La Gracia ESCENA 1
44%

ESCENA 1

ACTO SEGUNDO

El día previo a la misa y al banquete, el PADRE PRÓCULO medita en el confesionario.

Una fila de niñas temerosas y confundidas esperan su turno para confesarse.

Aunque no la temen solo las niñas. Sus madres aguardan preocupadas, rezando para que sus criaturas no las abochornen frente al sacerdote.

No están dispuestas a ser el blanco de sus miradas condescendientes ni de sus humillantes indirectas.

Que no se le ocurra al cura insinuar que en sus familias anida la vergüenza porque, de lo contrario…

LUCÍA: Ave María Purísima.

PADRE PRÓCULO: Sin pecado concebida. Dime, hija, ¿de qué te acusas?

LUCÍA: Me acuso de no querer hacer la comunión, padre.

PADRE PRÓCULO ( Poniéndose en alerta .) ¿Y cuál es la razón, hija mía?

LUCÍA ( Con la cabeza gacha .) Me obligan a llevar un vestido y yo no quiero ponérmelo.

PADRE PRÓCULO: ¿Y qué quieres ponerte entonces?

LUCÍA: Quiero ir de marinero, como fue mi hermano.

PADRE PRÓCULO: Pero tu hermano es varón y como tal debe vestirse. Tú, en cambio, eres una señorita y debes vestir conforme a tu condición.

LUCÍA: Ya, pero… es que a mí no me gustan los volantes, ni los velos, ni los tocados. Y a Dios no creo que le importe qué lleve puesto por fuera, sino por dentro.

PADRE PRÓCULO ( Con tono enfadado .) Niña, no blasfemes.

No utilices el nombre de Dios en vano. Al Señor le importa que cada uno esté en su sitio en un día tan señalado, cumpliendo fielmente su papel, y el tuyo, como sierva del Señor, es ir con un vestido apropiado, lucir hermosa y discreta, y nada más.

LUCÍA ( Apretando los dientes y masticando rabia .) Hay chicas que se visten como quieren y son muy bonitas. Además, todos los españoles somos iguales ante la ley. Lo dice la Constitución.

El PADRE PRÓCULO abre mucho los ojos. No puede creer lo que acaba de escuchar de boca de una mocosa de diez años.

PADRE PRÓCULO: Pero… qué dices, hija. ¿Te llamas Lucía, verdad? De los Cisneros, ¿verdad que sí?

LUCÍA: Sí, padre.

PADRE PRÓCULO: Pero ¿tú qué vas a saber de la Constitución?, vamos a ver. Ese documento del demonio no tiene nada que ver en este asunto que estamos tratando.

LUCÍA: Sí tiene. Sí tiene. Lo ha dicho el ministro que ya deja torear a Juanita Cruz. Que las mujeres pueden ser toreras y ponerse el traje de luces como los hombres. Y que todo eso lo pone en la Constitución.

PADRE PRÓCULO ( Que se le agota la paciencia .) ¿Torera? Esta niña está desvariando. Se dice “torero”, insolente. ¿Y se puede saber quién te ha contado a ti todo eso?

LUCÍA ( Con los ojos llenos de luz .) Mi tío Luis, que es muy aficionado a la tauromaquia.

Me lee todas las crónicas taurinas y se ríe mucho con la historia de Juanita, pero a mí me encanta.

Es muy guapa y torea que no veas. Ya ha toreado una novillada en Córdoba junto a uno joven y larguirucho al que le dicen “Manolete”.

Y en agosto está anunciada para la Maestranza.

PADRE PRÓCULO: Un respeto, niña. A mí no me tutees.

LUCÍA: Perdone, padre Proculo.

PADRE PRÓCULO ( Enfadado .) Es “Pró-cu-lo” con la o esdrújula. ( Rezongando .) Primero les dieron el voto y ahora esto. ¿Adónde vamos a llegar, Dios mío? Así que, como esa señorita se viste de cualquier manera contraria a su condición, tú quieres imitarla, ¿no es así?

LUCÍA: Bueno, sí. Quiero ser como Juanita. Es muy valiente y muy libre. A ver, si ella puede vestirse de torero, pues yo quiero vestirme de marinero.

PADRE PRÓCULO ( Mascullando .) Maldita República que no nos trae más que problemas.

Verás, Lucía Cisneros, esas ideas perniciosas son pecado porque tratan de apartar a las mujeres de la senda natural trazada por Dios para ellas.

Y, si no te arrepientes ahora mismo de todos esos pensamientos y deseos pecaminosos, no podrás hacer la comunión, ¿me entiendes?

¿Cómo crees que se tomarán tus padres el oprobio que supone tener una hija como tú, que no es digna de recibir la comunión?

LUCÍA ( Con tristeza .) Mal, no les gustaría.

PADRE PRÓCULO: Claro. Debes saber, hija mía, que esas ideas que tienes en la cabeza son obra del diablo, que es cruel y sibilino.

A veces, si no somos fuertes, logra convencernos para que hagamos lo contrario de lo que es correcto según nuestra naturaleza.

Eso es lo que te está pasando. Y si te dejas tentar por el diablo…

no habrá sitio para ti en el reino de los cielos.

LUCÍA ( Aterrada. Temblando de miedo .) Yo no quiero ir al infierno, padre. ¡No quiero, no quiero!

PADRE PRÓCULO: Claro que no. Y por eso tienes que arrepentirte y jurar ante Dios que vas a apartar de ti esos pensamientos.

LUCÍA ( Angustiada y llorosa .) Pero yo… yo… ( Sorbiéndose los mocos .) Me arrepiento, padre.

PADRE PRÓCULO: Entonces, ¿te pondrás el vestido y estarás muy contenta mañana?

LUCÍA ( Abatida .) Sí, padre Procu.. Por… culo.

PADRE PRÓCULO ( Impaciente .) “Pró-culo”, se dice “Pró-culo”, con la o esdrújula.

LUCÍA ( Llorosa .) Perdone, padre…

PADRE PRÓCULO: Bueno, mira, déjalo ya que me tienes contento. Demonio de niña.  Ahora debes rezar cinco padrenuestros y tres avemarías. Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Ve con Dios, hija.

LUCÍA trata de limpiarse las lágrimas con el dorso de la mano dejando un reguero de mocos en la manga de su camiseta.

Se sienta en un banco de la iglesia y reza las oraciones que le ha ordenado el cura.

El PADRE PRÓCULO sale un momento del confesionario y busca con la mirada a la SEÑORA CISNEROS que se encuentra en el corro de madres que esperan en el atrio del templo.

Se dirige hacia allí con paso firme y mirada furibunda.

PADRE PRÓCULO ( Dirigiéndose a la SEÑORA CISNEROS de forma que todas las demás puedan escucharlo .) Dejaré que su hija haga la comunión por caridad cristiana, pero más le vale vigilar bien su educación ¡Ha criado usted a una auténtica virago!

La SEÑORA CISNEROS palidece de vergüenza y clava en su hija una mirada cargada de reproche.