ESCENA 2
SOR LUZMILA: Está bien, hermana Angustias, hable. No entiendo qué es lo que obliga a tanta premura.
SOR ANGUSTIAS ( Gesto huraño .) Pues que al final sí que se ha presentado. Con este temporal y cayendo chuzos de punta. ¿Usted cree?
SOR LUZMILA ( Severa, pero amable .) Creo, hermana, creo.
Creo en Dios, nuestro Señor, y creo en que, si ha venido, es porque Dios así lo ha dispuesto .
Pero vamos a ver, Angustias. Sé que está en contra de los retiros espirituales porque considera que las seglares no deben compartir nuestro sagrado espacio de clausura.
Sé también que no le agrada compartir las liturgias con ellas.
Pero ya conoce el porqué de tales estancias entre nosotras. No me haga volver a explicárselo.
SOR ANGUSTIAS ( Con tono machacón .) Lo sé muy bien, madre, y no crea usted que la tomo por un papagayo, pero una cosa es la necesidad de recaudar dinero para poder continuar con nuestra misión en la fe y otra es admitir en nuestra santa casa a mujeres que bien harían quedándose en la suya propia, atendiendo a su marido y a sus hijos.
Porque, si no estoy en error de conocimiento, esa mujer tiene tres niñas abandonadas y un marido al que atender.
SOR LUZMILA: ¿Cuántas dignas señoras, matrimoniadas y con hijos, han pasado una breve temporada entre nosotras?
Angustias, entre en razón. Ni es la primera ni será la última.
A nosotras acuden quienes necesitan orientación y quienes desean profundizar en su fe en Cristo.
Y en esa materia no interviene en absoluto la condición de maternidad.
Y, por favor, no utilice más esa palabra, se me antoja demasiado… judía.
SOR ANGUSTIAS ( Sorprendida .) ¿Cuál palabra?
SOR LUZMILA: “Dinero”. ( Tajante .) Yo prefiero hablar de donativos, que es lo que son. No están los tiempos como para remilgos. Bien lo sabe usted, que estuvo en el cargo antes que una servidora y conoce las cuentas al dedillo.
SOR ANGUSTIAS: A fe que lo sé, posguerra y hambre son palabras de la misma familia, pero las otras siempre son señoras muy pudientes, con apellidos nobles que les abren puertas sin llamar siquiera.
Son de las que a sus hijos no les falta custodia y protección cuando ellas no están en casa ( Maliciosa .) y cuando están, tampoco.
Pero esta señora no, aunque con eso de que viene recomendada…
SOR LUZMILA: Muy bien recomendada, por alguien cuya generosidad es fundamental para nuestra orden. ¿No será otra la razón que le lleva a una oposición tan tenaz a que esta mujer profundice en su fe entre nosotras? Si no recuerdo mal, usted estuvo fuera del convento unos días en el 47.
SOR ANGUSTIAS ( Justificándose .) ¡Sor Luzmila! Fue por fuerza mayor.
SOR LUZMILA: Lo sé, mujer, lo sé. No es un reproche lo que le digo, es una indagación, una hipótesis, más bien.
SOR ANGUSTIAS: ¿Una hipótesis? No creo en hipótesis, creo en la fe.
SOR LUZMILA: La fe es como una hipótesis, pero no nos hace falta ningún experimento para creer en ella.
SOR ANGUSTIAS: ¡Por la Virgen María! Deje usted los silogismos a los filósofos, reverenda madre. ¿Qué me quiere decir?
SOR LUZMILA: Le digo que cuando volvió de su salida en el 47 nos contó que por primera vez había ido al cine.
SOR ANGUSTIAS ( Arrebolada .) Vaya, tiene memoria afilada, madre.
SOR LUZMILA ( Con tono insinuante .) ¿Qué película fue a ver, hermana?
SOR ANGUSTIAS ( Con tono despectivo .) Está bien, fue la película basada en ese librucho. Pero ya sabe usted de buena tinta que fui por la fuerza de un chantaje.
SOR LUZMILA: ¿Y?
SOR ANGUSTIAS ( Escandalizada.) ¡Pues que tuvo que ser censurada! Si hasta salía un suicida y unas niñas que, válgame el Señor, lo perdidas que estaban. Y aquellos dos hermanos ( Bajando la voz .) ¡eran herejes! Salí de allí directa al confesionario.
SOR LUZMILA: ¿Y no será que una de las señoras que allí aparecían era tocaya suya y no salía muy bien reflejada?
SOR ANGUSTIAS ( Alterada .) ¡Esa mujer es el único personaje al que no hubiesen quemado en la hoguera los inquisidores! A esa… y a la pobre abuela, claro, pisoteada por todos.
SOR LUZMILA: No se altere, hermana. Si ya me parecía a mí que era por eso.
Sor Angustias, no nos podemos dejar afectar por las creaciones de los hombres.
A nosotras solo han de importarnos las creaciones de Dios y todos somos su creación.
Quién sabe si esa mujer no vendrá a purgar su alma por haber escrito esas historias impías o si le pedirá a la Virgen milagrosa amparo y luz para elegir un mejor camino.
Todos somos hijos de Dios, hermana, e iguales a sus ojos.
Y no se hable más del asunto. Vámonos que ya es hora de laudes.
La vicaria refunfuña, pero acata la orden de la priora. Salen juntas hacia el coro.