La graduada (Cazadoras 2) Capítulo 8
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Capítulo 8

Yumi me miraba como si acabara de verme comer un plátano entero de un solo bocado, y además sin pelar, es decir, un poquito alucinada.

—Así que socios —repitió mis palabras.

—Sí.

—¿No crees que deberías habérmelo consultado antes?

—Tienes razón, pero pensé que no te importaría conseguir una parte del beneficio sin tener que hacer ninguna tarea. —Sus cejas se alzaron sorprendidas.

—Entonces, la que se ha asociado con ellos has sido tú, porque serás la única que tomará parte en esta negociación.

—Eso es.

—Me vuelves loca.

—¿A qué te refieres?

—A ver, nosotras nos hemos asociado para ayudar a aumentar la presencia digital de alguno de tus clientes, no ha sido en todos.

—No, no en todos. —Desde que me lancé a este mundo de la negociación de contratos deportivos, había trabajado con nueve deportistas, y solo cinco de ellos habían accedido a que mejorásemos su presencia digital.

Yumi se encargaba de esa parte, así que las ganancias derivadas de esa sección le correspondían íntegramente a ella.

Yo me llevaba mi parte de las negociaciones con los clubs, ya que ejercía como representante deportivo.

—Y nuestros ingresos están diferenciados, tú de los fichajes, y yo de los ingresos por la publicidad digital.

Aparte de los contratos publicitarios que conseguí.

—Con Jason llevaba ya casi tres años ingresando esos dividendos extra.

Para que luego dijese su padre que su hija tenía que dejar de jugar con esas cosas.

Si ingresaba esa barbaridad, no podíamos llamarlo juego.

—Exacto.

—Pues como yo lo veo, deberíamos dejarles claro que cada uno ingresará por los servicios prestados, porque somos profesionales diferentes desarrollando tareas diferentes.

Así que esto no es más que una manera de agrupar muchos profesionales en un solo lugar.

Bueno, en dos: nuestra oficina —señaló el ordenador y el teléfono sobre su cama— y la suya. —Si ella supiera.

—Preparé un contrato en el que les indicaba que nos repartiríamos a partes iguales el porcentaje de agentes deportivos, ya que básicamente es lo que vamos a hacer, colaborar en la misma negociación.

—Pero a mí no me correspondería nada de ello, no he hecho nada para merecerlo —explicó.

—Ser mi socia.

—Somos colaboradoras en momentos puntuales, no socias. —Puso los ojos en blanco, como si para ella estuviese clara la diferencia. Y lo estaba, pero ella no entendía realmente a dónde quería llegar yo.

—Lo que quiero decirte, cabezota, es que hasta ahora hemos trabajado juntas pero separadas.

Para esta negociación seremos socias y, si quieres, podemos seguir siéndolo a partir de ahora.

—Sí, tenía buenos ingresos por la publicidad, pero el mercado con el que ella trabajaba tenía su límite, y me parecía que ya lo había alcanzado con cinco jugadores.

Yo, por el contrario, podía conseguir nuevos clientes, de hecho, estaba segura de que después de lo de Jack tendría muchos, muchos más.

Nada como estar en boca de todos, y sobre todo en los medios.

Porque ese era mi plan, no solo humillar a Ray dentro del club, sino fuera también.

—¿Socias al 50°%?

—Sí.

—¿De todo, todo?

—Sí.

No lo esperé, de verdad que no estaba preparada. Pero ahí estaba, ese gato de metro sesenta lanzándose contra mí.

—Sí, sí, sí —gritó—. Ya era hora de que te dieras cuenta de que sin mí no puedes vivir.

—Bien, socia. Ahora que vamos a formalizar nuestra empresa, ¿qué te parece si vamos buscando un lugar en el que montar nuestra sede?

—Yumi tenía su oficina allí donde aposentaba su ordenador portátil, y yo me desplazaba allí donde mis clientes me necesitasen, normalmente en las dependencias del club con el que iba a negociar.

Pero no estaba de más contar con un lugar donde nuestros clientes pudiesen visitarnos. Algo más profesional.

—Pues verás, con todo el asunto de la pandemia, le di un par de vueltas a esto de trabajar desde casa. ¿Qué te parece si hacemos que nuestro apartamento esté pegadito a nuestra oficina?

—No hay oficinas en alquiler cerca de nuestro apartamento en Connecticut.

—No, boba. Mira. —Abrió su ordenador para mostrarme unas imágenes que guardaba allí—. He estado ojeando algunos inmuebles a las afueras de New York, porque en plena ciudad está imposible lo de conseguir un alquiler decente. Y he encontrado esto. —Me incliné para ver mejor.

—¿Una vieja estación de bomberos? —¿Se creía que éramos los cazafantasmas?

—No es tan vieja. Además, tiene todo lo que podríamos necesitar. Un garaje enorme que podemos aprovechar para convertirlo en oficina y aparcamiento, y una planta superior que podemos convertir en un apartamento enorme, o en dos. —No se me escapó aquella palabra clave «podemos».

—¿Quieres que nos metamos en obras? ¿Sería un local de alquiler? —Según decía mi padre, no inviertas en algo que no es tuyo, si la cosa sale mal, habrás tirado el dinero. Nos iba bien, pero uno nunca sabe las vueltas que puede dar la vida.

—Ya que somos socias, podríamos comprarlo.

A mí me queda un buen pico para reunir lo que piden, pero si unimos recursos podremos comprarlo antes.

—Miré la cifra que marcaba debajo de la foto de la propiedad.

Si pagaba la mitad, mi hucha se quedaría temblando.

¿Dónde quedaría mi colchón de emergencia?

Exactamente, convertido en ladrillo viejo.

—Es una decisión muy importante. ¿Cómo es el barrio? ¿Nos estaremos metiendo en una zona conflictiva? ¿Cómo está de comunicado? ¿A qué distancia de la ciudad? —Yumi puso los ojos en blanco ante mis preguntas.

—¿Crees que no he revisado todo eso? Incluso he escarbado un poco en los planes urbanísticos del ayuntamiento y he descubierto que la zona se revalorizará dentro de poco. El caso es que hay que aprovechar la oportunidad antes de que se nos escape de presupuesto o alguien nos lo robe.

—Pero… Está muy lejos del centro. —Tenía que entender que tener una oficina en el distrito de negocios de la ciudad era lo más indicado.

—Por favor. Tú te desplazas constantemente de un lugar a otro, dependiendo de a qué club tengas que ir a negociar. No hemos tenido una oficina física hasta ahora, y creo que no nos ha ido tan mal. —En eso tenía razón.

Sopesé la opción de adquirir todo un edificio para nosotras solas, aunque fuese en la periferia. Eso nos daría un plus de importancia. Ninguna otra empresa que se dedicase a representar a deportistas tendría algo como lo nuestro. Ellos sí que estaban en pleno distrito financiero.

Las palabras de papá resonaron en mi cabeza: «para triunfar hay que arriesgarse».

—Está bien. Lancémonos. —Mis palabras hicieron que Yumi saltara sobre mí de nuevo.

—No te arrepentirás. Ese lugar es perfecto. ¿Te he dicho que tiene equipos eléctricos autónomos por si se corta la electricidad de la zona?

—Supongo que eso es importante para alguien que no puede despegarse de su ordenador.

—Deja que hable con mi hermano y en unas semanas habremos acondicionado ese lugar como se merece. —Un loco de las nuevas tecnologías, lo que faltaba.

—Avisadme cuando hayáis terminado. —Me puse en pie para salir de su habitación. Mejor esto se lo dejaba a ellos, pero les pondría un límite, porque cuando ellos dos se aliaban para algo, realmente daban miedo.