La graduada (Cazadoras 2) Capítulo 12
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Capítulo 12

¿Han visto uno de esos duelos tan típicos de las películas del oeste?

Esos donde el bueno y el malo se retan a ver quién dispara más rápido, matando al otro.

Están en la calle principal de la ciudad, cada uno en un extremo, por así decirlo.

Cuando el reloj da la primera campanada, ambos disparan para matar a su oponente.

Pues bien, de pie alrededor de aquella mesa de reuniones, unos enfrente de los otros, estábamos preparados para sacar nuestra arma y liquidar a nuestro oponente, aunque de forma metafórica, claro.

—Bien, caballeros. Si no tienen nada más que añadir, será mejor que empecemos con lo que hemos venido a hacer aquí. —Deposité mi bolso sobre la mesa para sacar mi ordenador portátil y los documentos impresos que ya había preparado.

—Solo un par de minutos todavía… —Trevelyan no dejaba de mirar hacia el otro lado de la pared acristalada, como esperando a alguien.

Entonces lo vi, corriendo con un maletín en la mano, mi auténtico objetivo.

No venía solo, le acompañaba otro hombre de unos cuarenta y muchos, cuyo rostro mostraba la urgencia e irritabilidad de alguien a quien habían llamado a última hora.

En otras palabras, llegaban los refuerzos que en un principio no creyeron necesitar.

—Sentimos llegar… tarde —dijo Ray al entrar a la sala.

Aquella pausa no fue causada por la necesidad de recuperar el aire, sino por ese instante en que pareció reconocerme—.

¿Didi? —Sí, lo había hecho. Por su expresión asombrada y maravillada, estaba segura de que el cambio que veía en mí le estaba gustando, y mucho.

La canción de Adele Rolling in the deep volvió a reproducirse en mi cabeza, como lo había estado haciendo desde el momento en que la venganza se convirtió en mi objetivo.

Cada sacrificio, cada caída, todo el tiempo y sudor que le había dedicado, al fin tendrían su recompensa.

Todo empezaría hoy, su caída, mi venganza.

El ceño fruncido de Karl parecía haber encontrado algo interesante en el procedimiento de Ray, ¿quizás algo que le ayudase en la negociación?

—Creo que jugamos con cierta desventaja, ustedes seguramente saben con quién van a negociar, pero nosotros desconocemos todo de ustedes, incluidos sus nombres —acusó Karl.

Desvié la mirada hacia Tyler mientras apartaba la silla en la que me iba a sentar, para encontrarle observándome con atención.

Él no contaba con que Ray y yo nos conociésemos, y parecía necesitar saber si eso influiría en nuestro trabajo.

Pero lo que él pensase no me preocupaba tanto como la reacción de Jack.

Reencontrarse cara a cara con el hombre con el que su novia le había engañado era algo poco agradable, y la tensión en su cuerpo lo dejaba bastante claro.

Extendí mi mano para apretar la que él tenía sobre la mesa, tratando aparentemente de darle fuerza ante lo que venía, aunque él y yo sabíamos que había más.

Mi toque trataba de recordarle que yo estaba allí no solo para conseguir un buen contrato, sino para humillar a ese desgraciado que se había reído de él a sus espaldas.

—Por supuesto. —Tyler volvió rápidamente al juego—. La señorita es Dennise Legrand, y yo soy Tyler McKinney —nos presentó.

—¿Legrand? Creí que tu apellido era… —Ray trataba de buscar en su cabeza la manera de decirlo correctamente. No se podía iniciar una negociación insultando a la otra parte equivocándose con su nombre.

—No puedes decirlo correctamente, ¿verdad?

—le acusé—. Por eso decidí usar profesionalmente el de mi madre.

Mis clientes tienen menos dificultades para recordarlo —expliqué no solo para él, sino para todos, despejando así cualquier tipo de curiosidad con respecto a la posible ocultación de mi verdadero nombre.

Aquel era el momento perfecto para ofrecerles, sobre todo a Ray, un buen vistazo de la mujer que tenían delante, una que estaba lejos de ser una estudiante universitaria.

Me quité la chaqueta, dejándola deslizarse por mis brazos, para después colocarla con cuidado sobre el respaldo de la silla, como buscando el que no quedasen arrugas.

El objetivo podría parecer ese, pero lo que realmente pretendía era revelarles mi tentadora figura, perfectamente realzada por el vestido.

—Señorita Legrand, usted fue la que negoció para Quentin Maddox, ¿verdad?

—Sonreí ante el recuerdo de aquel hombre.

No era deportista, solo un segundo entrenador que ansiaba pasar a ser el primero.

¿Por qué acepté el trabajo? Porque se lo arrebaté a los New York Giants, por así decirlo.

No gané mucho dinero, pero hice que mi nombre resonase en sus cabezas.

—Veo que conoce mi trabajo, señor Trevelyan. Por favor, llámeme Dennise. —Le sonreí mientras me sentaba de forma ligeramente sugestiva. Nada sexual, solo un ligero toque que despertase su instinto masculino, sin llegar a ser una provocación por mi parte.

—Ejem —carraspeó incómodo Tyler—, ¿podemos centrarnos en lo que hemos venido a hacer aquí?

—Le miré directamente, después de acomodarme las gafas sobre la nariz.

Evidentemente, a él sí que no le había pasado desapercibida mi maniobra.

Su instinto masculino había reaccionado; me agradó, aunque no tanto como la reacción de Ray y del otro abogado.

Tyler debía quedarse fuera de mi atracción, él no era mi objetivo, sino todos los hombres que estaban al otro lado de la mesa.

—Mi socio tiene razón, caballeros. Vayamos a lo importante. —Mi comentario no solo estaba orientado a redireccionar los esfuerzos de todos, sino a recordarle a Tyler que él y yo teníamos una relación comercial, nada más. Él no debía desconcentrarme, no más de lo que ya estaba haciendo.

—Sí, bien. Habíamos pensado trabajar sobre la base del contrato en vigor, mejorando algunos puntos que… —empezó a enumerar Trevelyan.

—Olvide eso, Trevelyan. Ese contrato ya es historia.

—Tyler se incorporó hacia ellos, imprimiendo un toque profesional y autoritario que me hizo estremecer—.

Las cifras de Jackson han mejorado un 200°% en los últimos dos años.

No estamos ante el novato que engañaron la última vez, ahora está delante de un jugador profesional que sabe lo que vale.

—Tyler cruzó las manos y las posó sobre la mesa, haciendo una especie de muro por el que el otro bando no podría pasar.

Un simbolismo bastante evidente, íbamos a resistir cualquier embestida por su parte, estábamos preparados para la lucha.

—Basándome en las nuevas cifras, he preparado un contrato con las demandas de nuestro cliente. —Deslicé el documento sobre la mesa. Trevelyan lo tomó con las yemas, como si quemase. Lo ojeó por encima, pero estoy segura de que apenas pasó de los dos primeros puntos.

—¡Esto es absurdo! —Lo esperaba—. Ningún jugador vale esta barbaridad. —Deslizó el documento sobre la mesa, empujándolo con asco de vuelta a mí. Yo lo recibí con una sonrisa.

—Está bien, negociemos. Es para lo que hemos venido. —Mi sonrisa creció un poco más, sabedora de que los tenía en el punto que había previsto. Era hora de sacar los cuchillos y empezar a hacer sangre.