La graduada (Cazadoras 2) Capítulo 14
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Capítulo 14

No tengo ni idea de qué se siente cuando marcas un touchdown , pero debía de ser algo parecido a lo que sentía en aquel momento.

Mi cuerpo vibraba como si hubiese marcado un tanto después de una larga carrera, aunque no me permití exteriorizarlo; debía mantener la compostura profesional que se esperaba de alguien como yo.

Al menos así fue hasta que las puertas del ascensor se cerraron.

—¡Sí! —expulsé un ahogado grito de victoria, mientras cerraba el puño y tiraba de una palanca imaginaria en el aire, creo que conocen ese gesto.

—Todavía no puedo creérmelo. —Me giré hacia Tyler, para encontrarle mesándose su perfecto cabello con gesto de incredulidad.

Parece ser que, en nuestro equipo, yo no era la única que sabía mantener una máscara profesional delante del enemigo.

Jack tampoco se quedó atrás, hizo una actuación estelar.

Si algún día quería dejar el fútbol, Hollywood podría ser su siguiente parada.

—Y luego dicen que el artista soy yo. Lo tuyo ahí fuera fue de óscar. —Jack parecía que estaba en mí misma onda.

—Todos hemos estado espectaculares —dije—. Somos un buen equipo. —Miré hacia Tyler, reconociendo su labor en todo esto. Realmente conocía el terreno en el que se movían los clubes deportivos.

Por un momento me perdí en el brillo de sus ojos, profundos, intensos. En la respiración agitada de su pecho, que lanzó una bomba invisible contra mi estómago. No podía ser, él no podía hacerme sentir así con solo una mirada. Deseaba besarlo, y no solo para celebrar lo que habíamos conseguido.

Aferré el poco control que me quedaba y aparté la mirada de nuevo hacia la puerta, soltando el aire bruscamente. Tenía que terminar todo el asunto, no podía flaquear precisamente ahora.

—Tenemos que celebrarlo —sugerí un segundo antes de que las puertas se abrieran, dejando el hall a nuestra vista.

Con paso firme, salí del ascensor, haciendo que mis tacones resonasen en las baldosas, repitiendo en mi mente la canción de Britney Spears a la que tenía que aferrarme.

La letra resonó en mi cabeza, mientras balanceaba levemente mis caderas de camino a la salida; crees que estoy enamorada, que fui enviada desde el cielo, pero yo no soy así de inocente.

Jugué con tu corazón . Ese era el mantra de una cazadora: seguramente te deslumbraré, pero eso no quiere decir que sea a ti a quien quiera cazar.

Como dicen los militares, todos los que se ven afectados por mi influjo son daños colaterales.

Como un tren bala que va directo a su destino sin detenerse en ninguna estación, dejará detrás de sí una estela de fuerte viento que puede derribarte, así que mejor no estés demasiado cerca.

—Invito yo. Pedid lo que queráis, ahora me lo puedo permitir.

—Jack sonrió con arrogancia. No quería decirlo en voz alta, pero con su sueldo anterior también podía hacerlo.

Además, con nuestro 10°% también podíamos permitirnos pagar un restaurante de lujo.

Pero sabía que había algo que a Jack y a mí nos gustaría especialmente; más que nada, porque nos recordaría el punto de partida del que habíamos salido para llegar hasta aquí.

—Esto se merece una «grandiosa» de carne marinada. —La gran sonrisa de Jack me confirmó que había acertado. Por un día nos merecíamos dejar atrás las restricciones calóricas y darnos un homenaje gastronómico. Y ya que nos íbamos a saltar todas las reglas, hacerlo con contundencia.

—Oh, sí. Estoy contigo.

—¿Qué me he perdido? —preguntó algo desplazado Tyler.

—¿No me digas que nunca has probado la especialidad de Tonino´s? —le preguntó Jack. Tyler seguía sin relacionar lo que Jack y yo recordábamos.

—En Riverside con la 112, pizzería Tonino´s. Si tienes algo que celebrar, ese es el sitio. —Al menos lo hacíamos en el pasado cuando conseguíamos aprobar algún examen complicado.

—¿Eso queda en el campus universitario de Columbia? —Jack asintió ante la pregunta de Tyler.

Si algo bueno tenía que agradecerle a Ray era haberme descubierto aquel sitio.

Y no, no me sentía mal porque su recuerdo estuviese conectado con ese lugar, porque si celebraba este triunfo allí, haría que fuese mío, no de él.

Creo que Jack también lo entendió así. Era nuestra manera de decirle a los Diana y Ray de nuestro pasado que nosotros les habíamos arrebatado eso.

Nosotros seguíamos teniendo motivos para celebrar, a ellos se les acabarían pronto.

—Mi atuendo es perfecto, pero me parece que vosotros dos desentonaríais bastante —advirtió Jack, mientras repasaba nuestra indumentaria con ojo crítico.

—Sí, demasiado elegantes —reconocí.

—Si la pizza merece la pena, podemos cambiarnos y quedar allí. —La sugerencia iba dirigida a Jack.

—Me parece perfecto, porque una vez que escucho «grandiosa» de carne marinada, ya no puedo quitármela de la cabeza.

¿Te acerco? —Jack se ofreció. Yo había llegado en el coche de Tyler, pero si tenía que llevarme a mi casa y luego pasar por la suya, tardaríamos el doble que si fuésemos cada uno directos a su casa.

—Dime dónde tienes tu camioneta, vaquero —bromeé.

Si no recordaba mal, Jack siempre alardeaba de no necesitar nada más que su vieja camioneta para moverse de un sitio a otro.

Era de los pocos a los que la fama no se le había subido a la cabeza.

Nada de aceptar vehículos de cortesía de alguna marca automovilística, o comprarse un modelo caro para fardar.

Jack no era así. Jack era de los pocos a los que el dinero todavía no había corrompido.

—Me encantaría ayudarte a subir al asiento —señaló con su mirada mi vestido ajustado—, pero seguro que podrás hacerlo tu sola.

—Señaló con el dedo un SUV estacionado no muy lejos de donde estábamos.

Al parecer había optado por cambiar, aunque no era tan llamativo como el resto de los vehículos estacionados allí.

Había cambiado, pero no demasiado, seguía teniendo gustos sencillos.

—Entonces, vamos, mis tripas están rugiendo por esa pizza. No quiero quedarme sin ella.

—Puedo reservar. —Giré el rostro a tiempo para advertir como la mirada de Tyler estaba sobre mí, quizás algo dura, pero rápidamente se centró en buscar en su teléfono, seguramente buscando el teléfono de Tonino´s.

—Ja, está claro que no lo conoces. Allí no se reserva, el primero que llega se queda con el sitio —le aclaró Jack.

—Es viernes, si no nos damos prisa, no conseguiremos mesa —puntualicé, mientras miraba la esfera de mi reloj.

Tenía que apartar la vista de Tyler, porque no quería pensar en que aquella mirada de reproche se debiese a que no le gustaba la idea de que Jack me cargase en sus brazos. En otro momento me habría hecho feliz provocarle esos celos, pero no podía permitírmelo ahora, no en mitad de todo el asunto.