ESCENA 7
SOR REBECA lleva en cama dos días. El viernes transcurrió entre la alegría por su vuelta y el silencio impuesto sobre las causas de su ausencia. Las hermanas se limitaron a agradecer a Dios el regreso de la novicia y a comprender la escapada como un asunto de nervios de última hora.
SOR ANGUSTIAS le ofrece un caldo. Un viejo candelabro con unas velas ilumina la pequeña estancia creando una atmósfera de ocultación y secreto.
SOR REBECA: No se preocupe, tía. Ya estoy mucho mejor. Gracias por cuidarme estos dos días.
SOR ANGUSTIAS: Como para no estarlo, con el susto que nos has dado. Entonces, ¿vas a contarme de una buena vez por qué te escapaste?
SOR REBECA: ¿No se lo imagina?
SOR ANGUSTIAS: La imaginación es un arma del diablo. Quiero que me expliques por qué te marchaste dejando desazonado a todo el convento y sin dejar aviso.
SOR REBECA: Nunca fue mi intención causar pesadumbre a mis hermanas, pero una fuerza superior me guio hasta la salida.
SOR ANGUSTIAS: Déjate de sandeces. ( Mordaz .) Esa “fuerza superior” se llama sor Eneida. Ella te ha contaminado con sus libros y su literatura. ¿O te crees que no sé lo de sus libros prohibidos? Una cosa es que me haga la necia por el bien de la convivencia y otra cosa es que lo sea.
SOR REBECA ( Comienza a cambiar el tono complaciente .) Me marché por mi propia voluntad y me trae sin cuidado lo que piense usted.
SOR ANGUSTIAS ( Abriendo mucho los ojos .) Habrase visto la insolencia de esta muchacha. Eres una desagradecida, una descastada a la que no le importa desairar a su propia sangre, después de todo lo que he hecho por ti.
SOR REBECA: Solo quería ver por última vez a mi hija, comprobar si estaba bien con la familia que se la quedó.
SOR ANGUSTIAS: Shhh…chitón. Baja la voz, solo faltaba que nos escuchase alguien.
SOR REBECA: Estamos en el silencio mayor, las hermanas descansan. No se preocupe que nadie va a enterarse.
SOR ANGUSTIAS: ¿Y bien?
SOR REBECA ( Mintiendo .) La busqué, pero nadie supo darme razón de ella. Tenía las señas de la familia, pero al parecer, ya no viven en Madrid.
SOR ANGUSTIAS: ¿Estás segura de que ese fue el motivo de tu salida del convento?
SOR REBECA: ¿Cuál habría de ser?
SOR ANGUSTIAS pasea nerviosa por la celda. Menea la cabeza en señal de desaprobación.
SOR REBECA: ¿Qué es lo que pasa? Suéltelo de una vez.
SOR ANGUSTIAS: Tu padre falleció ayer.
SOR ANGUSTIAS escruta el rostro de su sobrina en busca de alguna señal.
SOR REBECA ( Mirando fijamente a su tía .) ¿Por qué causa?
SOR ANGUSTIAS: Los médicos dicen que fue un infarto. Lo encontró esta mañana la mujer que le hace el avío de la casa, sentado en un sillón, con la mirada perdida como buscando algo que…
SOR REBECA: Los caminos del Señor son inescrutables. ¿Cómo te has enterado?
SOR ANGUSTIAS: Esa pobre señora vino al convento después de encontrar al desdichado. Sabía que su única hija profesaba aquí. El entierro es mañana.
SOR REBECA: Mañana es la ceremonia de mis votos perpetuos.
SOR ANGUSTIAS ( Como una insinuación .) Ya es casualidad que tu padre se vaya a morir el mismo día que tú decides salir de excursión por Madrid.
SOR REBECA ( Fría y seca .) Sí, lo es. ( Se levanta de la cama .)
SOR ANGUSTIAS: Pero yo no creo en las casualidades, solo en la providencia divina.
SOR REBECA: Si Dios obra todas las cosas según el designio de su voluntad, ¿a qué pensar más en ello?
SOR ANGUSTIAS: ¡Era tu padre, por la Virgen Santa! No puedo creer esta frialdad que veo, este hablar impasible que escucho. Tu indolencia es un escándalo.
SOR REBECA se vuelve hacia su tía con la mirada poseída por el fuego y la rabia.
SOR REBECA ( Delatándose conscientemente .) ¿Te atreves a llamar escándalo a mis acciones, pero no a su conducta? ¿Serás capaz de condenar a la justicia, pero no al criminal? Él cavó su propia tumba el día en que traspasó todas las barreras de la decencia.
SOR ANGUSTIAS ( Se lleva una mano a la boca .) La justicia solo la imparte Dios. Así que fuiste tú. Me lo temía, algo dentro me decía que tú… pero no quería creerlo. Me niego a aceptarlo. No puede ser. No puede ser. ¿Qué has hecho, niña? ¿Qué has hecho?
SOR REBECA ( Dulcificando falsamente la voz .) Parecía tan contento de volver a verme.
Se creía que iba a volver con él a casa, al lugar en el que me deshonró y me arrebató mi vida.
Le preparé la comida, charlamos, se reía.
Solo tuve que fingir durante unas horas que nada había cambiado, que volvíamos a ser una familia.
Después de comer, le preparé una infusión.
Herví las hojas de tejo, molí algunas para asegurarme de que el efecto sería definitivo.
Es curioso presenciar cómo hay personas sin conciencia que llegan a justificar ante sí mismas sus actos de vileza o, sencillamente, los olvidan y actúan como si nunca hubiesen ocurrido.
SOR ANGUSTIAS: ¿Qué vamos a hacer ahora?
SOR REBECA ( Volviendo al tono indiferente .) Yo, jurar mis votos. Seré una monja trinitaria para el resto de mis días. Entre estos muros purgaré mi culpa. En el convento todo quedará enterrado.
SOR ANGUSTIAS: No puede ser. No puede ser.
SOR REBECA ( Imperativa .) Y tú, callarás ahora igual que callaste antes. ¿O es que a tus ojos vale lo mismo el crimen abyecto que su resarcimiento?
SOR ANGUSTIAS: Dios nos enseña a perdonar, hija mía.
SOR REBECA: Yo no he podido hacerlo. Soy una sierva pecadora.
SOR ANGUSTIAS: Pero él, él… Ahora está muerto. ¿No te das cuenta?
SOR REBECA: Está muerto como lo estaremos todos cuando Dios nos reclame a su lado.
SOR ANGUSTIAS: A él no lo había reclamado aún. Él murió de… de…
SOR REBECA ( Tajante .) Él murió de la enfermedad de la muerte que es de la que moriremos todos. Y se acabó el debate. Y tú “atarás para siempre tu lengua porque el fuego que sale de ella solo te traerá la desgracia”. ¿Las recuerdas? Son tus propias palabras cuando me trajiste al convento.
SOR ANGUSTIAS ( Derramando unas lágrimas .) Ay, Dios Santo, acude a mis pechos con tu divino consuelo y desinfla esta congoja tan grande que siento aquí. ( Aparte .) No erraba al insistir en sellar el pasadizo ( Escupiendo las palabras .) ¡El pasadizo de los asesinos!
SOR REBECA ( Con un velo de amenaza .) ¿Y bien, sor Angustias?
SOR ANGUSTIAS ( Los ojos húmedos dejan traslucir un alma derrotada .) Todo quedará enterrado aquí, como los huesos mudos de Cervantes, como los rezos que nunca traspasan la reja.
Todo habrá sido como un cuento, como una ficción que solo ocurre mientras se representa.
Nada más. Todo quedará sepultado en el fondo de esta celda bajo el peso de la piedra y el hábito.
El pecado y la verdad se confundirán con la penumbra hasta que solo puedan acechar entre las sombras de la noche.
Y que Dios se apiade de nuestras almas. ( Se arrodilla y comienza a rezar .) Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino…
SOR REBECA, de pie, observa escrutadora a su tía. Con el soniquete del rezo se va haciendo poco a poco el oscuro.