La graduada (Cazadoras 2) Capítulo 13
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Capítulo 13

Se puede saber mucho sobre lo que está hablando una persona por su postura. El que los cuatro hombres hubiesen ido a hablar en privado sobre los últimos puntos que teníamos delante, indicaba que había límites que tenían que sopesar.

Trevelyan, como directivo negociador, tenía el poder de dar el visto bueno a las condiciones del contrato, pero antes de hacerlo, necesitaba confirmar con el responsable financiero si las demandas solicitadas por Jack eran asumibles por el club.

Había que evaluar los activos de los que disponían, lo que les quedaría en las arcas para más fichajes, lo que dejarían de ingresar si perdían a este jugador.

Eran demasiadas variables que tener en cuenta, y para eso necesitaban que Benedict, el alto ejecutivo de cuentas, diese su aprobación.

Cuando Starline quedó fuera de la negociación, Trevelyan enseguida llamó a los dos abogados de los New York Giants para cubrirse las espaldas. El CEO ya se olía que aquella reunión no iba a ser el paseo por el campo que esperaba.

—Parecen nerviosos —comentó Jack a mi izquierda. Los tres estábamos realmente atentos a lo que ocurría al otro lado de la pared de cristal.

—Yo en su lugar también lo estaría. Es mucho dinero —reconoció Tyler. Miré el tiempo que había pasado en el reloj. Quince minutos de debate.

—¿Confiáis en mí? —Me giré hacia ellos al hacer mi pregunta, consiguiendo ambos ceños fruncidos.

—¿Qué pretendes? —se atrevió a preguntar Tyler.

—Dar un golpe de efecto. —Me puse en pie y empecé a recoger las cosas que tenía sobre la mesa. Era evidente que mi intención era irme.

Tyler enseguida entendió. Se puso en pie, pero no con la intención de imitarme, sino de hacerme entrar en razón.

Se acercó a mí para susurrarme en confidencia, para que los del otro lado, que nos miraban de vez en cuando, no notasen la posible discrepancia entre nosotros.

Ya se sabe el dicho, «divide y vencerás», si el representante y el abogado no estaban de acuerdo, sería fácil quebrantar el frente de ataque.

—Podemos rebajar la oferta, todavía tenemos margen —me recordó Tyler. Podía entenderlo, él tenía miedo de perder la negociación. Tendríamos que ir en busca de otro equipo, y eso no era lo que quería Jack, todos lo sabíamos.

Miré en dirección a Jack, esperando su aprobación, o no, ante mi propuesta. Él asintió, al tiempo que se ponía en pie. Sonreí satisfecha. Él y yo estábamos aquí por algo más que un buen contrato, queríamos la humillación del club, de Ray y de todos los implicados.

—Tú mandas. —Jack confiaba plenamente en mí. Busqué la mirada de Tyler. No le gustaba tanto riesgo, pero apretó la mandíbula, soltó un suspiro de derrota y cedió.

—Está bien. Hagámoslo. —Tomamos nuestras chaquetas, que estaban sobre los respaldos de las sillas, y nos las pusimos. Hora de irse—. Recordad, esto es solo teatro. —Les guiñé un ojo a ambos antes de salir por la puerta.

Como había advertido por el rabillo del ojo, los Giants no iban a rendirse, así que enviaron a alguien a detenernos. ¿A quién?

—Didi, ¿a dónde crees que vas? —Ray extendió sus brazos interponiéndose en mi camino. Era hora de ponerlo en su sitio.

—Primero, la Didi que mencionas desapareció hace tiempo, ya no queda nada de aquella joven ingenua.

Y segundo, no tenemos por qué perder el tiempo esperando una oferta que no tenéis agallas de aceptar.

—Mi voz sonó dura e inflexible, muy lejos de la dulce Didi que él probablemente recordaba.

Me desplacé a un lado para esquivarlo y seguir adelante, flanqueada por Tyler y Jackson.

—Pero ¿qué te ocurre? Fuiste tú la que se fue sin decir nada —escupió finalmente.

—No finjas ahora que te rompí el corazón. —Advertí que Trevelyan y el resto salían en ese momento de la habitación donde se habían encerrado, lejos de nuestros oídos.

—¿Es eso? ¿Estás así porque no fui detrás de ti suplicando? —Una mirada a su espalda me dijo que tenía a los oyentes adecuados para mi actuación.

—Oh, por favor. No seas niñato. Esto son negocios, no hay espacio para sentimentalismos. —Traté de rebasarlo por un costado.

—Entonces quédate y negocia, maldita sea —gritó.

—No tienes ni idea de lo que es una auténtica negociación, Ray. Esto es un quiero y no puedo. Para jugar a esto hay que estar acostumbrado a pelear con perros grandes.

—Dennise —llamó Trevelyan, tratando de detenernos personalmente.

—Lo siento. Pero no puedo perder mi tiempo jugando a juegos de niños. —Les di la espalda, sabedora de que Tyler y Jackson me seguían.

—¿Qué pasa contigo, Jack? ¿Y tu lealtad con el equipo? —apeló Trevelyan desesperadamente.

—No me hagas reír, Trevelyan. ¿En serio?

¿Lealtad? Eso está bien cuando estás delante de la cámara convenciendo a los aficionados de que todo lo haces por el club.

Pero todos sabemos que lo único que manda es el dinero.

Tú no quieres fichar a Jackson por su supuesta lealtad al club, sino porque te hace ganar pasta.

Si él ficha por otro club que le dé más, ¿crees que sentirá remordimientos?

—Me giré hacia Jack para que apoyase mis palabras.

—Yo solo quiero jugar en el campo. —Se encogió de hombros, como si fuera simple. Sabía que para él el ambiente era importante, pero como les advertí antes, me estaba siguiendo el juego en aquel teatro.

El suspiro de Trevelyan me dijo que había tocado el botón correcto, estaba a punto de claudicar.

Dicen que en el amor y en la guerra todo vale.

Pues bien, esto era la guerra y la sobreactuación era un arma que no me importaba utilizar para conseguir mis propósitos.

¿Remordimientos? Ninguno, porque conseguiría exprimirle el bolsillo a los que más tenían, en beneficio de aquellos a los que explotaban sin consideración alguna.

A mi forma de ver, yo estaba allí para igualar la balanza, o en su defecto, inclinarla del lado del más vulnerable; el futuro empleado.

—Está bien, aceptamos el trato. —Trevelyan extendió la mano hacia mí, lo que me hizo sonreír triunfante antes de estrechársela. Después fue el turno de Jack y, finalmente, de Tyler.