La graduada (Cazadoras 2) Capítulo 10
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Capítulo 10

Puedes saber cuál es tu aspecto sin necesidad de mirarte en un espejo, solo debes estar atenta a la expresión del hombre que tienes delante cuando te ve por primera vez.

Tyler casi se quedó sin habla al verme, pero tengo que reconocer que estuvo rápido.

Salió del coche que había detenido a mi lado y fue a abrir la puerta del copiloto antes de que yo pudiese hacerlo.

—Estás… perfecta. —Seguro que buscó una palabra que no sonara ofensiva para una mujer moderna como yo, y con eso me refiero a que hay chicas que se quejan porque les dicen que están preciosas, como si eso fuera un menosprecio a su intelecto.

Despierten, nos gusta estar guapas, y que nos alaben cuando nos esforzamos por estarlo.

Lo que no nos gusta es que un hombre piense que lo hacemos para ellos, que nos vean como una invitación al sexo o a soltar algún comentario con connotación sexual cuando no lo buscamos.

Esto no lo hacemos con ningún fin de apareamiento, solo queremos demostrar que podemos ser profesionales y al mismo tiempo cumplir con los estándares que la sociedad exige a nuestra imagen.

Bueno, en mi caso hay más: quiero intimidarlos, hacer que tengan fantasías eróticas conmigo sabiendo que nunca podrán alcanzarme.

—Gracias. Tú también luces muy elegante.

—Si yo me había vestido para dar una buena imagen, Tyler no se había quedado corto.

Traje elegante, camisa y corbata en buena sintonía cromática.

Gritaba elegancia y dinero por todas partes.

Pero lo que me estaba desconcentrando era ese maldito olor que desprendía su cuerpo, y no era solo la colonia o perfume que estuviese usando, ni lo bien que encajaba con su aspecto, era el maridaje con su propio olor corporal lo que me estaba matando.

¿Por qué el destino tenía que ponerme pruebas tan difíciles tan cerca de llegar a mi objetivo? ¡Céntrate, Dennise!

—He preparado un contrato alternativo, en vista de la revalorización de Jack por su actuación en el partido de ayer. —Eso, bien, céntrate en el trabajo.

—Creo que nadie esperaba que despegase de esa manera, y no solo de forma literal. —Sí, aquel salto se podría calificar como un despegue en toda regla.

—Mandaré un mensaje a Jack para decirle que estamos en camino. —Tenía que centrarme en algo para no parecer una loca olfateando a mi alrededor.

—Dile que vaya directo al hall, nos veremos allí. —Tecleé sus indicaciones con calma, como si la gramática fuese realmente el motivo por el que trataba de no mirarlo—. Y que avise a seguridad para que nos dejen pasar el control de entrada.

No hablamos mucho durante el trayecto, y cuando lo hacíamos era algo relacionado con lo que nos esperaba.

Ambos parecíamos nerviosos, aunque seguramente por motivos distintos.

Tyler se jugaba demasiado, necesitaba que la negociación saliese bien.

Yo rezaba porque nada me distrajese de mi auténtico objetivo.

—Buenos días —saludó el agente de control de la garita de acceso.

—Buenos días, tenemos una cita con Jackson Newman. —El hombre revisó en su tablilla.

—Sí, acaban de avisar de que llegarían. —Nos miró como si fuésemos a dejar una bomba en el edificio, al menos hasta que alcé una ceja inquisitiva hacia él.

Nada como un poco de arrogancia para dejarle claro que no estaba acostumbrada a este tipo de trato—.

Les entregaré sus pases de visitantes. —El tipo sacó un par de esos ridículos pases colgantes de cintas con los colores del equipo, y después nos los entregó—. Que tengan un buen día.

—Gracias —se despidió Tyler.

No estacionamos muy lejos, solo estaban los coches de algunos directivos y jugadores, pero fue un trayecto que me pareció eterno, y no solo lo digo por mis pies, esos estaban acostumbrados a moverse sobre esos instrumentos de tortura, sino por la tensión que pude percibir en el ambiente, así que no pude evitar intentar calmar a Tyler.

—No es mi primer rodeo, vaquero, todo va a ir bien —le aseguré.

—Un toro es un toro, da igual las veces que te hayas montado sobre él. —En eso tenía razón, pero no podía hacer esto con miedo.

—Es que no vamos a domarlo, Ty, vamos a comérnoslo. —Le sonreí como si hiciese esto todos los días, con seguridad.

—Ahora entiendo por qué te tienen miedo. —Me sonrió, un poco más relajado.

—¿A mí? —pregunté, como si no supiese de qué hablaba.

—Tienes una reputación demoledora. —Sonó a cumplido, o al menos creo que esa intención tenía.

—¿Qué le voy a hacer? Creo que me la merezco. —Moví los hombros para quitarle importancia, como si no hubiese buscado precisamente eso, crearme una reputación que todos admirasen.

El cambio de temperatura se notó en el mismo momento que atravesamos las puertas de acceso al edificio. El aire acondicionado hacía del interior un lugar mucho más agradable.

—¿En qué puedo ayudarles? —preguntó el recepcionista detrás del mostrador.

—Yo me encargo, son mis invitados. —Jack caminaba hacia nosotros con una sonrisa en los labios. Su pelo aún seguía húmedo, resultado de la ducha que se había dado después del entrenamiento. Estos hombres nunca descansaban.

—Tengo que registrarlos —interrumpió el recepcionista.

—Por supuesto, son la señorita Legrand y el señor McKinney. Y, si nos disculpas, nos están esperando.

—¿Jackson? —La voz de un hombre llegó a nosotros desde uno de los laterales.

—Aquí empieza —susurró Tyler a nuestro lado.

—Soy Donald Stevens, de Starline.

—Un placer conocerte, Donald. —Jack, como buen chico de Texas, le tendió la mano con cortesía para saludarlo. El tipo parecía algo confundido al vernos allí, junto a Jack.

—Sé que esto ha sido algo repentino, por eso tal vez olvidaste llamarnos.

—Supongo que hablas de Starline —quiso asegurarse Jack.

—Por supuesto. —Las cejas de Donald hicieron un extraño baile. Traté de ocultar mi sonrisa, porque para el hombre no sería divertido.

—No, no olvidé llamaros. —La respuesta de Jack le dejó aún más confundido.

Hay momentos, expresiones, que da gusto encontrarse de frente, sobre todo si eres abogado. Un rival sorprendido y desconcertado es todo lo que se necesita para saber que tienes el caso prácticamente ganado.