Capítulo 5
Lo mirase por donde lo mirase, aquel edificio no tenía pinta de albergar oficinas. Revisé nuevamente la localización en mi teléfono y, sí, había llegado a mi destino. Bueno, pensé, tampoco era un callejón oscuro. Me acerqué al timbre, marqué la extensión y esperé a que me abrieran.
—¿Quién es? —preguntó una voz femenina.
—Legrand —me identifiqué.
—Oh, sí, adelante. —¿Parecía nerviosa? El pitido me indicó que era el momento de empujar la puerta.
El ascensor enseguida me subió a la planta. Me aproximé a la puerta que buscaba, encontrándola entreabierta.
—¿Hola? —Golpeé con los nudillos, avisando de mi llegada.
—Adelante, pase, señorita Legrand. —Una mujer joven, quizás unos tres o cuatro años mayor que yo, se aproximó para cerrar la puerta a mi paso—.
Siento que se encuentre con este panorama.
—Corrió hasta una pequeña trona para tomar a un bebé de escasos meses.
¿Que tendría, tres o cuatro? Sí, puedo hacer el cálculo, me he pasado el último año conviviendo con uno.
La mujer lo cargó contra su hombro, después de colocar una toalla para proteger su blusa de posibles accidentes.
Ya se sabe, los bebés son una bolsa de sorpresas.
Y sí, he dicho bolsa, porque lo que llevan dentro y escapa por cualquiera de sus orificios siempre es líquido, más o menos apestoso, pero siempre un fluido pringoso.
Aviso, no me gustan los residuos de ningún bebé, pero mataría a cualquiera que tratase de hacerle daño a uno, sobre todo a mi pequeño primo Óscar.
—Siento recibirte así, pero es lo que toca.
—Tyler apareció en ese momento, saliendo de lo que supuse que sería su habitación, porque era evidente que estaba en su vivienda.
¿Me había invitado a su casa? ¿Quería ponerse todo dramático mostrándome a su pequeña familia?
Nunca habían atacado mi parte de mujer sensible, tenía que reconocer que era una jugada inesperada y sorprendente.
Pero no caería ante un teatro como este.
—Creí que íbamos a vernos en tu oficina. —Con todo el show que había presenciado, si quería darle un toque personal, no veía la razón para seguir tratándonos de usted.
—Eso es parte de lo que quería hablarte, si me acompañas. —Extendió su brazo para señalarme el camino hacia un lugar del pasillo.
Siguiendo sus indicaciones, llegamos a una habitación acondicionada con una enorme mesa de despacho preparada para acoger a dos personas, una frente a la otra. No había más que dos sillas, así que me senté en una de ellas siguiendo sus instrucciones.
—¿Tratas de decirme que trabajas desde casa? —Desde la pandemia, mucha gente vio los beneficios del teletrabajo. Y teniendo un bebé en casa, era una ventaja tener a tu marido cerca. La carga de un bebé es más fácil soportarla entre dos.
—No trabajo desde casa, sino en casa. De hecho, esta es nuestra oficina. —Señaló con la mirada a la mujer que acababa de entrar en la habitación con el bebé sobre el pecho—. Y antes de que hagas suposiciones, te diré que no somos pareja, sino socios.
—Hola, soy Tara, Tara Duncan. —La mujer me tendió la mano, mientras sujetaba al bebé con la otra.
—Supongo que la charla será sobre esto. —Señalé la situación en la que estábamos.
—La versión corta es que estamos desesperados por conseguir clientes. Haríamos cualquier cosa por representar a Jackson. —Demasiado corta, necesitaba más información.
—¿Y la versión larga? —Me acomodé mejor en la silla, dándole a entender que tenía todo el tiempo del mundo para escucharlo.
—Digamos que la junta directiva de Starline y yo no estábamos de acuerdo en algunos asuntos y decidí dejar la empresa. ¿Te suena la película de Jerry Maguire?
—¿La de Tom Cruise? —Es lo que tiene la televisión pública, que a veces ponían películas un poco viejas y esa la vi con 15 años. Por aquel entonces me pareció una comedia romántica muy tierna. ¡Espera!
—Salvo por el hecho de que a mí no me han despedido, que el bebé de Tara tiene dos meses y que ella es una excelente relaciones públicas y no hay nada romántico entre nosotros, podría decirse que es la película de refleja a la perfección nuestra vida en este momento. —¡Vaya!
—A la que invitaron a irse fue a mí. Daba mala imagen a la empresa —añadió Tara, haciendo ese gesto de «apesta»—. Tendría que denunciarlos a todos por trato denigrante, pero se llevaría un tiempo y un dinero de los que no dispongo. —Reacomodó mejor al bebé, que parecía dormido.
—Así que, me estáis diciendo que queréis que os ceda a Jackson como cliente, apelando a mi lado humano —deduje.
—¡No! —gritó ella, ofendida.
—Que conocieras a Noa ha sido un accidente, un apestoso y pringoso accidente. —Tyler miró a Tara de esa manera que decía «esta me la debes».
—Tyler la estaba sosteniendo mientras me limpiaba una mancha de leche en la blusa, pero mi desconsiderada hija decidió vomitarle encima. —Tara contuvo de mala manera una sonrisa. De verdad que le parecía divertido lo ocurrido. A Tyler evidentemente no.
—Se suponía que íbamos a hablar a solas nosotros dos, para después presentarte a mi socia. Pero Noa decidió cambiar los planes —le recriminó a Tara directamente. Ella no fue la única que encontró divertido su enfado, aunque lo disimulé, se suponía que era una mujer profesional.
—Tyler y yo hemos estado hablando y, ante la idea de perder la cuenta de Jackson, habíamos valorado la posibilidad de que nos incluyeses en la negociación con los Giants —explicó Tara.
—No me importa hacer el trabajo sin percibir una remuneración, seré un asesor externo si prefieres llamarlo así, pero no me dejes fuera.
—Aquello me extrañó, ¿un representante deportivo trabajando gratis?
Quizás él, que vivía en un apartamento enorme y no desprovisto de lujos, podía permitírselo, pero una madre soltera como Tara dudo mucho que agradeciese trabajar gratis.
—Entiendo que necesitéis introduciros en el circuito, hacer que vuestro nombre suene. Pero ¿por qué Jackson Newman? —Tyler bajó la cabeza, como si hubiese tocado el botón correcto.
—Porque está en una posición inmejorable para negociar, y los Giants lo saben.
Muchos equipos lo desean y están dispuestos a pagar la cláusula de rescisión con tal de ficharlo para la próxima temporada.
Todas las miradas estarán puestas sobre él y su fichaje, lo que puede darnos mucha visibilidad.
Pero lo más importante es porque Starline perderá la suculenta comisión del 10°% que se embolsaría si gestionase ese fichaje. —Vale, había algo de venganza.
Esa parte me tocó la fibra sensible, en el fondo, buscábamos lo mismo, aunque con objetivos diferentes.