Capítulo 2
—¿Recuerdas a mi exnovio, Ray? —Su mandíbula se tensó al escuchar su nombre y sabía perfectamente porqué.
Hacía algunas semanas que alguien sorprendió a Diana y a Ray en actitud cariñosa saliendo de un hotel.
Las redes sociales echaron humo con aquella noticia.
Por su gesto, estaba claro que Jack todavía no lo había digerido del todo.
Las rupturas, de aquella manera, eran muy dolorosas.
Y, además, si el pobre no tuviese suficiente con la infidelidad de su novia, los comentarios que llegaron le descubrieron que la traición venía de lejos, y él había sido un cornudo ignorante todo ese tiempo. Sabía perfectamente cómo se sentía.
—Sí —dijo con tono cortante y seco.
—Pues voy a destruirlo, y me gustaría contar contigo para hacerlo. —Sus cejas se volvieron a elevar, sorprendidas. Pero lo que me llamó la atención fue esa chispa que se prendió en su mirada. ¡Oh, sí!, estaba preparado para la venganza.
—¿Y qué podría hacer yo para ayudarte?
—Deja que sea la que negocie tu renovación con los Giants. Sé que te gusta el equipo y el entrenador, aunque no tanto la gente que te hizo firmar esa mierda de contrato con el que estás perdiendo dinero. —Pude notar el gesto de contrariedad que hizo con sus labios. Había acertado con todo.
—Todavía me queda una temporada de contrato. —Como si no lo supiera. Había hecho mis deberes, y entre ellos estaba el hacerme con su contrato, estudiarlo, y destriparlo a fondo.
—Ahora es cuando ellos harán todo lo posible por atarte con otro contrato, porque cuando el vigente expire, saben que no podrán retenerte. Por eso es un buen momento para negociar, para obtener lo que quieres.
—¿Y tú me lo vas a conseguir? —preguntó con una sonrisa triste.
—Dennise Legrand siempre consigue lo mejor para su cliente. —Sus cejas se alzaron nuevamente, solo que esta vez su sorpresa fue reemplazada por una sonrisa depredadora. Había oído hablar de mí, estaba segura.
—Creo entonces que estaré encantado de que trabajemos juntos. —Me tendió la mano para que nos la estrechásemos, cerrando el trato—. Estoy seguro de que cuidarás de mis intereses.
—Un momento. —Un hombre estaba llegando hasta nosotros con una pequeña carrera, un hombre que no reconocí hasta que estuvo lo suficientemente cerca, uno cuyos ojos acusatorios estaban sobre mí, pero que no provocó miedo en mi persona, sino un extraño cosquilleo en mi estómago—.
Puedo asegurarte que nadie te conseguirá una mejor oferta que yo.
—Sus ojos pasaron de Jack a mí, como si estudiase el grado de amenaza que yo representaba.
—Dudo que me ofrezca lo mismo que ella. —Jack hablaba de venganza, estaba segura de que era el pequeño plus que yo podía darle, pero, por su forma de mirarme, mi nuevo contrincante parecía estar pensando que era algo más carnal.
—Deja que te presente mi oferta y después decides si te compensa. —Me decepcionó que Tyler, sí, ese Tyler, el que se preocupó por una joven que lloraba a moco tendido en el jardín de una fraternidad, pensase que yo me pudiese ofrecer como parte del trato.
—¿Y usted es…? —preguntó curioso Jack, lo que me puso nerviosa. No es que dudara de la calidad de la mano de cartas que tenía yo, pero en el juego, siempre cabe la posibilidad de que tus contrincantes tengan una mejor.
—Tyler McKinney, y conozco muy bien al equipo negociador de los New York Giants, todos sus trucos y jugarretas. Si alguien puede pararles los pies, soy yo. —Se vendía bien, tenía que reconocerlo.
—Tu nombre me suena. —Jack trató de ubicarlo, igual que hizo conmigo. Lo que no esperaba fue la ligera y repentina tensión que aprecié en Tyler. ¿Que le reconociese no era bueno? Tendría que investigar.
—Creo que este no es un buen lugar para que ambos expongamos nuestra estrategia de negociación.
Necesitaríamos un ambiente más apropiado.
¿Qué te parece si quedamos mañana por la tarde y lo discutimos con tranquilidad?
—Sabía que Jack no tenía un partido hasta dos días después, y los entrenamientos eran por la mañana.
Extendí también la pregunta a Tyler, dejándole claro que, como rivales, sería honorable hacer juntos esa reunión.
Si él continuaba presionando a Jack en la fiesta, demostraría que no tenía ética profesional y, por lo tanto, yo no tendría ningún remordimiento cuando lo machacase; porque si se cruzaba en mi camino, lo haría.
—Me parece perfecto. ¿En tu oficina o en la mía? —Los ojos de Tyler me taladraban con una intensidad que habrían amedrentado a cualquiera. Pero no era una amenaza lo que transmitían, sino desafío. Me giré hacia Jack para responder, dejándole claro que el importante aquí era él.
—¿Qué te parece si nos reunimos en un lugar neutral?
Así no te sentirás presionado para elegir.
—En ese momento sabía que tenía la ventaja de mi parte, así que no me preocupó la opción de batirme contra otro rival.
Jack sabía perfectamente cuál era mi motivación, y la había convertido en la de ambos. Tyler no podría darle eso.
—¿Dónde sugieres? —preguntó Jack.
—El castillo Belvedere, en Central Park. ¿A las cinco os parece bien? —Me regocijé interiormente cuando ambos alzaron las cejas, sorprendidos.
—Me parece perfecto —dijo Jack con una sonrisa. Como he dicho, había hecho mis deberes y uno de ellos era estudiar a mis posibles aliados.
Yumi, mi especialista en redes sociales, escarbó en el pasado de Jack y encontró imágenes de su primer día en la ciudad.
Como muchos turistas visitó Central Park y, de entre todas las fotos, la panorámica que tomó del lago que se ve desde el castillo era la única imagen en la que él no salía.
Traducido para alguien que no sabe interpretar esas señales: esa panorámica le había impresionado lo suficiente como para dedicarle una fotografía, no necesitaba presumir de haber estado.
A las personas se nos gana por los sentimientos. Ya había apelado a sus deseos de venganza, ahora estaba beneficiándome de sus recuerdos felices.