La fragua de Mondragón (Línea de Cupo 2) CAPÍTULO 15 — La incautación de Donostia #5
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CAPÍTULO 15 — La incautación de Donostia #5

—La termita es una mezcla casi imposible de neutralizar en espacios confinados —explicó Mendizabal mientras examinaba las quemaduras en la carcasa exterior del rack—.

El polvo de aluminio actúa como reductor y el óxido de hierro como oxidante.

Una vez que el perclorato de magnesio inicia la reacción pirotécnica, la mezcla no necesita aire exterior para mantener la combustión.

La única forma de salvar el disco era exactamente lo que hizo el inspector Etcheverry: enfriar el entorno inmediato con nieve carbónica a menos setenta y ocho grados para crear un choque térmico diferencial y extraer la unidad física antes de que el calor por conducción alcanzara los circuitos integrados de memoria.

Si hubiera tardado diez segundos más en meter la mano, el chip controlador se habría desoldado de la placa base por efecto de la temperatura y la recuperación de datos habría sido inviable incluso en una cámara limpia de laboratorio.

Larrea observó la palma enrojecida de Mathieu, cubierta ahora por una película transparente de hidrogel y un vendaje elástico que un sanitario de la brigada móvil acababa de colocarle:

—Te has jugado la mano derecha por un disco de ordenador, Mathieu.

—No me he jugado la mano por un disco, Iñaki —respondió Mathieu con una sonrisa cansada y serena—.

Me la he jugado por los mil doscientos torneros que estaban votando en Arrasate y por la memoria de Xabier Beloki.

Si este soporte se hubiera fundido, Deschamps habría alegado ante la Audiencia Nacional que los pagarés de Fagor Ederlan eran títulos comerciales legítimos y que la muerte del ingeniero fue un accidente laboral fortuito.

Este pedazo de metal calcinado es la prueba viva de que hubo un asesinato corporativo planificado al milímetro.

Mendizabal conectó un ventilador portátil de extracción forzada a la toma de corriente auxiliar del pasillo para acelerar la evacuación de los gases residuales.

El olor a plástico quemado y a vapores metálicos era tan penetrante que los tres hombres tosían continuamente a pesar de las mascarillas de carbono activo que se habían colocado tras subir al rellano.

—La termita es una mezcla casi imposible de neutralizar en espacios confinados —explicó Mendizabal mientras examinaba las quemaduras en la carcasa exterior del rack—.

El polvo de aluminio actúa como reductor y el óxido de hierro como oxidante.

Una vez que el perclorato de magnesio inicia la reacción pirotécnica, la mezcla no necesita aire exterior para mantener la combustión.

La única forma de salvar el disco era exactamente lo que hizo el inspector Etcheverry: enfriar el entorno inmediato con nieve carbónica a menos setenta y ocho grados para crear un choque térmico diferencial y extraer la unidad física antes de que el calor por conducción alcanzara los circuitos integrados de memoria.

Si hubiera tardado diez segundos más en meter la mano, el chip controlador se habría desoldado de la placa base por efecto de la temperatura y la recuperación de datos habría sido inviable incluso en una cámara limpia de laboratorio.

Larrea observó la palma enrojecida de Mathieu, cubierta ahora por una película transparente de hidrogel y un vendaje elástico que un sanitario de la brigada móvil acababa de colocarle:

—Te has jugado la mano derecha por un disco de ordenador, Mathieu.

—No me he jugado la mano por un disco, Iñaki —respondió Mathieu con una sonrisa cansada y serena—.

Me la he jugado por los mil doscientos torneros que estaban votando en Arrasate y por la memoria de Xabier Beloki.

Si este soporte se hubiera fundido, Deschamps habría alegado ante la Audiencia Nacional que los pagarés de Fagor Ederlan eran títulos comerciales legítimos y que la muerte del ingeniero fue un accidente laboral fortuito.

Este pedazo de metal calcinado es la prueba viva de que hubo un asesinato corporativo planificado al milímetro.

♦ ♦ ♦

A las doce y cuarto del mediodía, el jardín señorial del Paseo de Miraconcha presentaba el aspecto de un teatro de operaciones policiales totalmente asegurado por la fuerza pública.

La lluvia había cesado definitivamente sobre la bahía de la Concha y los primeros claros de un cielo azul intenso comenzaban a reflejarse en las aguas tranquilas del arenal, iluminando la silueta de la isla de Santa Clara y las laderas boscosas del monte Urgull.

Tres furgones celulares de la Ertzaintza permanecían estacionados en la rampa de acceso al palacete con las puertas traseras abiertas.

En el porche, custodiados por agentes uniformados de la brigada de seguridad ciudadana, los tres apoderados mercantiles de Atalante Capital en Donostia y los dos técnicos informáticos del sótano esperaban cabizbajos, engrilletados con las manos a la espalda y con las cabezas gachas para eludir los teleobjetivos de dos fotógrafos de prensa local que ya se agolpaban tras el cordón policial de la acera exterior.

Mathieu Etcheverry, sentado en el banco de piedra de la fuente de mármol con una manta térmica de aluminio plateado sobre los hombros y una botella de agua mineral en la mano, observaba cómo el agente Mendizabal completaba el protocolo estricto de aseguramiento probatorio digital bajo los estándares internacionales de la norma ISO/IEC 27037.

Mendizabal, provisto de guantes de látex blanco nuevos, introdujo la unidad de almacenamiento sólida rescatada del fuego en una bolsa antiestática de apantallamiento electromagnético de tres capas con cierre hermético de Faraday.

A continuación, deslizó la bolsa en el interior de un sobre de polietileno transparente de alta resistencia con banda adhesiva destructible y precinto holográfico inviolable del Poder Judicial.

Con un rotulador indeleble de tinta negra, anotó los metadatos de la incautación en el recuadro impreso del embalaje:

Juzgado de Instrucción Nº 1 de Bergara — Diligencias Previas 214/2025. Pieza de Convicción Nº 1. Evidencia Digital: Imagen Forense E01. Fecha y Hora: Domingo, 11:48 horas. Cadena de Custodia: Agente Judicial Especial OLAF Mathieu Etcheverry / Subinspector Ertzaintza Iñaki Larrea.

Larrea y Mathieu estamparon sus firmas sobre la banda de precinto antes de que el sobre fuera depositado en un maletín de aluminio anodizado con cierre de combinación numérica y sellos de lacre judicial.

—La cadena de custodia es inatacable, Mathieu —afirmó Larrea mientras cerraba los pestillos del maletín con un chasquido rotundo—.

Ningún perito de parte de los grandes despachos de Madrid o Londres podrá alegar contaminación de datos ni manipulación informática del soporte original.

La hash calculada por el sistema en el momento de la extracción coincide con el registro del servidor maestro de Bruselas.

Mendizabal encendió un ordenador portátil forense aislado de cualquier conexión inalámbrica y conectó una réplica de lectura bloqueada mediante un puente de hardware Tableau T8u.

Durante tres minutos, el silencio en el jardín fue absoluto mientras el software de análisis pericial EnCase montaba el árbol de directorios de la imagen incautada.

La pantalla del portátil desplegó un índice de archivos con caracteres amarillos sobre fondo negro que arrancó una exclamación de asombro de los labios del técnico informático:

—Dios bendito... es la estructura societaria entera —murmuró Mendizabal repasando los nombres de las carpetas—.

Mirad aquí: directorio «DUBAI_OPERATIONS_HORIZON_TRUST» .

Contiene los extractos bancarios de las transferencias de diez millones de euros emitidas desde el Emirates NBD a favor de las cuentas fiduciarias de Atalante en el Banque Cantonale de Genève.

Y fijaos en este subdirectorio fechado el doce de enero: «DEBA_SCAP_DISRUPTION» .

Están los correos electrónicos firmados por Sylvain Deschamps dando instrucciones precisas para adulterar las partidas de chatarra con ferroaleaciones de fósforo y manganeso para quebrar los hornos de Fagor Ederlan.

Mathieu se inclinó sobre la pantalla, devorando con la mirada las líneas de texto que confirmaban de manera inapelable la conspiración criminal:

—Y lo más importante para la causa penal de homicidio: buscad la carpeta de pagos en efectivo de la semana pasada.

Mendizabal tecleó un comando de filtro y abrió un archivo comprimido denominado «EXPENSES_SPECIAL_PROJECTS_IPARRALDE» :

—Aquí está. Tres transferencias de cincuenta mil euros cada una a cuentas corrientes en Nicosia a nombre de los dos ciudadanos chipriotas detenidos en la cripta de Arantzazu.

Concepto: «Honorarios de consultoría de seguridad de campo».

Y adjunto al justificante de pago, un archivo de texto con las coordenadas GPS del caserío de Eskoriatza donde residía Amets Ibarra y el plan de corte de los latiguillos de freno de su vehículo.

Larrea soltó un silbido prolongado, sacudiendo la cabeza con una mezcla de indignación y triunfo profesional:

—Deschamps no tiene escapatoria en ningún tribunal del mundo civilizado.

Con este disco duro en sede judicial, el auto de procesamiento por asesinato en grado de tentativa, conspiración criminal y falsedad en documento mercantil es automático.

Cuando las patrullas de tráfico intercepten su berlina en la entrada de Donostia, no irá a ningún despacho de abogados: dormirá esta noche en los calabozos de la comisaría de la Ertzaintza en el barrio del Antiguo antes de ser puesto a disposición del juez Irazábal en Bergara.

Mientras el agente Mendizabal completaba el volcado del hash de verificación en el ordenador forense, dos patrullas de tráfico de la Ertzaintza detuvieron sus motocicletas frente a la cancela exterior con los rotativos azules encendidos.

El sargento de la patrulla se apeó de la moto, cruzó el jardín a paso ligero y se cuadró ante Larrea y Mathieu: