La Gracia ESCENA 4
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ESCENA 4

En el refectorio, SOR LUZMILA, SOR ANGUSTIAS, SOR CONSUELO, SOR ENEIDA y SOR SAGRARIO discuten sobre qué hacer con la desaparición de SOR REBECA.

SOR ANGUSTIAS: Ha dejado su hábito en la celda. ( Con furia .) Que alguien me lo explique porque parece que me quieran dar gato por liebre y lo que es a mí, a otro perro con ese hueso.

SOR CONSUELO: ¿Qué hay que explicar? La rapaza marchó.

SOR ANGUSTIAS: Pues que no ha podido irse en cueros del convento, lumbrera. Y la única que viste ropa profana es esa escritora de tres al cuarto.

SOR SAGRARIO: Cálmate, Angustias. No ganamos nada deslizando insidias entre nosotras.

SOR ANGUSTIAS: Que me calme, dices. Precisamente tú, la maestra de novicias. Tú que eres la encargada de velar por la buena dirección espiritual de las que están por profesar. Y mira ahora, huida en plena tormenta de nieve. Has fallado, Sagrario.

SOR SAGRARIO ( Dolida .) No eres justa, Angustias. Soy maestra, no centinela. No acuses a las demás de las faltas propias.

SOR ANGUSTIAS: A mí no me apostrofes de esa forma tan ligera, maestrucha. Te lo advierto: aquí hay unos rangos, ¡una jerarquía!

SOR LUZMILA ( Con autoridad .) ¿Quieren hacer el reverendísimo favor de callarse?

Vamos a calmarnos, hermanas. Ahora más que nunca es cuando debemos guardar sosiego y demostrar clarividencia para averiguar adónde ha podido irse la joven sor Rebeca.

Sor Angustias, es tu sobrina, quizás sepas algo que nos pueda iluminar el camino a seguir.

SOR ANGUSTIAS: ¡Ja! ¿Y qué he de saber yo? La niña apenas me dirige la palabra. Se pasa los días metida en las faldas de Sor Eneida.

SOR ENEIDA ( Tocándose el hábito. Irónica .) ¿Sí? Será que aquí está más calentita y a gusto que escuchando tus sermones, pues sin ninguna duda adolecen de falta de amor y caridad.

SOR ANGUSTIAS: ¡Jesús, María y José! ¿Está escuchando, madre superiora?

SOR SAGRARIO hace la señal de la cruz y dirige una mirada reprobadora a SOR ENEIDA.

SOR LUZMILA: Eso está fuera de todo lugar, sor Eneida. La llamo al orden.

SOR ENEIDA: Lo siento, madre.

SOR CONSUELO: Pero, vamos a ver una cosiña, la rapaza marchar no pudo haber marchado por el torno sin que yo la viese. Y que yo sepa, solo la superiora tiene la llave de la iglesia. ¿No es así, madre?

SOR LUZMILA: Sí, es así, Sor Consuelo.

SOR CONSUELO: ¿Entonces? ¿Por dónde marchó Rebequiña?

SOR ANGUSTIAS mira a SOR LUZMILA meneando la cabeza queriendo decir “te lo advertí”. SOR ENEIDA se va apartando poco a poco del grupo mostrando gran preocupación.

SOR LUZMILA: Hay otra salida que da a la calle de las Trinitarias, pegada a la calle de las Huertas.

SOR SAGRARIO: ¿Otra salida? ¿Es posible?

SOR ANGUSTIAS: Si ya lo sabía yo. Se lo había advertido, madre. Que debíamos tapiar el pasadizo, que por donde escapa un asesino, puede escapar una novicia.

SOR ENEIDA ( Aparte. Muy impactada .) Oh, Dios mío, habrá sido capaz.

SOR CONSUELO: ¿Pero qué carallo de asesino? La hermana Angustias no rige.

SOR ENEIDA ( Aparte .) Demasiado bien rige, aunque no se imagina cuánto. Si lo supiera, de la impresión, más que regir, rugiría como un trueno del cielo.

SOR LUZMILA: Por ese pasadizo escapó en 1629 el asesino del hermano del ilustre dramaturgo Pedro Calderón de la Barca. Lo apuñaló unas calles más arriba y no tuvo mejor idea que venir a esconderse al convento.

SOR ANGUSTIAS: Y detrás llegaron en tropel los perseguidores, encabezados por el autor de La vida es sueño . Irrumpieron en nuestra sagrada casa en medio de gritos y amenazas a nuestras hermanas a las que acusaron de encubridoras.

SOR LUZMILA: Al final, el criminal escapó por el pasadizo, ayudado por alguna hermana a la que seguramente amenazó de muerte.

SOR ANGUSTIAS: Ya ves, sor Consuelo, que aún mantengo intacto mi buen juicio, aunque no sé por cuánto tiempo. ( Con mirada acusadora a SOR ENEIDA que disimula sin darse por aludida .) Estoy segura de que aún hoy son comunes las excursiones recreativas.

SOR LUZMILA ( Reprendiéndola .) Sor Angustias, por favor.

SOR ANGUSTIAS: ¡Hay testimonios! ¡Hay rumores! Cualquier día se nos fuga por el dichoso pasadizo hasta el Santo Cristo del altar con los cirios pascuales.

SOR CONSUELO: ¿Y cómo pudo saber la rapaza lo del pasadizo?

SOR ANGUSTIAS: Buena pregunta, hermana tornera ( Mira con fijeza a SOR ENEIDA .) Cómo podría haberse enterado…cuando la entrada está en la biblioteca.

SOR LUZMILA: Hermana Eneida, no tome esto como una acusación, pero solo usted conoce el pasadizo.

SOR ENEIDA ( Mintiendo .) Sí, madre, es cierto.

Pero de mi boca jamás salió una palabra al respecto.

Puede que sor Rebeca me haya sorprendido alguna vez entrando en la cámara secreta.

Usted sabe que allí se guardan los documentos más valiosos para protegerlos de la humedad y de las variaciones bruscas de temperatura.

SOR LUZMILA: Está bien, hermana, está bien. De nada sirve ahora mismo saber el cómo, sino el porqué.

SOR SAGRARIO: Sor Rebeca está a punto de jurar los votos perpetuos. De hecho, la ceremonia está fijada para este domingo.

SOR ENEIDA: Ella misma fijó la fecha: el domingo siguiente a la celebración de Santa Marcela, que es hoy. Quería que esta noche recitásemos la loa del estudiante.

SOR CONSUELO ( Asustada .) ¿Y si no regresa?

SOR ANGUSTIAS camina por todo el refectorio negando con la cabeza y tapándose la cara con las manos.

SOR LUZMILA: Solo hace unas horas que se ha marchado. Debemos confiar en su buen juicio y esperar a que regrese. Todas estábamos nerviosas antes de jurar nuestros votos. Esta noche celebraremos Santa Marcela, tal y como lo hemos establecido.

SOR CONSUELO: ¿Y después, madre?

SOR LUZMILA: Dios proveerá, sor Consuelo, Dios proveerá.

Oscuro.