisar suelo extranjero.

Por si eso no fuese suficiente, toda la decoración a nuestro alrededor eran piezas centenarias de la cultura japonesa.

Auténticas obras de arte que, por su gesto de llevar las manos en los bolsillos, parecía tener miedo de romper en un descuido.

Le entendía perfectamente, a mí me sobrecogió también cuando Yumi me dijo que la armadura de la entrada tenía más de seiscientos años y que había pertenecido a uno de sus antepasados.

—Enseguida vuelvo —informé. Jack asintió con la cabeza, para después prestarle atención a otra pieza expuesta tras una de las vitrinas del pasillo.

Al menos estaría entretenido. Si no recordaba mal, él había estudiado historia del arte, apreciaría tener la oportunidad de inspeccionar aquellos objetos tan cerca.

Ahora que lo pensaba, ¿no era demasiada coincidencia que la gente a mi alrededor hubiese estudiado esa carrera?

Quizás el karma tratase de decirme algo.

Caminé hasta mi habitación, donde me vi sorprendida por una mano que tiró de mí cuando llegué a la puerta.

—¿Cómo se te ocurre traerlo aquí? —Yumi me observaba desde debajo de los mechones desperdigados de su desordenado moño. Estaba claro que no esperaba visitas, y menos la de Jack. Con lo coqueta que era, no estaría demasiado contenta de que Jack la encontrase con aquel aspecto.

—Solo he venido a cambiarme, enseguida nos vamos.

—Ah. —Su espalda se enderezó, como si acabase de darle un golpe brusco a su deducción.

—Vamos a tomar una pizza para celebrar el acuerdo que hemos conseguido. ¿Quieres venirte con nosotros? —Yo no podía desviarme de mi objetivo, pero no veía ningún inconveniente en que ella y Jack confraternizaran un poco. A fin de cuentas, aunque ella no me lo había confesado, sabía que le gusta.

—No, esta es una celebración vuestra. Yo no pinto nada ahí. —Sus hombros se habían caído, señalándome su rendición. Pero no la mía, acabaría empujándola en el camino de Jack.

—Está bien, quizás la próxima. —Ella sonrió tristemente.

—Sí, quizás la próxima. —No podía dejarla ir así.

—¡A la mierda!, ponte unos vaqueros, iremos todos. Es buen momento para que el equipo al completo se conozca. —Yumi frunció el ceño, confundida.

—¿Equipo?

—Sí, tú y Tara, y tampoco conoces a Tyler —le recordé.

—Estaba allí cuando te interceptó en el museo, ¿recuerdas?

—Ya, pero no hablaste con él. Y conocer a alguien implica intercambiar algunas palabras. Así que ve a cambiarte, te vienes con nosotros. —La empujé para que saliese de mi cuarto y fuese al suyo a hacer lo que le estaba pidiendo.

—Pero… —intentó protestar.

—Pero nada. Es una reunión de empresa fuera de la oficina, para socializar.

Cerré la puerta a su espalda y empecé a teclear en mi teléfono para enviarle un mensaje a Tyler con el cambio. El ok no tardó mucho en llegar. Estaba claro que él pensaba que era una buena idea conocernos todos.

¿Puede alguien mantener un perfecto glamour con ropa informal?

Yumi podía. Es notable lo que puede hacer la motivación, sobre todo si esta venía dentro de unos ajustados pantalones vaqueros.

Tengo que decirlo, Jack llenaba esos pantalones como nadie, y la camiseta ídem de ídem.

Lo que estropeaba su imagen era ese ceño entre las cejas, y eso era culpa mía.

—Ah, olvidé decirte. Hemos pensado que, ya que invitas tú, no te importaría pagar una pizza extra y un par de cervezas más. Creo que todo el equipo nos merecemos esa gratificación por haber conseguido nuestro objetivo —expliqué.

—¿Equipo? —Su ceja derecha se alzó, dando énfasis a su pregunta.

—Jack, esta es Yumi Honekawa, nuestra especialista en márquetin y redes sociales.

—Me suenas. —Sus ojos se entrecerraron, mientras trataba de ubicar a mi amiga.

—La fiesta benéfica en el MoMa, hace unos días. Vestido gris perla, con rosas bordadas… —se describió.

—Ya lo tengo. —Noté como crecía una sonrisa esperanzada en Yumi—. Honekawa. Es el apellido que he visto en la placa de la entrada. ¿El cónsul es familiar tuyo? —Su sonrisa se esfumó.

—Es mi padre —dijo sin entusiasmo—. Tengo hambre, ¿nos vamos? —Noté cómo su sonrisa falsa aparecía antes de darnos la espalda. Podía fingir que no le había dolido, pero ser ignorada por el chico que te gusta duele lo mismo con 15 que con 24 años.

—Eh, sí. Una colección magnífica, por cierto. —Jack siguió con la mirada los pasos de Yumi mientras se alejaba por el pasillo.

Sentí lástima por Yumi, pero la cosa no mejoró.

¿Conocen esa ley que dice «si las cosas van mal, pueden ir peor»?

Creo que Murphy tiene algo que ver con ello.

Pues bien, el clavo que remató el ataúd de Yumi fue Tara.

Guapa, simpática y con una personalidad arrolladora.

Jack no pudo escapar de su magnetismo, lo que agrió un poco más el ánimo de mi amiga.

—En serio, tú pídeme lo que quieras que yo te lo consigo —alardeó Tara, antes de morder su trozo de pizza. Jack sonrió.

—¿En serio?

—Si ella dice que puede conseguirlo, estoy seguro de que lo hará. No se le resiste nada —le aseguró Tyler.

—Una auténtica conseguidora. —No sabía si ese era el nombre correcto, pero había gente especialista en eso, en conseguir todo lo que demandaba un cliente; entradas para conciertos, reservas en restaurantes.

No importaba que estuviesen agotadas hacía meses, ni que hubiese listas de espera interminables, esa gente lo conseguía. No estaba mal contar con alguien así.

—Relaciones públicas —le corrigió ella.

—Lo único que merecía ser salvado de Starline, y me lo llevé yo. —Tyler alzó su cerveza hacia ella, dedicándole un brindis que Tara aceptó.

—Por el cambio —brindó ella.

—Por el nuevo futuro —añadió Tyler.

—Por los nuevos amigos —me sumé.

—Sí. Esta chica es una joya, Tyler. No la dejes escapar. —Él casi se atragantó ante las palabras de Tara.

—¿Qué? —preguntó mientras trataba de recuperar la respiración.

—Es un demonio negociando, y no quiere llevarse todo el mérito —explicó—. Tenemos que ficharla. —Estaba claro que había bebido más de la cuenta. No era tan modosa como la recordaba.

—No tenemos presupuesto para contratarte, pero me encantaría colaborar contigo de nuevo.

—Tyler le dio un nuevo trago a su cerveza, sin apartar su oscura mirada de mí.

Cuando lo hacía de esa manera, un abrasador escalofrío recorría todo mi cuerpo.

Lo sé, es contradictorio, pero no encuentro una manera mejor de describirlo.

Me calentaba y al mismo tiempo me hacía temblar.

No quise contestar, porque mi plan era hacerle creer a los Giants que trabajaría con ellos para que despidiesen a Ray, y eso no podría hacerlo con Tyler en medio.