Capítulo 3 #2
Me acomodé. Me sentía un gigante; todo era mucho más pequeño de lo que recordaba. Incluso Lisa parecía haberse encogido unos centímetros.
–Te veo estupenda –me dijo.
Le sonreí. Estar enamorada hacía que todo pareciera más brillante y emocionante. También yo me había dado cuenta.
–Estoy impaciente por saber cómo estás. Dalila me envió un correo electrónico diciéndome que habías conseguido una beca para la universidad. Me hizo sentir muy orgullosa. ¿Qué haces ahora? –me preguntó.
–Estoy en el primer semestre de mi segundo año.
–¿En Galston?
Asentí
–Sí. Cuando acabe el año, espero poder trasladarme gracias a la beca. Estoy empezando a mirar universidades… Todavía no he decidido si quiero estudiar Derecho o Medicina.
–Te puedo imaginar como abogada. Siempre has sido muy lógica y analítica. Me da la impresión de que te encajaría.
Crucé las piernas y miré a un lado, evitando sus ojos. Había olvidado sus ojos. Tenía una forma de mirarte fijamente como si pudiera ver en tu interior.
–¿Tienes trabajo?
–En televenta. Es aburrido, pero pagan bien y se adapta a mi horario académico, así que está bien.
–Maravilloso.
Se produjo una pausa incómoda.
–¿Vives en el campus? –me preguntó.
–No, en un apartamento, fuera del campus. Está a solo un par de manzanas. Me va muy bien vivir tan cerca de la universidad.
Odiaba ese tipo de conversaciones triviales.
–Bueno, ¿qué te trae hoy a verme? –me preguntó.
Al parecer, ella también las odiaba.
Me aclaré la garganta. Tampoco es que se me dieran muy bien otro tipo de conversaciones.
–Bueno, eh…, tengo novio.
–Ya iba siendo hora. –Se rio–. Es un chico afortunado. Háblame de él.
Se echó hacia atrás en la silla, apoyándola contra la pared.
–Se llama Thomas; trabajamos juntos. Llevamos saliendo casi un año. Creo que estoy enamorada.
Me sonrojé. Ella sonrió.
–Eso es fantástico. Me alegro mucho por ti. El amor es algo muy positivo y creo que es un problema maravilloso que tener.
Le sonreí con timidez. Ojalá fuera así de sencillo.
–Y luego está lo de Emily…
La frase quedó flotando en el aire.
Se levantó del escritorio y se acercó para sentarse en la silla junto a mí. Olía distinto. Antes olía a flores. Ahora olía a vainilla, como si acabara de hornear galletas. Me puso la mano en la rodilla.
–Está bien, Elizabeth. –Se detuvo, permitiendo que sus palabras surtieran efecto–. Está bien amar a alguien que no sea Emily. Lo sabes, ¿verdad? Está bien poder dejar ir.
Absorbí sus palabras, digiriéndolas lentamente.
Dalila me decía lo mismo cuando todavía hablábamos a menudo y no solo cada pocas semanas.
«Cielo, sé que ya te lo he dicho muchas veces, pero creo que te ayudaría mucho si te permitieras dejar ir a Emily.
Te está impidiendo seguir adelante con tu vida y ser feliz», me había dicho en una ocasión después de que yo me hubiera quejado de que Emily se negaba a volver a levantarse de la cama.
Nunca llegaría a entendernos. Emily y yo éramos como dos cuerpos que compartían un alma: ¿cómo iba a renunciar a mi alma?
Después de que Dalila me dijera eso, le colgué el teléfono y no volví a dirigirle la palabra durante un mes.
Pasado un tiempo volví a llamarla, pero desde entonces centraba nuestras conversaciones en los estudios y en cosas sin importancia.
Cuando Lisa pronunció esas palabras, las percibí de un modo distinto.
Su voz tenía un efecto diferente en mí. Quizá se debiera a que conocía tan bien nuestro pasado o a sus años de formación, que le permitían saber qué decir en el momento perfecto, pero algo en ellas hizo que dejara de sentirme culpable por amar a Thomas.
Tenía amor suficiente para ambos. Solo tendría que demostrarle a Emily que seguiría cuidando de ella incluso si él estaba en mi vida.
–Gracias.
Me volvió a sonreír.
–¿Hay algo más de lo que quieras hablar? ¿Necesitas algo? Cualquier cosa…
–No sé si lo sabes o si Dalila te ha comentado algo, pero Emily vuelve a estar muy deprimida. Está peor que antes. Le he estado ocultando la existencia de Thomas porque tengo miedo de hacerle daño. Quiero contárselo, pero no sé cómo.
Lisa ladeó la cabeza, intentando leer mi expresión. Guardó silencio mientras trataba de ordenar sus pensamientos. Siempre elegía sus palabras con cuidado.
–Tengo la impresión de que Emily lo entenderá. Estoy convencida.
–¿De verdad lo crees?
Se me hinchó el corazón. Aparte de mí, Lisa era la persona que más conocía a Emily. Me emocioné.
–Siempre voy a estar a tu disposición para ayudarte. Ya lo sabes. ¿Qué te parece si tenemos unas sesiones para hablar de tu relación con Thomas y del efecto que puede tener en tu relación con Emily?
Ni siquiera tuve que pensar la respuesta.
–Me encantaría –le dije.
Ojalá hubiera venido a verla hace meses, cuando se me ocurrió por primera vez. Ella había estado presente en todos los momentos más importantes de nuestras vidas y podía ayudarnos en esta nueva transición.
–¿Por qué no programas una sesión la semana que viene? Podremos empezar a escarbar en lo que está pasando y elaborar un plan.
Me encantaban los planes.
–Me parece perfecto. –Me puse en pie–. ¿Cuánto te debo por lo de hoy?
Puso los ojos en blanco en un gesto de contrariedad.
–No te preocupes por eso ahora. Nos ocuparemos del tema económico la semana que viene, cuando empecemos a trabajar juntas. Tengo muchas ganas. –Me sonrió, se levantó y me acompañó a la puerta–. ¿Cómo están los Rooth?
–Bien, supongo –le respondí–. No hablamos mucho desde que Emily ha vuelto a enfermar.
Lisa abrió la boca y la volvió a cerrar rápidamente.
–Creo que para ellos también es muy duro. No creo que tengan ganas de volver a lidiar con su depresión –le expliqué.
Cuando estábamos en el instituto y Dalila descubrió que Emily se autolesionaba, se deprimió casi tanto como ella.
Ahora ya nunca querían hablar de Emily e incluso habían dejado de preguntarme por ella.
Yo les seguía la corriente porque, de todos modos, Emily no quería que compartiera con ellos lo mal que estaba, así que era más fácil para todos si no tocábamos el tema.
–Me ha alegrado mucho verte de nuevo. Y puedes contactar conmigo si me necesitas. Siempre. –Lisa me rodeó con los brazos y me dio un apretón–. Cuídate. Nos veremos la semana que viene.
–Lo haré –le prometí.