ESCENA 6
LUCÍA ha pasado unos meses en una clínica en la calle Arturo Soria de Madrid. Su cautiverio ha terminado por quebrar la resistencia de la paciente. Una rendición incondicional celebrada por la familia Cisneros que ha quedado eternamente agradecida con el trabajo del DOCTOR VILLAMIL.
La terapia de conversión ha consistido en un lavado de cerebro nacionalcatólico.
Sesiones interminables de adoctrinamiento a base de amenazas con un encierro de por vida en un psiquiátrico y abundante medicación para reprimir cualquier atisbo de deseo sexual.
Todo ello, unido a un estricto programa de premios y castigos para reconvenir a la paciente por su vergonzante conducta y lograr que regrese a la senda de la auténtica esencia femenina so pena de excomunión y deshonra pública.
Unos meses después, LUCÍA accederá a casarse con uno de los pretendientes que le ha buscado su madre.
El escenario simula el despacho del psiquiatra, un amplio escritorio con sillas grandes y cómodas. Sobre la mesa, carpetas con informes y el libro “La inferioridad mental de la mujer” de Paul Julius Moebius.
DOCTOR VILLAMIL: El trabajo ya está terminado.
Ha hecho usted muy bien, señora de Cisneros.
Lo primero era separar a su hija del objeto de su desviación.
Lucía padecía una fijación nerviosa por su amiga y esto ha provocado en ella sentimientos de confusión y niebla mental que, por otra parte, no son inusuales en jóvenes muchachas que se relacionan con sujetos de ideologías perniciosas.
Lo fundamental era arrancar de raíz la fijación morbosa y ahí ha actuado usted con firmeza y determinación.
SEÑORA CISNEROS: Por supuesto, doctor. Hemos finiquitado el asunto, punto y aparte. En cuanto nos enteramos de que nuestra hija estaba siendo captada por esa… roja peligrosa hemos actuado sin dilación. Solo espero que no sea demasiado tarde para nuestra Lucía.
DOCTOR VILLAMIL: Le aseguro que no lo es. La terapia ha funcionado mejor de lo esperado. Su hija no padecía de un psiquismo viriloide como pudiera temerse en un principio. Su morfología, su timbre de voz, sus ademanes… ya nos alejaron desde el principio de un diagnóstico en esa dirección.
SEÑORA CISNEROS: Si ya lo pensaba yo, que mi Lucía siempre ha sido muy guapa, a pesar de vestir como se viste, claro.
No se puede usted hacer una idea, doctor, de la de buenos muchachos que han estado en vilo, suspirando por una sola mirada candorosa de mi hija.
Pero cuando se cruzan el mucho leer y el más alternar, sucede lo que se conoce: que una le abre los umbrales a gente de baja estofa y de peor calaña.
DOCTOR VILLAMIL: Sí, es cierto. Vivimos tiempos de disfraz y son muchos los que tratan de dar gato por liebre.
SEÑORA CISNEROS: En fin, doctor, si usted me dice que mi hija está curada, le tomo la palabra.
DOCTOR VILLAMIL: Lo digo y lo rubrico. Piense en su hija como en el más bello árbol de su jardín.
A veces, crece una rama torcida que se empeña en ir por donde no debe.
Usted me trajo esa rama y yo se la devuelvo enderezadita (Hace un gesto con las manos, como si doblara algo en el aire y luego lo dejara recto .) ¿No es así?
SEÑORA CISNEROS ( Complacida con la metáfora, pero sin convencimiento .) Sí, es cierto, sí. Ya me ha dado la confirmación de que acepta el cortejo formal de Alfonsito Medina, pero como aún la veo tan… poco… entusiasmada.
DOCTOR VILLAMIL: Pues claro, mujer. Entienda que acaba de terminar un tratamiento intenso y agotador. Es normal que atraviese una etapa de neurastenia.
SEÑORA CISNEROS: Está bien, no se hable más del asunto entonces.
DOCTOR VILLAMIL: Estoy de acuerdo . Y deje ya de preocuparse tanto.
Si fuese su hijo, lo podría comprender mejor: el futuro de la estirpe estaría en juego.
Sin embargo, este tipo de “circunstancias” en mujeres suelen ser transitorias.
Con buen juicio y un tratamiento adecuado, su hija no se desviará de la senda correcta: noviazgo, matrimonio y maternidad. Ya lo verá.
SEÑORA CISNEROS: Muchas gracias, doctor. Y, por supuesto, queda usted invitado formalmente a las nupcias de mi hija el año próximo.
DOCTOR VILLAMIL: Favor que usted me hace, señora Cisneros. Ha sido un placer.
La SEÑORA CISNEROS se levanta y sale del despacho.
Oscuro.