La Gracia ESCENA 3
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ESCENA 3

LUCÍA está preparando la maleta para el viaje a París.

SEÑORA CISNEROS: Lucía, hija, ven aquí. Tengo que hablar contigo. Siéntate un momento.

LUCÍA: ¿Qué pasa, mamá? Sé rápida, por favor. Estoy preparando la maleta para el viaje de fin de carrera.

SEÑORA CISNEROS ( Nerviosa. Retorciéndose las manos .) Lo siento, hija, pero para ti no habrá ningún viaje.

LUCÍA: ¿Por qué dices eso, mamá? ¿Qué pasa? Me estás asustando.

SEÑORA CISNEROS ( Pasea por la estancia sin mirarla a la cara.) Hace tiempo que estoy preocupada por ti, por tu…deriva personal. ( Se enciende un cigarro con parsimonia .) Ya te habrás dado cuenta.

LUCÍA: A papá no le gusta que fumes en casa. Se va a enfadar.

SEÑORA CISNEROS ( Levanta despacio los párpados .) Tu padre no está aquí ( Media sonrisa sardónica .) Si estuviera aquí más a menudo, otro gallo cantaría.

LUCÍA ( Siguiendo con la vista a su madre .) Trabaja mucho, se pasa la vida en el ministerio.

La madre de LUCÍA se muerde la lengua. Sabe perfectamente que las largas jornadas de su marido en el ministerio no explican todas sus ausencias.

SEÑORA CISNEROS: Sí, tu padre trabaja mucho para darle a su familia la posición que se merece. Y yo soy la encargada de que nosotras cumplamos nuestra parte.

LUCÍA resopla.

SEÑORA CISNEROS: Tu padre ha sido tan magnánimo como para permitirte estudiar una carrera.

No sé muy bien para qué porque para gobernar una casa no te hace falta perder el tiempo entre novelerías y ensoñaciones absurdas.

Con aprender a manejar al servicio y atender bien a tu marido es más que suficiente ( La mira ahora intencionadamente, quiere observar su reacción al comentarle el tema del matrimonio .) ¿No dices nada?

LUCÍA: Ya sabes que, por ahora, no contemplo la opción del matrimonio.

SEÑORA CISNEROS ( Tajante .) Ni por ahora, ni por después.

Y no es una opción, es lo que hay. Tienes veintidós años y tu deber es prometerte y casarte.

Ni siquiera has dejado que se te acerque uno solo de los pretendientes que te he buscado entre las familias de nuestra posición.

Los has ahuyentado a todos. ¡La gente habla!

LUCÍA ( Se levanta y se enciende un cigarro, retando a su madre .) Pues que hablen. Siempre te ha importado más lo que piensen los demás que lo que piense tu propia familia. ¿Por qué tienes que ser así? ¿Por qué nunca te ha importado lo que yo siento?

SEÑORA CISNEROS: ¿Eso piensas? ¿Que no me importa?

Me importa tanto como para hacer el mayor sacrificio.

Óyeme bien, estoy harta de morirme de vergüenza por tu culpa, de tragar con las maledicencias de la gente a mis espaldas, esas malditas murmuraciones que me atormentan.

La gente es cruel y no pierde oportunidad para humillarnos.

Hablan y dicen y juzgan y yo tengo que quedarme ahí parada, escuchando.

Claro, como creen que el oído todo lo soporta, como tiene entrada y salida, no guarda más que lo que le conviene guardar.

( Se sienta y se tapa la cara con las manos.

) ¿Por qué a mí, Dios mío? ¿Por qué yo? ¿Qué te he hecho?

En ese momento entran en el salón dos hombres uniformados. Son celadores de la clínica en la que LUCÍA va a ser internada.

LUCÍA: Mamá, ¿qué es esto? ¿Qué está pasando? ¿Quiénes son estos hombres?

SEÑORA CISNEROS ( Con voz derrotada .) Lo he intentado todo contigo.

Te he procurado la mejor educación. Nada más acabar la guerra, ingresaste en el Sagrado Corazón, con la élite moral del país.

Te he enseñado a ser buena cristiana y una mujer de bien, pero tú siempre poniendo palos en las ruedas, siempre humillándome con tu empecinamiento en llevar una vida pecaminosa. Te lo advertí muchas veces…

LUCÍA ( Tono suplicante .) Mamá, por favor.

SEÑORA CISNEROS ( Enajenada .) ¿Te lo advertí o no? Te repetí muchas veces que esa rebeldía tuya iba a ser tu ruina. Pero no, ya no, no permitiré que traigas la deshonra a esta familia. ¡Antes muerta que manchada!

LUCÍA ( Barruntando lo que la espera .) ¿Qué dices, mamá? Explícame de una vez para qué están aquí estos hombres.

SEÑORA CISNEROS: Cállate, por Dios, cállate de una buena vez.

Se acabó, ¿me oyes? Se acabó. ( Acercándose a su hija, le coge la cara con las manos .) Ya no más.

Ya no más, por favor . Tú no estás bien, hija.

Yo no quería admitirlo porque eres mi hija pequeña, pero ya está: ahora voy a ayudarte.

Estos señores van a llevarte a un lugar en el que por fin te van a curar.

LUCÍA ( Soltándose de su madre .) ¿¡Curarme de qué!? ¡No! Estás loca. No voy a ir a ningún sitio. ¡Yo no estoy enferma!

SEÑORA CISNEROS ( Señalándola con el dedo .) Serás capaz de negarlo, como hizo Pedro.

¿Serás capaz? Que te ves a escondidas con esa mujer para hacer vuestras porquerías.

Que Dios no permita que se entere la gente porque entonces sí que sería nuestra ruina, la defenestración de nuestro apellido.

Nuestra posición, los negocios de tu padre, de tu hermano, todo quedaría manchado.

¿No te das cuenta? Creía que las monjas te enseñarían la vital importancia de la moralidad y tú, cómo no, escarbando en la impudicia. ¡Como una invertida!

LUCÍA ( Noqueada, sus lágrimas brotan sin contención .) No me hagas esto, mamá. Por favor.

SEÑORA CISNEROS: ¿Lo niegas?

LUCÍA no dice nada. Solo llora sin dejar de mirar a su madre.

SEÑORA CISNEROS: Claro que no lo niegas.

Tengo todas las pruebas aquí ( Abre un cajón y saca un fajo de fotografías de LUCÍA con SUSANA en actitud cariñosa .) Qué decepción más grande, qué disgusto, Dios mío.

A esto nos has obligado por tus mentiras patológicas, por tus desviaciones.

Pero esto ( Sacudiendo las fotos .) ya se acabó.

No verás nunca más a esa mujer, de eso ya me he encargado yo.

LUCÍA ( Horrorizada al ver las fotos .) ¿Qué vas a hacer? ¡No se te ocurra hacerle nada a Susana! ¡Mamá! Vas a acabar conmigo, vas a arruinarme la vida.

SEÑORA CISNEROS: Precisamente eso es lo que estoy evitando.

Al menos tú tienes una familia que vela por ti y te ayudará a volver al buen camino.

Nadie se enterará de este desgraciado infortunio, de eso también me he encargado.

De lo que le pase a… esa ya no puedo hacerme cargo.

La policía sabrá a qué atenerse con ella.

LUCÍA: ¡Estás loca! ¡Te odio! ¿Dónde está papá?

SEÑORA CISNEROS: Deja a tu padre en paz. Está tan abochornado, tan…ultrajado por tu conducta que no ha querido presenciar esta…esta escena humillante para todos. Pero, a partir de ahora, hija mía, lo vamos a hacer mejor, ya verás. ( Hace un gesto con la cabeza hacia los dos celadores ).

LUCÍA: ¿Adónde me llevan, mamá?

SEÑORA CISNEROS: Los médicos de la clínica se harán cargo de ti hasta que estés curada. Me han prometido que te darán los mejores cuidados, las mejores terapias para tu patología. No temas, hija. Algún día me darás las gracias por salvarte, por no permitir el escarnio.

LUCÍA ( Los celadores la agarran por los brazos y la conducen a la calle .) Mamá, no, por favor ( Gritando .) ¡No, mamá! ¡Mamáaaaa!

SEÑORA CISNEROS ( Llora. De espaldas y agarrando un crucifijo que lleva al cuello .) Tranquila, hija mía. Me han asegurado que en la clínica hay una capilla. Reza, reza mucho y te curarás. Yo rezaré por ti todos los días. Dios te salvará. El Señor te salvará.

Oscuro.