Capítulo 7
Tyler parecía un profesional, pero no estaba tan preparado como yo, y no es solo por mi trabajo, sino por el hecho de ser mujer. ¿Conocen a alguna chica que no le saque partido a un bolso grande?
Acabamos sentados sobre el césped, después de que Tyler comprara a una pareja que se retiraba su manta.
No hay nada peor para un traje caro que las manchas de verdín.
No tengo que decir que la idea de comprar la manta fue de Tyler, porque tanto Jack como yo llevábamos unos sufridos pantalones vaqueros.
Yo tenía el ordenador portátil sobre las piernas mientras iba anotando las exigencias de Jack para su nuevo contrato.
—Puedes pedir más —le indicó Tyler.
—¿Tú crees? —preguntó un dudoso Jack—. A mí me parece una gran cantidad. —Comparada con la que tenía antes, sí que lo era.
—Eres el que mejores promedios tiene en el campo, puedes pedir la luna, que te la darán —aseguró Tyler.
—¿Por ejemplo el doble? —se aventuró Jack.
—La luna es una roca, Jack, no está hecha de oro. —Jack y yo volvimos la vista hacia Tyler. ¿Había hecho una broma? ¿En serio?
—¿Tú qué sugieres? —le pregunté.
—Yo le sumaría un tercio más —propuso Tyler.
—Con eso podemos vivir sin trabajar mis hijos y yo —calculó Jack.
—Hoy puede que sí, dentro de veinte o treinta años, quizás no. —Alguien que estudió finanzas en la universidad sabía eso.
—Pero el contrato es por dos años, puedo seguir ganando más dinero durante al menos ocho años más —calculó Jack.
—Eres un running back, Jack. Por muy rápido que seas ahora, por mucho que te mantengas en forma, te harás viejo con el paso de los años, y los que vayan llegando estarán deseosos de superarte.
Si te cuidas, y no arrastras ninguna lesión grave, puedes alargar tu vida profesional hasta los treinta, como mucho los treinta y dos.
Si fueses un quarterback podrías alargar tu vida profesional un poco más.
Mira Tom Brady, ha estado veintidós años en activo y consiguió ganar siete Super Bowl.
—Es que Tom Brady es Tom Brady. —Todo el mundo sabía que era el mejor jugador de fútbol americano de la historia.
—Vale, cinco años —cedió Jack.
—Siendo objetivos, si firmas este contrato con los Giants por dos años, más uno de prórroga aún podrías fichar por otro equipo por otros dos años más.
Si yo estuviese en tu lugar, no accedería a esa prórroga hasta sopesar las ofertas del resto de equipos.
Si tus medias se mantienen durante los dos próximos años, tu caché puede dispararse.
—Y renegociaríamos un mejor contrato —añadí, comprendiendo la estrategia de Tyler.
Realmente era un buen agente deportivo, estaba al tanto del funcionamiento del mercado y controlaba todo lo que un deportista podía ofrecer y lo que los clubes buscaban.
—Tienes dominado el asunto —le elogió Jack.
Seguro que sus anteriores representantes no habían sido ni tan claros, ni tan realistas, ni tan meticulosos como Tyler.
No siempre se trata de hacerle creer a tu cliente que es bueno, sino de llevarlo de la mano por el camino difícil, y me refiero al mundo de los contratos.
—Es mi trabajo. —Jack asintió conforme.
—Yo añadiría una cláusula para gestionar en exclusiva tus derechos de imagen.
La publicidad puede reportarte una suma nada despreciable, si sabes gestionar tu presencia mediática.
—Yumi me había demostrado que se podía lograr un buen pico solo con las redes sociales.
Si le sumábamos alguna marca deportiva o de cualquier otro ámbito, Jackson podía embolsarse cifras astronómicas.
Solo hay que ver a Michael Jordan y su contrato con Nike, todavía sigue ingresando millones y eso que hace tiempo que se retiró como jugador.
—Siempre he querido tener mi propia línea de calzoncillos —dijo mientras se rascaba la barbilla, fingiendo ser alguien importante. Con ese cuerpazo podría vender lo que quisiera.
—Jason Sanders está ingresando un cuarto de millón al año promocionando bebidas isotónicas. —Un logro gracias a Yumi y su mediación con la empresa, pues ya trabajaba con ellos con sus redes sociales.
—Quizás me haya equivocado de producto —dijo Jack con una sonrisa.
—Trabajaremos en ello, seguro que encontramos algo que te venga bien. —Tyler me observó de una manera que prometía tratar ese tema en privado y más a fondo. ¡Ja!, seguro que quería saber cómo había conseguido ese contrato para Jason.
—Bueno, creo que entonces lo tenemos todo. Pasaré la propuesta a limpio y prepararé el cebo. —Jack alzó una ceja hacia mí, confundido por mis palabras.
—¿Cebo? —preguntó.
—Claro. No pretenderás presentarle la propuesta principal y que la acepten tal cual —le indiqué.
—En la negociación siempre hay que pedir más, pero hay que tener claro el límite que no quieres sobrepasar. Si te ofrecen menos, siempre puedes buscar otro equipo que te dé lo que pides —explicó Tyler.
—Creo que he acertado al apostar por vosotros. —Jack se puso en pie, para después ayudarme caballerosamente a levantarme.
—Todavía no hemos conseguido que acepten tus requisitos —le recordó Tyler.
—Lo sé. Pero estoy seguro de que haréis todo lo posible por acercaros. Si no se consigue no será por vuestra culpa. —Jack acababa de quitarnos parte de la presión, y eso siempre se agradecía.
—Os acercaré a casa —ofreció Tyler, mientras sacudía y doblaba la manta.
—Si debemos mantener esto en secreto, será mejor que yo me vaya por mi cuenta.
Bastante nos hemos arriesgado teniendo esta reunión en público.
—Jack miró a la gente a nuestro alrededor.
No parecían haberlo reconocido, pero nunca se sabía.
Hoy en día, todo el mundo tiene una cámara a mano con la que subir fotos en las redes sociales.
Nos despedimos de Jack, aunque Tyler insistió en acercarme a mi domicilio.
Antes de salir del coche, cuando lo detuvo delante del enorme edificio en el que se encontraba la embajada, le tendí su copia del contrato de colaboración que habíamos firmado antes de entrevistarnos con Jack.
Lo había guardado yo para que no se le arrugase.
Bolso grande, ¿recuerdan? Es curioso cómo cambian los planes.
Había pensado redactar el contrato en la tranquilidad del hogar, pero en el trayecto de regreso a casa pudimos hacerlo con una plantilla que tenía preparada.
Solo tuvimos que parar en una copistería en el camino y, voilá , listo para la firma. Asunto zanjado, una cosa menos.
—Tendremos que quedar un día de estos, para que se conozcan nuestros equipos —sugirió Tyler.
—Ya conozco a Tara —le recordé.
—Pero nosotros no conocemos a tu socia.
—Se lo diré. Te llamo para concretar. —Antes de que dijese nada más, cerré la puerta y me alejé del coche.
Tenía que pensar en cómo decirle a Yumi dónde nos había metido a las dos. Colaboradores. El plan había cambiado. Pero lo peor era mantenerme alejada de Yumi y su radar busca novios. Estaba empeñada en encontrarme pareja. Si descubría que Tyler me aceleraba el corazón…