CAPÍTULO 16 — El interrogatorio del acero #3
Deschamps palideció de manera visible. El color rubicundo de sus mejillas desapareció por completo, sustituido por una palidez cenicienta que hacía resaltar las ojeras oscuras. Sus dedos, apoyados sobre la barandilla de madera del banquillo, comenzaron a temblar con una vibración incontrolable.
—Yo no estuve en esa fábrica... —balbuceó el acusado con un hilo de voz que quebró el silencio de la sala—. Ese vehículo fue utilizado por chóferes y personal de logística de la empresa... yo solo firmaba las cuentas de gastos ordinarias...
—Usted firmaba mucho más que cuentas de gastos, señor Deschamps —le interrumpió Ainara sin piedad, abriendo la segunda carpeta negra sobre los estrados—.
Usted coordinaba la logística del asesinato con la misma precisión con la que diseñaba los contratos de titulización de deuda comercial para desmantelar la industria de este valle.
En los estrados de la sala de vistas, la atmósfera se volvió asfixiante a medida que los peritos del Instituto Nacional de Toxicología ratificaban telemáticamente el informe pericial desde la sede de Las Rozas a través del sistema de videoconferencia judicial.
La pantalla auxiliar mostraba el rostro en primer plano del doctor Carlos Manrique, jefe del Servicio de Química Analítica, explicando con voz monótona y rigurosa la composición molecular de los acelerantes:
—El dióxido de manganeso utilizado en esta mezcla, señoría, presenta una pureza industrial del noventa y ocho coma siete por ciento, con un granulado específico de cuarenta y cinco micras diseñado para acelerar la descomposición catalítica del clorato potásico sin generar deflagración expansiva.
El objetivo de este compuesto en un horno de inducción electromagnética es provocar una sobrecarga térmica localizada en los revestimientos refractarios de silicato de circonio, provocando grietas microscópicas por choque térmico que facilitan la perforación de la camisa de agua de refrigeración.
Quien preparó esa mezcla no pretendía simular una combustión accidental ordinaria; pretendía generar una explosión termoquímica controlada en el momento exacto en que el crisol alcanzara la temperatura de colada de mil cuatrocientos cincuenta grados.
El magistrado Mendiguren tomó notas minuciosas en su cuaderno de vistas, deteniéndose a observar los gráficos comparativos de absorbancia infrarroja proyectados en la sala:
—Doctor Manrique, a preguntas de este tribunal: ¿existe alguna posibilidad técnica de que esas mismas trazas moleculares halladas en el maletero del vehículo del investigado procedan de la contaminación ambiental ordinaria de las carreteras del País Vasco o de la actividad industrial común de la zona?
—Ninguna, señoría —respondió el perito químico con rotundidad científica—.
La relación isotópica del cloro y la presencia de aditivos estabilizantes de fluoruro de polivinilo son exclusivas de la patente comercial registrada por la firma helvética que suministró los botes incautados.
La probabilidad de que dos muestras independientes presenten idéntica composición molecular e isotópica por azar ambiental es inferior a uno entre diez millones.
Fernando Valenzuela permaneció inmóvil en su asiento, con el bolígrafo suspendido en el aire y la mandíbula apretada. Sabía que la prueba pericial química acababa de cerrar la trampa procesal sobre su cliente con la precisión de un cepo de acero forjado.
El doctor Carlos Manrique, jefe del Departamento de Química Analítica del Instituto Nacional de Toxicología, ajustó la cámara de su terminal en Las Rozas para proyectar en primer plano el diagrama tridimensional de fragmentación iónica generado por el espectrómetro de masas Orbitrap:
—Para que su señoría y las partes comprendan la certeza matemática de este informe —prosiguió el perito químico con voz pausada y didáctica—, el análisis de espectrometría de masas no se limita a identificar la fórmula elemental del clorato o del manganeso.
Cada proceso de síntesis industrial deja una huella molecular única, denominada perfil de impurezas traza.
En las muestras recuperadas del crisol de Fagor Ederlan en Eskoriatza, detectamos una concentración infinitesimal de lantano y cerio en una proporción de trescientas partes por billón, utilizada exclusivamente por el laboratorio helvético Helvetia Pyrotech como marcador térmico para verificar el encendido uniforme de sus formulaciones pirotécnicas industriales.
Ainara tomó la palabra, mirando fijamente a Fernando Valenzuela, que permanecía lívido en su estrado:
—Y en el maletero del vehículo Mercedes alquilado por don Sylvain Deschamps en el aeropuerto de Biarritz, señoría, los técnicos de la policía científica de la Ertzaintza levantaron muestras que arrojaron exactamente la misma proporción de lantano y cerio: trescientas dos partes por billón.
La probabilidad combinada de que ambas muestras presenten idéntica firma isotópica de cloro y el mismo perfil de impurezas de tierras raras por mera casualidad es de una entre cuatrocientos millones.
No existe margen para el error experimental ni para la contaminación fortuita en el asfalto.
El acelerante térmico que destruyó el horno número tres y calcinó el cuerpo de don Xabier Beloki viajó en el maletero del coche de este señor cuatro días antes del sabotaje.
Deschamps apretó los labios con tanta fuerza que un hilillo de sangre brotó de su labio inferior.
Miró a su letrado madrileño con ojos suplicantes, pero Valenzuela mantenía la vista clavada en sus notas procesales, incapaz de articular una sola objeción técnica que pudiera desacreditar la pericial del organismo oficial del Ministerio de Justicia.
—¿Tiene la defensa alguna pregunta que formular al perito del Instituto de Toxicología? —inquirió el magistrado Mendiguren con tono severo.
Valenzuela tragó saliva con dificultad y carraspeó antes de responder con voz apagada:
—No... no hay preguntas para el perito químico, señoría. Esta defensa se remite a las alegaciones que formularemos en el trámite de conclusiones sobre la cadena de custodia.
—La cadena de custodia está certificada bajo fe judicial por el letrado de la Administración de Justicia del Juzgado de Bergara, letrado —zanjó el magistrado con sequedad—.
Consta el precinto inviolable número cinco mil cuatrocientos doce y el transporte refrigerado bajo custodia permanente de la Ertzaintza.
La objeción queda rechazada en este trámite.
El doctor Carlos Manrique, jefe del Departamento de Química Analítica del Instituto Nacional de Toxicología, ajustó la cámara de su terminal en Las Rozas para proyectar en primer plano el diagrama tridimensional de fragmentación iónica generado por el espectrómetro de masas Orbitrap:
—Para que su señoría y las partes comprendan la certeza matemática de este informe —prosiguió el perito químico con voz pausada y didáctica—, el análisis de espectrometría de masas no se limita a identificar la fórmula elemental del clorato o del manganeso.
Cada proceso de síntesis industrial deja una huella molecular única, denominada perfil de impurezas traza.
En las muestras recuperadas del crisol de Fagor Ederlan en Eskoriatza, detectamos una concentración infinitesimal de lantano y cerio en una proporción de trescientas partes por billón, utilizada exclusivamente por el laboratorio helvético Helvetia Pyrotech como marcador térmico para verificar el encendido uniforme de sus formulaciones pirotécnicas industriales.
Ainara tomó la palabra, mirando fijamente a Fernando Valenzuela, que permanecía lívido en su estrado:
—Y en el maletero del vehículo Mercedes alquilado por don Sylvain Deschamps en el aeropuerto de Biarritz, señoría, los técnicos de la policía científica de la Ertzaintza levantaron muestras que arrojaron exactamente la misma proporción de lantano y cerio: trescientas dos partes por billón.
La probabilidad combinada de que ambas muestras presenten idéntica firma isotópica de cloro y el mismo perfil de impurezas de tierras raras por mera casualidad es de una entre cuatrocientos millones.
No existe margen para el error experimental ni para la contaminación fortuita en el asfalto.
El acelerante térmico que destruyó el horno número tres y calcinó el cuerpo de don Xabier Beloki viajó en el maletero del coche de este señor cuatro días antes del sabotaje.
Deschamps apretó los labios con tanta fuerza que un hilillo de sangre brotó de su labio inferior.
Miró a su letrado madrileño con ojos suplicantes, pero Valenzuela mantenía la vista clavada en sus notas procesales, incapaz de articular una sola objeción técnica que pudiera desacreditar la pericial del organismo oficial del Ministerio de Justicia.
—¿Tiene la defensa alguna pregunta que formular al perito del Instituto de Toxicología? —inquirió el magistrado Mendiguren con tono severo.
Valenzuela tragó saliva con dificultad y carraspeó antes de responder con voz apagada:
—No... no hay preguntas para el perito químico, señoría. Esta defensa se remite a las alegaciones que formularemos en el trámite de conclusiones sobre la cadena de custodia.
—La cadena de custodia está certificada bajo fe judicial por el letrado de la Administración de Justicia del Juzgado de Bergara, letrado —zanjó el magistrado con sequedad—.
Consta el precinto inviolable número cinco mil cuatrocientos doce y el transporte refrigerado bajo custodia permanente de la Ertzaintza.
La objeción queda rechazada en este trámite.
♦ ♦ ♦
Ainara extrajo de la carpeta un fajo de documentos encuadernados con precinto notarial y los entregó al oficial de sala para su traslado al estrado del juez Mendiguren: