La Gracia ESCENA 2
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ESCENA 2

SUSANA espera impaciente a LUCÍA. Ambas son estudiantes de Filosofía y Letras. Se conocieron en la facultad y fueron descubriéndose poco a poco hasta que sucedió lo inexorable, lo que desde hace tiempo han dejado de negarse a sí mismas: están enamoradas.

En el escenario, un escritorio, libros apilados en rimeros por el suelo, un sofá en el centro. Suena un timbre. SUSANA deja el libro que está leyendo y se levanta a abrir la puerta. Entra LUCÍA. Se abrazan.

SUSANA: Has tardado.

LUCÍA: He tenido que ir a misa con mi madre. No sabes lo pesada que está con el tema del pretendiente. Si ella supiera…( Se enciende un cigarro y camina por la estancia .)

SUSANA: Si supiera… ( Acercándose a ella y cogiéndole por la cintura. ) que ya tienes una “pretendienta”.

LUCÍA ( Se separa con suavidad .) No bromees con eso, por favor. No me imagino de lo que sería capaz.

SUSANA: ¿Y bien? ¿Se lo has dicho?

LUCÍA: Aún no. Tengo que esperar el momento más adecuado.

SUSANA: Mientras no se lo digas al cura, todo va bien. El curso se acaba, no puedes demorarte mucho más o se lo dirás cuando ya estemos en el tren.

LUCÍA calla. Fuma y camina por el cuarto.

LUCÍA: He tenido que confesar.

SUSANA: ¿Por qué? ¿Acaso te sientes culpable por algo?

LUCÍA: No, eso es lo extraño. Me siento más en paz que nunca.

SUSANA: Lo que según la Iglesia es un pecado de soberbia.

LUCÍA: Lo hice por mamá, para que no sospeche.

SUSANA: ¿Estás segura de que solo es por eso?

LUCÍA: Sí, lo estoy. Deja ya de preocuparte. No hay razón. Al cura le conté las tonterías de siempre.

SUSANA: Que deje de preocuparme, dice. No pienso subestimar a casi dos mil años de adoctrinamiento judeocristiano. Que por eso andamos como andamos en España.

LUCÍA ( Se acerca a SUSANA. Le coge la mano y la lleva hasta el sofá .) Lo sé. Ya lo sé, de verdad que lo sé ( La besa en los labios .) pero debo hacerlo bien.

SUSANA ( Sonriendo .) Anda, qué optimista que creas que hay una forma buena de hacerlo.

LUCÍA: Debo creerlo. No quiero perder la esperanza. Y ya conoces a mi familia, no todas hemos tenido tu suerte.

SUSANA ( Mirándola embelesada a los ojos, de un intenso azul cielo .) Sí, sí que tengo suerte. No me imagino una dicha mayor que poder mirarte ( Se acerca .) tocarte ( Le acaricia la mejilla .) besarte ( Intenta besarla .)

LUCÍA ( Apartándose zalamera .) ¿Y tú? ¿Ya le has dicho a tu padre que nos vamos de “viaje de fin de carrera”?

SUSANA: El viejo ya lo sabe. Y me ha dado su bendición con envidia sana. Él también viajó a París y recorrió Francia en su juventud. Me ha pedido un favor, algo que desea mucho, pero que no puede hacer por si las moscas.

LUCÍA: ¿El qué?

SUSANA: Quiere que entregue una carta en Collioure.

LUCÍA ( Soñadora .) Machado.

SUSANA: Sí, para don Antonio ( Recita .)

“Tu profecía, poeta.

Mañana hablarán los mudos:

el corazón y la piedra”.

LUCÍA se queda callada, como mirando a la nada. Se levantan .

SUSANA: ¿Qué pasa? No me gusta nada cuando te quedas tan ensimismada. Puedo ver los nubarrones que se van formando en tu cabeza. Y me asustan.

LUCÍA: ¿El qué te asusta?

SUSANA: La tormenta contra la que luchas. ( Se acerca e intenta cogerla por la cintura, pero LUCÍA se aleja .)

SUSANA: No, ven, ven. No te apartes de mí que sabes que tu cercanía me vuelve loca. Yo ya no vivo más que en tus proximidades.

LUCÍA ( Riéndose .) Uy, espérate, que resulta que me he enamorado de Gabriela Mistral.

SUSANA: Sí, de una Premio Nobel, ni más ni menos.

LUCÍA ( Con falso orgullo .) Más menos que más, a ver, no te vayas tú a creer que me tienes en la palma de tu mano.

SUSANA ( Se mira las palmas de las manos .) Ojalá pudiera atraparte aquí, siempre entre mis manos, tenerte solo para mí. Y que al mundo le diese igual.

Se miran con fuego y se besan apasionadamente hasta que LUCÍA se aparta.

SUSANA: ¿Qué te pasa? Te noto inquieta.

LUCÍA: Es que tengo una sensación extraña. ( Sin dejar de pasear por el estudio .)

SUSANA: ¿Qué tipo de sensación?

LUCÍA: Creo que alguien me sigue, que alguien trata de espiarme.

SUSANA: ¿Estás segura?

LUCÍA: No. Sí. No sé. Pero estoy empezando a obsesionarme.

SUSANA: Somos cuidadosas, nadie tiene por qué sospechar nada.

LUCÍA: “Sospechar”. Qué palabra más horrible. Vivir en este sinvivir de apariencias, de máscaras y presentir todo el tiempo que algo malo va a pasar por…por…

SUSANA: ¿Por?

LUCÍA: Por ser como somos.

SUSANA: ¿Inteligentes? ¿Guapas? ¿Jóvenes? ¿Cómo somos? A ver, dime, cuéntame.

LUCÍA ( Sonríe. Se acerca y le coge de la mano .) Hay una palabra, pero no me gusta.

SUSANA: ¿Solo una? Curioso. Yo conozco varias. ¿Por qué no te gusta?

LUCÍA: Porque la gente la dice con desprecio.

SUSANA: Entonces a quien no le gusta es a la gente, no a ti.

LUCÍA la mira y sonríe.

LUCÍA: Nosotras al menos hemos leído lo suficiente para ponerle nombre. Piensa en todas las mujeres que irán al confesor creyendo que lo que sienten es una enfermedad o un pecado.

SUSANA: O que crean que están incubando un virus que afecta a estómago y genitales.

LUCÍA: No te burles.

SUSANA: No lo hago, de verdad que no. Y sí, conocemos suficientes palabras como para ponerle nombre a lo que nos pasa.

LUCÍA: Pero el libro que nos gustaría leer aún está por escribir.

SUSANA: O no. Mira aquí. ( Señala las estanterías abarrotadas de libros que adornan las paredes del estudio .) En esta habitación, el viejo ha ido atesorando lo que el régimen consideraría “material pernicioso”, “obras disolventes que rozan la herejía”.

LUCÍA: ¿Y tu padre no tiene miedo de que un día descubran todo esto? Porque si lo hacen, quemarían este sitio con nosotras dentro.

SUSANA: Se conoce que es más fuerte su fobia a la ignorancia que a la hoguera. Es un intelectual, un polímata, un filósofo.

LUCÍA: Es un inconsciente.

SUSANA: Eso también, pero gracias a que sabe comprar en el extranjero ha ido reuniendo un montón de “libros prohibidos” que nosotras hemos podido leer, como este, por ejemplo, El pozo de la soledad . Gran libro, ¿no?

LUCÍA: Ya, ¿y cómo acabó Radclyffe Hall? Con un juicio por obscenidad.

SUSANA: Bueno, en España habría sido mucho peor. Ni siquiera hubiese tenido juicio.

LUCÍA: Eres única dando ánimos.

SUSANA: Ummm… Mira este. También tenemos a tu adorada Virginia Woolf ( Empieza a recitar de cara al público .) Escucha, escucha.

“Entonces puedo deciros que las palabras que a continuación leí eran exactamente estas ‘A Chloe le gustaba Olivia…’ No os sobresaltéis. No os ruboricéis. Admitamos que en la intimidad de nuestra propia sociedad estas cosas ocurren. A veces, a las mujeres les gustan las mujeres”.

¿Ves? ( Moviendo el libro y señalando la página .) Aquí lo pone claramente. Qué inmensa era la autora de Orlando .

LUCÍA ( Con tristeza .) Sí, tan inmensa como el río y como las piedras que se la llevaron.

SUSANA: Ahora eres tú la poeta.

LUCÍA ( Espantando la visión de la muerte .) ¿Y bien? ¿Ya tienes planeado cómo, de qué manera cumplir tu sueño más anhelado? Porque por algo vamos a París y no a ningún otro lugar, ¿no?

SUSANA: Mi lugar siempre eres tú, Lucía Cisneros.

LUCÍA ( Se acerca a SUSANA, que la agarra por la cintura .) Mira que te gusta ser melosa.

SUSANA: Mucho. Pero sí, tienes razón. París y Colette son nuestro destino. Colette y la vida nos esperan, Chéri .

LUCÍA: La vida nos espera, qué bonito suena, tan bonito que parece ficción.

SUSANA: Pues vamos a por ella, ¿no? Por cierto, la palabra que buscábamos antes era…

LUCÍA: Amor.

SUSANA: Amor… ¿en Lesbos?

LUCÍA: El amor es amor, ¿qué más da dónde? Anda, vamos. ( Camina hacia la puerta.)

SUSANA ( Mirando al público .) Qué miedo nos dan las palabras que nunca pronunciamos. ( A LUCÍA .) Voy.

Se cogen de la mano y salen.

Oscuro.