CAPÍTULO 16 — El interrogatorio del acero #5
Deschamps se inclinó hacia delante sobre el banquillo, apoyando la frente contra la madera y respirando con jadeos espasmódicos.
Toda su estructura de poder, sus contactos en los consejos de administración de Fráncfort y sus conexiones fiduciarias en los paraísos fiscales quedaban reducidas a escombros ante la contundencia de las pruebas documentales y científicas exhibidas por la fiscal anticorrupción.
Ainara desplegó sobre la mesa presidencial el esquema gráfico de la arquitectura societaria offshore intervenida en los servidores de Miraconcha veintiocho, elaborada por los analistas financieros de la Sección de Delincuencia Económica de la policía foral en coordinación con el Grupo de Trabajo de Delitos Financieros de Europol:
—El dinero del crimen corporativo siempre deja un rastro digital indeleble, señoría, por muy complejas que sean las capas fiduciarias que intenten ocultarlo.
El fideicomiso Horizon Trust , domiciliado en el centro financiero internacional de Dubái bajo la ley de fundaciones privadas de los Emiratos Árabes Unidos, no realiza actividad mercantil productiva alguna.
Es un vehículo de tesorería opaca administrado por fiduciarios suizos bajo el control personal de Viktor Sorokin.
Los extractos bancarios recuperados acreditan que en los últimos seis meses Horizon Trust transfirió veinticuatro millones de euros a la filial luxemburguesa de Atalante Capital Partners.
Y desde esa misma cuenta luxemburguesa, don Sylvain Deschamps autorizó las órdenes de pago que financiaron tanto la compraventa de la chatarra contaminada como los honorarios de los dos sicarios chipriotas enviados a ejecutar a Amets Ibarra.
Mathieu Etcheverry aportó en ese instante el testimonio de las escuchas telefónicas autorizadas judicialmente sobre el teléfono móvil satelital intervenido a Deschamps durante su estancia en la villa señorial de Biarritz:
—A las veintidós horas y catorce minutos del pasado jueves —leyó Mathieu de la transcripción oficial validada por el traductor jurado—, don Sylvain Deschamps mantuvo una conversación de tres minutos y cuarenta segundos con un terminal satelital ubicado en los Emiratos Árabes Unidos.
En dicha comunicación, el investigado manifestó textualmente a su interlocutor en Dubái: «El ingeniero Beloki ha sido eliminado y el horno de Eskoriatza está fuera de servicio.
La asamblea cooperativa entrará en pánico el domingo cuando les notifiquemos el vencimiento de los pagarés.
Si la portavoz del Consejo Social intenta oponerse a la dación en pago, el equipo de Arantzazu se encargará de silenciarla antes de que pueda hablar con la fiscalía» .
La correlación temporal entre las órdenes telefónicas y los movimientos bancarios resultaba abrumadora.
Los registros del sistema de compensación interbancaria TARGET2 demostraban que cuarenta minutos después de concluir esa llamada satelital, se emitieron dos transferencias urgentes mediante mensajes SWIFT MT103 con código de prioridad cero hacia las cuentas del Bank of Cyprus en Nicosia.
En el campo de información al beneficiario figuraba la clave alfanumérica «PROJECT_DEBA_SETTLEMENT» , la misma etiqueta que aparecía en la carpeta cifrada encontrada en el ordenador personal de Deschamps.
Un escalofrío de indignación recorrió la sala de vistas.
Hasta los propios letrados de la defensa apartaron la mirada de su cliente, comprendiendo que la causa penal había transitado de un litigio de derecho económico transfronterizo a un sumario de sicariato corporativo y terrorismo patrimonial de máxima gravedad penal.
Deschamps se inclinó hacia delante sobre el banquillo, apoyando la frente contra la madera y respirando con jadeos espasmódicos.
Toda su estructura de poder, sus contactos en los consejos de administración de Fráncfort y sus conexiones fiduciarias en los paraísos fiscales quedaban reducidas a escombros ante la contundencia de las pruebas documentales y científicas exhibidas por la fiscal anticorrupción.
♦ ♦ ♦
El silencio que siguió a la petición del Ministerio Fiscal fue tan denso que durante varios segundos solo se escuchó el murmullo continuo de la lluvia azotando los cristales de la plaza Teresa de Calcuta.
El juez Mendiguren se quitó las gafas de lectura, frotó el puente de su nariz con el pulgar y el índice y miró hacia los abogados de la defensa:
—¿Tiene la defensa algo que alegar respecto a la medida de prisión provisional solicitada?
Fernando Valenzuela se puso en pie con los hombros caídos y el rostro completamente desencajado. Sus papeles de jurisprudencia comunitaria permanecían inertes sobre el estrado:
—Señoría... esta defensa se opone a la prisión incondicional por considerar que no concurre riesgo de fuga si se adoptan medidas alternativas menos gravosas, tales como la retirada del pasaporte, la comparecencia diaria ante el juzgado de guardia y la prestación de una fianza económica que mi mandante está en condiciones de consignar de manera inmediata por importe de dos millones de euros...
—No hay fianza posible frente al asesinato consumado y la delincuencia organizada internacional, letrado —le interrumpió el magistrado con un tono severo y tajante que no admitía réplica.
El juez tomó su pluma oficial, estampó su firma en el borrador de resolución que el secretario judicial acababa de imprimir sobre su mesa y alzó la voz para dictar la resolución en sala:
—Vistos los preceptos legales de aplicación, este Juzgado acuerda decretar la prisión provisional comunicada y sin fianza de don Sylvain Deschamps por concurrir de manera palmaria todos y cada uno de los requisitos exigidos por el artículo quinientos tres de la la legislación procesal penal.
Concurren en el sumario fundadas razones y fundados de la comisión de delitos de gravedad extrema sancionados con penas que alcanzan la prisión permanente revisable; existe un riesgo evidente e inminente de fuga dada la capacidad económica del investigado y sus conexiones patrimoniales en terceros Estados no comunitarios; y se aprecia un riesgo patente de reiteración delictiva y destrucción de fuentes de prueba.
Expídase mandamiento de ingreso en prisión a la dirección del Centro Penitenciario de Martutene. Se declara cerrado el acto.
Al escuchar la palabra «Martutene», la máscara de arrogancia y contención aristocrática de Sylvain Deschamps se desmoronó de golpe en un ataque de histeria incontrolable.
El financiero se levantó del banquillo de un salto, empujando a los agentes forales que intentaban sujetarlo por los hombros mientras sus ojos desorbitados buscaban la mirada de Ainara Zubiaga con una desesperación animal:
—¡No! ¡A Martutene no! ¡A una prisión ordinaria española no, por Dios!
—gritó Deschamps con la voz rota por el pánico, mientras las lágrimas comenzaban a surcar sus mejillas pálidas—.
¡Fiscal Zubiaga, escúcheme! ¡Usted no sabe contra quién está peleando!
¡Viktor Sorokin tiene gente en todas las cárceles del norte!
¡No duraré una semana vivo en ese penal!
¡Me degollarán en las duchas como hicieron con el contable de Marsella!
Los dos agentes de la Ertzaintza lo derribaron con firmeza sobre el banco de madera, sujetándole los brazos a la espalda y colocándole los grilletes de acero con dos chasquidos secos y metálicos.
Deschamps forcejeaba en vano, empapando el cuello de su camisa con sudor frío mientras la saliva se le acumulaba en la comisura de los labios:
—¡Tengo nombres, Ainara! ¡Tengo las claves de acceso a los correos diplomáticos de la Comisión Europea en Bruselas!
¡Tengo los justificantes de pago a los asesores del Ministerio de Economía en Berlín!
¡Yo no di la orden de matar a Beloki! ¡La orden vino de arriba para forzar la intervención de Lakua y liquidar el Concierto Económico!
¡Negocie conmigo un régimen de testigo protegido o mañana seré un cadáver en el patio de Martutene!
Ainara se mantuvo de pie en su estrado con la toga abrochada y las manos apoyadas sobre las carpetas negras.
Observó el derrumbe del hombre que había pretendido comprar el trabajo y la dignidad de un valle entero con dinero ensangrentado de paraísos fiscales.
No había odio en sus ojos castaños; solo una serenidad severa, limpia e implacable:
—La fiscalía no negocia bajo amenazas ni pacta con inductores de asesinato en un pasillo judicial, señor Deschamps —respondió Ainara con una voz gélida que resonó en el ámbito acristalado—.
Si tiene información veraz y contrastable sobre la implicación de autoridades comunitarias o mandantes extranjeros, sus abogados saben perfectamente cuál es el cauce procesal del artículo trescientos setenta y siete de la Ley de Enjuiciamiento Criminal para solicitar una delación premiada.
Pero su primera noche no será en una suite diplomática ni en un avión privado hacia Suiza: será en una celda de aislamiento de Martutene. Llévenselo.
Los agentes forales levantaron al detenido del banco y lo empujaron con paso firme hacia la puerta de seguridad trasera que comunicaba con los calabozos subterráneos y el muelle de carga de los furgones penitenciarios.
Los gritos amortiguados de Deschamps, implorando la protección de la embajada francesa, se fueron apagando a lo largo del pasillo de sillería hasta perderse por completo tras el cierre hidráulico de la compuerta metálica.
Ainara soltó el aire retenido en sus pulmones, desabrochó los botones de su toga y miró a Mathieu, que permanecía junto al terminal informático apagando los monitores forenses.
—El acero ha hablado, Mathieu —dijo ella con un hilo de voz cansada pero firme—. Deschamps está en Martutene.
Mathieu guardó el disco duro blindado en su maletín de aluminio y asintió con una mirada cargada de gravedad: