La Gracia ESCENA 3
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ESCENA 3

CARMEN: Es precioso el claustro, hermana. Y ese tejo enorme presidiendo el jardín, con sus ramas blancas de nieve. Así es aún más hermoso.

SOR SAGRARIO ( Complacida .) Verdad dice usted. Con el jardín blanco y estos copos cubriéndolo todo, parece una estampa de la Natividad.

CARMEN: ¿Qué labores se realizan en el convento, sor Sagrario?

SOR SAGRARIO: Las hermanas nos repartimos entre diferentes quehaceres, indispensables para el buen funcionamiento de esta santa casa.

Unas hermanas se dedican a bordar, una actividad que nos concede el sosiego que tanto bien hace al alma, ya lo comprobará si lo prueba.

Otras se ocupan de la cocina y preparan los sabrosos manjares de que nos alimentamos.

No son nada del otro mundo, no se crea que aquí ofrecemos banquetes.

Hemos pasado tiempos muy complicados, de verdadera necesidad, pero gracias a Dios, no nos falta con qué alimentar el cuerpo y el espíritu.

CARMEN asiente. Al llegar a la altura del pequeño invernadero, SOR REBECA las saluda entusiasmada.

SOR REBECA: Sea usted muy bienvenida, señora Laforet. Es un honor tenerla con nosotras.

CARMEN ( Se acerca a la joven novicia y le estrecha la mano .) Eres muy amable, espero merecer este honor que me hacen.

SOR SAGRARIO y CARMEN siguen con su paseo por el claustro.

SOR SAGRARIO: Sor Rebeca está terminando su noviciado.

Es la más joven de nuestra comunidad. Ahora está limpiando la nieve que se acumula en el techo del invernadero y también se encargará de que todo esté en orden en el cuarto del carbón y la madera.

Dependemos de ellos para cocinar y para calentar las celdas, así que debemos saber en cada momento qué cantidad tenemos y cuánta nos hace falta.

CARMEN: Parece una joven muy vehemente.

SOR SAGRARIO: Sin duda… lo parece.

CARMEN: Me estaba usted hablando de las tareas del convento.

SOR SAGRARIO: Sí, todas las hermanas nos ocupamos de la limpieza, por turnos.

Tratamos de que la casa esté en orden y lo más pulcra posible.

Para ello, contamos con un almanaque en el que se organizan las tareas por día de la semana.

Así llevamos bien la cuenta de lo que está limpio y lo que está por limpiar.

Sor Eneida se ocupa de la biblioteca, aunque a veces la ayuda Sor Rebeca.

Están muy unidas. Nuestro convento nació en el siglo XVII, por lo que contamos con muchos documentos que ordenar, restaurar y archivar adecuadamente.

CARMEN ( Sonriendo .) Me encantaría poder visitarla, sor Sagrario.

SOR SAGRARIO: Me lo figuraba. Y podrá hacerlo, no se preocupe.

En ese momento se acercan al claustro la priora y la vicaria.

SOR LUZMILA ( Estrechándole la mano con una sonrisa afable.) Señora Laforet, quiero darle la bienvenida a la humilde casa de las hermanas trinitarias.

Espero que su estancia entre estos sagrados muros la ayude a encontrar la paz de espíritu que seguro está buscando.

Sor Angustias, nuestra vicaria, y yo quedamos a su servicio para lo que pueda necesitar.

CARMEN ( Un poco fuera de lugar .) Se lo agradezco muchísimo, reverenda madre. Solo espero no entorpecer con mi presencia la importante labor que realizan.

SOR ANGUSTIAS ( Con gesto de claro desprecio .) Y yo espero de corazón que encuentre entre nosotras la iluminación que claramente le ha sido vedada hasta ahora.

La priora la reprende con la mirada.

CARMEN ( Azorada .) Eso espero, sor Angustias.

Salen SOR LUZMILA y SOR ANGUSTIAS.

CARMEN: ¿He hecho algo mal, sor Sagrario? Tengo la sensación de que no le gusto a sor Angustias.

SOR SAGRARIO ( Con una sonrisa .) Tranquila, mujer, para caerle bien a la hermana Angustias tendría que haber sido testigo de la Última Cena.

Y que Dios me perdone por el comentario, pero es bastante gruñona.

Por eso no la reelegimos como priora. Con sor Luzmila al mando, la vida en el convento es más apacible.

CARMEN: Parece una mujer muy agradable.

SOR SAGRARIO: Y muy cabal. Tiene el don de la intercesión. Bien, Carmen, ahora puede practicar la oración por su cuenta, en su celda o en la iglesia. Seguramente su estancia aquí responde a la necesidad de sentir una comunión más estrecha con el Señor y eso solo se consigue con la oración.

CARMEN: Así es, hermana. Quiero rezar por dos personas muy cercanas que me importan mucho. Y además, yo misma necesito profundizar en algo muy fuerte que he sentido, en una verdad que se me ha dado y que quiero aprender a mantener conmigo.

SOR SAGRARIO: ¿La verdad de Dios?

CARMEN asiente, pero no dice nada.

SOR SAGRARIO ( Cogiéndole afectuosamente la mano .) Ha hecho bien en venir.

Recuerde que a las 12 debe acudir al coro donde rezaremos el Ángelus y después nos reunimos en el refectorio para la comida.

Podrá descansar hasta las 15, la hora de la nona, y después las hermanas ensayamos cantos en el coro, terminamos alguna labor o leemos y estudiamos la historia de nuestra orden.

CARMEN: Tienen ustedes una vida muy ordenada.

SOR SAGRARIO: Dios nos anima a vivir de manera diligente y provechosa. El orden es un principio divino.

CARMEN: ¿A las 18 es la misa a la que pueden acudir los fieles a la iglesia?

SOR SAGRARIO: Así es. Después, bordamos hasta la hora de la cena; con los bordados sacamos algunos beneficios que nos ayudan a sobrevivir. Son tiempos difíciles. A las 21 son las completas y a las 22 comienza el periodo de silencio mayor y descanso.

CARMEN: Muchas gracias, hermana. Es usted una embajadora maravillosa.

SOR SAGRARIO ( Se ruboriza .) Gracias a usted por sus palabras.

Soy monja en cuerpo y alma, mi vida está consagrada a Dios, pero también me he formado en la orden como enfermera.

Cuidar y ayudar a los demás es una recompensa que agradezco cada día a Jesús y a la Virgen María.

Le deseo una estancia grata y provechosa en el convento.

Se separan y se van.