La fragua de Mondragón (Línea de Cupo 2) CAPÍTULO 15 — La incautación de Donostia #6
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CAPÍTULO 15 — La incautación de Donostia #6

—Subinspector: la berlina Mercedes de Sylvain Deschamps acaba de ser interceptada en el peaje de Zarautz por el dispositivo de cierre comarcal.

El conductor intentó saltarse la barrera automática, pero fue bloqueado por dos vehículos camuflados de la brigada móvil.

Deschamps y sus cuatro letrados están bajo custodia en el arcén de la autopista.

El juez Irazábal ha cursado telemáticamente la orden de detención judicial sin fianza por riesgo de fuga y destrucción de pruebas.

Los trasladamos directamente a los calabozos de Bergara para la toma de declaración judicial mañana a primera hora.

Larrea sonrió con una mueca de satisfacción contenida, firmando la orden de entrega en la tableta del motorista:

—Excelente trabajo, sargento. Que aseguren todos los teléfonos móviles y los maletines que transportaban en el vehículo bajo cadena de custodia.

Mathieu observó cómo los detenidos del palacete eran introducidos uno a uno en los furgones celulares. El sol del mediodía calentaba ahora la explanada de gravilla de Miraconcha, y la brisa del Cantábrico disipaba los últimos vestigios del humo acre del sótano.

Tomó su teléfono satelital, marcó el número directo de Bernard Marchand en la sede central de la OLAF en Bruselas y esperó tres tonos hasta escuchar la voz grave de su director general al otro lado de la línea:

—Monsieur Marchand, le informo desde San Sebastián —dijo Mathieu con una compostura impecable—.

La delegación fiduciaria de Atalante Capital ha sido desmantelada.

Hemos neutralizado los dispositivos de destrucción física y asegurado la imagen forense completa de los servidores maestros bajo norma ISO 27037.

La evidencia vincula a Sylvain Deschamps y a Viktor Sorokin con los sobornos industriales, el atentado de Arantzazu y las transferencias ilícitas hacia el CLO de Fráncfort.

La cooperativa Fagor Ederlan ha salvado sus hornos en asamblea soberana.

Envíe el informe preliminar a Eurojust y al BCE.

Esta partida está cerrada en suelo vasco.

Al otro lado de la línea, tras un silencio cargado de asombro y respeto profesional, la voz de Marchand sonó clara y rotunda:

— Magnifique, Mathieu. Vous avez sauvé bien plus qu'une usine. Descanse unas horas. Mañana la fiscalía europea asumirá el relevo en Fráncfort.

Mathieu guardó el terminal satelital y sacó su teléfono personal del bolsillo de la chaqueta técnica. Desbloqueó la pantalla y abrió el canal de mensajería cifrada con la fiscal Zubiaga.

La pantalla mostraba el mensaje que Ainara le había enviado desde el auditorio de Arrasate hacía cuarenta minutos: «La fragua resiste» .

Mathieu sonrió con serenidad, contemplando el azul limpio del Cantábrico y la silueta majestuosa de la costa vasca que se extendía hacia el horizonte, libre de la sombra rapaz de los especuladores que habían intentado arrebatarle su alma industrial.

Tecleó con el pulgar una respuesta breve y definitiva antes de guardar el teléfono:

« Evidencias aseguradas bajo custodia judicial ISO 27037. La red ha caído en Miraconcha. La fragua no solo resiste, Ainara: la fragua ha ganado. »

Mendizabal desplegó en la pantalla del ordenador pericial el desglose detallado de las comunicaciones telemáticas mantenidas entre la sede de Miraconcha y el bufete Garrido pretendía forzar la quiebra fraudulenta de una cooperativa industrial para apoderarse de sus activos productivos a precio de derribo.

Mathieu contempló el ir y venir de las olas sobre la arena dorada de la Concha.

El sol del mediodía bañaba ahora las fachadas señoriales del paseo con una luz dorada y limpia que disipaba las sombras de la intriga financiera.

Miró su mano vendada, sintiendo el latido sordo del dolor bajo el apósito de hidrogel, pero en su interior solo había una certeza luminosa: la fragua de Mondragón estaba a salvo, la conspiración había sido decapitada en su centro neurálgico y el camino hacia la justicia estaba firmemente trazado.

Mendizabal desplegó en la pantalla del ordenador pericial el desglose detallado de las comunicaciones telemáticas mantenidas entre la sede de Miraconcha y el bufete Garrido pretendía forzar la quiebra fraudulenta de una cooperativa industrial para apoderarse de sus activos productivos a precio de derribo.

—Y aquí está el rastro del dinero sucio que financió el sabotaje —añadió Mathieu señalando una tabla de transferencias internacionales del sistema SWIFT—.

Cada remesa de chatarra contaminada con fósforo enviada a Eskoriatza fue pagada mediante cartas de crédito emitidas por una sociedad instrumental de Vaduz, en Liechtenstein, denominada Nordic Scrap Solutions Anstalt .

Esa sociedad está controlada por dos fideicomisarios suizos que rinden cuentas directamente a Viktor Sorokin a través del Banque Cantonale de Genève.

En cuanto el juez Irazábal curse el auto de procesamiento internacional a través de Eurojust en La Haya, las autoridades helvéticas y de Liechtenstein estarán obligadas a decretar el embargo preventivo de las cuentas nodriza bajo el Convenio de Varsovia sobre el blanqueo de capitales.

Sorokin no podrá mover un solo franco suizo sin que las alertas de Interpol salten en todos los aeropuertos del continente.

Mathieu contempló el ir y venir de las olas sobre la arena dorada de la Concha.

El sol del mediodía bañaba ahora las fachadas señoriales del paseo con una luz dorada y limpia que disipaba las sombras de la intriga financiera.

Miró su mano vendada, sintiendo el latido sordo del dolor bajo el apósito de hidrogel, pero en su interior solo había una certeza luminosa: la fragua de Mondragón estaba a salvo, la conspiración había sido decapitada en su centro neurálgico y el camino hacia la justicia estaba firmemente trazado.

Pensó en Ainara, en la fuerza indómita con la que había liderado la resistencia jurídica en Arrasate y en la noche compartida bajo el monte Anboto, donde el fuego del hogar había sellado una alianza más poderosa que todos los códigos penales del mundo.

Sabía que la batalla no había terminado; que aún quedaban por delante los interrogatorios judiciales en Bergara, la resistencia de los comisarios de Bruselas y el enfrentamiento final con los arquitectos de la trama en la cumbre del poder europeo.

Pero en ese instante, frente al mar libre de Donostia, Mathieu supo que nada ni nadie volvería a quebrar el espíritu de una comunidad que había elegido resistir unida.