ESCENA 6
Las hermanas se encuentran en la sala de labores, una amplia estancia con suelos de madera y atmósfera acogedora donde se realizan diferentes actividades como bordar, leer y representar pequeñas piezas teatrales con motivo de diferentes festividades religiosas.
Esta noche, celebran Santa Marcela y para ello recitarán unos versos de Sor Marcela de San Félix.
Se trata de una loa en la que un estudiante pide comida a las monjas y estas, a cambio, le solicitan que componga una loa para celebrar los votos perpetuos de una novicia.
Todas van con su hábito de trinitaria, excepto SOR ENEIDA, quien interpreta al estudiante, por lo que va vestida de varón, al igual que lo hiciese sor Marcela en el siglo XVII. Cada hermana sabe qué parlamento debe recitar y lo harán con gran fervor y emoción.
CARMEN, sentada a un lado, las observa entre sorprendida y divertida. La visión de SOR ENEIDA con traje de hombre le perturba el ánimo.
SOR LUZMILA:
Mire, señor licenciado,
que le tengo por poeta
y que me ha de hacer favor
de sacarme de un afrenta:
tenemos una novicia
cuya profesión se acerca,
hanme encomendado a mí
que le haga alguna fiesta.
Tengo hecho un coloquio
que a las madres entretenga,
pero fáltame la loa,
que en ocasión como esta,
es la que da sazón
y hace la entrada a la fiesta.
SOR ANGUSTIAS:
Mire, señor licenciado,
que siempre en cosas como estas,
para tales ocasiones
la devoción resplandezca;
mire que diga en la loa
unas sentencias perfectas,
unos conceptos muy vivos,
y que en dulces versos puedan
quedar muy edificadas,
muy gustosas y contentas
las madres que, aunque descalzas,
son por estremo discretas.
Diga que la religión
es la vida más perfecta,
que son ángeles las monjas
y que es un cielo en la tierra.
SOR SAGRARIO:
Dígale la obligación
que tiene ya la profesa
de perfeccionarse en todo
haciendo heroicas finezas
por quien así la ha obligado,
que la trajo en edad tierna,
a comunidad tan santa
adonde, con tantas veras,
procura servir a Dios
sus cándidas azucenas.[…]
Mire que no le olvide
el ponderar la grandeza
de estado tan soberano
que hoy la constituye reina,
y dígale que no afloje
del fervor, que siempre crezca
en caridad y humildad,
en pobreza y obediencia,
que observe con gran cuidado,
el silencio y la modestia
y que sean sus palabras
muy afables y compuestas.
SOR CONSUELO:
Y mire que no haya falta,
y de ninguna manera
deje de ponerlo todo
sin que falte en una letra,
y que nos haga una loa
tan acabada y perfecta
que no la pudiera hacer
( Con mucho ímpetu, buscando el aplauso del público )
tan linda Lope de Vega.
SOR ENEIDA ( Vestida de hombre, mira a CARMEN ):
Pues, desdichado de mí,
que en mi vida fui poeta
ni le ha dado en mi linaje
por el siglo de mi agüela,
ni jamás hice una copla
ni sé que tamaño tenga:
¿qué me piden estas monjas,
quieren que mi juicio pierda?
Si yo no conozco a Apolo
ni aquellas ninfas o dueñas
a quien apellidan Musas
que influyen en los poetas.
Nunca subí en el Pegaso
ni en la fuente clara y bella
a quien llaman Cavalina,
bebí una gota siquiera,
¿pues cómo puedo yo hacer
la loa para la fiesta?
En esos momentos aparece SOR REBECA . S OR ANGUSTIAS se acerca a ella, parece a punto de reprenderla, pero termina abrazándola. Las demás la rodean. Llega aterida de frío y exhausta, sin embargo, pide espacio para terminar el recitado.
SOR REBECA:
Señoras, no puedo más,
yo quisiera ser poeta
cultífero y criticaco,
y el gran Taborlán de Persia,
pero mi ingenio no puede
salir con aquesta empresa.
Y por Dios que me disculpen
con las señoras torneras
pues para hacerles la loa
he puesto las diligencias;
que si la vida importara,
que se den por satisfechas
y que la encarguen a otro,
que con ingenio y con letras,
las saquen de aqueste empeño
con más gracia y agudeza,
que yo en prosa las diré
que al coloquio se prevengan
con benévola atención,
que la ha compuesto Marcela
por el deseo que tiene
que las madres se entretengan.
( Señalando a las hermanas .)
Porque las ama de suerte,
y de suerte las venera,
que todo cuanto trabajo
el escribirlo le cuesta
y el estudiarlo también,
que muy buen tiempo la lleva,
lo diera por bien gastado,
aunque eterno el tiempo fuera,
por acertar a servir
a quien tanto amor confiesa.
Las hermanas se acercan a CARMEN, su público, y hacen una reverencia.
CARMEN, con una gran sonrisa, aplaude.
Oscuro.